Los griegos tenían este término para hablar del comportamiento humano caracterizado por una arrogancia desafiante frente a los dioses, por una ambición desmesurada que, temeraria e insolentemente, cree que puede obtener más que aquello que el destino le permite. Hubris. Pero los dioses castigan el hubris como lo muestra Icaro cayendo con las alas derretidas camino al sol, y sobretodo Prometeo encadenado para siempre a una alta montaña por haber engañado a Zeus y robado el fuego de los dioses y regalarlo a los mortales.
¿Cómo es posible la desmesura desafiante a los dioses? Los dioses son los responsables, creen los griegos; ellos ciegan y enloquecen al ser humano que quieren perder, haciéndole invisible la desmesura de su conducta.
Adán y Eva cayeron en hubris al desobedecer a Dios y querer adquirir la sabiduría sobre lo que está bien y mal en el mundo; se han hecho el insolente propósito de convertirse en jueces de la creación. Y sabemos quién los encegueció. Fueron castigados perdiendo el acceso cotidiano a la presencia divina, al menos temporal y condicionadamente. Lucifer, el enloquecedor, ya la había perdido para siempre.
El siglo XX es quizás EL siglo de la desmesura. Al menos tres movimientos ideológicos procuran poner fin a la historia y controlar el destino de los seres humanos, destruyendo desafiantemente todo lo hecho, valorado y mandatado con anterioridad. Por eso es el siglo de las grandes carnicerías, de los grandes castigos. Comunismo, fascismo y neoliberalismo, cada uno en su momento, creen poder poner fin a la historia inaugurando una época nueva dorada, definitiva, destinada a durar para siempre; y se abocan insolentemente a ello. Clases sociales, razas e individuos cumplen, a su turno, el papel desafiante, temerario y desmesurado de dioses.
La historia es la gran dadora y la gran enceguecedora. Es la historia la que nos da el mundo, la que nos abre el horizonte de cosas que nos importan y nos interesan, lo que valoramos, lo que está ahí, lo que amamos, odiamos, admiramos, y aquello que nos avergüenza. Todo. Y haciéndolo, la historia nos oculta que lo hace; lo hace tan bien, tan convincentemente, que nos convierte en ciegos a su rol de dadora del mundo. Creemos a pie juntillas que el mundo se abre a los ojos desnudos de nuestro cuerpo y lo bueno y lo malo a la innata capacidad de pensar de nuestro sistema nervioso central. Así que estamos siempre listos para desafiar la historia porque pensamos que no hay limitaciones históricas en nuestro saber.
Éste es el hubris de hoy. Su nombre: la tecnología, interpretada como la única aproximación válida al mundo, como aquella que, por fin, trasciende cualquier limitación histórica y nos permite, ahora si, darle una mirada al mundo tal cual es, sin limitaciones. Estamos más allá de la historia, de nuestra propia historia. La hemos superado y le hemos puesto fin. Ahora si que estamos en control.
Quizás los primeros lugares donde esto falla, donde la ceguera se ve de pronto claramente - donde el castigo nos la muestra clarita -, es en aquellos lugares donde la tecnología es menos poderosa y al mismo tiempo más pretenciosa: las ciencias sociales, y entre ellas, la economía. La actual crisis financiera global es el momento de verlo. Teconologías financieras modernas, consideradas definitivas, (como la ecuación de Black Scholes), son usadas por el hubris para considerar derrotado, humillado, eliminado el riesgo en el mundo. No como tecnologías limitadas, históricamente permitidas, sino que como lo que es definitivamente. Esto si que es desmesurado y temerarrio. Y en el fondo, es la creencia de que si se permite al individuo plena autonomía para actuar, el agregado de individuos no puede equivocarse. Hemos descubierto al verdadero Dios. Hubris.
(El Endemoniado de Chillán, que ha seguido esta disquisción con cierto interés, como si fuera algo destinado a su entretención, acota de pronto: esto de que todo es histórico tampoco tiene validez eterna, es simplemente otra verdad histórica, ¿o no?. Si, le digo, es al menos como pienso yo, y creo que muchos otros también, dado lo que sabemos hoy. Así que más vale considerar que esto tiene también un poquito demasiado de sal. No será tan fácil para el ser humano liberarse de hubris, dictaminó el personaje de marras)




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