Cultivar nuevos estados de ánimo

 

Mis estados de ánimo están ahí ya.

 

...me esperan...

 

el estanque de siempre al que caigo inadvertido; 

la misma niebla que me extravía solapada.

 

Salen a mi encuentro -  familiares - desde mi pasado.

Embargan - habituales - mi cuerpo.

 

Me aventuraré a prácticas nuevas

que vengan de otro pasado

y saquen a mi cuerpo de su comodidad.

 

estados de ánimo

rothko.jpgPartí viendo en el post anterior que puedo encontrarme en dos situaciones bien diferentes entre si. En una de ellas, me encuentro activamente cuidando todos mis espacios de preocupaciones, involucrado en diseñar mi identidad y mis capacidades de acción futuras. Y puedo ver que al menos me preocupan tres futuros: el de mi situación presente, el constituido por nuevas posibilidades que puedo visionar a partir del presente, y el futuro de posibilidades a las cuales actualmente soy ciego pero sobre las que puedo adquirir visibilidad si cambio el mundo en el cual me he movido en el pasado. En la otra situación, me encuentro arrastrado por mis actividades presentes y por mi identidad actual sin un mayor cuidado activo de mi futuro.

Observo que la diferencia estriba en una diferencia entre estados de ánimo. Percibo - como todos, supongo - que existen en mi muchas posibilidades de ser embargado por talantes diferentes: miedo, resignación, optimismo, pesimismo, ambición, resentimiento, alegría, exaltación, aburrimiento, pesadumbre,  resolución,  liviandad juguetona, etc. Y si bien cada uno de ellos define de manera propia y específica las situaciones en que me encuentro, puedo observar que los puedo clasificar en dos tipos. Para hacerlo, considero precisamente la manera como ellos me predisponen al futuro, con respecto a la cual puedo descubrir semejanzas y diferencias.

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regalo de fin de año

A veces me observo a mi mismo iluminado de mis actos y abierto a mi ser. Otras veces simplemente me encuentro ocupado, como arrastrado  reaccionando de manera automática a los acontecimientos cotidianos habituales. En este momento, me encuentro en el primera situación.

(1) Al observarme en el presente - o sea, sin preocuparme por mi futuro ni mi pasado -  puedo ver que me mueven dos afanes distintos, aunque articulados entre si:  me preocupa producir acciones que sean valoradas por otras personas,  y me preocupa proyectar una identidad valiosa entre las personas que me importan. Pensar estas cosas en términos comerciales ayuda porque tenemos un vocabulario especializado que nos hace sentido a todos (cuando menos a muchos),  aunque obviamente nada de esto es comercial en si mismo. Entonces, dicho en términos comerciales: me doy cuenta que me preocupa mantener a mis clientes y proveedores satisfechos y me preocupa mantener mi negocio con una buena identidad - puede ser rentable, o grande, o líder en el mercado, o la que sea el caso.

(Lo puedo decir más en general: me preocupa mantener a la red de personas con las que interactúo cotidianamente con la interpretación que mis acciones constituyen un aporte valioso para ellas, y también me preocupa tener una cierta identidad apreciada por los demás, sea en mi rol profesional, en mi rol familiar, o cualquier otra.)

En el primer caso, me preocupa cuidar una relación con mis clientes y proveedores caracterizada por la confianza, esto es, producir la evaluación en ellos de que mis ofertas y pedidos son hechos con sinceridad y competentemente: entrego satisfactoriamente la acción o el producto valioso prometido. Puedo decir que me preocupa gatillar en ellos confianza transaccional. Lo contrario: gatillar el juicio de mentiroso o incompetente.

En el segundo caso, me preocupa cuidar una relación con mis asociados estratégicos - aquellos con quienes constituyo  mi identidad - caracterizada por la confianza; pero ésta no es una confianza basada  exclusivamente en la transacción mutua de pedidos u ofertas de acciones específicas, sino que debo gatillar en ellos el jucio de que me involucro con su identidad. Lo contrario: gatillar el juicio de desapego.

Bien, así que si soy sincero y competente en lo que ofrezco y pido, y soy involucrado con la identidad de mis socios estratégicos, eso es suficiente para cuidar las relaciones que necesito tener en la vida. No tan rápido, no tan rápido,... aunque por aquí vamos bien...

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jugando con google

nevadosdechillan2.jpg

Provengo de un lugar cerca de Chillán donde los Nevados de Chillán constituían una presencia constante e imperturbable en el horizonte. Para mi eran simplemente los Nevados de Chillán, presencias inamovibles y evidentes que, a lo sumo, cambiaban de superficie por efecto de la nieve en invierno, parecían engordar. Después estudié  en Santiago donde aprendí que las cosas tenían una sola verdad - ¿cómo dos?, una sola Verdad no más - que la ciencia ponía a nuestra disposición como premio a un trabajo dedicado. Y que el mundo era una colección de verdades, una colección de cosas tan claras y evidentes como los Nevados de Chillán.

Medio siglo después, Internet muestra que al parecer las cosas ya no son tan así. y el buscador Google - la gran herramienta proveedora de información para las masas del siglo XXI, como el libro impreso lo fué desde el siglo XV en adelante - demuestra cotidianamente que no interesa tanto hoy día descubrir alguna verdadera verdad de las cosas cuanto su relevancia, su utilidad, su capacidad de expandir nuestra acciones y contribuir a nuestros afanes. Y que eso constituye la verdad de ellas. Porque las cosas devienen lo que son como instrumentos pertenecientes a mundos de prácticas, a redes instrumentales necesarias para vivir y cuidar nuestros afanes. Y cada mundo acarrea sus propias verdades, e Internet y Google facilitan entender esto porque Internet es un mundo de mundos, y Google su principal explorador.

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Entre hubris y resignación

El ser experto ha descubierto verdades que trascienden la historia. Verdades que son válidas siempre. Así, que está permanentemente predispuesto a caer en hubris, a moverse creyendo que puede trascender el tiempo que le ha tocado vivir. Y el ser experto de nuestra época quizás más que nadie, porque cree a pie juntillas que él o ella si que tienen razón, por primera vez en contraste con un pasado de supersticiones, en haber descubierto verdades eternas.

Y también sabe el ser experto aquello que no puede saberse, ha descubierto cuáles son las preguntas que no admiten respuestas posibles. Y está trascendentemente cierto de eso. Así, que el ser experto está permanentemente predispuesto a la resignación. Y lo escuchamos declarando que tal y tal problema (el esmog en Santiago, por ejemplo, o la distribución del ingreso, o la calidad de la educación, o la pobreaza "dura") es muy complejo, o muy difícil, o de solución muy lenta.

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