Mario Valdivia

Atisbando 149 en Podcaster.cl

  ¿Inicio del fin de una crisis o inicio del fin de una era?

PODCASTER.CL

Biblioteca

Comentarios recientes

Nuevo blidget


Artículos escritos sobre "habilidadesfundamentales." en otros sitios

Verdades que mienten

Enviado por Mario Valdivia el 19/06/2007 a las 17:41
Mario Valdivia
imagen001.jpgEn Atisbando # 57 en POCASTER hablé de Verdades Mentirosas a propósito de la situación de la infraestructura de internet en Chile. Parece bien si no nos preocupamos mucho de los estándares de comparación que utilizamos, pésima si usamos los estándares con sensibilidad.

(Está bueno PODCASTER. Hay varias nuevas voces. Destaco aquí algunos programas populares de Radio Duna (como Terapia Chilensis) que pueden escucharse en cualquier momento en podcaster.)

¿Por qué viven tanto tiempo estas verdades que mienten? Porque nos autocomplacen, nos hacen salir bien en la foto, nos tranquilizan y nos ponen a dormir. Invito a mirar este dormir tranquilizado para darnos cuenta que no es uno cualquiera. NO es una pequeña siesta liviana que nos tranquilice frente a un pequeño peligro - o una oportunidad menor - que pasa por ahi sin que nos apercibamos de él. Es mucho más serio que eso: es un sueño histórico, profundo, pesado y pegajoso. Es un sueño que - sistemáticamente - nos impide ver mundos completos nuevos que vislumbran en el horizonte quienes están despiertos, mundos que en muchos casos ya nos están dejando atrás, durmiendo. Es un sueño que sistemáticamente no ve cierto tipo de posibilidades, cierta familia de fenómenos, que son exactamente los que se hacen rápidamente abundantes, significativos y dominantes para el que está despierto.

canon.jpgMuchos decimos que vivimos un momento histórico muy especial, quizás único, en el cual todo se transforma. Pero lo que importa no es solamente percibir esto, lo que interesa es sacar consecuencias de esto. Todo se transforma. Pero no de cualquier manera: un paradigma histórico completo está siendo sustituido por otro a gran velocidad, a velocidad quizás inédita. En el paradigma que va de salida todo se basa esencialmente en el conocimiento. Las cosas se revelan desde el conocimiento necesario para manipularlas. Hay que tener fórmulas, procedimientos, información para actuar inteligentemente en todos los terrenos: para diseñar productos (producción), para anticipar el futuro (predicción), para comercializar (adquirir conocimientos sobre el consumidor), hacer negocios (elaborar un business plan), innovar (incorporar nuevos conocimientos); vivir con inteligencia parece consistir en usar todo el conocimiento posible para hacer un plan estratégico adecuado. Así, la fuente fundamental de poder es la posesión de conocimiento; mientras más exclusivo sea el conocimiento que tengo, más poder tengo. "Información es poder" dice el dicho que lo resume todo. Asi entonces, interpretamos todo lo que hacemos como procesamiento de conocimientos: educar es entregar conocimientos; comunicarnos es transmitir información; etc. Conocer, tener información, es lo central de todo lo que hacemos.

Esto es lo que está cambiando a gran velocidad. La red digital global de banda cada vez más ancha está haciendo disponible el conocimiento para todos (los conectados). En el mundo de redes que entra desplazando el paradigma histórico, lo central no es la posesión de conocimiento; el conocimeinto no da poder porque está disponible para todos. Las cosas se revelan desde la infinita posibilidad de rediseñarlas, mezclarlas, personalizarlas - como flujo -, que da lo digital y la banda ancha. La posesión de fórmulas óptimas y procedimientos exclusivos significa bien poco. Educar no puede consistir en entregar conocimientos - están enla red - ; comunicarse entre seres humanos no puede consistir en transmitir información - está en la red. Lo central ahora es la acción en la red, la creación de relaciones en la red basadas en la producción de valor personalizado, valor para individuos y nichos de individuos específicos, y en la creación así de identidad global. En suma, en la capacidad de crear convivencia de calidad y futuros especialmente valosos para otros.

En el paradigma en desplazamiento, la pregunta fundamental siempre es: ¿cómo lo hacemos?. Buscamos fórmulas y planes. En el nuevo paradigma, la pregunta fundamental no es una pregunta, es una invitación: ya que compartimos una intuición y el malestar sobre lo que hay aquí de anómalo, tomemos responsabilidad, inventemos una oferta, probemos, escuchemos, corrijamos - en la red.
Pienso que es fértil mirar el mundo que vivimos como caracterizado por la convivencia de dos tiempos históricos: el futuro de redes digitales que se hace presente rápidamente, el pasado de conocimientos y cosas que persiste quizás rígidamente. Representa una gran oportunidad para Chile: podemos subinos con decisión a las olas digitales y construir un atajo al futuro. Pero es también un gran peligro: quedarnos pegados en el pasado que desaparece. (No sería la primera vez. Desde que - según Ercilla - las tribus mapuche eligieron su nuevo Toqui para combatir a los conquistadores españoles buscando al individuo con más fuerza física, esto viene pasando repetidamente en Chile).

No es nada de difícil quedarnos rígidamente en el pasado si nos embarga el ánimo que en el pasado nos ha ido bien, si hay instituciones que han desarrollado poder y prestigio en el pasado y pensamos desde allí. A los exitosos recientes del pasado, el nuevo futuro tiende a aparecerles como marginalidades: el mundo de las redes digitales como un espacio de jóvenes, de freaks, de juegos irrelevantes, de conversaciones desviadas y sin substancia. Frente a todo eso, desconocido, sospechoso, mejor esperar, PRUDENCIA. Y lo que parece real y sustancioso es lo que está constituido por los fenómenos que sabemos mirar y medir, los estándares viejos (que no parecen viejos sino que razonables, objetivos), los números que avanzan linealmente (al parecer al infinito), los criterios de hace 10 años todavía parecen válidos, (diez años no es nada, ¿cierto?), las fórmulas que parecen condiciones de éxito eterno (unos sabemos que el mercado libre todo lo resuelve, otros sabemos que, gracias a las regulaciones, el mercado si lo resuelva todo).

