Motor de Búsqueda

Ayer a las 7 pm en el Centro Arte Alameda se presentó mi (única) novela.

Editada por Ocho Libros, fue presentada por Antonio Gil, Jaime Gazmuri, Héctor Soto y Andrés Valdivia. Gonzalo Badal, director de la editarial, ofició de presentador de presentadores. Les agradezco con todo el trabajo que se dieron de leer el libro con cuidado y hacerse una interpretación de éste que resultó muy valiosa. Yo aprendí varias cosas nuevas de mi libro escuchándolos.

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Se juntaron unas trescientas personas entre familiares, compañeros de colegio (!) y amigos de varios lados. Una audiencia muy transversal, como se dice ahora. De todos los colores políticos, etáreos, profesionales; pymes y grandes empresas. Estoy más que contento con la cantidad de personas que participaron simplemente para testimoniar su afecto por este autor y apoyarme en el inédito parto de anoche. 

(Para comprar "Motor de Búsqueda")

A continuación, siguen las presentaciones.

 

Presentación de Antonio Gil.

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Texto

Estábamos  frente a ese sospechoso  charco, siempre  a medio  coagular,   que es la pantalla del Notebook, comenzando a considerar si incluir ésta o aquella floritura  en el bordado que nos ocupa  , considerando si poner o sacar, considerando  si la coma o el punto seguido,  cuando de pronto, escuchamos   en un susurro helado,  soplado  desde el mismísimo   infierno por el  inefable Joan Corominas,  la siguiente  sentencia ” Considerar proviene etimológicamente del latín "considerare", que vendría siendo algo así como  "mirar los cielos  en busca de estrellas" Y como  nada es casual… que eso ya lo  habrán descubierto por su propia cuenta cada uno de   ustedes, retrocedemos de golpe   eones, años luz,   manvantaras,  hasta  un tiempo congelado y   volvemos  entre  un castañetear de dientes  a la hundida  Atlántida invernal de una    noche de perros,  en un tiempo ahora construido  con vagarosa   sustancia ectoplasmática,  de  sueño y de recuerdos dudosos,  al  negror de un espectral valle de   Mallarauco . Una noche prodigiosa en que Mario Valdivia y su recién desenvalado  telescopio sub atómico o sub lo que sea  nos invitaron a mirar hacia arriba,hacia el abismo repleto de huesecillos brillantes,  para  reconocer la Nube Magallanes, entre otras irrecordables constelaciones y formaciones celestes,  que Valdivia, que de saber  sabe, conocía tanto como el Proceso de Acumulación Capitalista, las tesis de abril de Lenin u  otras olvidadas manifestaciones de hechicería  medieval o frenología revolucionaria . Siendo todo en la vida  tan diabólicamente  circular, como  se prueba a cada instante, es  hoy  ese  mismo hombre  del catalejo Zenith ,  ese mismo    Valdivia 2.0 de hoy  el que  nos  ha invitado a "considerare" por   entre las líneas de  su libro  Motor de Búsqueda las misteriosas  constelaciones humanas y sus todavía más arcanas   circunvalaciones en el devenir del tiempo social y político de un Chile más  insondable y fantasmático todavía que una noche estrellada, cosa harto posible.  ¿Novela? ¿ajuste de cuentas con el tiempo   y sus rotaciones y traslaciones?¿ Un intento de  orden en el cuarto de los cachivaches?   ¿Ensayo enarbolando la  falsa bandera de la ficción para   avanzar por los campos minados de las ideologías y los credos y las certidumbres convertidas en máscaras?   Da igual. Los géneros literarios, por estos días, y por otros,   nos traen completamente  sin cuidado, de modo que lo hemos fichado al Códice,  para efectos prácticos  como el Tractatus  Valdivia, sabiendo que    lo único cierto esta noche  es que aquí  estamos, otra vez, con el ojo pegado a este nuevo visor, vuelto ahora un  libro bien  aderezado    con   ingredientes  sospechosos donde los haya,   y  que nos ofrece   la lucidez  abismante, y para mi gusto a veces scalofriante ,    de  Valdivia Luis Alberto Pinto,  manejando seis horas antes de volverse para decirnos:  “que impresionante es el color de los cerros aquí”  

Esa  lucidez valdiviana con comparasas y botes alegóricos navegando la gran Nada   inevitablemente  exige un precio bien  alto, el mismo  que según reza la pizarra puesta  a la vista de todos  vendría siendo   el   más radical de los desencantos.

Y es esa  Inteligencia sola , como un gato montés,   sin interlocutores , la  que  imaginamos , buscó afanosamente   en las hechuras de Motor de Búsqueda una piedra donde reclinarse a tomar aliento,el  mismo   que nos tememos, querido amigo    te  estará  negada por los siglos de los siglos, salvo en la contemplación del otoño de Pirque y en la constatación del arribo de las primeras loicas a las ramas del peumo de tu casa.Que son las únicas  cosas Eternas que todavía importan porque duran instantes y porque  no dependen de la previsible y decepcionante  especie de la que formamos parte. 

