Lo mismo que el Endemoniado de Chillán ha observado en los últimos artículos en este blog, ocurre con la manera como usamos los términos "conocimiento" y "contenido": de una manera que se hacen peligrosos.
Al decir que tengo conocimiento de algo (o que sé algo), parece que creo tener algo en mi mente, ideas, conceptos, fórmulas, datos, información, o lo que sea que puedo catalogar como el "conocimiento". Luego ese concimiento o saber lo pongo en práctica, lo aplico a la ejecución de una acción determinada, y con eso demuestro cabalmente que tengo ese conocimiento a quienes ya poseen esas habilidades o pueden reconocerlas. El poseso sabe que al interpretar las cosas de esta manera, divido el mundo en dos: el mundo del conocimiento, que es un mundo etéreo de información y conceptos, y el mundo de mis acciones, que no es más que la aplicación que hago del primero con mi cuerpo. La prioridad está en el primero; se comienza por aprender acumulando conocimientos en la mente, los que, después, se utilizan o aplican a la ejecución de acciones y al desarrollo de habilidades.
Pero el Endemoniado ha constatado que todo conocimiento consiste en habilidades. Tener conocimiento de piano - saber piano - significa tener la habilidad de ejcutante en piano; tener conocimiento de inglés quiere decir que tengo la habilidad para hablar o leer inglés. Tener conocimientos, saber, quiere decir tener habilidades, ni más ni menos. Un momento, le han dicho muchas veces al Endemoniado, esas son habilidades, pero qué puedes decir del conocimiento de hechos, como p. ej., que Chile se independizó en 1810, o que la capital de Chile es Santiago, o que el átomo de hidrógeno tiene un solo protón en el núcleo. Puede pensarse que esto corresponde a conocimiento puro, a información que tengo almacenada en mi mente, dice el Endemoniado, pero más razonable es interpretar que ese conocimiento consiste en habilidades para tener cierta clase de conversaciones con otras personas. En un caso, habilidad para tener conversaciones con historiadoras, en otro con geógrafas, en otro con físicos; o con personas que puedan compartir o reconocer esas habilidades.
En ambos casos el conocimiento se adquiere practicando las habilidades de que se trate, ya que en cualquier caso involucran mi ser completo, o sea plenamente corporal. El peligro de creer que hay una cosa que se llama conocimiento y que tiene prioridad sobre la habilidad, es el mismo que el Endemoniado dice que ha mostrado repetidamente antes aquí: convertirme en un aprendiz mediocres por no distinguir adecuadamente la habilidad práctica que debo desarrollar, y terminar auto-absorto en conversaciones privadas conmigo mismo desprovistas de acción. Ésta es la madre de las desgracias, sabe el Endemoniado.
Algo semejante ocurre con la manera como usamos el término "contenido", que en general oponemos a "forma". Decimos: estoy de acuerdo con el contenido de lo que dices pero no con la forma en que lo dices. Sin embargo, el Endemoniado sabe que nunca estamos en contacto con el contenido de nada, siempre ya viene incorporado en alguna forma. "Hola pú" y "buenas tardes" no corresponden a un mismo contenido - saludo - y dos formas distintas: consisten es dos saludos distintos que tendrán distintos efectos en los demás; nunca me han saludado con el ¿puro contenido del saludo?, siempre me ha saludado alguien haciendo un saludo muy concreto.
Lo que digo siempre consiste en un artefacto determinado: lo escribí en un documento académico, o en un blog, o lo dije en un discurso político, o en una conversación casual; lo dije en un video o en una película, o lo dije plásticamente. Nadie dice nunca contenidos, siempe producimos artefactos concretos que pueden hacerse escuchar, transportarse o trasmitirse de un lugar a otro y que producen en otros seres humanos un efecto u otro.
Entonces, advierte el Endemoniado, el peligro es el mismo: creer que puedo elaborar contenidos en mi mente que luego formateo de alguna manera y de esa manera los llevo a la práctica. O sea, dividir el mundo en dos: un mundo etéreo de "contenidos" en la mente y un mundo práctico de artefactos en los cuales los contenidos toman forma. Mejor: observemos que sólo podemos crear artefactos, y que aprender consistirá en practicar hasta adquirir habilidades en producir esos artefactos. En caso contrario, la dificultad posible es la misma: convertirnos en malos aprendices y autoabsorbernos, insiste en Endemoniado.




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