Me dices: una cosa es producir confianza, pero igualmente importante es evaluar confianza. Cuando otras personas se comunican conmigo abriéndome nuevas posibilidades, ¿cómo evalúo si son o no de confiar?
Al igual que le pasa a los demás con respecto a mis actos de comunicación, yo no puedo nunca estar plenamente seguro de si puedo o no confiar. Simplemente no puedo hacer visibles las intenciones de los demás para asegurarme de su sinceridad, y tampoco tengo los recursos ni el tiempo necesarios para verificar las competencias de todos quienes se comunican conmigo. Quizás la CIA pueda proponerse hacer algo así.
Solamente puedo hacer una evaluación de si son confiables o no lo son. Y normalmente lo hago siguiendo mi historia de interacciones con ellas. Interpreto que, si habitualmente han cumplido produciendo efectivamente las posibilidades que me comunican, entonces no hay razón para esperar que no lo harán en el futuro. Confío en el especialista médico que ya me ha atendido satisfactoriamente de manera repetida en el pasado, confío en el cliente que me promete pagar en cierto plazo si ha cumplido recurrentemente en el pasado, confío en la calidad de la comida de un restaurante en el cual he tenido cenas de calidad repetidamente, etc. Por eso, para poder confiar, tiendo a construir relaciones que me son familiares.
Sin embargo - dices - muchas veces me encuentro en lugares desconocidos, comunicándome con personas que nunca he visto antes, ¿cómo confío en este caso?...parece imposible. Pero te pido que observes que, de hecho, lo haces. Vamos a ciudades, a hoteles, a restaurantes, a establecimientos comerciales por primera vez sin ninguna historia previa; interactuamos habitualmente con personas desconocidas, aceptamos ofertas por primera vez etc.
Podemos hacerlo porque - dado un trasfondo mínimo de familiaridad que nos permita reconocer un hotel, un lugar de comidas pagadas, un establecimiento comercial, una oferta, un pedido, una afirmación, etc. - no necesitamos fundar positivamente evaluaciones de confianza cada vez que interactuamos con alguien desconocido. Es verdaderamente imposible evaluar positivamente la confiabilidad de todas las personas con las cuales nos cruzamos, si consideramos el tiempo y los recursos de investigación que serían necesarios. De hecho solamente evaluamos si no hay razones para desconfiar, y si no las encontramos, nos abrimos a confiar y de esta manera iniciamos una historia de interacciones que nos permitirá fundar cada vez mejor las evaluaciones futuras de confianza.
Así, podemos decir que alguien que no confíe en nadie con la cual no tenga una historia de interaccciones confiables en el pasado, sufre de desconfianza aguda. Consecuencias: no puede salir de su localidad de relaciones recurrentes familiares. Y alguien que confía a pesar de taner razones para desconfiar (por ejemplo recibe ofertas a punta de pistola, acepta pedidos amenazadores, acepta prestar dinero a desconocidos en la calle, adquiere productos de marca sin asegurarse etc.), podemos calificarlo de ingenuo. Consecuencias: vivirá sufriendo permanentes quiebres y frustraciones en sus relaciones.
Podemos decir que somos maduramente confiados cuando nos abrimos a confiar si no tenemos razones positivas para desconfiar. Es, de hecho, lo que hacemos cuando nos movemos con seguridad en el mundo.



Este sitio funciona sobre la
por que confiar o no
solo confiamos a menos que nos den razones par adeconfiar
Es una buena norma de conducta, creo yo.
La recíproca nos lleva directamente a la paranoia
¿no crees?