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  ¿Inicio del fin de una crisis o inicio del fin de una era?

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País con buenos estándares latinoamericanos enfrenta terremoto de clase mundial

Enviado por Mario Valdivia el 04/03/2010 a las 18:18
Mario Valdivia

Resultado: impotencia, lentitud, explicaciones, culpabilizaciones; encima de la dosis normal de miseria y heroismo, solidariad y egosimo.

Paulatinamente va precipitando vergüenza químicamente pura.

Nadie sabe en los escalones más altos del Estado qué ocurre en las zonas devastadas (de las más grandes económica y poblacionalmente de Chile) durante 48 horas. Parálisis, ceguera, impotencia. Han fallado los sistemas de telecomunicaciones de La Moneda y de la Oficina Nacional de Emergencias (ONEMI) {"Llamaba por teléfono fijo, por celular y no me contestaba nadie". Ver relato de la Sra. Presidenta en La Tercera, jueves 4 de marzo, pág. 20}. Días antes la señora directora de ONEMI informa por televisión que esa oficina - a cargo de emergencias - se coordina con todo el País por telefonía celular, y ocurrió que ésta se interrumpió por completo. No sólo eso, ni siquiera se cuenta con el helicóptero de emergencia de la Sra Presidenta; ella se encuentra inmovilizada. {Declaración del Sr Pérez Yoma, Ministro del Interior, La Tercera 4 de marzo , pág 18}.  El respetado Intendente de Bio Bio, Sr. Jaime Tohá, dice que durante 48 horas careció de toda forma de comunicación con Santiago, con el Ministerio del Interior (La Moneda), con los militares, las intendencias, las gobernaciones y los municipios; y que 5 días después del desastre aún carece de comunicación con algunas provincias de la región a su cargo. Explica de esa manera el retraso en informar al gobierno central de la situación de pánico social y vandalismo que se vivió en algunas de las grandes ciudades. {Entrevista en El Mercurio, jueves 4 de marzo, Cuerpo B}.

O sea, colapsan las posibilidades telecomunicativas del Estado Nacional en el peor momento, cuando ellas son imprescindibles.

Colapsa también por completo la red de abastecimiento de energía eléctrica de toda la zona central afectando inclusive a importantes comunas de Santiago hasta 6 días después. Para qué decir en las zonas más golpeadas por el desastre. Lo que destruye: el abastecimiento de agua potable, el funcionamiento de los sistemas de distribución de alimentos, el expendio de combustibles, la televisión y la radio. Las autoridades a ciegas mientras millones de chilenos se debaten entre ruinas a oscuras, sin agua, desprovistos de todos los servicios básicos, y sobretodo solos. Nadie dice qué ocurre. Nadie dice cuándo acabará todo, cuando llegará algo de alivio, alguna compañía; cuanso cambiarán las cosas. La situación desesperante invivible del momento presente puede seguir así nadie sabe cuántos días más. Se desploma la confianza, saqueos masivos, desesperación.

El estado nacional ha fallado gravemente en guarecer y proteger a sus ciudadanos en un momento de deseperante necesidad, y se manifiesta incapaz de comprometerse en serio con un socorro preciso en un tiempo sensato.

Esto no sólo involucra directamente al Estado, también a las grandes empresas privadas del País. Nadie de los sectores de energía, telecomunicaciones, distribución de combustibles, abastecimiento de alimentos etc., especialmente nadie de la industria energética, se dirige a los ciudadanos, los clientes que pagan sus cuentas, entgregando información fidedigna y comprometiéndose con un programa de recuperación de los abastecimientos con fechas claras. Las demás industrias esenciales callan escudándose en la falta de energía eléctrica, como si hubieran sido forzadas a abastecerse de ésta de la manera como lo hacen. Los Ministerios de Telecomunicaciones y de Energía aparentemente nada pueden hacer, al menos nada hacen.

El sistema industrial nacional de provisión de servicios básicos ha fallado gravemente en proteger a los ciudadanos, sus clientes, y se manifiesta incapaz de asegurar en serio una normalización demanera más o menos precisa. Y esta es obviamente al final una falla grave del Estado Nacional.

Se sabe ahora que en La Moneda se duda sobre la conveniencia de llamar a los militares a controlar la situación en la zona del desastre. {"La idea de tener militares en la calle no fue fácil" declara el Ministro de Obras Públicas Sergio Bitar, "imagínense,... para una coalición que luchó contra la dictadura militar", La Tercera, 4 de marzo, pág 20} Se vacila, se teme, se desconfía, se atrasa el re-inicio de una protección mínima del estado a sus ciudadanos después del desastre al menos 48 horas. 