Me liga  al autor de Motor de Búsqueda un raro y oblicuo  parentesco político, en sentidos varios,   que no viene al caso explicar aquí ni en parte alguna, porque sale sobrando. Cosas viejas, estrellas apagadas.  

Sólo   quiero hacer público que   me acerca al él   un afecto   que no habrá frío en la tierra, ni noche, ni telescopio nuevo o viejo , ni Mallarauco en julio, ni cambios de diafragma  ni un par de ripios en una novela memorial libro de historia  capaz de mover ni  un ápice mi sentimiento hacia él. .  

 No siendo este servidor como todos saben,  crítico literario, por la gracia de los Dioses , me libero totalmente  de hacer observaciones formales acerca de la presente novela,  dejando ese quehacer de despostador  a gentes más prolijas, poniendo de paso  bien  en claro que   no me acomoda nada aquello de  verle los bofes y los hígados y la pajarilla a nada que camine,respire o se lea.

Y no siendo tampoco quien habla un cultor del difícil y noble arte del  político, en el sentido formal, ni testigo privilegiado de ciertos intríngulis como lo es, suponemos,el  compañero Gazmuri, dejaré a mi querido ex secetario general del MAPU Obrero Campesino  toda la exégesis que en esa dirección pueda hacerse de este libro. La que se supone es bastante.

Tras lavarme las manos, con Kuix y  bien lavadas, Me abismo pues, ligero de deberes,  en Motor de Búsqueda, este tratado novela ensayo introspección y testamento  político  con el mismo estupor con que una noche perdida escudriñé la Luna en Tauro y creí vislumbrar los agujeros negros.

Y lo hago  hoy,  mil años más tarde, justo cuando  Marte se aleja de las estrellas Cástor,  y Póllux, de Géminis en un evento aparente, ya que se trata del efecto de la geometría orbital y de las perspectivas. Recordemos  que mientras el planeta Marte está a unos 5 minutos luz de la Tierra; las estrellas Cástor y Póllux están a unos a 50 y 34 años luz respectivamente.Y no son gemelas para nada, Cástor es un sistema estelar de 6 estrellas blanco azuladas y Póllux es una inmensa naranja solitaria. Como es arriba es abajo,”  musita en mi memoria  el Kybalión mientras concluyo estas líneas, con una de Motor de Búsqueda    “cuando un silencio sordo se apodera de todo”

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Presentación de Jaime Gazmuri.

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“Son cinco minutos, la vida es eterna, cantaba a Amanda, Víctor Jara a fines de los sesenta y comienzos de los setenta. No aparecía una metáfora desmesurada: eran tiempos de inusual intensidad.

Luego, los largos años de la dictadura de Pinochet, para muchos compatriotas parecieron literalmente eternos. No nos parecieron tiempos metafóricos.

Sobre todos esos años que han marcado tan determinante el presente y el futuro de Chile y de nuestra convivencia colectiva nos habla “Motor de Búsqueda”.

Agradezco a Mario Valdivia el honor de invitarme a la presentación de su novela, junto a Andrés, testigo infantil y adolescente de esos años, a nuestro entrañable amigo – poeta y novelista – Antonio Gil y al fino intelectual que es Héctor Soto. Imagino que el honor se debe a una sostenida y antigua amistad. Compartimos, además, luego del Golpe de Estado de 1973, una militancia de tiempos duros, aquellos en que se  arriesgaba la vida –literalmente- por lo que considerábamos nuestros deberes.

Me pide Mario, además, que presente su novela –enjundiosa, larga, apasionada, entretenida, densa, discutible– en siete minutos. Francamente, casi supera mis capacidades.

Dos protagonistas: Miguel Uriarte y Luís Alberto Pinto, ambos hijos de terratenientes, uno del corazón del viejo Chile agrario –de Colchagua- y otro de sus márgenes, de los Ángeles. Amigos de colegio y de los primeros años de Universidad. Luego los caminos se separan irremediablemente.

Miguel se transforma en dirigente destacado de un Partido de la Unidad Popular –sospechosamente parecido al MAPU–, rompe con su mundo, descubre la Revolución como la verdad encarnada, participa activamente en la resistencia clandestina y termina desencantado con los vaivenes de una transición que traiciona –por treinta monedas de libertades y reformas sociales– la transformación radical del capitalismo.

Luís Alberto, recuperadas las tierras que le expropiaron a sus padres, desarrolla -como psiquiatra- una vida profesional y social impecable en los más altos círculos de la sociedad de esos años. Pocos saben que además es un activo colaborador de los servicios de inteligencia: se solicitan sus servicios para sofisticar los métodos de tortura e interrogatorio, y trabaja regularmente dos mañanas a la semana en un centro sospechosamente parecido a un centro clandestino de detención de la DINA.

Pero no son los personajes quienes hablan, son veinte voces, en veinte capítulos: compañeros de Partido, militares presos por violaciones a derechos humanos, la empleada de la casa de uno de sus padres, el cura rural amigo de la familia, compañeros de colegio, la amiga de la amante de los tiempos de la clandestinidad, un argentino colaborador de la resistencia chilena, la mujer de una de los protagonistas. Y esas voces al ser interrogadas sobre su relación sobre uno u otro de los personajes centrales, terminan hablando básicamente de si mismos, de sus  recuerdos, su mirada sobre lo que les correspondió vivir, de sus temores.