Personalmente no puedo evitar pensar en los economistas - al menos los criollos - que todo lo tienen ya calculado, piensan en números conocidos, en tasas de crecimiento, en notas SIMCE , en estándares sin ninguna sensibilidad histórica, estándares que parecen válidos más allá de todo tiempo y lugar. Por eso que la infraestructura digital les sparece solamente "un tema más". Una tasa de crecimiento de dos dígitos en conexiones de banda ancha les parece buena porque si, porque es de dos dígitos, sin ver que, si el futuro se nos va en collera con eso, obviamente esos números nada dicen y tienen el efecto de dormirnos. Y todo lo calculan bien, y son gente íntegra. Nos hablan con la seguridad algo arrogante del que sabe correctamente que dice la verdad. Pero son verdades que mienten, aunque ellos no se propongan mentir. Mirados desde el nuevo mundo que viene, están durmiendo y nos hacen dormir a todos. Nos gratifican: son grandes cantantes de canciones de cuna.

Así que preparémonos para vivir en la época traicionera de las verdades que mienten. Y a combatir el sueño profundo que nos autocomplace. ¿Cómo? Una sola manera: inmersión práctica decidida en la red.

Chile Primero, la épica y la duda

Enviado por Mario Valdivia el 15/05/2007 a las 12:19
Mario Valdivia
Me preguntan amigos por Chile Primero. Me llaman la atención no pocos que quieren saber qué estrategia tenemos para aumentar nuestra influencia  política y qué vamos a hacer para contar con fuerza parlamentaria; también no hay pocos que preguntan si estoy optimista y si creo que vamos a tener éxito; no faltan los que declaran su simpatía, desean suerte con un "ojalá que les vaya bien". Pienso que esto es típico de algo que no anda bien en Chile: mucho cálculo, mucha astucia, mucho querer actuar sobre seguro...poca épica, poca pasión, poca innovación.

Pienso en Arturo Prat saltando y qué pensaría si escucha tanta aprensión y deseo de seguridad.  Ya no tiene espacio para el optimismo ni el pesimismo - sencillamente se encuentra lanzado. La acción no surgió de una estrategia inteligente y bien pensada. Simplemente está movido por su propia acción, improvisando de acuerdo con las situaciones que ésta lo llevará a enfrentar. Sobre todo no calcula, simplemente tuvo una clara intuición y se encuentra moviéndose comprometidamente con ella. Seguramente intuyó que no había opción alternativa: que hacerlo era necesario y posible.

Pienso en Picasso pintando y exhibiendo  Las Señoritas de Avignon, el primer ejemplo de cubismo. A qué cálculo, a qué estrategia, a qué garantía de seguridad pudo aferrarse para saber que estaba revolucionando la perspectiva que se interpretaba desde el más evidente sentido común como la única posible, como "la correcta", desde hacía  6 siglos. Sólo lo guia una fuerte intuición y el compromiso de lanzarse activamente tras ella: revolucionó la pintura y nuestra mirada como nadie.

Pienso en la situación de declarar nuestro amor. No hay cálculo que nos de seguridades. No podemos anticipar todas las movidas que se producirán como respuesta. Imposible tener una estregia, al contrario, ¡ puede resultar fatal tenerla ! Sólo nos guia la intuición y nos moviliza el compromiso con nuestro amor. No hay nada sólido y seguro. Sobretodo, nos mueve saber que declarar nuestro amor es una posibilidad que está abierta y que es lo único que podemos hacer. Una nueva realidad surge si lo hacemos.

Quizás mueve a algunos el temor al fracaso. ¿Pueden fracasar Prat, el enamorado que habla, Picasso?  Yo pienso que no. Solamente fracasa quien  tierne un blanco claro y yerra, quien tiene una meta concreta y no la consigue, quien se equivoca y comete un error.  Pero, ¿cómo puede fracasar quien abre un mundo nuevo, cuyas horizontes no puede ver bien, cuando aún no sabe cuáles son las metas y los objetivos que son posibles y pueden declararse en él?  Sobretodo, ¿cómo puede fracasar quien no se propone algo que no puede intentarse  y que hace aquello que es necesario hacer? Por eso, Prat no fracasa aunque muere; Picasso revoluciona el mundo; nosotros, al hablar, creamos un mundo que no volverá a ser el mismo.  La única derrota nos ocurre si no hablamos nunca por falta de seguridad; si nos paraliza el terror de no saber de antemano el valor de nuestra especial mirada;  si dejamos pasar el momento calculando la chances que tenemos y diseñando la hoja de ruta que debe seguir la acción.

¡Vamos con Chile Primero!  Lancémonos a la acción de contribuir dedicadamente a un Chile que lo necesita. ¡A vencer el deseo imposible de seguridad, la pretensión del cálculo y la falsa tranquilización de un plan! ¡Ya está todo dicho! En el fondo de nuestro corazón sabemos que  la desazón de Chile lo exige, lo hace necesario. Y tenemos en Chile Primero la posibilidad de responder con generosidad.

ATISBANDO 51



Lo básico en cuidar relaciones

Enviado por Mario Valdivia el 04/04/2007 a las 18:23
Mario Valdivia
Vivimos en relaciones, en nuestra vida privada y en la pública. Construimos nuestra identidad en ellas. Sabemos que son muy importantes, las queremos cuidar.

Que yo cuide bien una relación no es tanto algo que hago yo, cuanto una evaluación que hace la otra parte en la relación. Esa evaluación dependerá de si percibe o no que yo estoy comprometido con cuidar la relación, con hacerme cargo de sus preocupaciones y cumplir activamente con los compromisos que ella supone.

Lo básico, entonces, es mantener segura a la otra parte de nuestra dedicación  a la relación. Una acción simple fundamental: escuchar sistemática y anticipadamente sus evaluaciones, especialmente buscando escuchar lo negativo, o sea, sus insatisfacciones.

