El endemoniado de Chillán descubre la indiferencia y el paternalismo.
Enviado por Mario Valdivia
el 18/07/2005 a las 19:50
El endemoniado de Chillán bajó del campanario de la catedral donde estuvo largos días meditando en un sopor entre adolorido y nostálgico sobre el atentado de Londres. Lo venció el hambre, retornándolo a la vida un antojo exigente por las sustancias y las olorosas avellanas tostadas que venden en el terminal de buses que llegan de El Carmen. Cruzó la plaza y la melancolía lo condujo a observar que ya nadie pasea en las tardes en círculo bajo los viejos tilos simplemente por solicitud mutua de saludarse y saberse presentes. Vio a la gente caminar con apuro pasando unos al lado de los otros, prescindentes. Pensó "el liberalismo es la indiferencia mutua", y las avellanas redujeron un tanto los decibeles de su solicitud.
Más allá, frente al hospital vio a las madres en la sala de espera esperando. Esperandó, esperandó. Un letrero rezaba: "Retire su leche al controlar su niño", así que hay que tener paciencia, pensó. La socialdemocracia por lo menos nos habla se dijo, pero nos sustituye y nos domina. Solicitó la total dulzura de la memoria de las sustancias para mantenerse caminando hacia el terminal. Iba pensando: "¿como apropiar y liberar sin indiferencia"?
Etiquetas: Endemoniado de Chillán.
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