Mario Valdivia

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Miseria de la política

Enviado por Mario Valdivia el 09/02/2010 a las 11:44
Mario Valdivia

Los jóvenes, mayoritariamente, no quieren votar. Quizás esto dice algo relevante de la política actual, en especial si tomo en cuenta que los jóvenes, por sus pácticas, son seguramente quienes están más conectados con el futuro. Además, prefiero partir de la base de que no quiere decir nada negativo de los jóvenes de hoy: no es que no estén ni ahí con su país, ni que les de "lata" inscribirse para votar. Seguramente estas son explicaciones algo resentidas y conservadoras.

Creo que, históricamente, la política ha sido la actividad que estructura el mundo social en que vivimos: establece las normas que prohiben y permiten nuestras prácticas sociales. Desde que tenemos democracia y libertades, la política ha consistido en un juego de competencia por conseguir cuotas de poder en el estado. Propósito: aprobar leyes. O sea, el poder del juego político depende del poder que tengan y puedan tener las leyes.

¿Qué es lo que las leyes pueden hacer y qué es lo que no pueden hacer? Me temo que ellas son notablemente impotentes. Considero varios extendidos problemas que todos reconocemos que tenemos en nuestra sociedad. La delincuencia; ¿se terminará  mediante nuevas leyes? Las drogas; ¿se terminará el consumo y el comercio de lo que llamamos drogas con nuevas leyes, más duras y más drásticas? La educación; ¿mejorará la calidad de la educación mediante nuevas leyes? El abandono infantil y juvenil; ¿terminará gracias a nuevas leyes? La depresión masiva; ciertamente un malestar y un sufrimiento social muy extendido; ¿se corregirá con nuevas leyes? En fin, me parece que la respuesta es una sola y clara: no es el caso.

O sea, conseguir poder para promulgar nuevas y mejores leyes es un juego de impotencia. Muchos de los problemas sociales que más nos aquejan no se arreglan así. Y es perfectamente posible que jóvenes sensibles a los problemas de su mundo tengan menos expectativas ingenuas heredadas que los más viejitos sobre el poder de las leyes para reorganizar la realidad. No quieren perder el tiempo con juegos de impotencia.

(Otro si. Quizás por eso resulta tan molesta, hasta ridícula, la importancia que se dan los políticos en la televisión y la prensa; la asimetría entre poder aparente y poder real es evidente a simple vista. Es fácil pensar que el único poder que importa en la política no es el poder social, para cambiar el mundo, sino que la fama personal).

Sin temor a simplificar demasiado, se puede decir que la sociedad se estructura y re-estructura por la ética, el mercado, las leyes y la arquitectura. La ética de la responsabilidad por los hijos, la ética del consumo de sustancias potencialmente dañinas y adictivas, la ética de la violencia y el crimen, la ética de la sexualidad, la ética de respeto a las diferencias, la ética del medioambiente y lo vivo, la ética de la manipulación genética, la ética de la seguridad, inocuidad y salubridad alimentaria, constituyen espacios privilegiados para la transformación de la sociedad en un mundo mejor. La mayor parte de los problemas que se enfrentamos en estos terrenos no tienen arreglo mediante nuevas leyes, sino que mediante cambios en la ética social. ¿No ha abandonado la política la movilización por cambios éticos para producir un mundo mejor y ciudadanos mejores?  Los jóvenes no lo han hecho, por el contrario, se dedican activamente a la creación de comunidades y mundos, muchas veces globales, centrados en el cultivo de éticas nuevas.

Durante una buena parte del siglo XX estaba prohibido (ley) el divorcio en Chile, pero había una extendidad trampita legal, la nulidad, que permitía de hecho lo que se prohibía formalmente. O sea, la ética matrimonial era más permisiva que la normas legales; la ley podía hacer bien poco para estructurar el mundo social. Hoy día la mayor parte de las parejas no se da el tabajo de contraer matrimonio y exploran  nuevas formas de convivencia diariamente. Por otra parte, si es cierto que más de un 10% de la población, y mucho más en el caso de la población joven, consume habitual o esporádicamente sustancias que llamamos drogas, quiere decir que la ética social es más permisiva que las normas formales, y ya vemos que las leyes demuestran claramente su impotencia.

La economía de mercado tiene sus propias leyes, se supone que los chilenos hemos aprendido esta lección; nos afanamos de nuestra responsabilidad macro y microeconómica. O sea, que nos cuiadamos de que las leyes del estado no interfieran con las leyes del mercado; en caso de no hacerlo, sabemos que el mercado tomará su venganza, el mundo girará de acuerdo con las leyes económicas demostrando la impotencia de las leyes del estado. Nuestros ministros de hacienda siempre nos lo recuerdan ... Impotencia de la política. En el intertanto, emprendedores y empresarios inventan nuevas empresas y nuevos productos que cambian radicalmente nuestro mundo y nuestra forma histórica de ser... Poder de la actividad empresarial. Nuestros jóvenes, interesados en cambiar el mundo y acumular poder, se dedican con fruición a la empresa y a todo tipo de activdades económicas autónomas. 