Importante: crear un estado de ánimo de apertura y confianza para que las insatisfacciones se digan con claridad y sin reservas.

Motivaciones

Enviado por Mario Valdivia el 20/02/2007 a las 10:10
Mario Valdivia
Actúo con múltiples motivaciones (o sea, puedo dar múltiples interpretaciones de lo que motiva mis actos).

Acepto que tengo - y todos tenemos - deseos e intereses y que ellos motivan acciones de mi parte. Normalmente mis intereses y deseos me llevan a actuar en el mercado libremente intercambiando, comprando y vendiendo, consumiendo, produciendo, etc.  El que entendió bien este tipo de motivaciones fue Adam Smith (S XVIII), y también lo que éstas generan como organización de acciones colectivas o sociales.

(¿Le dan significado a mi vida este tipo de acciones y motivaciones? No me parece. He mirado centenares de obituarios (abundan en El Mercurio) y a ningún muerto despedimos celebrando sus habilidades para satisfacer sus deseos e intereses. No decimos en un discurso ante un ataud que el que ahi está fue muy exitoso. Tal vez es porque sabemos que, como mortales que somos, nadie puede realmente ser exitoso. Y, aunque dedicamos buena parte de nuestra vida a satisfacer nuestros deseos y a cuidar nuestros intereses, verdaderamente parece que eso no nos permite entender el mundo y nuestro estar en él como algo pleno de significado).


También observo acciones mias - y de otros - que no son motivadas por mis deseos sino que más bien corresponden a acciones motivadas por obedecer la ley, por moverme de acuerdo con lo que la ley establece. Pago mis impuestos,  me abstengo de apropiarme de lo ajeno, pago mis deudas, tengo comportamientos civilizados que se preocupan de no agredir ni ofender gratuitamente a nadie, busco no sacar partido de otros en los márgenes de la ley, tolero lo que no me gusta si está dentro de la ley, etc. Y se que no hago esto motivado por el deseo o el interés de evitar ser castigado por infringir la ley; lo hago porque tengo la interpretación que si nadie cumple la ley no hay sociedad civilizada posible y hago mi parte, con la razonable expectativa que los demás hagan la suya. Considero que la ley es justa porque trata a todos por igual y que ha sido el resultado de una decisión que nos ha involucrado a todos los ciudadanos.

Podemos llamar a este tipo de motivaciones motivaciones basadas en la interpretación razonable que es mejor vivir en sociedad que en guerra permanente de todos contra todos. Es parte de lo que podríamos llamar una conducta racional -pongo mi parte para que el todo funcione bien para mi y para todos. Este tipo de motivaciones forma la base del liberalismo político y fueron investigadas- asi como sus consecuencias sociales - por filósofos iluministas (S XVIII) - y han sido sistematizadas en el presente con toda claridad por John Rawls.

(¿Le dan sentido a mi vida estas acciones? También creo que no lo hacen. En los obituarios, nadie es celebrado solamente por haber sido un buen ciudadano y cumplir la ley. Quizás es lo mínimo que esperamos de nosotros mismos: convivir. ¿Pero convivir para hacer qué con mi vida? )

Leo a San Pablo (Corintios 1, 13) y me doy cuenta que el Cristianismo trajo al mundo un nueva motivación para actuar, actuar por amor. Dice Pablo:  El amor todo lo sufre, es benigno;  el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no se envanece, no hace nada insebido, no busca nada a cambio, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, sino que se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.

El amor nada espera a cambio - no tiene nada que ver con ciudar mis deseos e intereses en el mercado donde todo se espera del cambio. Tampoco el amor  actúa  a la expectativa de la actuación de los demás - el amor todo lo espera, pero no depende de expectativa alguna, soporta cualquier acción de los demás sin irritarse.

¿Qué es el amor? Sacrificio, compromiso incondicional; dar la vida por, como nos dice Pablo que hizo Jesús Cristo. El amor no consiste en cumplir la ley, en cuidar mis intereses, en ser razonable. Actuamos motivados por amor sacrificándonos - sacrificando la vida si es necesario -; acciones con las cuales la interpretación que nos lleva a entendernos como seres interesados o seres racionales - razonables - no se siente cómoda.  Y no es éste un mandamiento excesivo inventado por un visionario idealista: una Iglesia de 2000 años lo predica, y tiene mártires de sobra para demostrar que hizo carne en muchos.  Veo hoy a otros tantos que están dispuestos a dar la vida por sus hijos, otros consagran su vida a La Patria, otros continúan queriendo ser mártires de su Dios. ¡Rara locura!

Pero, ¿no es esta locura precisamente lo que da significado a nuestra vida? Son los actos de amor y los sacrificios lo que destacamos en los obiturios. Parece que solamente sabemos lo que significa la vida cuando sabemos por qué estamos dispuestos a darla. Parece que sólo sabemos quienes somos cuando sabemos qué nos compromete, qué amamos, por qué nos sacrificamos. Nosotros, los que venimos arrstrados por esta corriente histórica que el cristianismo trajo al mundo, damos sentido al mundo con el sacrificio.

(Agradezco al libro de Paul Kahn - Putting Liberalism in its Place - [libro recomendado por Fernando Flores, el mejor lector que conozco], por producirme la apertura necesaria para entender  realmente el amor y el  sacrificio como fenómenos constitutivos de mi -nuestra- historia).

Me pregunto: y nuestros actos políticos - votar, militar en partidos, ejercer de representante político (senador, diputado, edil), elegir una ciudadanía o nacionalidad -, ¿cuál de todas estas motivaciones tienen? ¿Qué supone el ciudadano representado de las motivaciones de sus representantes?


(Suscríbete a ATISBANDO)







(Leer más)

Seguimos con la comunicación

Enviado por Mario Valdivia el 20/02/2007 a las 10:09
Mario Valdivia
Continuamos nuestra conversación sobre comunicación sentados en un café. Tú pediste dos cafés expreso al mozo, el que regresó - presto - con los dos cafés, los tomamos celebrando la calidad del brebaje, pagamos y estamos a punto de pararnos e irnos. Entonces, nos ponemos a examinar la comunicación satisfactoria que hemos tenido con el mozo; especialmente a observar todo lo que ya - antes siquiera de entrar al café - tenemos coordinado con el mozo, que normalmente no observamos y damos por presupuestado, y sin lo cual la comunicación no puede establecerse.

