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Agradezco este valioso libro, desprovisto de fervor religioso, sobre religión y ateismo.
Andre Comte-Sponville, "El pequeño libro de spiritualidad atea"
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Al actuar como padres, médicos, cocineros, ejecutivos, etc., al mismo tiempo que desplegamos habilidades paternales, médicas, de cocina y de gestión, aprendidas junto con estándares de desempeño correspondientes, estamos proyectando nuestra identidad social a partir de una situación inicial a una futura. En cada uno de los comportamientos que desempeñamos en un momento presente, nos movemos con narrativas e interpretaciones de nuestros roles sociales que ya teníamos incialmente, en el pasado, que incluyen estándares sociales correspondientes, procurando proyectar al final, en el futuro, como resultado de nuestras acciones, un determinada identidad social. Podemos interpretar que nuestro comportamiento presente no es más que el afanarnos por nuestra proyección de un pasado a un futuro sociales.
Ejs. Quizás preparo un plato especial, aprovechando la presencia en nuestro restaurante de un cliente particular que interpreto como una persona líder creadora de gustos sociales, para producir en ella una identidad de cocinero especialmente destacada y distinguible. Si soy un ejecutivo, me propongo dirigir eficientemente una runión estratégica, cuidando proyectar una identidad dirigencial sólida entre los demás gerentes participantes. Como médico puedo dedicar un tiempo más allá de lo que considero habitual en explicar a un paciente el diagnóstico que hago de su situación de salud, debido a que quizás es primera vez que lo atiendo, sé que pertenece a una comunidad o un barrio de posibles pacientes que me interesa atender, y quiero producir una identidad médica de calidad y cuidadosa. (Leer más)
Normalmente interpretamos la acción de dos maneras posibles: como producir (un informe si somos ejecutivos, un artefacto de cerámica si somos ceramistas, un plato de comida si somos chef de cocina), o bien como ejecutar o llevar a cabo (un paso de baile si somos bailarines, una reunión de trabajo si somos ejecutivos, una carrera si somos atletas).
Notar que en cualquiera de los dos casos la acción humana ocurre en el tiempo, toma un tiempo, parece algo obvio. Sin embargo la relación de la acción con el tiempo es más estrecha. Cuando la acción está desarrollándose podemos pensar que ella consiste en actividades, o movimientos, corporales que están visiblemente presentes, que actualizan habilidades y estándares de efectividad acumuladas en el pasado (que ya estaban ahí antes de empezar a actuar), y que se dirigen hacia el futuro aun no presente de su resultado (el producto o lo ejecutado).
Ejemplo: cuando decimos que estamos preparando un plato de comida, decimos al mismo tiempo: (1) que estamos realizando algunas actividades presentes y visibles en la cocina, (2) que encarnan habilidades y estándares de cocinar ya aprendidas antes del presente, y (3) mantienen abierta como una promesa la posibilidad del plato anunciado pero que aun no está preparado.
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Los seres humanos tenemos una preocupación constitutiva con la confianza y la desconfianza. Se debe a que las intenciones de los demás no son visibles para mi. Cuando interactúo conviviendo normalmente, es normal que me pregunte por las "verdaderas intenciones" de los otros. Asi me consta que estoy, y estamos, hechos: puedo engañar y traicionar en la misma medida que puedo ser leal y honesto.
Al observar las acciones de otros (otros observan las mías) es normal que muchas veces me parezcan extrañas, inexplicables, creadoras de expectativas que no se cumplen, o bien exigidoras de expectativas que no he producido, etc. E habitual que eso gatille desconfianza, haciéndonos preguntarnos por las reales intenciones de los demás.
Por mi trabajo, recojo varias fuentes de desconfianza que comparto con ustedes. Unas se refieren a la dimensión puramemnte prgamática de las acciones, otras surgen de la manera como interpretamos las identidades del prójimo, otras a la manera como reaccionamos ante los estilos culturales ajenos. Aquí van:
(1) La "simple" incompetencia para hacer, cumplir, escuchar y hacer cumplir promesas. O sea, actuar como si trabajar y actuar no fuera hacer y cumplir satisfactoriamente promesas a otros, sino que fuera algo así como "hacer la pega" de acuerdo con nuestros propios criterios, a nuestro particular saber y entender. Destruímos ciegamente expectativas y no se cumplen las nuestras: "sabemos" que no se puede confiar mucho. En la confianza está el peligro, dice el viejo proverbio. El remedio: adquirir competencias para manejarse con los demás mediante promesas.
