Te encuentras reunido con clientes de la empresa de la cual eres un ejecutivo - un banco. La mesa de reuniones está dispuesta y algunas tazas de café humean sobre la superficie de madera enchapada oscuro.
Inquieres sobre las insatisfacciones que tus servicios están produciendo. Recibes abundante respuesta. Después, con la conversación ganando en fluidez y naturalidad, preguntas por productos que los clientes echan de menos o imaginan posibles. El ánimo se pone más suelto, pueden surgir sueños y hasta fantasías. Luego preguntas a los clientes por sus proyectos futuros - personales o laborales - y los invitas a hablar de los recursos que les parecen más escasos para llevarlos a cabo y de las vallas más significativas que deberán sobrepasar.
Entonces la situación experimenta un cambio sutil y total. Los roles oficiales -cliente, proveedor - desaparecen y sólo quedan seres humanos hablando de las preocupaciones y dificultades de vivir en el mundo de hoy. Las preocupaciones pragmáticas de recibir y dar un mejor servicio se transmutan en un compartir gratuito e íntimo de desafíos y aprensiones. La mesa es ahora la reunidora de una pequeña comunidad de seres que miran juntos la vida.
Por un breve momento la com-pasión y la solidaridad iluminan el mundo como diosas que parecían lejanas pero que ya estaban ahi - poco visibles - todo el rato.



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