Me impresionó que en casi todos los relatos, junto a lo que se dice, aparecen los profundos silencios: todo lo que los personajes han callado hasta el momento de esta suerte de confesión frente a un testigo “neutral”. El silencio frente a los amigos, las parejas, los hijos, los compañeros.

Mario transmite con gran eficacia la imagen de una sociedad cuya capacidad de procesar los traumas de su pasado reciente, incluso en los espacios más íntimos de las familias y las relaciones personales, sigue siendo tremendamente difícil y doloroso.

La novela compone un juego de espejos, con personajes reconocibles, seguramente unos más logrados que otros, que en conjunto retratan una sociedad -es el sentimiento que me transmite la lectura- todavía profundamente fragmentada, no solo social, sino cultural y espiritualmente.

Como lector puedo transmitirles que, siendo profundo, el libro lo leí rápido: atrae y atrapa.

Soy de los que creo profundamente que nuestra sociedad no puede evitar los dolores de la memoria del periodo más traumático de nuestra historia. Los pueblos que pierden la memoria normalmente descarrían. El libro de Mario es una contribución seria en ese esfuerzo: valiente, compleja, intentando entender aquello que nos ha pasado. Eso se agradece.

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Presentación de Héctor Soto.

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En primer lugar, quiero decir que me siento muy honrado y agradecido de la invitación que me formuló Mario Valdivia al lanzamiento de esta, su primera novela, Motor de Búsqueda. Vaya también mi reconocimiento a Gonzalo Badal, director la editorial Ocho Libros, que ha organizado este lanzamiento.

Voy a partir con una confesión. Mario me hizo llegar el manuscrito por la misma época en que su libro estaba entrando a imprenta y, entre una cosa y otra, de partida porque ando siempre a palos con el águila en términos de tiempo y siempre con más lecturas de las que soy capaz de procesar, bueno, Motor de Búsqueda fue quedando ahí. Como a mediados de la semana pasada se me hizo patéticamente claro que no hay plazo que no se cumpla, me programé para comenzar a leer la novela el viernes y terminarla con calma ayer martes. Pero no; no comencé el viernes, sino el sábado y yo fui el primer sorprendido cuando el domingo, a eso de las cinco o de las seis de la tarde, ya la había leído entera, sintiendo haber tenido un fin de semana –créanmelo- muy entretenido, muy revelador y muy vibrante.

Decir esto puede ser una trivialidad pero –en más de un sentido- habla mucho de la novela que ustedes ahora tienen o van a tener entre manos. Hay algo en Motor de Búsqueda que interesa, que cautiva, que engancha, que conecta con nuestras biografías, que nos emplaza, que nos pregunta, que nos pone en duda, que nos zamarrea, que nos aporrea y que también nos interpreta a todos. O al menos a muchos. A muchos, sobre todo, de los éramos parte de una generación que se sentía llamada a cambiar el mundo, a muchos de los que se embriagaron con el licor de la revolución y a muchos de los que terminaron o terminamos con las alas quemadas después de haber comprobado que esa experiencia, si bien parecía un juego, en realidad no lo era, porque estas dinámicas febriles, apasionadas y épicas incluían también desarrollos sombríos y trágicos que apenas imaginábamos y sobre los cuales apenas no ya nosotros sino el país entero difícilmente podía tener control.

Motor de Búsqueda es la historia de dos amigos, compañeros de curso. Son dos amigos de orígenes más o menos parecidos y más o menos diferentes, cuyos destinos en algún momento se separan al punto de quedar uno situado a la vanguardia del proyecto de la revolución socialista que movilizó al gobierno del presidente Allende y el otro a retaguardia del Chile que, desde poco antes de esos años, fue acumulando frustración, desazones y rencor en dosis solapadas que se vinieron a hacer patentes recién después del 11 de septiembre del 73.

Motor de Búsqueda es sobre todo una novela de discusión política y es un intento de Mario por entender desde su perspectiva, pero también desde la perspectiva de muchos otros actores de la escena política de entonces, lo que ocurrió en Chile en esas dos décadas furibundas, disparadas y demenciales que fueron los años 70 y 80.

Dicho esto, no se necesita mucha agudeza para comprobar que Motor de Búsqueda, antes que un tributo a la inspiración literaria, plano en el que curiosamente también funciona, esta novela es en muchos sentido un intento de Mario Valdivia por saldar cuentas con su experiencia, con su pasado, con sus sueños y frustraciones, con sus aportes a la causa de la Resistencia y con su reinvención personal, con aquello en lo que creyó, con aquello en lo que ya no cree y con aquello en lo cual probablemente sigue creyendo.