El estado nacional paralizado por divisiones en su seno, por una desconfianza atávica, el temor y la inseguridad de quienes se dicen públicamente sus autoridades y mandos hace 30 años. 

Surgen las explicaciones, cada quien culpa al otro. Sería lo peor seguir por este camino creo yo. Lo que pasó lo hizo gente decente, bien intencionada y no necesariamente especialmente incompetente. Chilenos como nosotros. Altos dirigentes de la empresa privada, altos ejecutivos públicos. Dirigentes, como podríamos ser nosotros, que le fallan a los ciudadanos, que los abandonan; de eso se trata. Que le fallamos a Chile.

Esta no es una crónica de errores aislados que se corregirán uno a uno. (mejorando este sistema de comunicación, este protocolo de emergencia, este sistema de alerta para los helicópteros presidenciales, este sistema de protección técnica para la red eléctrica). Aquí hay una forma de ser nuestra a la que hay que combatir y cambiar; de no hacerlo, surgirán de nuevo y de nuevo, al lado de cada problema corregido, otros del mismo estilo de manera inagotable.

Declarar nuestra independencia nacional, declarar que somos un estado nacional, es un acto de infinita audacia que supone hacernos cargo del peso de una enorme responsabilidad. Decimos que nosotros haremos de Chile un espacio de posibilidades de primer nivel en el mundo para todos los chilenos. En serio. Que en este Chile autónomo, y haciendo este Chile autónomo, los chilenos seremos alguien altamente valioso para el mundo. Y sabemos que el mundo no es un porquería mediocre, hay excelencia; y hay competencia a veces despiadada desde la excelencia. No es un lugar para medias tintas y para estándares de calidad media. 

No basta con tener libre mercado, democracia y respetar los derechos humanos. Eso también ocurre en cualquier county de Florida. Por el contrario, ahora que hemos dejado de pelear por el mercado, la democracia y los derechos humanos, ahora llegó la hora decisiva de preocuparnos por hacer el Estado Nacional de Chile en serio.

La autonomía que declaramos hace 200 años atrás no constituye el reconocimiento de un hecho. Manifiesta una voluntad de ser. El peligro que acecha es estibiar esa voluntad, satisfacernos con poco, quedarnos a medio ser, sustituirla por la pretensión. (Ojo con Nicanor Parra que sostiene que Chile, más que un país, es un paisaje con pretensiones de país)

Personalmente estoy convencido de que el enemigo fundamental es la autocomplacencia: bajarle el perfil a males importantes, {llamar marejada a un tsunami, declarar conectado un País lleno de puentes cortados, minimizar la vergüenza de carecer de un sistema nacional de telecomunicaciones que de garantías al Estado Nacional}; resignarse a que no podemos ponernos metas históricamente ambiciosas, como ambicioso fue que unos huasos nos declararan independientes hace 200 años atrás, {resignarnos con la pobreza, con la mala educación, con nuestra dificultad para desarrollarnos tecnológicamente, aceptar plazos largos con una falsa sabiduría cuando simplemente ignoramos cómo caminar más rápido}; y tranquilizarnos con estándares de comparación menores que los más exigentes en el mundo para sentirnos bien {por favor, no comparemos nuestra reacción ante este terremoto con lo de Haití para autocondecorarnos, no nos traguemos palabras de buena crianza de visitantes internacionales, no inventemos ligas locales para sentirnos bien con nada, hay una sola liga en el mundo, como los terremotos).

Y esto vale para lo que cada uno de nosotros hace todos los días, no para lo que hace un Chile abstracto con el cual nadie puede finalmente hacer nada. Pero con lo que cada uno hace, sí podemos. Tomémonos a Chile en serio.  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Sitios que enlazan este artículo:

para la autocomplacencia

Enviado por el 05/03/2010 a las 12:25
Verónica Ruiz Ortiz

Sí, Mario, y gracias por sistematizar en tu excelente nota elementos imprescindibles para quedar en una parada posible de posibilidades...a pesar de la tremenda mostrada de hilachón y las emociones que nos provoca, que son las otras réplicas, las más fuertes, quizás.