(2) La ceguera a otros estándares prácticos, de hacer y actuar, que no sean los míos o los conocidos. Ej. si un taxista se dirige a la dirección que le hemos pedido pero usa una ruta diferente a la que yo acostumbro, no es raro que me genere desconfianza. Remedio: parecido al anterior: evaluar el cumplimiento de las promeas que me hacen, más que las actividades y procesos mediante los cuales las cumplen.
(3) El conservadurismo rígido con respecto a algún producto o servicio que acostumbro usar. Desconfío de lo que no es la acción a la que estoy habituado. Ej. los horarios de las prácticas sociales de los jóvenes, ¿a cuántos no hacen desconfiar? Remedio: adquirir habilidades para probar un nuevo producto o servicio que parece raro y desconfiable, con espíritu juguetón y explorador.
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 En Atisbando # 57 en POCASTER hablé de Verdades Mentirosas a propósito de la situación de la infraestructura de internet en Chile. Parece bien si no nos preocupamos mucho de los estándares de comparación que utilizamos, pésima si usamos los estándares con sensibilidad. (Está bueno PODCASTER. Hay varias nuevas voces. Destaco aquí algunos programas populares de Radio Duna (como Terapia Chilensis) que pueden escucharse en cualquier momento en podcaster.) ¿Por qué viven tanto tiempo estas verdades que mienten? Porque nos autocomplacen, nos hacen salir bien en la foto, nos tranquilizan y nos ponen a dormir. Invito a mirar este dormir tranquilizado para darnos cuenta que no es uno cualquiera. NO es una pequeña siesta liviana que nos tranquilice frente a un pequeño peligro - o una oportunidad menor - que pasa por ahi sin que nos apercibamos de él. Es mucho más serio que eso: es un sueño histórico, profundo, pesado y pegajoso. Es un sueño que - sistemáticamente - nos impide ver mundos completos nuevos que vislumbran en el horizonte quienes están despiertos, mundos que en muchos casos ya nos están dejando atrás, durmiendo. Es un sueño que sistemáticamente no ve cierto tipo de posibilidades, cierta familia de fenómenos, que son exactamente los que se hacen rápidamente abundantes, significativos y dominantes para el que está despierto.  Muchos decimos que vivimos un momento histórico muy especial, quizás único, en el cual todo se transforma. Pero lo que importa no es solamente percibir esto, lo que interesa es sacar consecuencias de esto. Todo se transforma. Pero no de cualquier manera: un paradigma histórico completo está siendo sustituido por otro a gran velocidad, a velocidad quizás inédita. En el paradigma que va de salida todo se basa esencialmente en el conocimiento. Las cosas se revelan desde el conocimiento necesario para manipularlas. Hay que tener fórmulas, procedimientos, información para actuar inteligentemente en todos los terrenos: para diseñar productos (producción), para anticipar el futuro (predicción), para comercializar (adquirir conocimientos sobre el consumidor), hacer negocios (elaborar un business plan), innovar (incorporar nuevos conocimientos); vivir con inteligencia parece consistir en usar todo el conocimiento posible para hacer un plan estratégico adecuado. Así, la fuente fundamental de poder es la posesión de conocimiento; mientras más exclusivo sea el conocimiento que tengo, más poder tengo. "Información es poder" dice el dicho que lo resume todo. Asi entonces, interpretamos todo lo que hacemos como procesamiento de conocimientos: educar es entregar conocimientos; comunicarnos es transmitir información; etc. Conocer, tener información, es lo central de todo lo que hacemos. Esto es lo que está cambiando a gran velocidad. La red digital global de banda cada vez más ancha está haciendo disponible el conocimiento para todos (los conectados). En el mundo de redes que entra desplazando el paradigma histórico, lo central no es la posesión de conocimiento; el conocimeinto no da poder porque está disponible para todos. Las cosas se revelan desde la infinita posibilidad de rediseñarlas, mezclarlas, personalizarlas - como flujo -, que da lo digital y la banda ancha. La posesión de fórmulas óptimas y procedimientos exclusivos significa bien poco. Educar no puede consistir en entregar conocimientos - están enla red - ; comunicarse entre seres humanos no puede consistir en transmitir información - está en la red. Lo central ahora es la acción en la red, la creación de relaciones en la red basadas en la producción de valor personalizado, valor para individuos y nichos de individuos específicos, y en la creación así