No se necesita mucha agudeza para inferir que esta era una cuenta pendiente que Mario tenía consigo mismo. Tengo en la memoria grabada una imagen de día domingo. Debe haber sido por los años 78 o 79. Fue una de las pocas veces que yo fui a Mallarauco, a un campo que las Serrano –doña Elisa y sus hijas- todavía tienen. Era verano y creo haber visto a Mario leer a Marx y Engel. No sé si era La ideología alemana o La sagrada familia. Yo creo que fue el último chileno que leyó estos textos con unción rabínica. Mario era un tipo serio, de altas densidades. No estaba para sacar ciegos a mear. No estaba para comentar el festival de Viña ni tararear las canciones de Julio Iglesia a las cuales sucumbimos seguramente como estúpidos ese verano. Crucé en la ocasión algunas palabras con él. Yo no lo conocía mucho y en ese tiempo estaba trabajando en un banco y en una revista que hacía –no se pierdan- Pepe Piñera. Doble pecado, desde luego.

Don Horario, el jefe de esa familia, que era mi amigo y mi gurú, recuerdo, le tenía a Mario enorme aprecio y cariño. Helmut Schmidt, le decía, por su parecido con el premier de la Alemania federal de entonces. Bueno, la imagen de Mario está ahí, algo nebulosa, pero instalada bajo un árbol enorme de la casa de Mallarauco, más bien apartado. Recuerdo que me habló de la calidad de la edición de lo que estaba leyendo. Era un libro impreso, no sé, en Berlín Oriental, en Budapest, en alguna ciudad del Este. Había salido recién: no es tan viejo, salió sólo hace tres meses, me dijo. Tate, pensé para mis adentros. ¡Qué envidia! Me dijo que se trataba de una traducción que corregía las heterodoxias, las imprecisiones y las licencias de la anterior. Tipo riguroso y tipo serio el Mario de esos años. Reflexivo, taciturno, amable, pero lejano. Lejano y misterioso, porque de alguna manera estaba y no estaba.

Como no era un cabeza caliente, como no era un agitador callejero, como no era un activista con la sangre hirviendo arrastrado por el torrente de las emociones de las UP sino un tipo analítico, racional y estudioso de las leyes de la historia y de esa ciencia inapelable y oscura en que se convirtió el materialismo histórico, ahora recién, después de leer Motor de Búsqueda, vengo a dimensionar, a tomarle el peso, a darme cuenta del descalabro, de la orfandad y de la confusión que debió haber significado para él la derrota política del 73 y el gradual colapso de los socialismo reales en los 80. Pamplinas dirán muchos, porque lo importante en los años del régimen militar no era el materialismo histórico sino salvar el pellejo. Pero cuidado porque sospecho que la aproximación de Mario a estos procesos era la de intelectual, con toda la grandeza y con toda miseria que esto pueda comportar.

Los insumos de esta novela son la experiencia y la reflexión. También lo es desde luego la imaginación, la imaginación literaria. Mario se mete en sus personajes. Mario se pone en el lugar de otros. Pero no nos hagamos los lesos: el insumo de esta novela también es el dolor. El dolor en sus múltiples variaciones. El dolor como experiencia sufrida, el dolor como trago amargo voluntario y justificado y, no en último lugar, el dolor como sensación de desperdicio y como sufrimiento en vano.

Acaso nunca fue más palpable y más tangible como en el Chile de esos años la intuición que tenía San Agustín de que los seres humanos nunca están satisfechos, nunca están conformes, nunca están tranquilos, porque en rigor el lugar nuestro no es la tierra sino el cielo.

Amigas y amigos

Yo no soy crítico literario ni pretendo serlo pero siento que este es un libro que nuestra literatura nos lo debía. Es un libro sentido, tenso, duro, muy poco ingenuo, bastante lúcido. Tiene lo que otras ficciones que han tratado el golpe no tienen: arrojo, franqueza y cero concesiones a la imaginación lloricona y gimotera.

El libro reúne unos 20 testimonios, generalmente entrevistas, sobre los dos protagonistas a los cuales la historia de Chile terminó separando. Cada testimonio aporta una voz y se define en relación a sí mismo. Cada voz es un carácter y esto mismo envuelve un desafío literario que a mi modo de ver no es menor. A lo mejor en este plano la novela no triunfa siempre, no todas las mismas alcanzan el mismo grado de convicción, a lo mejor el desenlace es más intelectual que emocional, pero vaya que es gracia haber articulado esas voces y haber recompuesto a través de ellas lo que fue el tránsito de la sociedad chilena por la noche oscura del disparate, las pesadillas y las tinieblas.

A mi modo de ver, Mario Valdivia, has escrito un buen libro. Nos solo has de estar satisfecho. También tiene todo el derecho a sentirte muy orgulloso. Esto desde luego no atenúa las culpas que tendrás que afrontar ante la historia por ser el papá, entre otros, de esos adorables granujas que son el Mono Valdivia, mi querido Andrés, y Horacio Valdivia, materia sobre la cual aquí no hay una sola palabra y de lo cual, Mario, vas a tener que escribir otro libro mucho, mucho más arduo.

Pero Motor de Búsqueda sí te coloca con tremenda dignidad en un plano y en registro que no te conocíamos y donde vuelves a ser quien siempre has sido: una cabeza privilegiada y un tipo tan singular como sorprendente.

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Presentación de Andrés Valdivia.

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Estoy en un aprieto.