Los hechos, los decires, los gestos, el ambiente, el contexto de obviedad, los mitos, la historia...uff...no es la primera vez que nos encontramos avergonzados, enrabiados y al mismo tiempo con la necesidad de levantarnos, reconocernos, perdonarnos, APRENDER, GRABAR EN LA MEMORIA y disponernos a actuar en consecuencia, además intuyendo que con disciplina.

Mi mamá me enseñó muchas veces y hasta vieja, cuando iba a buscar su consuelo por un problema o fracaso..."Ahora que la leche está derramada, solamente tienes que inspirarte en hacer lo tuyo, lo mejor posible, con excelencia y, además, con una sonrisa".

Yo creo aún con esperanza...que el nuevo gobierno tendrá ahora una gran oportunidad de focalizar las energía previstas para pompas y gestos frívolos, en vistas de la celebración del Bicentenario, hacia un programa de verdadera cirujía, lobotomía, terapión y reinvención nacionales, para proyectar nuestras fortalezas a largo plazo...al menos a veinticinco años, para el próximo terremoto...

Gracias, Mario, muy potente tu escrito.

Me inspira horizonte (Parra me carga en su cinismo) y urgencia de buscar  formas posibles para salir, con la fuerza de la rabia y la vergüenza, de mi propia autocomplacencia.

 

 


¿qué entiendes por estado?

Enviado por llp el 09/03/2010 a las 9:26
llp

no me queda claro qué concepto tienes de estado.

¿alguna escuela conocida de ciencias políticas?


Terremoto ¡Ahora!

Enviado por Fernando Balcells el 09/03/2010 a las 13:32
Fernando Balcells

Es verdad; para los que hemos sobrevivido y no hemos perdido todo, la prioridad es ayudar.

Aunque antes –y después- lo importante es haber sido estremecidos, haber sido penetrados en nuestros capullos de invulnerabilidad. Haber sido removidos y golpeados en nuestros bienes, en nuestros cuerpos y en nuestro saber.  Para algunos, haber contemplado la muerte, haber sido heridos o enfrentarse a la pérdida, será un acontecimiento irremontable. Para otros, haber perdido el piso, el equilibrio y el sentido por un instante, haber percibido la revoltura del aire y haber visto cimbrarse el horizonte, serán experiencias que nos cambien.

En la deformación de los techos, las paredes, las caras, las calles, los paisajes y la convivencia, me pareció entender que en las formas que percibimos está la base material de lo que podemos y de lo que hacemos. En el derrumbe, se ve que la forma es la masa esculpida por el movimiento. Algo podremos aprender de todo esto, a condición de prolongar el terremoto en el lenguaje.

Si seguimos las reglas ancestrales del duelo, si enterramos nuestros muertos junto a nuestras certezas accesorias y retomamos nuestros hábitos después del llanto; si volvemos intactos a lo que teníamos y a lo que hacíamos, entonces, volveremos imperceptiblemente al día anterior de la catástrofe.

El olvido no solo es necesario, es la sabiduría de la historia. Así como las aguas vuelven a su curso, labrado durante milenios, la inercia postraumática es a volver, a recuperar, a defender y conservar. Los habitantes de Chaitén son nuestros anticipados. No sólo por la nostalgia y la psicología restauradora -cualquiera sea- que arrecia en estos eventos, sino porque las fuerzas sociales que modelaron nuestra convivencia permanecen ellas, incólumes y extremadas en el esfuerzo de apagar el incendio.

Terminar el estremecimiento; ese es el empeño de la gente sensible y razonable. Hacerlo productivo en cohesión social, en desahogo de las sensibilidades, en el cultivo de las simbologías nacionales.

En menos de una semana la lógica del espectáculo ha sido doblegada por la lógica política. Y en menos que canta un gallo, los saqueadores han iniciado su redención o están en camino de la excepción, del castigo y del olvido. 

Ayudar, si, a rescatar el acontecimiento. Que permanezca abierto. Qué nos duela lo suficiente como para mantenerlo presente. Que no nos duela tanto que nos impida pensarlo. Que nos duela no poder decirlo justamente y nos retuerza la escritura.

¡Que dure todavía el temblor! y que nos permita acoger el dolor, con humildad pero sin someternos a la complacencia en la tristeza colectiva. Si podemos estar agradecidos de algo, es de la oportunidad de apreciar la gratitud y de interrogarnos por su escasez.  

En estos días hemos actuado y debatido con bajeza y con altura de miras. Hemos buscado culpables y hemos aplaudido gestos generosos. Hemos criticado a los políticos, a los técnicos y a los milicos, a los sistemas tecnológicos y a la economía. Hemos hablado de problemas de la magnitud de un país y hemos asistido a la intimidad destrozada de la gente.

