La política de resolución de problemas.

Del blog del Endemoniado.

1.- Hay variadas demostraciones gráficas de crisis y protestas políticas en estos años recientes en el mundo. Muchas, como las del mundo árabe del medio oriente, resultan difíciles de interpretar a pesar de su carácter engañosamente “evidente”. Otras, como las de Rusia, por ejemplo, semejan reivindicaciones por la democracia en general.

Otras, las más comunes, como las europeas y las de Chile, estudiantiles, regionales, representan movilizaciones con petitorios específicos destinados a resolver problemas. 

Por último están las de ocupaciones de plazas y parques que parecen querer inaugurar una nueva manera de hacer política, y nada piden ni reivindican; tampoco exhiben “propuestas”

Y en el trasfondo existe una política de manejo de los Estados que se puede llamar  Despotismo Tecnocrático, el despotismo ilustrado del siglo XXI: pragmático, eficiente, manejador eficaz, a veces sensible, de los problemas sociales de las audiencias de ciudadanos “consumidores de servicios públicos”. Los cambios de gobierno en Grecia y en España son casos ejemplares, donde los nuevos gobiernos deben resolver específicos problemas presupuestarios y macroeconómicos. Son casos similares a muchos gobiernos con fachada democrática, pero de hecho Despotismo Tecnocráticos que encontramos en Asia. Pero no solamente ahí: ¿acaso no se puede reconocer el despotismo de expertos tecnocráticos de la representación política y las prácticas legislativas en Chile, la resolución experta de situaciones como los medioambientales con sus Coremas y Conamas, el diseño urbano y barrial en manos de oficinas municipales de obras, de transporte urbano, (¿es necesario insistir en el Trasantiago?), y tantas otras; inclusive la justicia tiene mucho de autoritarismo experto.

En Chile el estilo general de la política es la resolución de problemas. Las soluciones producen más y más nuevas leyes: nuevos subsidios, nuevas medidas de un tipo u otro, nuevos facultades para hacer algo, nuevas prohibiciones, nuevos permisos. Es el relato repetido infinitamente de nuevas soluciones legales para viejos problemas; aburre, además de tenernos más que escépticos. Reflejo de esa misma política de problemas y soluciones, son también las movilizaciones sociales que se organizan alrededor de manifestaciones de necesidades y demandas de medidas que las resuelvan.

Vivimos la política como resolución de problemas.

¿En qué nos estamos encerrando y a qué nos condenamos?

 

2.-  Los seres humanos recibimos de nuestro pasado el horizonte de lo posible y lo  imposible, horizonte que define el espacio de posibilidades en cuyo interior se dan las preocupaciones que nos animan, y establecemos nuestros propósitos, metas y objetivos.

También recibimos del pasado los talantes anímicos que constituyen algunas de esas posibilidades en oportunidades y otras en amenazas, y tiñen con una determinada tonalidad emocional el conjunto del espacio de lo posible: a veces con resignación, a veces con ansiedad, a veces con enojo resentido, a veces con cinismo, a veces con el desasosiego de una aventura desafiante de resultados impredecibles.

Tanto los estados anímicos como las posibilidades requieren de individuos para existir, por supuesto, pero ellos no son fenómenos individuales: emergen en espacios sociales, que pueden consistir en naciones, regiones, profesiones, clases y categorías sociales, grupos etáreos etc. Podemos reconocer este hecho al percatarnos de la fundamental similitud de las posibilidades que ambicionamos y tememos quienes pertenecemos a medios semejantes, la visibilidad y evidencia que adquieren los talantes afectivos sociales globales, y la similitud de los estados de ánimo que movilizan masivamente a los participantes de un mundo social en determinados momentos históricos, y cómo ellos fluyen colectivamente, afectándolos a todos individualmente.

3.- Podemos reconocer que tenemos un problema cuando, de manera ad hoc, reducimos el espacio de posibilidades que hemos recibido y enfocamos nuestra atención a un aspecto de éste. La preocupación que nos moviliza para abrir posibilidades queridas o evitar las amenazantes, queda convertida en metas y objetivos específicos que concitan toda nuestra atención afectiva como “la única o la mejor solución”. 

Anímicamente los problemas poseen un talante característico fácil de reconocer: el estado de ánimo de “tener un problema”, de “estar aproblemada” que nos encierra en situaciones amuralladas de las que sólo podemos salir por aperturas precisas que son ingratas o difíciles, llamadas soluciones.

Hay estados anímicos sociales muy extendidos, de los que todos participamos, que están detrás de la conversión reducidora de un futuro de posibilidades preocupantes en un problema y sus soluciones. En su raíz todos tienen en común el hecho de producir tranquilización; esto es, manejan la ansiedad desasosegante de lo desconocido que no tiene consecuencias seguras, reemplazándola con lo familiar y conocido, lo asegurable. La victimización y la adscripción de culpa son dos caminos complementarios como esta tranquilización ocurre. Sentirse víctima de poderes que “no quieren solucionar un problema”, lo que podemos llamar resentimiento, es una manera de cristalizar “el problema” convirtiéndolo en una cosa tanto más tranquilizante cuanto más se “nos niega su solución”. Culpabilizar a otros, o a determinadas circunstancias, juega un papel similar. Al hacerlo sabemos que el horizonte de posibilidades que nos rodea queda convertido en un campo de batalla de culpables y sus víctimas; ingrato y lamentable, pero (tranquilizantemente) familiar.