Aparecen ante nuestros ojos, en primer lugar, los actores: el mozo y nosotros mismos. Ese  joven que está ahi parado entre las mesas del café es alguien para nosotros - tiene una identidad: es el mozo que esperamos nos sirva. Nosotros, estas dos personas que entran al café y se sientan familiarmente en una mesa, tienen una identidad para el mozo: son dos clientes a los que debe servir. Esta recíproca interpretación de roles estaba ya coordinada y presupuestada entre las partes y aseguró que la comunicación partiera bien, produciendo el pedido en una de las partes - la que debía pedir - y la recepción del pedido en la otra - la que debía recibirlo. (Cuando este reconocimiento recíproco de roles falla, la comunicación se interrumpe, como cuando le pedimos un servicio a otro cliente. Puede ser jocoso o puede ser trágico) . Osea, estas identidades coordinadas permiten que las preocupaciones mutuas sean coordinadas antes que nada.

Nos encontramos (los clientes) - ya antes de darnos cuenta -  sentados en sillas y apoyando las tazas en una mesa.  No estamos sentados en las mesas, o en el suelo, o parados, apoyando las tazas en el suelo o en las sillas; el mozo - ya reconocido como tal - circula entre sillas y mesas, no las mueve de un lado a otro para hecerse espacio sino que circula por el espacio disponible, deposita las tazas en la mesa, no en el suelo o en las silla, no se sienta en las mesas, ni siquiera en las sillas, se mantiene parado. O sea, ya nos encontramos compartiendo un mundo completo en el cual hay sillas, mesas, tazas, servilletas, cucharas, (también evaluaciones de higiene presumiblemente) etc.,  y manejándonos coordinadamente con todos estos objetos.  Es un mundo en el cual ya existe el café como un brebaje que las personas consumen, el café expreso (de cierto sabor, a cierta temperatura, en ciertas cantidades etc.), y presumiblemente otros tipos de café, cada variedad con su nombre propio. Este mundo completo - el restaurante que llamamos café - ya existe  como espacio de prácticas y comportamientos compartidos entre los que allí estamos.  Si este mundo se descoordina entre nosotros, la comunicación se interrumpe o falla: la higiene produce el rechazo de alguna de las partes, o el café resulta frio,  o la cantidad inadecuada,  o el mozo y nosotros tropezamos con sillas y mesas y cada uno insiste en usarlas de maneras idiosincráticas que  no coordinan con el uso de los demás. Etc., etc.,  la imaginación es infinita para observar las fallas posibles del mundo que ya está ahi y que normalmenmte no falla porque todos nos comportamos competente y juiciosamente.

Finalmente observamos que aunque pedimos que nos "trajeran" dos cafés, y el mozo no nos advirtió que debíamos pagarlos, obviemente ya presuponíamos - todos -que los pagaríamos. Porque, aunque nadie diga nada, ni nos demos cuenta que en el fondo si lo estamos diciendo,  apenas entramos al café ya estamos interpretando el lugar como un restaurante comercial, y al café expreso como un producto en venta, dejamos de interpretarnos a nosotros como seres humanos pura y simplemente y nos inbterpretamos como clientes, y al mozo como mozo. Y en todas partes nos comportamos como clientes, no solamente en los cafés, y en todas partes hay personas que nos atienden como clientes. Ya estamos acostumbrados a un mundo de intercambios comerciales, no solamente en los cafés sino que  en todas partes. Todas nuestras prácticas - la mayor parte de ellas - las realizamos coordinando nuestras acciones como intercambios. Nos alimentamos mediante intercambios, nos transportamos mediante intercambios, trabajamos intercambiando, nos divertimos intercambiando, etc. Presuponemos los pagos, presuponemos el dinero y ya somos completamente competentes para manejarnos coordinadamente con estos papelitos solemnes que llamamos billetes. O sea, ya antes de todo, compartimos un estilo histórico, una manera de ser histórica, somos todos seres que vivimos en el mercado intercambiando para hacer casi todo.

Nos dio un cierto mareo al ver toda la larga historia que traemos al presente en nuestras acciones comunicativas más elementales. Por suerte no tenemos que ir al colegio a aprender todo esto, sino que parece que se aprende solo, al calor de las acciones que vamos tomando desde pequeños, me dijiste. 

(Suscríbete a ATISBANDO)


Me pides que te explique qué es comunicación

Enviado por Mario Valdivia el 20/02/2007 a las 10:08
Mario Valdivia
Te miro y te respondo. Podría no hacerlo, nadie me obliga a responder nada a nadie.

¿Por qué te respondo? Quizás porque a mi me interesa conversar de comunicación, me siento competente para hacerlo y me gusta que me reconozcan esa competencia al hacerme ese pedido precisamente a mi; o porque me gusta sentir que soy un tipo educado que no deja de responder a la gente, salvo que no pueda; o soy el tipo de persona que se siente obligado a responder si se dirigen a ella. Ahora, no te quepa la menor duda que tú me produces algo de interés, quizás me gusta que hayas sido tú precisamente quien reconozca mis competencias en este terreno; y también algo de confianza, la suficiente como para tomar tu pedido en serio, o sea, supongo que eres una persona a la que le interesa la comunicación; o, si te respondí una broma, es porque no confío que tu pedido sea serio; al menos no supongo que me quieres hacer daño con tu pedido, en tal caso seguramente no te repondería. Te repito que no me eres completamente indiferente y lo que ya conozco de ti me interesa lo suficiente como para responderte. O sea, ya te tomo a ti por alguien, y ya me tomas a mi por alguien.