Rodeado de gente inteligente y talentosa, duchos como muy pocos en el arte de la pluma, es absolutamente imposible hablar de Motor de Búsqueda si no es desde lo único que me distingue de quienes están aquí conmigo: mi edad, la generación  a la que pertenezco,  y claro, el hecho indiscutible de que el autor de esta novela es nada menos que mi padre.

Créanme, y quizás algunos de los que están aquí han tenido la experiencia, que leer una novela escrita por tu papá es una viaje muy especial. Primero te zambulles en ella buscando con la misma sed con la que un arqueólogo busca trazos de un pasado que intuye, pero que no conoce con certeza. Pero también con la misma ansiedad vouyerista de un reportero de farándula en busca del detalle que le develará la trama de un gran escándalo. Esa sed y esa ansiedad no ceden, página tras página.

Convengamos que Mario es un tipo bueno para conversar, pero NO es uno de esos hombres que se sientan alrededor de la chimenea en su parcela a hacer relatos de sus grandes glorias, conquistas y heroísmos bajo la atenta mirada de su prole. No.  De hecho con nosotros, y lo he chequeado con mis hermanos, ha sido particularmente hermético al momento de hablar de la UP, y sobre todo de la dictadura. Le hemos escuchado su visión política del asunto, y poco, muy poco, pero nunca le hemos escuchado la historia más confesional, la más fracturada quizás. Así, los protagonistas de Motor de Búsqueda, sus mujeres, sus amigos, las anécdotas y las grandes historias, todo era un potencial hallazgo confesional.   

Me costó algunas páginas aceptarlo, pero esta novela de mi padre sería, lo quisiera o no, como una ventana a su vida. Es cierto que la palabra VIDA suena enorme, desproporcionada en este contexto, pero si estoy convencido de que al leerla hice una inspección a vuelo razante sobre los fantasmas y los ángeles que han visitado a mi padre en los últimos años.

Desde esa perspectiva, los hallazgos que hice son finalmente la presa que me traje de vuelta del viaje de cacería que fue leer Motor de Búsqueda. Es todo el testimonio que puedo dar. El único posible.

Comprender. Pertenezco a una generación que ha debido situarse de manera ortogonal a la de mi padre. Quizás para poder sobrevivir y darle sentido a la vida en ausencia de la política y de la religión como mitos fundacionales, y para tener nuestros propios enemigos y sacudirnos del pasado, hemos explorado una cierta distancia, una falta de interés en comprender en qué andaba Chile, sus jóvenes y su gente en esos años, y en todos los que vinieron después. Motor de Búsqueda es una excelente mirada a lo anterior. Descarnada, irónica a veces y sin sobajeos, Mario hace un relato sobre lo que ocurría en los pasillos de las universidades en los sesentas que resulta revelador y fascinante, sin una gota del glamour revolucionario ni de heroísmos simples, que tantas veces han inundado el mito de aquellos años. Ese es un hallazgo central para mi, por lo contrastante de nuestra experiencia universitaria, y por lo delirante que parece revisarla desde el presente.

Chile…Otro descubrimiento relevante fue mi país…o más bien el país que pensaba , sentía y padecía mi padre y su generación. Ese país, como imaginario y como objeto concreto, contaba con un compromiso y un amor que me resultan tan imposibles como imprescindibles para hacernos cargo con algo de responsabilidad del lugar donde nacimos y vivimos. El amor y el compromiso por Chile. Asi nomás.

Para mi generación nuestra bandera fue un objeto de propaganda usado por los militares y nacimos en un escenario en el que todo lo patrio en un sentido simbólico era visto con desconfianza. El compromiso por chile que se lee en Motor de Búsqueda es anterior a eso. Es profundo, casi fundacional, emocionante. Y quizás, lo digo con bastante más cinismo del que me atrevería a confesar, bellamente infantil. 

La patria que se lee en los personajes de Motor de Búsqueda es una patria en construcción, lo suficientemente precaria como para ser re construida desde su base, y lo suficientemente abundante- para algunos al menos- como para ser defendida a toda costa. Independiente del lado del muro en el que se encuentre cada uno, ese amor y compromiso por Chile es algo que mi generación aun tiene pendiente, y si me apuran un poco, creo que es la base de nuestra desconfianza actual.

El miedo…Nací en 1976 y mis recuerdos de los años de dictadura están irreparablemente mediados por los recuerdos familiares. Pero puedo recordar el no haber tenido miedo real. Quizás algo de inseguridad, de hostilidad hacia y desde el statu quo, pero nunca miedo real, nunca una amenaza directa sobre nuestras vidas. Recuerdo a mi padre quemando papeles en la chimenea para las protestas en los ochentas y no recuerdo haberlo vivido con miedo. Recuerdo las mañanas que comenzaban con El Diario de Cooperativa y esa cortina musical que está clavada en cerebro de al menos dos generaciones completas de chilenos, y haber escuchado la noticia de los degollados y la de los quemados vivos, por ejemplo. Pero no tenía miedo.