El estado anímico del experto, que todos podemos reconocer fácilmente presente en nosotros mismos, juega un rol tranquilizante parecido. El experto cree tener un conocimiento real de cómo funcionan las cosas en el mundo, conoce las causas de los fenómenos, aquello que permite que ciertas consecuencias ocurran y que al mismo tiempo impide que ocurran de otra manera. El experto es el rey de poner límites, de precaver contra excesos, contra lo que “no se puede”. Podemos llamar resignación experta a este talante del ánimo que tranquiliza convirtiendo toda posibilidad y toda preocupación en un problema conocido. Este temple anímico no ve otras posibilidades que no sean paulatinas, paso a paso, lento y “chorreado”, cristalizando las posibilidades como problemas; cree conocer las causas que generan el futuro desde el pasado, convirtiéndolo todo en problemas de soluciones conocidas que requieren madurez y paciencia, pleno respeto a la razón causal.

En el fondo ambos ellos tienen algo en común: son talantes afectivos de tranquilización; saben cuáles son los problemas, conocen las soluciones, no necesitan pensar más nada; no hay nada que inventar. Es preferible sentirnos derrotados por los poderosos, por los expertos que exigen gradualismo y paciencia, a vivir en el desasosiego de no saber cómo producir posibilidades nuevas, frescas e innovadoras, que pudieran realmente hacerse cargo de lo que nos insatisface.

Ej., en educación lo vemos todos los días: o terminar con el lucro o terminar con el estatuto docente; he ahí dos problemas que ni un lado ni el otro quiere resolver, con cada uno considerándose una víctima del otro que es identificado como culpable: todos nos encerramos en una caja con pocas salidas. Por otra parte, los expertos pedagógicos nos advierten que las consecuencias de lo que se haga son necesariamente de largo plazo porque en educación las causas y los efectos tardan años; o sea, para los jóvenes de los colegios municipales de hoy no hay salvación posible. Encerrados en un mundo de estándares fijos, las pruebas SIMCE representan los paradigmáticos, todos queremos resolver el problema de elevar nuestro desempeño en ellos. Y mientras tanto no estamos pensando de verdad en las posibilidades de hacer una educación relevante para el siglo en que estamos. (FB tiene un buen artículo aquí al respecto haciéndonos ver que no estamos pensando en qué educar)

4.- El resentimiento y la resignación experta normalmente se retroalimentan uno al otro produciendo tanta tranquilización que en educación llevamos décadas inmersos en ella, sin producir cambios significativos que alivien el dolor, que debemos reconocerlo en ocasiones la educación en Chile nos produce. Y, sin embargo, persistimos. Es la fuerza tranquilizante de la tranquilización. En el ínterin, hemos ido creado cantidades abismales de desconfianza mutua entre víctimas y culpables, que cristaliza todo aún más, aumentando el sentimiento social de estar ante un problema concreto insoluble.

5.- En el ánimo resentido, un mejor futuro aparece impedido por poderes ajenos que son mayores a los nuestros. En el ánimo resignado del experto, el impedimento es la causalidad, la “naturaleza objetiva” de las cosas.

Vemos diariamente disolverse gigantescos poderes en el mundo: La Iglesia Católica, algunas Protestantes, el socialismo real destinado a convertirse en el nuevo futuro de la Humanidad, LA superpotencia que triunfó sobre el socialismo y no duró más de veinte años, la General Motors y miles de otras corporaciones poderosísimas… y continuamos creyendo que los grandes poderes ajenos constituyen el impedimento para nuevas posibilidades y nuevos futuros. Constatamos que el nombre del juego en el mundo es la innovación, o sea la corrosión y sustitución de viejos poderes, y sin embargo seguimos pensando y sintiendo que poderes ajenos son el impedimento de nuestro futuro. Y además sabemos bien que ninguno de los viejos poderes cayó porque alguien se propuso resolver el problema de quitarles poder. Cayeron de la misma manera que la Internet y Google han revolucionado las viejas prácticas educativas sin proponérselo; de la misma manera que las redes digitales revolucionan la industria editorial, la producción musical, y la producción cultural en su integridad, sin haberse propuesto resolver ese problema; de la misma manera que ellas revolucionan la política y la democracia ciudadana sin haberse propuesto debilitar el poder de nuestro representantes en el parlamento.

¡Y sin embargo, la existencia de los viejos poderes que siempre existirán en todo presente humano, continúan sirviendo de justificativo para encerrarnos en un futuro desprovisto de nuevas posibilidades!; un futuro de perseguir soluciones a problemas conocidos. Es el poder del resentimiento; de una reconocida afectividad social tranquilizante.    

