Mario Valdivia

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Agradezco este valioso libro, desprovisto de fervor religioso, sobre religión y ateismo.

Andre Comte-Sponville, "El pequeño libro de spiritualidad atea"

 

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those days are gone

Enviado por Mario Valdivia el 06/05/2009 a las 17:29
Mario Valdivia

Inicios de los años 90:

Termina en el mundo la via alternativa al capitalismo que representaban los socialismos soviético y europeo.

Cuaja el llamado Consenso de Washington, una nueva vía para el mundo y en especial para el desarrollo del tercer mundo, consiste en combinar el capitalismo de mercado, la democracia y la apertura internacional de las economías nacionales.

Un horizonte de un nuevo tiempo histórico sin grandes conflictos, con estabilidad asegurada, monocordemente capitalista y liberal parece abrirse en el mundo. Se habla en serio del Fin de la Historia.

En Chile entra La Concertación que encarna exactamente eso: democracia, capitalismo de mercado y economía abierta. Bien la fue a Chile durante unos diez años, poco más o menos, simplemente sobre la base de este consenso.

Empresarios que interpretaron el mundo como una coleccción de mercados (prácticamente infinitos), y a Chile como una gran dotación de recursos naturales, trajeron progreso al país. Líderes políticos que distribuyeron desde el estado parte de ese progreso le dieron gobernabilidad a Chile. Pareció como si, en este mundo de estabilidad perfectamente predecible, se hubiera descubierto, ¡por fin!,  la receta para el progreso continuo sin límites del país.  Era cosa de seguir  ampliando de manera más o menos lineal lo que ya se había aprendido a hacer.

Those days are gone. El mundo se desordenó, han surgido nuevos polos de poder económico y político, la superpotencia no puede poner orden en el mundo confiando exclusivamente en su poderío militar, el terrorismo moderno, la proliferación nuclear, el calentamiento global, la crisis financiera mundial, el surgimiento de un  nuevo proteccionismo, son cambios que verdaderamente desafían nuestra sangre fría, cambiando radicalmente la posibilidad de predecir y controlar el futuro como antes.

Y Chile, a pesar de su progreso, no se puso a la altura del mundo al que se abrió.  No aprovechamos la oportunidad de incorporarnos a la ola  innovadora en el mundo, ni a las nuevas realidades de creación cultural y de convivencia que representan las redes y tecnologías digitales, y tantas otras. No aceptamos el desafío global de la cultura de la excelencia. No confrontamos el peligro de perder el interés de los mejores de nuestros jóvenes atraídos por oportunidades que aquí no hemos construido para ellas.  Perdimos tiempo. Nos quedamos atrás mientras el mundo cambiaba a gran velocidad exigiendo flexibilidad.

Necesitamos cambiar.  Lo que se veía exitoso, ahora se ve mediocre. Lo que parecía innovador se ve ahora solamente como adopción más o menos a tiempo. Lo que fue dinámico ahora se ve lento. Lo que fue democrático se ve ahora oligárquico, distante, autoritario. Lo que era socialmente generoso y responsable ahora se ve como asistencialismo sin horizonte carente de dignidad. Lo que pareció un suceso mundial de tolerancia recobrada aparece ahora como divisiones carentes de la solidaridad real que necesitamos para enfrentar los retos y las oportunidades relevantes del mundo. Nuestro know how económico y político se ven rígidos, también nuestros consensos. Necesitamos una nueva flexibilidad.

Necesitamos cambiar. Parece que estas elecciones que se acercan anuncian que las posibilidades de cambio tienen una buena chance. Son buenas nuevas.

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