Desde esa perspectiva, en Motor de Búsqueda se puede sentir el miedo, se puede tocar el miedo. El horror, el horror, como dice el Coronel Kurtz en Apocalipsis Now. Eso me impactó mucho. Tiene que haber sido una experiencia aterradora y desde esa trinchera me convencí de la admiración que le tengo a muchos por haber vivido así. No por el heroísmo ideológico, ni la épica del oprimido, que siempre dan cuerda para echar lagrimones, sino por el simple e ineludible hecho de habérselo bancado, y de haber sobrevivido. En eso, creo, mi generación también, aun está al debe con los homenajes y el respeto, pero al mismo tiempo, está libre de mirar la realidad sin el filtro feroz del terror. 

La tierra. El último elemento destacable que me traje de este viaje fue la tierra. Llámenle campo, llámenle como quieran, pero es la tierra la que está latente como espacio de fundación en toda esta novela. Es un ancla, una maldición y una esperanza al mismo tiempo. Es la tierra, tanto el metro cuadrado como la gente que la habita y los sueños que alberga, la fuente general de toda sabiduría y es también, cómo no, el gran botín de la generación de Mario. Hacerse de la tierra, hacerse del futuro. Así la tierra pareciera ser la tragedia hecha materia, así como el amor es la tragedia hecha emoción.

Que contraste brutal con el presente, cuando la tierra hoy pareciera importarle a nadie, y no pasa de ser entendida como un espacio recreacional. Casi 50 años han pasado y hoy es la cuidad el mito omnipresente para nosotros. La tragedia pareciera haberse tomado un bus y haberse instalado en medio del cemento, aquí, donde no sabemos de quién es la tierra, ni mucho menos qué carajos tiene que ver con nosotros. 

Hacia el final de Motor de Busqueda, hay un párrafo que dice lo siguiente: “Inesperadamente surge en mi memoria el añoso recuerdo olvidado de un viejo campesino regando la tierra seca premunido de una simple pala. Hablándole, hablándole a la aguita, le hago subir esta lomita, le dice al niño que lo mira admirado dirigir el flujo de agua en una dirección y otra por los regueros. Se que tiene razón. Aunque sólo de viejo de consigue conocer una verdad como esa”. Yo creo haber conocido a ese campesino. Caminábamos en el campo en Chillán hacia el río y el papá y un campesino muy viejo se cruzaron las miradas, se recocieron y e intercambiaron unos cuantos párrafos de preguntas de cortesía. Al parecer, no se veían hacía muchos años. No lo comprendí en ese momento, pero ahora entiendo el por qué del brillo en la mirada de mi viejo después de ese encuentro. Una mirada que parecía estar repleta de algo que me era imposible de asir, pero que después de leer esta novela me parece evidente, aunque aun innombrable. Creo que ese día, e insisto, no lo supe hasta hoy, Mario, mi padre, me mostró algo de lo que él y su descendencia estamos hechos. Esta novela viene a cerrar ese proceso y a anunciarme qué ya es hora, que ha llegado mi tiempo…el tiempo de conocer verdades como aquella…Muchas gracias.

 

 

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Comentarios

Te escribí en facebook de manera más personal. Muchas Gracia Mario por invitarme a compartir este momento de la vida tan especial, gracias por la invitación al parto. Me alegró mucho verte tan contento, orgulloso y iniciando-cerrando una etapa.

Un gran abrazo

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Leí de un tirón la novela, felicitaciones.  ¿Sería posible publicar las presentaciones en este blog?  No pude ir, y tengo gran curiosidad por las reacciones de otros lectores, me parece que es una novela bien hecha y que debería provocar bastante conversación.

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Día feriado..me lo dejé para comenzar tu novela, la verdad tenía y tengo espectativas muchas o pocas pero las tengo...comienzo y me agarra, entretenida desde el comienzo....hasta que sucumbo en la historia de María o "María Luisa" y su "ternero"...pienso en la provincia y la ciudad , los que vamos y venimos, intentando armar algo entre esa docotomía al final tan central, en los que quedan y en cómo cambian esas relaciones tan significativas....el sur...nuestro sur...suspiré profundo y recordé estos años en la "capital"...sigo la lectura....como ves te haré participe, haré una lectura compartida...

Un abrazo

Loreto,

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Sigo mi lectura, entre la crianza, el fin de semana que ya termina, pero me he quedado pegada en este Chile que no te gusta, hace tiempo que tengo la misma sensación "no me gusta"  la lectura me hizo remecer tanta "vida linda" como si fuese lo importante y dónde está quedando lo que nos importa, lo que me importa, tanta "apariencia" al final en que nos convierte, con el discurso de Piñera que tendrá sus méritos me volví a sentir en la misma....el Chile desarrollado y el alma de ese Chile??? llena de soledad y angustia por mantener lo que el sistema dice debemos mantener , cada uno preocupado de su metro cuadrado. Que heavy...recordé a Cheever, escribiendo sobre los suburbios de New York, el capitalismo en la euforia máxima y él relatando la otra cara de la medalla, la escoria que eso produce en una apariencia que nadie explica y a andie le interesa....