de identidad global. En suma, en la capacidad de crear convivencia de calidad y futuros especialmente valosos para otros. En el paradigma en desplazamiento, la pregunta fundamental siempre es: ¿ cómo lo hacemos?. Buscamos fórmulas y planes. En el nuevo paradigma, la pregunta fundamental no es una pregunta, es una invitación: ya que compartimos una intuición y el malestar sobre lo que hay aquí de anómalo, tomemos responsabilidad, inventemos una oferta, probemos, escuchemos, corrijamos - en la red. Pienso que es fértil mirar el mundo que vivimos como caracterizado por la convivencia de dos tiempos históricos: el futuro de redes digitales que se hace presente rápidamente, el pasado de conocimientos y cosas que persiste quizás rígidamente. Representa una gran oportunidad para Chile: podemos subinos con decisión a las olas digitales y construir un atajo al futuro. Pero es también un gran peligro: quedarnos pegados en el pasado que desaparece. (No sería la primera vez. Desde que - según Ercilla - las tribus mapuche eligieron su nuevo Toqui para combatir a los conquistadores españoles buscando al individuo con más fuerza física, esto viene pasando repetidamente en Chile). No es nada de difícil quedarnos rígidamente en el pasado si nos embarga el ánimo que en el pasado nos ha ido bien, si hay instituciones que han desarrollado poder y prestigio en el pasado y pensamos desde allí. A los exitosos recientes del pasado, el nuevo futuro tiende a aparecerles como marginalidades: el mundo de las redes digitales como un espacio de jóvenes, de freaks, de juegos irrelevantes, de conversaciones desviadas y sin substancia. Frente a todo eso, desconocido, sospechoso, mejor esperar, PRUDENCIA. Y lo que parece real y sustancioso es lo que está constituido por los fenómenos que sabemos mirar y medir, los estándares viejos (que no parecen viejos sino que razonables, objetivos), los números que avanzan linealmente (al parecer al infinito), los criterios de hace 10 años todavía parecen válidos, (diez años no es nada, ¿cierto?), las fórmulas que parecen condiciones de éxito eterno (unos sabemos que el mercado libre todo lo resuelve, otros sabemos que, gracias a las regulaciones, el mercado si lo resuelva todo). Personalmente no puedo evitar pensar en los economistas - al menos los criollos - que todo lo tienen ya calculado, piensan en números conocidos, en tasas de crecimiento, en notas SIMCE , en estándares sin ninguna sensibilidad histórica, estándares que parecen válidos más allá de todo tiempo y lugar. Por eso que la infraestructura digital les sparece solamente "un tema más". Una tasa de crecimiento de dos dígitos en conexiones de banda ancha les parece buena porque si, porque es de dos dígitos, sin ver que, si el futuro se nos va en collera con eso, obviamente esos números nada dicen y tienen el efecto de dormirnos. Y todo lo calculan bien, y son gente íntegra. Nos hablan con la seguridad algo arrogante del que sabe correctamente que dice la verdad. Pero son verdades que mienten, aunque ellos no se propongan mentir. Mirados desde el nuevo mundo que viene, están durmiendo y nos hacen dormir a todos. Nos gratifican: son grandes cantantes de canciones de cuna. Así que preparémonos para vivir en la época traicionera de las verdades que mienten. Y a combatir el sueño profundo que nos autocomplace. ¿Cómo? Una sola manera: inmersión práctica decidida en la red.
 Me preguntan amigos por Chile Primero. Me llaman la atención no pocos que quieren saber qué estrategia tenemos para aumentar nuestra influencia política y qué vamos a hacer para contar con fuerza parlamentaria; también no hay pocos que preguntan si estoy optimista y si creo que vamos a tener éxito; no faltan los que declaran su simpatía, desean suerte con un "ojalá que les vaya bien". Pienso que esto es típico de algo que no anda bien en Chile: mucho cálculo, mucha astucia, mucho querer actuar sobre seguro...poca épica, poca pasión, poca innovación.
Pienso en Arturo Prat saltando y qué pensaría si escucha tanta aprensión y deseo de seguridad. Ya no tiene espacio para el optimismo ni el pesimismo - sencillamente se encuentra lanzado. La acción no surgió de una estrategia inteligente y bien pensada. Simplemente está movido por su propia acción, improvisando de acuerdo con las situaciones que ésta lo llevará a enfrentar. Sobre todo no calcula, simplemente tuvo una clara intuición y se encuentra moviéndose comprometidamente con ella. Seguramente intuyó que no había opción alternativa: que hacerlo era necesario y posible.
