Me dices: en la vida hay que ser pro-activo; todo lo que no anda bien, todo lo que molesta, es un problema que hay que enfrentar y resolver a la brevedad. Te pregunto: ¿y cómo resuelves los problemas? Dices, como si fuera algo obvio: en cada caso hay que formular bien el problema - la pregunta a responder y las restricciones que se enfrentan - ya que la solución de todo problema está implícita en las premisas de éste, o sea, hay que ser cuidadoso en su formulación.
Te pregunto por el mal tiempo, el molesto mal tiempo que hace que mis planes habitualmente no anden tan bien como esperábamos. No tiene solución, me contestas rápidamente, el mal tiempo no tiene solución, asi que lo acepto y me adapto a él sin prestarle más atención. Y un hijo adolescente difícil, pregunto de nuevo; o si quieres saber si vale o no la pena invertir en diseñar un producto radicalmente innovador, agrego. Te quedas algo pensativo.
Entonces, te pregunto cómo sabes separar lo que tiene solución de lo que no tiene solución, aquello que merece la pena que intentemos solucionar de aquello que no merece la pena porque no se puede. Bueno, eso es un problema, respondes. Entonces nunca hay un problema solo, concluyo; cada problema va acompañado de un problema que hay que solucionar con anterioridad, este es, resolver si el problema original tiene o o solución.
Me miras sin poder negar lo que hemos concluido, pero con algo de desconfianza. Te oigo decir: pero entonces este segundo problema (resolver si el primero tiene o no solución) tiene que estar acompañado de un problema adicional anterior: resolver cómo se sabe si un problema podrá ser solucionado antes de haberlo resuelto. Parece que siempre habrían infinitos problemas en un problema. No, no hay infinitos problemas, te respondes, lo que pasa es que hay clases de problemas que yo ya se de antemano que tienen solución: p.ej, problemas con ecuaciones cuadráticas, problemas de contabilidad de activos y pasivos, problemas de cocinar, problemas de mecánica del automóvil, resolver un puzzle, etc. Cuando me encuentro con un problema perteneciente a estas clases, ya no sigo pensando si se pueden resolver o no, simplmente lo enfrento y lo soluciono.
Te pregunto: pero entonces, ¿cómo enfrentas un problema que no has visto antes, uno que no reconoces? Bueno, me dices, eso si que es un problema. Me miras y te veo ya desconfiado de la palabra "problema"; te das cuenta que si sigues usándola cada vez que hay una dificultad o algo que no anda bien volveremos a lo mismo. Me parece, te digo, que si la solución de todo problema está implícita en sus premisas, entonces lo difícil en este caso es formular el problema; pasar de la sensación de lo que no anda bien, del desasosiego que produce lo que no marcha como espero, a la formalización de esto como un problema. Bueno, concluyes, formular por primera vez un problema de una clase que no he visto formulado antes, ¡esto si que es un problema!
Ahora te descubres tomando el mismo camino y te ries solo. Bueno, pareces concluir finalmente, tanto me han enseñado a resolver problemas que no veo más que problemas en la vida. Y aquello que no camina bien pero no sabes formular como un problema te parece imposible de solucionar, retruco. Amén, y me gustaría saber cómo se apea uno en esa situación que no se arregla resolviendo un problema, es tu palabra final.



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Entonces,
Entonces, como saber aquello que no está bien, que no camina y no confundirse. Cúándo y cómo distinguir la resignación, la paralización, el temor o la flojera de hacer algo que cambie la situación que nos incomoda, de aquello que nos sorprende como algo nuevo y negativo en la vida y que no sé cómo resolver.
Cómo soltar también la infinita pretención y grandeza que nos embarga al pensar que si intervenimos podremos hacer "algo que resuelva el problema"
En la conversación que expones me es fácil reconocer que no puedo hacer nada si es el clima, o la naturaleza en general, con sus terremotos,maremotos o lo que sea, sin embargo cuando tengo un hijo adolescente difícil, no logro relacionarme con él como que fuera un "terremoto"y mi ánimo se agita intentando "resolver un problema"
Hola Virg
mire mija, un problema en general lo definimos como algo que yo tengo pero que está allá afuera de mi...es el hijo el difícil, no yo
¿Qué tal si me pregunto "que estilo soy yo que me asalta el juicio que mi hijo es difícil?" O bien, qué le pasa a la relación entre mi hijo y yo que éste me resulta difícil. Ta claro que hay algo que no logro hacer para solucionar eso... Otra mirada: cómo enfrento esta anomalía de la que soy autor y que me pasa a mi?,,,y a mi hijo? Claramente algo tiene que pasarme a mi para avanzar en hacer que mi hijo me resulte menos difícil
Oye, me dieron ganas de hacer un post con esto
Te mando un abrazo
!Ah
!Ah sí!
Esto exactamente es lo que yo he tenido que hacer.
Simplemente cuando entendí que el problema lo veia yo, y que yo causaba una gran tensión y sufrimiento- a lo único que me importaba- a nuestra relación de familia, entonces, y con la ayuda de muchas y pacientes conversaciones contigo, pude destrabar una relación que estaba agonizante.
Cuanto sufrimos por ese yo histórico, por nuestro estilo,cuando todo aquello que no nos calza nos parece un terrible problema.
Gracias siempre
Hay que hacer un post