Te oigo hablar durante un buen rato. Te digo: eres un yo obsesionado con ti mismo; solamente hablas de ti y de lo que sientes y piensas tú.
No estoy de acuerdo, me contestas. Si estuviera obsesionado conmigo mismo estaría lleno de mi mismo; yo, por el contrario, me siento completamente inseguro de mi mismo. No se bien quien soy ni cuales son mis habilidades. Hay mucha gente que me encuentra competente y considera valiosas mis acciones, pero no les creo por completo. Me cuesta mucho confiar en ellas y aceptar que tengo habilidades específicas, que son mías propias. Más bien me lleno de inseguridad y no puedo parar de preguntarme si no me quieren engañar o , tal vez, si no los habré engañado yo sin querer; seguramente me consideran mejor que lo que realmente soy. No logro superar estas dudas y no se me ocurre manera alguna de salir de ellas.
Te pregunto: ¿qué estás haciendo ahora? No sabes qué responder; lo hago por ti: te obsesionas contigo mismo. Me das una mirada en la que veo destellos de ira. Dices: ¿y qué quieres que haga frente a lo que me estás diciendo?. Debo defenderme, ¿o no? Yo antes no sabía que hacer frente a las cosas que me dice la gente, ahora me defiendo cada vez que me siento atacado. He descubierto que me hace mal quedarme callado porque me lleno de malas evaluaciones de mi mismo. Ahora, claro que no me resulta fácil saber como ponerle límites a los que digo, no quisiera ser muy duro pero tampoco sentir que me pasan a llevar.
Te pregunto: ¿qué sigues haciendo ahora? Reflexionas, te ruborizas, y me dices: me obsesiono conmigo mismo. Piensas un rato y me añades: la verdad es que no es algo que yo haga, sino que de hecho, sin que me de bien cuanta, me embarga, la obsesión conmigo mismo.
Te miro; pareces avergonzarte. Dices: ¡que malo ser así! Es el colmo del egotismo, ¿no te parece? Cómo puede ser que yo ande todo el día preocupado de mi mismo. Debo ser una persona muy monotemática, y estar conmigo no debe ser nada de agradable. ¿Qué clase de ser humano puede ser así? ¿Qué me pasó de pequeño que me acostumbré a esto? Recuerdo cuando era adolescente que...
Se detiene; me mira y dice: ¡lo estoy haciendo de nuevo! Parece pensar un momento y dice: o sea, ¡observo que me embargó de nuevo! Le digo que, cuando menos, ya se está escuchando en el momento de hacerlo. Ahora, si sigues escuchándote y quieres evitar este embargo, sólo te queda la práctica de cambiar esas conversaciones.



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Escuchandonos
Muy bueno lo que nos muestras Mario. Es todo un desafío el aprender a escucharse a uno mismo. Una práctica que he visto como me a ayudad a mi y a otros.
Saludos