Pienso en Picasso pintando y exhibiendo Las Señoritas de Avignon, el primer ejemplo de cubismo. A qué cálculo, a qué estrategia, a qué garantía de seguridad pudo aferrarse para saber que estaba revolucionando la perspectiva que se interpretaba desde el más evidente sentido común como la única posible, como "la correcta", desde hacía 6 siglos. Sólo lo guia una fuerte intuición y el compromiso de lanzarse activamente tras ella: revolucionó la pintura y nuestra mirada como nadie.
Pienso en la situación de declarar nuestro amor. No hay cálculo que nos de seguridades. No podemos anticipar todas las movidas que se producirán como respuesta. Imposible tener una estregia, al contrario, ¡ puede resultar fatal tenerla ! Sólo nos guia la intuición y nos moviliza el compromiso con nuestro amor. No hay nada sólido y seguro. Sobretodo, nos mueve saber que declarar nuestro amor es una posibilidad que está abierta y que es lo único que podemos hacer. Una nueva realidad surge si lo hacemos.
Quizás mueve a algunos el temor al fracaso. ¿Pueden fracasar Prat, el enamorado que habla, Picasso? Yo pienso que no. Solamente fracasa quien tierne un blanco claro y yerra, quien tiene una meta concreta y no la consigue, quien se equivoca y comete un error. Pero, ¿cómo puede fracasar quien abre un mundo nuevo, cuyas horizontes no puede ver bien, cuando aún no sabe cuáles son las metas y los objetivos que son posibles y pueden declararse en él? Sobretodo, ¿cómo puede fracasar quien no se propone algo que no puede intentarse y que hace aquello que es necesario hacer? Por eso, Prat no fracasa aunque muere; Picasso revoluciona el mundo; nosotros, al hablar, creamos un mundo que no volverá a ser el mismo. La única derrota nos ocurre si no hablamos nunca por falta de seguridad; si nos paraliza el terror de no saber de antemano el valor de nuestra especial mirada; si dejamos pasar el momento calculando la chances que tenemos y diseñando la hoja de ruta que debe seguir la acción.
¡Vamos con Chile Primero! Lancémonos a la acción de contribuir dedicadamente a un Chile que lo necesita. ¡A vencer el deseo imposible de seguridad, la pretensión del cálculo y la falsa tranquilización de un plan! ¡Ya está todo dicho! En el fondo de nuestro corazón sabemos que la desazón de Chile lo exige, lo hace necesario. Y tenemos en Chile Primero la posibilidad de responder con generosidad.
ATISBANDO 51
Vivimos en relaciones, en nuestra vida privada y en la pública. Construimos nuestra identidad en ellas. Sabemos que son muy importantes, las queremos cuidar.
Que yo cuide bien una relación no es tanto algo que hago yo, cuanto una evaluación que hace la otra parte en la relación. Esa evaluación dependerá de si percibe o no que yo estoy comprometido con cuidar la relación, con hacerme cargo de sus preocupaciones y cumplir activamente con los compromisos que ella supone.
Lo básico, entonces, es mantener segura a la otra parte de nuestra dedicación a la relación. Una acción simple fundamental: escuchar sistemática y anticipadamente sus evaluaciones, especialmente buscando escuchar lo negativo, o sea, sus insatisfacciones.
Importante: crear un estado de ánimo de apertura y confianza para que las insatisfacciones se digan con claridad y sin reservas.
Actúo con múltiples motivaciones (o sea, puedo dar múltiples interpretaciones de lo que motiva mis actos).
Acepto que tengo - y todos tenemos - deseos e intereses y que ellos motivan acciones de mi parte. Normalmente mis intereses y deseos me llevan a actuar en el mercado libremente intercambiando, comprando y vendiendo, consumiendo, produciendo, etc. El que entendió bien este tipo de motivaciones fue Adam Smith (S XVIII), y también lo que éstas generan como organización de acciones colectivas o sociales.
(¿Le dan significado a mi vida este tipo de acciones y motivaciones? No me parece. He mirado centenares de obituarios (abundan en El Mercurio) y a ningún muerto despedimos celebrando sus habilidades para satisfacer sus deseos e intereses. No decimos en un discurso ante un ataud que el que ahi está fue muy exitoso. Tal vez es porque sabemos que, como mortales que somos, nadie puede realmente ser exitoso. Y, aunque dedicamos buena parte de nuestra vida a satisfacer nuestros deseos y a cuidar nuestros intereses, verdaderamente parece que eso no nos permite entender el mundo y nuestro estar en él como algo pleno de significado).