Tengo muchas respuestas a la pregunta ¿qué es la comunicación?. Respuestas largas para interesados en estudiar las teorías del habla y la comunicación, respuestas breves - quizás irónicas - para quienes - sospecho - más bien tienen solo curiosidad, respuestas comprometidas para quienes creo que están sufriendo problemas de incomunicación; y muchas otras. Así que te observo, quizás te pregunte algo como ¿por qué te interesa? y te escuche, o simplemente, como ya te conozco algo y seguramente ya veníamos hablando con anterioridad, me imagino que algo te interesa a futuro, que hay algo que necesitas saber para hacer, más adelante, algo de mejor manera que lo que te ha resultado hasta ahora. Me largo por uno de estos lados, y tú me escuchas.O sea, ya creo saber qué preocupaciones tienes con la comunicación. Y tu interés me interesa.

Pero, antes que nada, ya ocurre que nos encontramos hablando y tú te dirijes a mi con tu pregunta. ¿Cómo ocurrió que ambos nos estemos hablando de esto? Seguramente o me conoces hace tiempo o no eres el tipo de persona que se cuida de sus encuentros casuales; y yo también. Y si nuestro encuentro fue casual y reciente, ¿cómo es que llegamos a conversar tan rápidamente de la comunicación?, ¿no conversa uno de temas menores -"small talk" - en los encuentros casuales? O quizás tú y yo pensamos que un encuentro siempre produce algo potencialmente valioso y seamos el tipo de persona que es más bien abierto y sin cortapisas con la gente. En tal caso, seguramente ni tú ni yo hemos sido educados en círculos muy exclusivos o cerrados, ni pertenecemos ambos a redes sociales que sintamos muy distintas - ya hay una cierta familiaridad que nos permitió crear rápidamente una cierta intimidad. O talvez  me hiciste este pedido después de mucho tiempo de conocernos, incluso después de mucho tiempo de saber que me dedico a la comunicación - quizás porque eres el tipo de persona que no quiere admitir debilidades delante de sus conocidos -, o quizás porque yo, a pesar que te observo hace tiempo comunicándote con dificultad, no te he ofrecido ayuda hasta el presente. Quizás soy el tipo de persona más bien indiferente que se preocupa de no ser tomado por impertinente inmiscuyéndose en lo que no le piden. O sea, nuestra forma de ser social finalmente nos condujo a este encuentro y a tener esta conversación. 

Mira todo lo que hemos ya coordinado antes de responderte atinadamente tu pedido: nuestras identidades, nuestras preocupaciones, nuestros modos de ser sociales. Entonces, te respondo.



 








Poner el acento en lo fundamental

Enviado por Mario Valdivia el 23/11/2006 a las 11:42
Mario Valdivia
Recibí esta lección  hace muchos años - ¿30?- de Enrique Correa: siempre hay que poner el acento en lo principal. No hay que afanarse por lo que no es principal. Lo principal es lo que permite desenredar lo que ocurre e incidir en lo que está pasando. Consejo que aprecio hasta el día de hoy, tal como aprecio al consejero.

Con el tiempo he descubierto que poner el acento en lo principal no es un eslogan superficial, constituye una difícil y sofisticada práctica en la cual nadie se gradúa realmente. No es llegar y hacer. En primer lugar, es necesario descubrir qué es lo principal y luego - en segundo lugar - en disciplinarse para mantenerse enfocado en lo principal y dedicado a éste. Lo primero es una cuestión de habilidad interpretativa, lo segundo, una cuestión anímica.

Asi pues, poner el acento en lo principal no es tan fácil. Y no hacerlo tiene  consecuencias serias al configurar  una situación de una manera que nos conduce a tomar acciones peregrinas e inconsecuentes. Tal como confundir un incendio nocturno con un desfile social en pijamas.

¿Qué es lo fundamental que ocurre en estos días? Me parece a mi que lo principal en Chile consiste en la manifiesta ocurrencia de prácticas de corrupción vinculadas al estado, que reflejan un estilo político clientelístico, que nos han sorprendido por su extensión y por la importancia que han adquirirdo en las cúpulas de los directivos políticos de la concertación. Puedo hablar por mi mismo: soy concertacionista y me ha sorprendido cómo se han desplegado en público manifiesta y extendidamente, y cómo, en mi opinión, no pueden ser ocultadas ni relativizadas como una serie de casos particulares - cada uno un caso distinto, nada que ver con los otros, cada caso a los tribunales etc. - sin conexión entre si.  Dijo Confucio, no estoy seguro ni se bien dónde, que lo que configura lo real no son las cosas individuales, los objetos considerados uno a uno, sino que el hilo - muchas veces invisible - que los ata y los conecta a todos. (Pienso en un collar y lo veo clarito).  Bueno, yo creo que ahora lo fundamental consiste en poner el acento en este hilo: el clientelismo y la corrupción política que tiene graves consecuencias para Chile.

Pero no todos pensamos igual. Este fin de semana recién pasado, leyendo la prensa chilena habitual, pude escuchar a varias voces destacadas, ocupando valiosos espacios periodísticos, ocuparse de varios juegos laterales. Unas, dedicadas a descubrir el carácter del senador Flores, quien ha estado, no sin costos, poniendo el énfasis precisamente en lo principal. Otras, dedicadas a descubrir y revelar las intenciones del mismo senador - ¿alguien podrá conocer realmente las intenciones ajenas? A alguna le bastó con declarar que esas intenciones son inconfesables. ¿Es esto poner el acento en lo principal?  Respondo: ¡no!  Y, considerando que casi todas esas voces declaran su gran preocupación por la corrupción, el clientelismo y la ausencia de transparencia en Chile, esta distracción de lo principal se me hace muy poco comprensible. ¿Qué produce esta acentuación de lo menor?