Por su parte, la causalidad está, ¡bien, gracias!, en los laboratorios. En ellos se puede disecar, aislar, separar lo real, permitiendo aislar los fenómenos de sus mundos y estudiar agente por agente, cada uno de los factores que actúa sobre ellos, uno a uno. Una modernidad ya pasada pudo convertir el mundo entero en un laboratorio, seccionando, disgregando y desarticulando lo natural, lo urbano, lo social y lo psicológico, para planificar la existencia humana controlándolo todo. Pero sólo por un tiempo. Nadie puede pretender intervenir hoy tan impunemente como ayer en el medio ambiente, ni en los espacios urbanos, ni en las prácticas sociales, ni en la intimidad de la psicología individual. Las cadenas causales ya no pueden usarse para predecir consecuencias en el mundo actual; todo cambia demasiado inesperadamente, los intereses humanos son demasiado variados y múltiples. Ni siquiera es posible establecer ex post facto las cadenas causales que producen los fenómenos más elementales fuera del laboratorio: las crisis ambientales habitualmente enfrentan a experto contra experto, al igual que las catástrofes naturales, al igual que las intervenciones sociales masivas (ej Transantiago), al igual que los diseños urbanos, al igual que los diagnósticos psiquiátricos. Y sin embargo seguimos tranquilizados por los expertos; como si el futuro fuera planificable, controlable y asegurable por las causas manipuladas en el presente. Y entregamos a manos expertas, aunque sabemos bien que son cada vez más impotentes, el futuro de nuestro medio ambiente, de nuestras ciudades y barrios, de nuestros sistemas de transporte urbanos, de nuestra educación… Es el poder del ánimo social de la tranquilización.

6.- Cuando resolvemos un problema, modificamos algo en el mundo, pero no diríamos que éste ha cambiado. Cuando ampliamos el espacio de posibilidades que enfrentamos, la situación general que nos rodea aparece transformada y reconocemos que se ha  producido un cambio en la historia. La política de resolución de problemas es la política de la impotencia. Seguramente por eso ésta ha adquirido un mal nombre en todas partes; quizás por lo mismo odiamos tanto a los políticos que nosotros mismos elegimos: hay una desproporción grotesca entre la auto importancia que exhiben y su impotencia real.

7.- En Disclosing New Worlds, un libro muy creador de nuevas posibilidades que investiga el hacer historia, se insiste en un par de nociones fundamentales. Por una parte, en el estado anímico de desasosiego con una situación como movilizador esencial para producir un cambio histórico. Éste es un talante afectivo que resiste la tendencia a la tranquilización en cualquiera de las variantes que nos llevan a reducir el espacio de posibilidades configurándolo como un problema conocido. Por otra parte, en el ligar y mezclar entre sí espacios de posibilidades provenientes de mundos disjuntos.

El ánimo desasosegado no quiere tranquilizarse con lo re-conocido; quiere evitar repetir. No quiere dejarse seducir con la interpretación que es más inteligente, experto o astuto que los demás que ya han buscado soluciones al problema desde sus diversas habilidades, y que ahora sí se dispone de LA solución adecuada o correcta. Quiere mantener abierta la ambición de cambiar el espacio de posibilidades reconocido buscando en otras tecnologías, industrias, culturas o mundos sociales, nuevos espacios para ligar y mezclar, enriqueciendo el trasfondo desde el cual todos los participantes en la conversación han pensado e imaginado lo que es posible hasta ahora. Está dispuesto a comprometerse con la interpretación de que un mínimo de sensibilidad histórica sobre la deriva básica del mundo es una guía suficiente para articular la ligazón y mezcla de nuevos horizontes de posibilidades. Estas son las prácticas y sensibilidades, sostiene el libro comentado, que generan el emerger de nuevos mundos, el hacer historia.

Vemos este tipo de fenómenos ocurriendo cotidianamente en la cultura, la economía y los mercados. En muchas ocasiones basta con buscar inspiración en prácticas completamente estándares en mundos históricos paralelos; por ejemplo, el cultivo reaceptación y respeto por las preferencias sexuales de las personas. Entonces hacemos historia en nuestro mundo siguiendo los pasos de otros. En otras ocasiones, deberemos mantenernos en contacto con un desasosiego más huérfano de mapas de prácticas a la mano disponibles en otras partes para copiar o adaptar, y tendremos que enfrentar el desafío de ligar y mezclar posibilidades de manera única, a lo que muchas veces nos obligará la naturaleza única de los malestares que nos desasosiegan a nosotros. ¿No fue el paso de la dictadura militar a la nueva democracia una invención así?

8.- ¿Es posible imaginarse una política de cultivo de espacios de posibilidades? ¿Qué tomaría una política así? ¿Cuáles podrían ser sus primeros pasos?                

 

 

 

 

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Comentarios

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