También observo acciones mias - y de otros - que no son motivadas por mis deseos sino que más bien corresponden a acciones motivadas por obedecer la ley, por moverme de acuerdo con lo que la ley establece. Pago mis impuestos, me abstengo de apropiarme de lo ajeno, pago mis deudas, tengo comportamientos civilizados que se preocupan de no agredir ni ofender gratuitamente a nadie, busco no sacar partido de otros en los márgenes de la ley, tolero lo que no me gusta si está dentro de la ley, etc. Y se que no hago esto motivado por el deseo o el interés de evitar ser castigado por infringir la ley; lo hago porque tengo la interpretación que si nadie cumple la ley no hay sociedad civilizada posible y hago mi parte, con la razonable expectativa que los demás hagan la suya. Considero que la ley es justa porque trata a todos por igual y que ha sido el resultado de una decisión que nos ha involucrado a todos los ciudadanos.
Podemos llamar a este tipo de motivaciones motivaciones basadas en la interpretación razonable que es mejor vivir en sociedad que en guerra permanente de todos contra todos. Es parte de lo que podríamos llamar una conducta racional -pongo mi parte para que el todo funcione bien para mi y para todos. Este tipo de motivaciones forma la base del liberalismo político y fueron investigadas- asi como sus consecuencias sociales - por filósofos iluministas (S XVIII) - y han sido sistematizadas en el presente con toda claridad por John Rawls.
(¿Le dan sentido a mi vida estas acciones? También creo que no lo hacen. En los obituarios, nadie es celebrado solamente por haber sido un buen ciudadano y cumplir la ley. Quizás es lo mínimo que esperamos de nosotros mismos: convivir. ¿Pero convivir para hacer qué con mi vida? )
Leo a San Pablo (Corintios 1, 13) y me doy cuenta que el Cristianismo trajo al mundo un nueva motivación para actuar, actuar por amor. Dice Pablo: El amor todo lo sufre, es benigno; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no se envanece, no hace nada insebido, no busca nada a cambio, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, sino que se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El amor nada espera a cambio - no tiene nada que ver con ciudar mis deseos e intereses en el mercado donde todo se espera del cambio. Tampoco el amor actúa a la expectativa de la actuación de los demás - el amor todo lo espera, pero no depende de expectativa alguna, soporta cualquier acción de los demás sin irritarse.
¿Qué es el amor? Sacrificio, compromiso incondicional; dar la vida por, como nos dice Pablo que hizo Jesús Cristo. El amor no consiste en cumplir la ley, en cuidar mis intereses, en ser razonable. Actuamos motivados por amor sacrificándonos - sacrificando la vida si es necesario -; acciones con las cuales la interpretación que nos lleva a entendernos como seres interesados o seres racionales - razonables - no se siente cómoda. Y no es éste un mandamiento excesivo inventado por un visionario idealista: una Iglesia de 2000 años lo predica, y tiene mártires de sobra para demostrar que hizo carne en muchos. Veo hoy a otros tantos que están dispuestos a dar la vida por sus hijos, otros consagran su vida a La Patria, otros continúan queriendo ser mártires de su Dios. ¡Rara locura!
Pero, ¿no es esta locura precisamente lo que da significado a nuestra vida? Son los actos de amor y los sacrificios lo que destacamos en los obiturios. Parece que solamente sabemos lo que significa la vida cuando sabemos por qué estamos dispuestos a darla. Parece que sólo sabemos quienes somos cuando sabemos qué nos compromete, qué amamos, por qué nos sacrificamos. Nosotros, los que venimos arrstrados por esta corriente histórica que el cristianismo trajo al mundo, damos sentido al mundo con el sacrificio.
(Agradezco al libro de Paul Kahn - Putting Liberalism in its Place - [libro recomendado por Fernando Flores, el mejor lector que conozco], por producirme la apertura necesaria para entender realmente el amor y el sacrificio como fenómenos constitutivos de mi -nuestra- historia).
Me pregunto: y nuestros actos políticos - votar, militar en partidos, ejercer de representante político (senador, diputado, edil), elegir una ciudadanía o nacionalidad -, ¿cuál de todas estas motivaciones tienen? ¿Qué supone el ciudadano representado de las motivaciones de sus representantes?