sigo mi lectura

un abrazo,

Loreto 

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LEÍ MOTOR DE BUSQUEDA Y RELEÍ VARIOS CAPÍTULOS SELECCIONADOS. MUY INTERESANTE LA FORMA QUE IDEASTE PARA PRESENTAR EL RELATO. TRATÉ DE ADIVINAR CUAL DE TODOS ERAS TU, LLEGUÉ A LA CONCLUSIÓN QUE TU ERES EL PERSONAJE, PRINCIPALMENTE POR EL ESCEPTICISMO QUE MUESTRAS SOBRE LA NATURALEZA DEL SER HUMANO, CREO QUE NO SOLO DE LOS CHILENOS, TODO ESTO APENAS MATIZADO POR CIERTA DOSIS DE HUMOR NEGRO, QUE CIERTAMENTE NO TE FALTA. TE AGRADEZCO TU INVITACIÓN AL LANZAMIENTO. UNA PREGUNTA, "EL MOTOR DE BÚSQUEDA" SIGNIFICA EL RADAR ACOMODATICIO DE LOS PERSONAJES DE CUALQUIER TENDENCIA(EXCEPTUADO URIARTE, NATURALMENTE).

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Estimado Mario, primero felicitaciones y gracias por compartir esa extraña y emocionante celebración que fue la presentación de Motor de Búsqueda.

Me quedan unas páginas aún, con la esperanza de encontrar esa hebra (católica una vez más?) de esperanza. Hasta ahora una descarnada disección de los seres humanos de esta época y rincón del mundo. Aunque con distancia, con un inocultado ruido de amargo desencanto. Aunque localizada en una época, generación y medio social distantes, me habla, me cuestiona y me inquieta. Porque el desencanto sospecho no es sólo con las exageradas ilusiones perdidas por esa izquierda de elite de hace cuarenta años, ni siquiera solamente político. Y uno tan afanado siguiendo sus propias revoluciones personales. A ver qué deparan los capítulos finales. Literariamente, como simple aficionado, el libro es creíble y entretenido. 

Felicitaciones

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Hola de nuevo,

Consciente que tú escribes lo que escribes y yo leo lo que leo, para mi el desencanto es por decepción con proyectos, relaciones, amores, y como música de fondo de casi todos los personajes más que en alguno en particular. Si obviara uno que otro detalle, podría decir que Uriarte se redime en la vida silvestre, pero no es seguro. Quizás por deformación personal, más que política (que lo es y puede ser la reflexión de fondo que falta), para mi la novela trasciende los márgenes de la literatura, como una cruda reflexión filosófica acerca de nosotros quienes nos toca asistir a estos tiempos, desde la política obvio, pero no sólo. La desesperanza, el desamor, la soledad, la incoherencia, la traición, el sin sentido, tan vívidas en la novela, son todas manifestaciones de ser humanos, más allá de la política, de Chile, su izquierda y su elite, e incluso más allá de este tiempo. La duda está en que si antes entenderlo todo era dominar con convicción sacrosanta un par de verdades científico históricas, como la religión y la economía actuales, que hoy lo sea tener claro que nada vale finalmente, o porque finalmente siempre se traiciona o se es traicionado, o porque en el fondo del fondo nada valía desde el principio. La lógica que se sospecha en varios protagonistas es sólida como la de hace cuarenta años, pero la vida impide asumir las conclusiones. El afecto, los vínculos, las fotografías de familia, la canción nacional después de un tiempo en el extranjero, hasta el folclor de esa llamada chilenidad, todo finalmente emociona, evoca, aunque no sea más que nostalgia. La herencia católica, la fe de carbonero, mi propio voluntarismo, me impide aceptar que no haya alternativas entre el voluntarismo desahuciado, el cinismo oportunista y la decepción definitiva. Quizás sea cuestión de con qué nos daremos por contentos.

Me entretuvo mucho, es de esas historias que hacen sentirse retratado en casi todos los personajes en algo, habrá que releer más de algún capítulo

Un saludo afectuoso y gracias por darte el trabajo

 

mv: GRACIAS RICARDO

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Amigo lo leo , hoja a hoja no puedo ir mas rapido. Muchas cosas juntas.

felicitaciones por estar escrito como si estuvieras hablando un día cualquiera, sin mas lenguajear que el cotidiano eso me fascina del libro..

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He gozado el libro Motor de Búsqueda.

Todas situaciones son grandes relatos, muy bien narrados y reconicibles.

Siento que Mario Valdivia ha logrado plasmar un buen equilibrio entre la pasión partidista del momento histórico y la cordura de verlo desde el presente, sin cludicar a una postura definida de arbitrariedades.

Muy entretenido libro y de fácil lectura.

 

mv: Gracias por el comentario Jorge

 

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Hola , me quedó con que a pesar de ser una sola historia, se podrían contar otras historias, me quedé en la historia de la mujer, de la hija, de cómo necesita crecer para enfrentar lo que le duele....me encantó la novela, dinámica, fuerte, me hizo pensar en nuestro Chile de hoy...y en las historias de los que CREYERON  que algo podía cambiar, me logré imaginar lo tremendo que fue el que todo se desvaneciera y de la forma que ocurrió... yo que nací el 70, me quedé con el miedo de los 80, dónde casi no se podía hablar en voz alta.

Y para tu pregunta de porqué escribir...yo que encuentro que es un ejercicio difícil pero tan gratificante, tan liberador..unas palabras de nuestro Poeta Huidobro..

