Tengo a la vista este post anterior en este blog.
Mi amiga Virg me invita a considerar la posibilidad de un problema que me importe mucho y que aparentemente no tiene solución; por ejemplo, un hijo adolescente "difícil". Bien, ¿quien no ha tenido un problema así? Alguien querido y problemático; o sea, una situación que normalmente es dolorosa.
Comienzo buscando solución al problema y cambiar al adolescente para convertirlo en alguien menos difícil. Tras varios ensayos, confieso mi derrota: no le encuentro solución al problema. Comienzo a resignarme y, aunque con dolor, me tranquilizo: he hecho todo lo que se hacer y nada me resultó.
Entonces, quizás empujado por el dolor, me digo: en el mundo los problemas no existen como las cosas, para que haya un problema debe haber un ser humano aproblemado. O sea, más allá que mi hijo sea difícil o no, lo único real aqui es que yo estoy aproblemado. Entonces me pregunto: ¿qué clase de ser soy yo que este otro ser humano que ahi está me aproblema? ¿Qué hábitos de valoración de las personas - y de los hijos - he cultivado que éste me resulta difícil? Y no puedo engañarme: se trata realmente de hábitos porque el estar aproblemado cala hondo y no me abandonará sin más.
Bien, me digo, cuando menos ya no miro el problema como algo "externo" a mi, como algo que está ahi como país independiente. Miro ahora la situación como una que yo configuro y en la cual me estoy haciendo a mi mismo. Ahora ya se que esto no se arregla como un problema, sino que exige mi propia transformación.
También puedo vislumbrar cómo, al partir de la convicción que es un problema difícil, he(mos) ido configurando un mundo de relaciones recurrentes con él que consiste en una sistemática racionalización justificatoria de esa premisa. Tendré que cambiar esta estructura de relaciones también.
Bueno, a estas alturas me doy cuenta que es mejor no seguir usando la palabra problema para referirme a la situación que vivo. Hablemos mejor de anomalía, siguiendo a F Flores en su libro sobre emprendimiento. Anomalía: un malestar que me afecta y que no tiene solución como un problema ya que supone un cambio innovador del mundo que hemos construído y de los seres que lo habitamos.
Al menos ya se que lidiar con esta dificultad que no tiene solución como problema - con esta anomalía - va a requerir todo mi compromiso con ella.



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Anomalías
Mario
Me surge una nueva reflexión y una pregunta sobre lo que es una anomalía. Porque una anomalía es algo que yo observo y declaro como anómalo y segun lo que escribes y comparto, me debo comprometer en ese malestar que me afecta.Hay malestares o anomalías que a través de mi compromiso , de mi transformación y de la innovación pueden dejar de serlo, sin embargo otros malestares que me afectan -o anomalías-, comienzan a ser parte del mundo presente y futuro, y propias de la época histórica y no son observadas como anomalías, entonces puedo pensar que yo soy una anomalía o estoy empezando a serlo?