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 Continuamos nuestra conversación sobre comunicación sentados en un café. Tú pediste dos cafés expreso al mozo, el que regresó - presto - con los dos cafés, los tomamos celebrando la calidad del brebaje, pagamos y estamos a punto de pararnos e irnos. Entonces, nos ponemos a examinar la comunicación satisfactoria que hemos tenido con el mozo; especialmente a observar todo lo que ya - antes siquiera de entrar al café - tenemos coordinado con el mozo, que normalmente no observamos y damos por presupuestado, y sin lo cual la comunicación no puede establecerse.
Aparecen ante nuestros ojos, en primer lugar, los actores: el mozo y nosotros mismos. Ese joven que está ahi parado entre las mesas del café es alguien para nosotros - tiene una identidad: es el mozo que esperamos nos sirva. Nosotros, estas dos personas que entran al café y se sientan familiarmente en una mesa, tienen una identidad para el mozo: son dos clientes a los que debe servir. Esta recíproca interpretación de roles estaba ya coordinada y presupuestada entre las partes y aseguró que la comunicación partiera bien, produciendo el pedido en una de las partes - la que debía pedir - y la recepción del pedido en la otra - la que debía recibirlo. (Cuando este reconocimiento recíproco de roles falla, la comunicación se interrumpe, como cuando le pedimos un servicio a otro cliente. Puede ser jocoso o puede ser trágico) . Osea, estas identidades coordinadas permiten que las preocupaciones mutuas sean coordinadas antes que nada.
Nos encontramos (los clientes) - ya antes de darnos cuenta - sentados en sillas y apoyando las tazas en una mesa. No estamos sentados en las mesas, o en el suelo, o parados, apoyando las tazas en el suelo o en las sillas; el mozo - ya reconocido como tal - circula entre sillas y mesas, no las mueve de un lado a otro para hecerse espacio sino que circula por el espacio disponible, deposita las tazas en la mesa, no en el suelo o en las silla, no se sienta en las mesas, ni siquiera en las sillas, se mantiene parado. O sea, ya nos encontramos compartiendo un mundo completo en el cual hay sillas, mesas, tazas, servilletas, cucharas, (también evaluaciones de higiene presumiblemente) etc., y manejándonos coordinadamente con todos estos objetos. Es un mundo en el cual ya existe el café como un brebaje que las personas consumen, el café expreso (de cierto sabor, a cierta temperatura, en ciertas cantidades etc.), y presumiblemente otros tipos de café, cada variedad con su nombre propio. Este mundo completo - el restaurante que llamamos café - ya existe como espacio de prácticas y comportamientos compartidos entre los que allí estamos. Si este mundo se descoordina entre nosotros, la comunicación se interrumpe o falla: la higiene produce el rechazo de alguna de las partes, o el café resulta frio, o la cantidad inadecuada, o el mozo y nosotros tropezamos con sillas y mesas y cada uno insiste en usarlas de maneras idiosincráticas que no coordinan con el uso de los demás. Etc., etc., la imaginación es infinita para observar las fallas posibles del mundo que ya está ahi y que normalmenmte no falla porque todos nos comportamos competente y juiciosamente.
Finalmente observamos que aunque pedimos que nos "trajeran" dos cafés, y el mozo no nos advirtió que debíamos pagarlos, obviemente ya presuponíamos - todos -que los pagaríamos. Porque, aunque nadie diga nada, ni nos demos cuenta que en el fondo si lo estamos diciendo, apenas entramos al café ya estamos interpretando el lugar como un restaurante comercial, y al café expreso como un producto en venta, dejamos de interpretarnos a nosotros como seres humanos pura y simplemente y nos inbterpretamos como clientes, y al mozo como mozo. Y en todas partes nos comportamos como clientes, no solamente en los cafés, y en todas partes hay personas que nos atienden como clientes. Ya estamos acostumbrados a un mundo de intercambios comerciales, no solamente en los cafés sino que en todas partes. Todas nuestras prácticas - la mayor parte de ellas - las realizamos coordinando nuestras acciones como intercambios. Nos alimentamos mediante intercambios, nos transportamos mediante intercambios, trabajamos intercambiando, nos divertimos intercambiando, etc. Presuponemos los pagos, presuponemos el dinero y ya somos completamente competentes para manejarnos coordinadamente con estos papelitos solemnes que llamamos billetes. O sea, ya antes de todo, compartimos un estilo histórico, una manera de ser histórica, somos todos seres que vivimos en el mercado intercambiando para hacer casi todo.