Pero todavía no empezamos a pensar en el acontecimiento en cuanto tal: en el terremoto de Chile. No hemos abierto todavía una conversación sobre la inmensidad que se nos vino encima –y desde abajo-, sobre lo inusitado, lo imprevisible y lo absolutamente inconcebible. Lo que ha salido de la tierra y ha venido desde lo más oscuro del mar es la infinidad de los imposibles que han dado forma -antes y para adelante- al territorio que habitamos. El mundo se ha abierto.

Para nuestra generación este es el segundo acontecimiento en común. El otro fue el golpe del 73 y la larga secuela de la dictadura. Vivimos en las réplicas y no nos hemos dado cuenta. Pensamos en Auschwitz, en los griegos y en Harvard, pero pasamos de largo por nuestro suelo. 

Todos somos saqueadores.

Lo que la tierra ha expulsado es el mal olor de los chilenos; la pestilencia del encierro. La tabiquería derribada es la que separaba al animal que somos del ciudadano en que nos complacemos. El espacio de cultura en el que nos relacionamos se ha revelado vacío detrás de la fragilidad de sus líneas de representación. 

Este ha sido un terremoto en nuestra identidad pero apenas una vibración en nuestra indiferencia. Hablamos de culpas, de gestión, de solidaridad, de política y de sismología tal como hablamos de futbol. Todos somos sabios armados de los lugares comunes disponibles. Estamos además atentos a las oportunidades que se nos presentan en el descampado; nadie puede decir que no somos emprendedores. Cientos de empresas se crearon en un par de días. De lo inconcebible es de donde sale la medida precisa de lo posible.

Para todos es evidente que aquí ha fallado la matriz tecnológica del país, que las instituciones no han estado a la altura, que las fuerzas antisociales son de mayor magnitud y presencia que lo que habíamos previsto. Pero los modelos culturales que son el sustrato de lo que vivimos no se han puesto en cuestión. Ni la matriz monopólica de la economía y en particular de los servicios; ni el modelo centralista y autoritario del Estado; ni la crispación tecnocrática de la política, ni la inutilidad de la educación que esparcimos, nada de eso está en debate.

Este sistema que exsuda saqueadores, acaparadores, atropelladores y monopolios, este mismo modo de convivencia que produce grandes coreografías sensibleras y que además de excluir ha ahogado la iniciativa pública de los jóvenes; este sistema se quebró con el terremoto.

A condición de que lo mantengamos abierto.

 


Terremoto y Atolón de Muroroa

Enviado por Unlector el 10/03/2010 a las 22:10
Unlector

 

Buenas, lamento lo que ha pasado en Chile. Soy del país de al lado.

Trato de aportar para que se les haga más llevadero. Tal vez resulte.

Estuve viendo un poco el site, y creo ver que es usted una persona enterada y más que ello.

Me acuerdo que hace unos años, ya unos cuantos, los franceses anduvieron tirando bombas atómicas en frente de Chile. Y que muchos chilenos "boicotearon" a la cadena Carrefour y tal vez a otras francesas, en señal de desacuerdo, porque no obtuvieron que dejarana de tirar esas bombas (creo que fueron 2 0 3), que tengo entendido eran subterráneas (una locura que todavía no puedo imaginar que se pueda hacer).

La pregunta es, ¿se averiguó o se sabe si tales barbaridades pueden haber provocado una grave afectación de la estructura geológica, que haya facilitado, bastante, el terrible terremoto que tuvieron?

Saludos, rezo por ustedes

Muchas Gracias

No creo que eso se haya averiguado bien


COMPRAS.

Enviado por el 27/05/2010 a las 21:07
JUAN FCO. ANDRADE C.

Hola...como está Don Mario, me intranquiliza una situación puntual, aparte de los celulares satelitales donados por EE.UU., ¿ Habrán los iluminates de siempre adquirídos estos equipos en cantidades suficientes ? .... ¿Los habrán solicitados los organismos pertinentes por iniciativa propia ?..no he escuchado aún, gestión alguna en curso, para tan vital medio de comunicación..y Ud. Un cordial saludo de un simple ciudadano y agradecido de permitirme el acceso a sus interesantes articulos.

 

Somos dos simples ciudadanos de a pié Don J Fco.

Cordiales saludos


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