La arquitectura de la sociedad, sin establecer leyes abre y cierra espacios y canales de acción casi sin que nos percatemos. No es el resultado de leyes que permiten y prohiben que circulamos por nuestro país por las carreteras disponibles, por las rutas aéreas existentes, que usemos Internet, que usemos teléfonos móviles en casi todo el territorio, que nos inmersamos en un mundo global y teconológico, etc., y no hay leyes que pueda zafarnos de estas estructuras arquitectónicas a mediano plazo  Miseria de la política, poder de la arquitectura del mundo global. Y en este mundo global, los estados nacionales deben cuidar sus pretenciones de autonomía, sus propios ciudadanos pueden hacer lo que sus leyes les prohiben simplemente viajando a otro país. Impotencia de la ceguera a las arquitecturas que emergen, del propósito insensato de regularlas y controlarlas con leyes del  estado, poder de navegar tempranamente en estas olas. Nuestros jóvenes se imersan con fruición a las nuevas arquitecturas del mundo, las que parecen tan prescindibles a los viejos más conservadores, ¡parecen juguetes de niños! El instinto legalista y regulador nos deja a destiempo.

Miseria, impotencia, de una política dedicada a hacer leyes y disputarse el poder del estado para hacerlo.

¿Es posible una polítida distinta? No lo sé, pero si la politica responde a la preocupación por inventar un mundo mejor deberá abandonar su dedicación exclusiva a las producción de reglas formales, leyes estatales, so pena de pofundizar su impotencia. De alguna manera deberá aprender a participar activamente en la producción de ética en la sociedad, a movilizar la capacidad de emprender de los ciudadnos y su autonomía económica, así como a darle orientación a los juegos competitivos en los que nos comprometamos a ser realmente buenos, a tomarse en serio a tiempo las nuevas oportunidades que traen las arquitecturas que emergen en el mundo. Y seguramente será una política más de acción, de creación de nuevas prácticas y participación en ellas, de movilización de nuevas comunidades, de experimentación con prácticas y estilos innovadores, que puramente discursiva, ideológica, o de toma de posiciones.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Miseria de la política

Enviado por el 20/02/2010 a las 20:49
Verónica Ruiz Ortiz

Mario, me golpea tu escrito, me irrita y me provoca.

Lo que dices de los jóvenes, que están más conectados con el futuro... Per se, claro, porque aún van en ascenso en sus energías vitales y les tocará algo que a los más viejos ya no. Pero que eso los haga sujetos más sensibles, más concernidos, curiosos y activos con el futuro de otros, más allá de SU futuro, no lo sé.

Y no los culpo, porque finalmente esa actitud es perfectamente legítima y coherente en el mundo que les toca vivir.

¡Mundo de egoísmo, lo dije!

Me haces recordar algunas cosillas que he pispado, por ejemplo, La agonía del patriarcado, de nuestro Claudio Naranjo. O de él mismo, el Niño divino y el héroe.

Hace rato que el heroismo está en retirada, se ha transformado en producto de cine para púberes (hasta de 80 años). El psicoanalista francés Charles Melman, que mira esta sociedad nuestra, titula uno de sus grandes libros, El hombre sin gravedad (parece suficiente como insinuación).

Si la política ha sido lo que tú muestras...Desde que tenemos democracia y libertades, la política ha consistido en un juego de competencia por conseguir cuotas de poder en el estado. Propósito: aprobar leyes. O sea, el poder del juego político depende del poder que tengan y puedan tener las leyes... Y sin lo que agregas cuando apuntas a lo que en todas las películas termina por redimir al ser humano, esa básica sensibilidad para mirar con ojos buenos todo lo malo, con ojos de urgencia hacedora, con ojos de pregunta perpleja y consciente...

...Pues, por mí, hijo, que esa forma rentable de política se hunda bien hundida.

Como dice Leonard Cohen, en The Tower of song (gran maestro)

Now you can say that I've grown bitter but of this you may be sure
The rich have got their channels in the bedrooms of the poor
And there's a mighty judgement coming, but I may be wrong
You see, you hear these funny voices
In the Tower of Song

Mario, lo leeré más...

Gracias!!!

 


a verónica

Enviado por el 22/02/2010 a las 16:58
Mario Valdivia

en este mundo diluido y lleno de indiferencia sonámbula, irritar es ya mucho.

thks.

 

 


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