Nos dio un cierto mareo al ver toda la larga historia que traemos al presente en nuestras acciones comunicativas más elementales. Por suerte no tenemos que ir al colegio a aprender todo esto, sino que parece que se aprende solo, al calor de las acciones que vamos tomando desde pequeños, me dijiste.
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Te miro y te respondo. Podría no hacerlo, nadie me obliga a responder nada a nadie.
 ¿Por qué te respondo? Quizás porque a mi me interesa conversar de comunicación, me siento competente para hacerlo y me gusta que me reconozcan esa competencia al hacerme ese pedido precisamente a mi; o porque me gusta sentir que soy un tipo educado que no deja de responder a la gente, salvo que no pueda; o soy el tipo de persona que se siente obligado a responder si se dirigen a ella. Ahora, no te quepa la menor duda que tú me produces algo de interés, quizás me gusta que hayas sido tú precisamente quien reconozca mis competencias en este terreno; y también algo de confianza, la suficiente como para tomar tu pedido en serio, o sea, supongo que eres una persona a la que le interesa la comunicación; o, si te respondí una broma, es porque no confío que tu pedido sea serio; al menos no supongo que me quieres hacer daño con tu pedido, en tal caso seguramente no te repondería. Te repito que no me eres completamente indiferente y lo que ya conozco de ti me interesa lo suficiente como para responderte. O sea, ya te tomo a ti por alguien, y ya me tomas a mi por alguien.
Tengo muchas respuestas a la pregunta ¿qué es la comunicación?. Respuestas largas para interesados en estudiar las teorías del habla y la comunicación, respuestas breves - quizás irónicas - para quienes - sospecho - más bien tienen solo curiosidad, respuestas comprometidas para quienes creo que están sufriendo problemas de incomunicación; y muchas otras. Así que te observo, quizás te pregunte algo como ¿por qué te interesa? y te escuche, o simplemente, como ya te conozco algo y seguramente ya veníamos hablando con anterioridad, me imagino que algo te interesa a futuro, que hay algo que necesitas saber para hacer, más adelante, algo de mejor manera que lo que te ha resultado hasta ahora. Me largo por uno de estos lados, y tú me escuchas.O sea, ya creo saber qué preocupaciones tienes con la comunicación. Y tu interés me interesa.
Pero, antes que nada, ya ocurre que nos encontramos hablando y tú te dirijes a mi con tu pregunta. ¿Cómo ocurrió que ambos nos estemos hablando de esto? Seguramente o me conoces hace tiempo o no eres el tipo de persona que se cuida de sus encuentros casuales; y yo también. Y si nuestro encuentro fue casual y reciente, ¿cómo es que llegamos a conversar tan rápidamente de la comunicación?, ¿no conversa uno de temas menores -"small talk" - en los encuentros casuales? O quizás tú y yo pensamos que un encuentro siempre produce algo potencialmente valioso y seamos el tipo de persona que es más bien abierto y sin cortapisas con la gente. En tal caso, seguramente ni tú ni yo hemos sido educados en círculos muy exclusivos o cerrados, ni pertenecemos ambos a redes sociales que sintamos muy distintas - ya hay una cierta familiaridad que nos permitió crear rápidamente una cierta intimidad. O talvez me hiciste este pedido después de mucho tiempo de conocernos, incluso después de mucho tiempo de saber que me dedico a la comunicación - quizás porque eres el tipo de persona que no quiere admitir debilidades delante de sus conocidos -, o quizás porque yo, a pesar que te observo hace tiempo comunicándote con dificultad, no te he ofrecido ayuda hasta el presente. Quizás soy el tipo de persona más bien indiferente que se preocupa de no ser tomado por impertinente inmiscuyéndose en lo que no le piden. O sea, nuestra forma de ser social finalmente nos condujo a este encuentro y a tener esta conversación.
Mira todo lo que hemos ya coordinado antes de responderte atinadamente tu pedido: nuestras identidades, nuestras preocupaciones, nuestros modos de ser sociales. Entonces, te respondo.

Recibí esta lección hace muchos años - ¿30?- de Enrique Correa: siempre hay que poner el acento en lo principal. No hay que afanarse por lo que no es principal. Lo principal es lo que permite desenredar lo que ocurre e incidir en lo que está pasando. Consejo que aprecio hasta el día de hoy, tal como aprecio al consejero.