Me encuentro a cada rato con un estado de ánimo extendido en Chile - la complacencia - que sistemáticamente nos conduce a poner el acento en lo lateral. Toda situación pública - a pesar de lo negativa que sea  - es una renovada ocasión para sentirnos bien, distintos y mejores. Y en este ánimo caemos todos, los de este lado y los del otro.  Unos, por lo choros que hemos sido económicamente, otros, por lo choros que hemos sido en política. Somos verdaderamente, en todo,  algo especial. Estado de ánimo que lo tiñe todo de ocasión para exhibirnos infatuados por lo bien que lo hemos hecho, que le da a toda situación pública el carácter de reunión social de una elite con razones para estar contenta con lo que es: nada de hablar en serio aquí, nada de golpear la mesa, nada de traer malas noticias de fuera del salón, nada de meter mucho jolgorio tampoco. Nada puede ser tan serio, ni tan urgente, ni requiere tanto ruido; si está casi todo bien, sabemos cómo hacerle  y la situación está controlada. Lo que importa aquí son las buenas maneras, no exagerar nunca y mantenernos todos concentrados en el juego de todos los salones de gente contenta:  exhibirnos de cierta manera - siempre con ingenio - y develar negativamente - siempre con ingenio - las estrategias de exhibición de los demás.

En el intertanto, los problemas serios que Chile incuba siguen creciendo insensiblemente. Lo peor del clientelismo corrupto no es tanto la extracción de dineros, sino que el hecho de concentrar a nuestros dirigentes en este tipo de juegos de poder menores, impidiéndoles alertarse a tiempo con desastres que emergen y que pueden pillar a Chile impotente. Yo estoy seguro que preocuparse de esto si que es poner el acento en lo principal,  ¡y en eso nuestro Senador no se equivoca!


¿Proyecta desconfianza la prensa en general? ¿Cómo andamos por casa?

Enviado por Mario Valdivia el 16/11/2006 a las 16:30
Mario Valdivia
Estos días recientes de conmoción política hemos visto cómo trabaja en general la prensa y los periodistas. Yo interpreto que en su mayor parte la parada ante las personas entrevistadas o las personas de las cuales se hace una crónica es de desconfianza. Parece presuponerse, de entrada, que las personas mienten con respecto a sus motivaciones, que tienen intenciones que guían su conducta que parecen considerar inconfesables y que por lo tanto ocultan. Y la tarea del periodista parece consistir en adivinar estas motivaciones ocultas, develar estas intenciones poco confesables. Y, en este sentido, se presupone como lo más probable al parecer siempre la mala - sino, ¿por qué oculta?-  intención.

Considero que el trabajo de periodista es algo muy complicado, y el espíritu que parece animar a la prensa algo bien delicado. Y supongo que esto se hace tanto más complicado y delicado cuánto más crea el periodista que es un simple canal para que la "opinión publica" se informe; y supongo también que hay muchos periodistas de profesión que interpretan su rol asi: ponerse en el lugar de lo que la "gente" se pregunta y quiere saber.

Encarnar este rol implica un curioso desdoble personal. Nos afanamos, sin mayor interés personal en lo que se trate - personas, hechos etc. -, procurando comprometernos con las preocupaciones de este ente que imaginamos: "la gente".  Por eso, los periodistas aparecen tan a menudo completamente comprometidos con hacer hablar a las personas sin el menor involucramiento ni interés personal en lo que ellas dicen. Simplemente ¡ojalá! que digan algo que pueda ser llamativo para la "opinión pública"; lo que sea.

Creo yo que el periodista paga un precio alto por este comprometido descompromiso, por este compromiso por no comprometerse con sus propios intereses y preocupaciones. Debe suponer que esta manera de ser y hablar - no comprometido con lo que se dice sino que con otra cosa - es la manera obvia y normal de todos.  Debe suponer que todos hacemos lo mismo, la "gente" y la "opinión pública", y sus entrevistados y cuestionados en especial.

¿A nosotros, en nuestras conversaciones habituales no nos pasa en general lo mismo? Opinamos, decimos, preguntamos, sin compromiso real con lo escuchado y dicho. En eso consiste la palabrería habitual. Yo percibo que la ausencia de compromiso en nuestras conversaciones tiene algo de mala fe. Mala fe que procuramos no percibir pero que está siempre a nuestro acecho, al final sordamente presente. Sabemos que no nos importa realmente lo que decimos, lo que preguntamos y lo que oimos. ¿No hacemos esto generalizadamente todos los días y en todo lugar? Entonces, nos vemos forzados a pensar que esto es lo normal y válido para todos. Presuponemos esta sorda mala fe en todos los demás. De ahi que la habladuría tienda a ser pelambrienta, negativa, mezquina en su presuposición sobre el otro y las otras, sobre las intenciones y las raices ocultas de  su comportamiento y lo que dicen.

Podríamos creer tal vez que la falta de compromiso con lo que decimos pudiera ser neutral con respecto a nuestra predisposición a confiar o desconfiar de los demás. A lo mejor somos, en el descompromiso, tanto ingenuamente confiados como infundadamente desconfiados. Pero yo estoy convencido que no es así. La sorda mala fe, la obscura inautenticidad del descompromiso nos produce un sesgo negativo hacia los demás. En nuestra habladuría cotidiana nos paramos en general ante los demás -cualquiera- desde la desconfianza.

El mal no está obviamente per se en el periodismo. Está en la falta de compromiso. Vivir sin mayor compromiso es vivir como periodistas descomprometidos con nuestra vida. No es necesario vivir así, tal como no es necesario practicar el periodismo asi.

Problemas y Anomalías

Enviado por Mario Valdivia el 21/10/2006 a las 11:51
Mario Valdivia
La innovación disruptiva nace de atender anomalías. El mejoramiento permanente nace de enfrentar y resolver problemas. Me piden los participantes del Magister de Comportamiento del Consumidor  distinguir con claridad entre ambos.

Aqui voy.

Parto, como siempre, presuponiendo que estamos ya situados en un ambiente de prácticas en las cuales hemos desarrollado habilidades necesarias para llevarlas a cabo. Tal vez estamos comprando en un supermercado - supermercadeando. O quizás conducimos nuestro automóvil por las conocidas calles de la ciudad. A lo mejor comemos en un conocido restaurante. Hemos desarrollado altas competencias en estas prácticas. Podemos decir, quizás, que tenemos maestría en ellas.