Para que el mundo

sea habitable tiene que ser construido

por hombres libres y en que cada ladrillo

que colocan sientan un poco más su libertad....

Un abrazo cariñoso

Loreto,

 

 

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No soy buena para leer, no es lo que me pide el cuerpo, pero terminé feliz de leer tu novela. Me entretuve mucho, buen ritmo , no bajas la intensidad. Me sumergí en el relato descubriendo  a estos dos amigos de colegio, los protagonistas, que crecen y evolucionan en el Chile de los 60 hasta la fecha. De boca de quienes contactaron o se relacionaron con ellos, cada cual desde su particular interacción,  desde sus historias, sensibilidades, creencias e interpretaciones que tú Mario, con  tu vivida vida, con tu sensibilidad,  oreja y apertura le pusieras  a cada cual.

Me fueron apareciendo uno a uno nuevos personajes, siendo unos más familiares que otros. Las atmósferas descritas, los detalles entregados, los espacios relatados se convirtieron en una excelente “cámara” de cine, con color, texturas y olores, haciéndome vívidos ciertos instantes, conmocionándome por momentos y gozando y riéndome en otros.

Las mujeres me encantaron,  exquisitas y femeninas todas: la Blanquita por su sensibilidad  e intuición, prototipo de esa época, Angélica por su pasión y compromiso; Isabel por abrirle la puerta a la vida; la enfermera-psicóloga  por lo gozadora; la criada por sus agudas observaciones;  la mujer de Luis Alberto por el proceso que no soslayó y fue capaz de abordar a partir de la anorexia de su hija; tremendas mujeres todas. 

Todos aquellos que hablan de los protagonistas, por relación directa o indirecta e incluso  Luis Alberto y Uriarte mismo, eres tú Mario, a pincelazos. Mario perceptivo, filósofo, intenso, reflexivo, agudo, profundo, deslenguado, tierno, irreverente, observador, trasgresor y provocador.  Varias veces te  he escuchado  pedazos de todo aquello, que en tu novela ahora lanzas a borbotones como si lo tuvieras atragantado por tantos años.

Buenísimo final, …..te  felicito MUCHO   por favor anímate para seguir deleitándonos con tus escritos.

MUCHAS GRACIAS!!!!

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Mario,

Terminé el libro hace ya dos semanas y no quiero postergar más mis felicitaciones por escuetas e incompletas que sean. A cada amigo que encuentro, ya sea de un fundo o del otro, le recomiendo tu libro fervientemente.

Motor de Búsqueda es como si Chile le hubiera ganado ayer a Brasil. Una sorpresa totalmente inesperada, imposible, que reconfigura la identidad del autor y del lector. Salvo un par de frases, que ya no recuerdo, que se repiten como muletillas nerviosas, nada me interrumpió una lectura en dos sentadas, una entre Sao Paulo y San Francisco y otra entre Dallas y Santiago. La encontré una excelente novela, en cuanto tal, más allá de la ambientación en un panorama extremadamente familiar, universal, incluso más aún que la Muerte y la Doncella de Ariel Dorfman.

Se habla de múltiples voces. Lo entiendo. Pero yo escucho una: la voz de la autenticidad, de lo que es, de lo que no se puede negar, de la verdad de cada historia personal en el tiempo que nos toca vivir. El miedo es un personaje mayor, el miedo de ser que nos enceguece y nos va acartonando hasta que adormecidos pasamos a justificarnos. Como dice Jacques Brel, "On n'oublie rien de rien. On s'habitue, c'est tout".

Gran novela. El grito de un joven espantado con lo que hemos podido llegar a ser, gente desalmada vagando por los laberintos de la gran máquina devoradora de carne humana.

Muchas gracias y no pares de escribir.

Luis

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Querido amigo.

Me encanto tu libro y la estructura del mismo, esa primera impresión que tuve de que  voy a leer una serie de cuentos o ensayos, que rapidamente comienza a cruzarse unos con otros como una red de palabras y vivencias con situaciones diversas , pero cercanas, en ambientes, lugares y momentos  que me fueron envolviendo en una admofera que muchos llevamos inscrustada en una parte de fragil despertar en nuestro ser.

No puedo dejar de comentarte que me emociono la lectura, entre mas se entretegían los relatos, con su hilo conductor que los va uniendo y engrosando a medida que avanzas número a número en la lectura de tu ingeniosa manera de escribir hechos, vivencias, roles, cariños, penas y una larga lista de estados de ánimo, solo se pueden sentir leyendo el libro.

Muchas felicitaciones en tu nuevo oficio de escritor y espero la segunda.

un gran abrazo amigo Mario y tambien a andres por su lindo discurso.

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He disfrutado especialmente a las mujeres del libro, me envuelven sus historias, las disfruto..son los capítulos que no me doy ni cuenta ...cuando llego la página final....todas ellas muestran una forma de pensar, como fueron criadas..la mama, la amante la señora tan reales..tremendas y marvillosas..la mujer chilena...insertas en una parte de la historia de Chile que no me toco vivir..pero que a través de ellas sigue aqui con las mujeres que conozco y que soy..por mucho que creamos ser mas liberales, o "modernas"...la historia en muchas cosas nos predetermina...y conecta

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