Hasta hace unos pocos años atrás, las grandes corporaciones fabriles, el agente económico fundamental del mundo industrializado, ofrecía a sus trabajadores empleo de por vida. Casos paradigmáticos: IBM, Toyota. Pero incluso en aquellos casos en que el empleo de por vida no constituía un compromiso explícito entre las partes, era considerada la práctica normal, lo obvio. Quienes entraban a laborar en estas grandes compañías normalmente terminaban su vida de trabajo en ese mismo lugar. Se trabajaba toda la vida en un solo lugar. Por eso tenía sentido interpretar que había una carrera profesional abierta en principio a todos, semejante a las carreras universitarias donde los profesores son inamovibles y van avanzando hacia arriba en la organización progresivamente.
El empleo de por vida hacía sentido para ambas partes involucradas. El capital, congelado en grandes plantas fabriles, necesita atarse a largo plazo a la mano de obra que necesita de manera de poder capacitarla con las habilidades necesarias para gestionar los sistemas fabriles y de distribución y ventas, muchos muy complejos, delicados y masivos. El trabajador se asegura un lugar donde hacer de su capacidad de trabajar algo productivo y también un camino de creciente especialización y progreso dentro de la gran corporación fabril. Ambas partes crean una relación de lealtad de largo plazo que es fundamental para darle estabilidad y seguridad a la vida - tanto del capitalista como del trabajador.
Hasta hace poco también, parejas de personas de distinto género se ataban de por vida - hasta que la muerte nos separe - en el matrimonio. La buena vida se vivía estableciendo compromisos de largo plazo, de esta manera se conseguía la solidaridad y la lealtad necesarias para darle seguridad y estabilidad a la existencia. Hoy, sin embargo, en EEUU el 44% de los adultos jóvenes (18 a 34 años de edad) no están casados pero si co-habitan, es decir, están involucrados en una relación explícitamente temporal; asimismo, la mitad de los matrimonios termina en divorcio. Ver aquí.
Las grandes corporaciones fabriles han terminado de manera explícita con su promesa de empleo de por vida más o menos desde los años 80. Ya no tiene sentido competitivo como política laboral buscar atar trabajadores en ningún lugar específico, por el contrario, se quiere preservar el máximo de flexibilidad geográfica y temporal. Las personas, por su parte, no quieren emplearse a largo plazo, sino que buscan maximizar a toda costa su capacidad de movilidad entre diversos lugares y oportunidades de empleo. Un número creciente de personas desarrollan estrategias de auto empleo y de emprendimientos en múltiples formas. Actualmente el trabajador norteamericano medio tiene entre 3 y 5 carreras en la vida y entre 10 y 12 empleos diversos. Ver aquí.
Desde que los seres humnos han dejado de entenderse a si mimos principalmente como recursos productivos y se entienden, más bien, como recursos de consumo, como máquinas de ilimitada capacidad de consumir, la buena vida se ha ido convirtiendo en la búsqueda de gratificación permanente y a corto plazo. Los lazos de largo plazo dejen de tener el sentido de antes, tanto en el trabajo como en las relaciones personales. Si las relaciones de pareja se miran como relaciones basadas en el consumo de gratificaciones, no hay mucho espacio para dejarle exclusivamente a la muerte la responsabilidad por separarnos.
Recomiendo el libro "Modernidad Líquida" de Zygmunt Bauman




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