(Te pido, lector, que, te detengas y observes las prácticas y habilidades que has estado desplegando en este momento: o sea, prácticas de manipular un computador y leer documentos en blogs en la red)

Si hemos desarrollado las habilidades necesarias, habitualmente nos movemos en estas prácticas familiares de manera transparente.  Nos hemos habituado en ellas.  A medida que avanzamos por los pasillos del supermercado, o conducimos por las calles de la ciudad, vamos reaccionando muy finamente a las distintas situaciones que se van desplegando y anticipamos exactamente el uso que se requiere de los instrumentos y objetos que se hacen presentes para continuar llevando adelante las prácticas.  Nuestro pie va al freno anticipando la frenada, cambiamos de pasillo anticipando que tales y cuales productos están en aquella otra góndola, nuestra mano anticipa fluidamente el peso de aquel paquete o botella, anticipamos la luz roja o el disco pare ejerciendo fluidamnete las acciones correspondientes.  Generalmente no sabemos qué calles hemos recorrido al llegar a nuestra casa en la tarde. Tampoco recordamos el orden en que recorrimos los pasillos del supermercado y cada una de las nuevas ofertas que consideramos. No podemos decir dónde nos encontramos con luces rojas en los semáforos. Entre nuestros hábitos y las cosas del mundo hay un fluido acoplamiento.

No quiero decir que es un acoplamiento entre dos "cosas" distintas: nuestro hábitos, por un lado, y las cosas del mundo por otro lado.  En realidad, nuestros hábitos configuran las cosas del mundo al usarlas de ésta o esta otra manera. Porque nuestros hábitos nos hacen evitar conducir el automóvil sobre las líneas blancas, esas líneas se configuran como demarcadoras de pistas. Porque nuestros hábitos usan este artefacto con ruedas para cargarlo con compras en el supermercado, esto es un carro de compras. (En el mercado persa, estos carros se configuran como tiendas portátiles de productos y ofertas) Porque nuestros hábitos usan para leer este artefacto que se equilibra en mi nariz, éste se configura como anteojo (porque nuestros hábitos no usan el monóculo para leer, este artefacto se configura como pieza de museo). Entonces, cuando nuestros hábitos se mueven en un ambiente de prácticas totalmente familiar, en que todas las cosas operan como se supone y espera, el mundo se hace transparente. Esto es, lo vemos - nuestros hábitos lo ven - pero no vemos que lo vemos, prestamos atención a las situaciones de la calle al conducir - nuestros hábitos lo hacen y por eso manejamos con seguridad - pero no prestamos atención a este prestar atención. Podemos decir quizás que vamos concientes pero no auto-concientes, no vamos concientes de que vamos concientes. No nos vemos a nosotros mismos tomando acción, calculando los cursos a seguir y el uso que debemos darle a las cosas, simplemente tomamos acción y operamos con las cosas familiramente. Todo sale bien.

(Pídote, lector,  que  observes  tu propia transparencia manipulando tu computador: si  recuerdas exactamente cuánto tiempo tienes  navegando en la red, cúantas y cuáles páginas bajaste antes que ésta y en qué orden,  cuán invisible se hacen a tus acciones el teclado y el ratón etc. ¿Te has estado observando operar el computador todo este rato?)

¿Qué pasa si, como es corriente, las cosas no salen bien? El freno no opera ante la fuerza de nuestro pie como nuestros hábitos esperaban,  no hay disponibilidad de ese producto que buscamos y que anticipamos que va a estar disponible. Hay una interrupción de la acción fluida que llevaba adelante el hábito. Entonces salimos de la transparencia. El mundo y nosotros nos hacemos presente ante  nosotros mismos desde nuestras preocupaciones que quedaron sin cuidado por la interrupción. El mundo se ilumina como una red de cosas y posibilidades desde nuestra preocupación:  tal vez aparece un pedal del freno roto en toda su presencia,  el mal ánimo que me pone el garage de reparaciones, el teléfono de emergencia que no tengo anotado en mi agenda,  los compromisos que voy a romper por el hecho de tener esta falla, etc. etc. Si evalúo negativamente la interrupción, experimento un problema. Los problemas, entonces, ocurren en las interrupciones de la transparencia de la acción competente en un ambiente familiar. (No todas las interrupciones son problemas, algunas podemos experimentarlas como oportunidades - ahora, debido a la falla de mi automóvil, tengo la perfecta excusa para no asistir a esa reunión que no me interesa. Pero lo que me interesa decir aquí es, por el contrario, que todo problema ocurre, se experimenta, en una interrupción.)

Una anomalía probablemente no es experimentada como una interrupción de la transparecia por seres humanos moviéndose competentemente en un ambiente de prácticas familiar.  La anomalía es transparente. Aunque puede implicar una reducción de posibilidades valoradas o una apertura de posibilidades valoradas negativamente,  la anomalía se hace presente como algo "natural" que es parte de la "manera como las cosas son", como parte de la facticidad del mundo. El buen y mal tiempo constituye un buen ejemplo. Consideramos que es parte del mundo tal cual es el hecho que el tiempo pueda ser lluvioso o despejado. Una anticipación del tiempo que no sale bien nos suele hacer experimentar un problema, lo que ha llevado a procurar mejorar permanentemente la predicción del tiempo. Pero el hecho que el tiempo pueda ser de una forma u otra no es considerado un problema sino que una facticidad del mundo.  Tal vez, desde alguna novela de ciencia ficción - que nos habla de seres que tienen las habilidades necesarias para controlar el estado del tiempo - podemos considerar que esto es una anomalía.

Antes de la invención de los antibióticos,  resultaba "natural" morirse de infecciones  como el tifus, p ej. Era considerado parte de como es el mundo. Era muy probable que uno - todos, cualquiera - se muriera de infecciones. Antes de la invención del teléfono móvil, era considerado natural desconectarse comunicativamente al subirse a un tren.

