Me doy cuenta que perjudiqué a alguien. Acabo de percatarme que no le cumplí una promesa que era importante. Siento el aguijón del remordimiento. Estoy absolutamente seguro que el daño que he causado es grave y difícilmente reparable. Me avergüenzo de sólo pensar en tener que enfrentar a esa persona de nuevo; comienzo a buscar/inventar una excusa que justifique mi falta. Me siento doblemente avergonzado y doblemente en falta; me digo que soy descuidado, que me falta preocupación por lo demás, que soy perfectamente capaz de mentir con tal de intentar salvar mi pellejo que es lo único que me interesa. Me digo que no es primera vez que hago algo así, dañar inmerecidamente a alguien con mis acciones, lo que me confirma con toda claridad que este ya es un razgo negativo que me caracteriza profundamente; me embarga una sensación de desesperanza que hay algo malo en mi que no me interesa corregir. Quizás soy demasiado egoísta, y así nadia va a apreciarme en serio en la vida.
La emoción de la culpa hizo su aparición y me embarga: estoy completamente auto-absorto en sus conversaciones.
El Endemoniado sabe que, si ante la primera conciencia de la promesa rota, ante el primer inicial aguijón de remordimiento, me comunico con mi "víctima", le pido disculpas (sin contarle cuentos y falsas explicaciones plausibles) y le ofrezco reparar el daño ya hecho, no le dejo espacio a la emoción de la culpa. Hacer daño sólo se convierte en culpa como auto-absorción.
(Algo muy similar puedo reconocer en la emoción de la victimización: sentirme víctima. Me auto-absorbo sitiendo que estoy seguro que alguien me hace daño porque quiere hacerlo - así que no vale la pena reclamarle nada - y, como tiene más poder que yo, no me queda más remedio que resignarme)
Miremos el miedo. Percibo un peligro; algo dañino se me acerca. Puede ser quizás algo peligroso para mi integridad fisica - un terremoto, un incendio, un perro rabioso al otro lado de la calle - o peligroso para mi identidad - me va a confrontar un crítico de mi gestión en la próxima reunión de directorio. Un daño potencial viene a mi encuentro desde el futuro.
En Endemoniado sabe que este peligro percibido no es aún - ni conduce necesariamente a - - la emoción del miedo; falta la auto-absorción. El miedo me embargará si me auto-absorbo en mi mismo. Posiblemente todo comience como una rápida conversación conmigo mismo en la que me digo que no tengo escapatoria, no sólo me lo digo sino que estoy convencido de eso: no existe escapatoria. Me siento perdido, no veo ninguna posibilidad de salvarme, todas las rutas posibles no conducen a ninguna parte - el perro sigue ahí mirándome desde la vereda de enfrente, el temblor continúa su temblar, el incendio mantiene su voracidad. Me ataca la ansiedad de tener que reconocer mi fracaso en la reunión de directorio a mis ciolegas. Considero a gran velocidad una enorme cantidad de opciones de acción que son todas inútiles, las que se multiplican con la velocidad del rayo: me siento paralizado. Siento que todo termina: comienzo a recordar a las personas queridas con las que mantengo relaciones en mal estado, siento dolor de no haber arreglado múltiples deudas personales a tiempo, me paralizo aún más al darme cuenta que, por más que imagine opciones, ellas son inexistentes; todas esas cosas ya no tienen arreglo posible; es muy tarde. El miedo me tiene plenamente asido en sus manos paralizantes.
En estas tres emociones - miedo, culpa, victimización - me encierro en mi mente como si éste fuera en verdad el más real y prioritario de los mundos. Me dejo absorber en mi yo, me clausuro del mundo de cosas y seres humanos en el que estoy metido, busco soluciones en mi mente conversando conmigo mismo como si lo hiciera con alguien, me doy razones a mi mismo, (lo más increíble: me encuentro la razón a mi mismo). Al hacerlo, curiosamente en todos los casos parezco olvidar la situación específica en la que me encuentro; olvido el pasado desde el cual llegué al momento en que la emoción me embargó - este temblor, aquel perro acechando, esta promesa no cumplida a una persona determinada - y me parece que me encuentro en una situación en la cual lo que ocurre verdaderamente es que mi yo está sometido a juicio en mi propia mente. Y los juicios son momentos en los que se hacen balances.
El Endemoniado de Chillán ha llegado a saber que la auto-absorción es la madre de todas las desgracias.




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eres genial,ya que le das sentido a tus comentarios del dia a dia ,sobre todo este de las emociones ya que nos pasa a diario , te felicito por publicar algo que tiene sentido.
Gracias Luzmenia
no se si se puede meter la ira en este esquema