Mario Valdivia

NanoLibros

Agradezco este valioso libro, desprovisto de fervor religioso, sobre religión y ateismo.

Andre Comte-Sponville, "El pequeño libro de spiritualidad atea"

 

Biblioteca

Comentarios recientes

Nuevo blidget

Estoy abrumado: tengo mucho que hacer

Enviado por Mario Valdivia el 28/07/2007 a las 10:19
Mario Valdivia

Cuando estoy abrumado, el mundo se me hace presente de una determinada manera - como cosas por hacer - y modulado por un especial estado de ánimo que traduce las "cosas por hacer" en esa característica afectividad del "estar abrumado".

El mundo como cosas por hacer se me hace presente como un inagotable conjunto de tareas que se renueva sin parar. Completar una cosa que tengo que hacer sólo consigue que se adelanten en tropel otras que parecían solamente estar a la espera que terminara la primera para exigir atención y dedicación. Todo mi estar en el mundo parece consistir en este presente incontenible de tareas a las que estoy permanentemente dedicado.

¿Y el futuro?, me pregunto. Bueno, cuando estoy abrumado el futuro en si mismo parece desaparecer, parece no existir como algo que puede recibir atención y creación directa e inmediada. El futuro parece consistir en sueños o expectativas que tengo - un nuevo mundo que me rodeará, una nueva identidad que yo tendré - y que espero que se puedan cumplir como resultado de mi dedicación en el presente a las cosas que tengo que hacer. En realidad, interpreto todo lo que hago en el presente como un mejor posicionarme para que se cumplan mis expectativas de futuro. El futuro como expectativa: así aparece el futuro en mi estar abrumado.

¿Hay otro futuro posible? (Mientras más abrumado estoy, más absurdo me parece siquiera admitir la pregunta). Y, sin embargo, tengo experiencias de otros futuros. Otros momentos en que el futuro lo atendí y creé directamente, sin esperar nada, sin hacerme expectativas de ningún tipo. Quizás declaré mi amor y lo construí de allí en adelante, sin admitir expectativas y esperas, adelantándome siempre a las posibilidades que se me abrían en cada momento. Quizás me dediqué a un proyecto de emprendimiento que rápidamente descubrí que no podía darle futuro como expectativa: debí asegurarlo de manera inmediata anticipándome de manera instantánea a las posibilidades que se abrían en cada momento. Y lo que se perfectamente bien es que ni el amor ni el emprendimiento construyen su futuro como expectativa - quedándome a la espera de los resultados de lo que hago en el presente. El futuro anticipado, que se abre instantáneamente por declaración, inmediato, que no se espera como resultado de esto o aquello, que se trae y se sostiene en el mundo con dedicación anticipadora: este es el futuro que no existe en mi estar abrumado.

Cuando interpreto mis actos en el presente como acciones de construcción y aseguramiento (en el presente mismo) del futuro que declaro para mi, no me abrumo aunque me soliciten miles de dificultades. Entonces, en mi estar abrumado, soy un ser que carece propiamente de futuro- de futuro propio. No estoy dedicado a la construcción de un definido yo-posible; más bien simplemente hago las cosas que se me hacen presente... y me hago expectativas.

Hay algo opresivo en el estar abrumado: el mundo presente se abre como obligaciones que yo debo cumplir - no como un futuro yo que invento en el presente construyendo un mundo nuevo. Y también hay algo irremediablemente torpe, algo lamentablemente ciego y sordo: hay un olvidar lo que más nos caracteriza y que ya hemos experimentado diariamente en nuestro pasado: que el pasado nos moldeó ya.

En el estar abrumado olvido el pasado. Un pasado de habilidades ya desarrolladas, un pasado de instrumentos y herramientas que aprendí a usar, un pasado donde ya se hizo el yo que soy, y la identidad que tengo en el mundo. Un pasado que está actuando en la intimidad de mi ser moldeando todas mis posibilidades y acciones, y que, sin embargo, mantengo invisible y oscuro. Un pasado que me hace presente el mundo en que existo y me sitúa a mi dentro de él... y que, sin embargo, olvido.

¿Y qué?, oigo decir. Pues que es ese pasado invisible y olvidado el que ya imagina las posibilidades que yo veo para mi en el mundo, ese mismo pasado el que me hace ver el mundo "tal cual es", o sea como la colección de tareas que todos tenemos. Mi pasado, más que yo propiamente, me creó este "estar abrumado por el mundo tal cual es de cosas por hacer". Es mi pasado lo que me abre el futuro como expectativas y mi olvido me impide recordar que ese es un futuro inventado para mi, y me hace ciego a la posibilidad de inventar otro futuro más propio. más propiamente mio. Más libre del fatalismo a que me condena el olvido del pasado.

O sea, podemos vivir el pasado de otra manera: como recuerdo permanente del hecho básico de ser ya moldeados. Y asi, abiertos a la posibilidad siempre existente de la invención más propia de un yo-posible.

Entonces, la manera de entender el mundo del estar abrumado consiste en una cierta manera como construimos nuestro tiempo. Es un estar atareado sin contención en el presente a la expectativa de posibilidades futuras y olvidado del pasado. Y el ser que no se abruma está, en cambio, anticipando inmediatamente en el presente las posibilidades futuras y recordando el pasado.

Del estado de ánimo que constituye el estar abrumado, más adelante en otro post.

Escribe un comentario

¿Quieres usar tu foto? - Inicia tu sesión o Regístrate gratis »
Comentarios de este artículo en RSS