Con el tiempo he descubierto que poner el acento en lo principal no es un eslogan superficial, constituye una difícil y sofisticada práctica en la cual nadie se gradúa realmente. No es llegar y hacer. En primer lugar, es necesario descubrir qué es lo principal y luego - en segundo lugar - en disciplinarse para mantenerse enfocado en lo principal y dedicado a éste. Lo primero es una cuestión de habilidad interpretativa, lo segundo, una cuestión anímica.
Asi pues, poner el acento en lo principal no es tan fácil. Y no hacerlo tiene consecuencias serias al configurar una situación de una manera que nos conduce a tomar acciones peregrinas e inconsecuentes. Tal como confundir un incendio nocturno con un desfile social en pijamas.
¿Qué es lo fundamental que ocurre en estos días? Me parece a mi que lo principal en Chile consiste en la manifiesta ocurrencia de prácticas de corrupción vinculadas al estado, que reflejan un estilo político clientelístico, que nos han sorprendido por su extensión y por la importancia que han adquirirdo en las cúpulas de los directivos políticos de la concertación. Puedo hablar por mi mismo: soy concertacionista y me ha sorprendido cómo se han desplegado en público manifiesta y extendidamente, y cómo, en mi opinión, no pueden ser ocultadas ni relativizadas como una serie de casos particulares - cada uno un caso distinto, nada que ver con los otros, cada caso a los tribunales etc. - sin conexión entre si. Dijo Confucio, no estoy seguro ni se bien dónde, que lo que configura lo real no son las cosas individuales, los objetos considerados uno a uno, sino que el hilo - muchas veces invisible - que los ata y los conecta a todos. (Pienso en un collar y lo veo clarito). Bueno, yo creo que ahora lo fundamental consiste en poner el acento en este hilo: el clientelismo y la corrupción política que tiene graves consecuencias para Chile.
Pero no todos pensamos igual. Este fin de semana recién pasado, leyendo la prensa chilena habitual, pude escuchar a varias voces destacadas, ocupando valiosos espacios periodísticos, ocuparse de varios juegos laterales. Unas, dedicadas a descubrir el carácter del senador Flores, quien ha estado, no sin costos, poniendo el énfasis precisamente en lo principal. Otras, dedicadas a descubrir y revelar las intenciones del mismo senador - ¿alguien podrá conocer realmente las intenciones ajenas? A alguna le bastó con declarar que esas intenciones son inconfesables. ¿Es esto poner el acento en lo principal? Respondo: ¡no! Y, considerando que casi todas esas voces declaran su gran preocupación por la corrupción, el clientelismo y la ausencia de transparencia en Chile, esta distracción de lo principal se me hace muy poco comprensible. ¿Qué produce esta acentuación de lo menor?
Me encuentro a cada rato con un estado de ánimo extendido en Chile - la complacencia - que sistemáticamente nos conduce a poner el acento en lo lateral. Toda situación pública - a pesar de lo negativa que sea - es una renovada ocasión para sentirnos bien, distintos y mejores. Y en este ánimo caemos todos, los de este lado y los del otro. Unos, por lo choros que hemos sido económicamente, otros, por lo choros que hemos sido en política. Somos verdaderamente, en todo, algo especial. Estado de ánimo que lo tiñe todo de ocasión para exhibirnos infatuados por lo bien que lo hemos hecho, que le da a toda situación pública el carácter de reunión social de una elite con razones para estar contenta con lo que es: nada de hablar en serio aquí, nada de golpear la mesa, nada de traer malas noticias de fuera del salón, nada de meter mucho jolgorio tampoco. Nada puede ser tan serio, ni tan urgente, ni requiere tanto ruido; si está casi todo bien, sabemos cómo hacerle y la situación está controlada. Lo que importa aquí son las buenas maneras, no exagerar nunca y mantenernos todos concentrados en el juego de todos los salones de gente contenta: exhibirnos de cierta manera - siempre con ingenio - y develar negativamente - siempre con ingenio - las estrategias de exhibición de los demás.
En el intertanto, los problemas serios que Chile incuba siguen creciendo insensiblemente. Lo peor del clientelismo corrupto no es tanto la extracción de dineros, sino que el hecho de concentrar a nuestros dirigentes en este tipo de juegos de poder menores, impidiéndoles alertarse a tiempo con desastres que emergen y que pueden pillar a Chile impotente. Yo estoy seguro que preocuparse de esto si que es poner el acento en lo principal, ¡y en eso nuestro Senador no se equivoca!
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