Una anomalía no es experimentada como algo que deba atenderse especialmente, como una interrupción de la acción anticipada por aquellos  que se mueven competentemente en un ambiente familiar de prácticas.  Su ánimo con respecto a las posibles consecuencias negativas de la anomalía es de resignación tranquilizada.  No ven posibilidades distintas que las existentes y se tranquilizan sabiendo que es una característica incambiable del mundo tal cual es. Una anomalía es experimentada como tal por  seres humanos que tienen habilidades distintas - diferentes - que  las necesarias para moverse en este ambiente familiar. Desde estas otras habilidades - marginales a este  ambiente - se pueden experimentar las anomalías como algo innecesario, no como algo "natural", sino que como una ausencia de habilidades de todos los que se mueven en ese ambiente de prácticas. 

Es desde la prácticas de descubrir -inventar la penicilina que la muerte por infección  aparece como un anomalía y la predisposición resignada tranquilizada al respecto como algo inaceptable para quien, en el laboratorio, comprueba la capacidad microbicida de la penicilina. Es desde las prácticas y habilidades de los sistemas policiales de mergencia (número 911) que no llegar a tiempo preciso por las cadenas de abastecimiento se comienza a experimentar como una anomalía - con anterioridad, las bodegas parecían una necesidad del mundo. Y seguramente no será en el mundo de los diseñadores y operadores de bodegas donde las bodegas se experimenten por primera vez como la anomalía que ahora son. Y tampoco serán los médicos hábiles en las prácticas de sanación de infecciones pre antobióticos - prácticas de higiene principalmente - de donde saldrá uno investigando  las propiedades de los hongos; será alguien de unas prácticas marginales a la medicina de higiene.

Lectura recomendada: H. Dreyfus, F. Flores,  C. Spinoza, Disclosing New Worlds.

Confianza y relaciones

Enviado por Mario Valdivia el 17/10/2006 a las 10:36
Mario Valdivia
En las empresas se está hablando de "fidelizar a los clientes". Supongo que se trata de crear en ellos y ellas fe con respecto a la empresa. Pero no la fe que cree, sino que la fe que está segura, la fe que confía con seguridad en la relación establecida con la empresa. Entonces  gestionar la relación con los clientes  consiste en cultivar  la confianza en las relaciones con ellos.

A alguien escuché decir  hace tiempo que la confianza es un presupuesto, o precondición,  de las relaciones. Creo que tiene razón. Si evalúo que alguien no es confiable, no aceptaré lo que esa persona promete y no me dejaré atar en compromisos con ella.  Y las relaciones, dice  aqui, consisten al fin y al cabo en ataduras que nacen de compromisos y se sostienen en ellos.  Por el contrario, si evalúo que alguien es confiable, se abren las puertas para establecer relaciones con esa persona, porque no temo atarme a - contar con, depender de - sus compromisos.

¿Qué tipos de confianza, o cuántas confianzas existen? Seguramente la confianza dependerá del tipo de relación que me proponga establecer con alguien. Por ejemplo, habrá evaluaciones de confianza que serán suficientes para establecer relaciones de colaboración puntuales en el presente, pero que pueden ser insuficientes para establecer relaciones de alianza estratégica que se propongan construir futuro juntos.

En una relación de colaboración en el presente, yo debo confiar en una promesa específica y precisa que otra persona me hace. Confío en que alguien llegará a tiempo a una reunión, confío en quien me vende un producto que ese producto operará como prometido, confío que el cheque que recibo tiene fondos etc. Necesito solamente - lo que no es poco, si se piensa en serio en esto  - evaluar que tal persona es sincera cuando promete y también que es competente para realizar las acciones necesarias para cumplir con lo prometido. Sincera: o sea, que evaluamos que no nos miente en el momento que nos hace la promesa. Competente: o sea, que, al prometer, sabe de lo que está hablando en términos de lo que le llevará cumplir y podrá hacerlo. En el fondo, estoy pensando que esa persona ni me miente ni comete un error.

Pero en una relación que me ata con otra persona  en la articulación de un futuro en común, es decir en la creación de una nueva identidad, la confianza es distinta, seguramente puedo decir que es más exigente. Establecemos un contrato de largo plazo de prestación de servicios tecnológicos, nos asociamos en una empresa para explotar un campo, nos atamos en una relación de entrenamiento que se propone convertirme en campeón mundial, contraemos matrimonio, constituyen posiblemente buenos ejemplos.  Ahora necesito confiar en la identidad de la otra persona, no solamente en su cumplimiento de promesas específicas. Presupongo una integridad de esa persona con mi proyecto de creación de identidad. Hay miles de promesas o compromisos que se presuponen en una relación asi, a pesar que nunca pueda establecerse cada una de ellas con precisión. Habrá seguramente secretos que guardar, estrategias que no deben ser compartidas, debilidades estratégicass propias que ocultar a otros, etc. En el fondo, debo confiar que la otra parte se compromete completamente con mi preocupación por llevar a delante un proyecto de creación de identidad futura. Ya no hablamos de una sola promesa sin más dimensión temporal que el presente. Ahora confío en su involucramiento conmigo.

Pero ocurre que enfrento relaciones más ambiciosas aun. Me ato a personas para contruir posibilidades en conjunto, posibilidades que no puedo imaginar bien de manera anticipada. Entonces no puedo decir que me ate en la construcción de un futuro en común, puesto que ni siquiera logro imaginarlo bien. Los proyectos de innovación radical tienen esta caraterística: son abiertos, son inesperados, no son predecibles, sabemos que producirán y deberán enfrentar sorpresas fundamentales.  Talvez una relación matrimonial que se comprometa a mantenerse atada a pesar de todas las inpredecibles viscisitudes que pueda enfrentar, constituye una relación asi. No hay manera de evaluar el riesgo anticipadamente, pero podemos confiar. ¿Qué clase de confianza es esta? Seguramente un componente fundamental lo constituye la percepción o evaluación que tengo de  la pasión con que la otra persona enfrenta el futuro incierto conmigo, y su propia existencia. Pasión por la innovación, pasión por la relación que se construye. Confío en la disposición comprometida de  la otra parte de dedicar su vida a esta aventura conmigo.

El mejor libro que conozco sobre la creación de confianza es de F. Flores y R. Solomon, "Building Trust in Business, Politics, Relationships and Life", publicado por Oxford U. Press