Hay malas palabras. Las peores, las más venenosas: palabras que parecen grávidas y plenas, palabras que nos encantan, que producen expectativas - mientras más grandes, más venenosas - pero que vienen vacías, cargando solamente frustración. Palabras que liberan a quien las dice del cargo de haber producido la frustración y permitiéndole cosechar plenamente las buenas expectativas que ellas producen.Una de las palabras que encuentro más venenosa es la constituída por los términos igualdad de oportunidades. Para que se pueda cumplir y llevar a cabo lo que dice se debe saber qué constituye una oportunidad que las personas enfrentan en la vida, cómo observar las oportunidades, como caracterizarlas y, si queremos igualarlas, debemos poder medirlas. ( Nunca falta un economista que dice que se pueden medir y calcula números, me dice el Endemoniado de Chillán, que a veces mira mis borradores) Y los ejemplos que ponen los partidarios de la igualdad de oportunidades son siempre tan pueriles e infantiles que sospecho que dudan de la inteligencia o de la buena fe de los que preguntamos.
Ejemplo típico: supongamos una carrera que enfrentan en pistas contiguas dos competidores. Si las pistas son del mismo largo, del mismo material, y hay jueces imparciales que miden la partida y la llegada, esa es una carrera en la cual se garantiza la igualdad de oportunidades. Problema del ejemplo: en la vida no se pueden descontextualizar tal fácilmente unos juegos de otros, en la vida los juegos tienen historia, tienen pasado. En la vida existen las contingencias, estamos sujetos a la suerte y ¿alguien sabe cómo igualar la suerte? (Igual se puede, me dice el Endemoniado que diría un experto financiero. Pero es su manera de ser irónico; yo se lo que piensa de este tipo de gente.)
Si se miran estos ejemplos típicos, podemos ver que ellos sólo pueden surgir de un pensamiento de trasfondo liberal extremo; un discurso que concibe el mundo social como una colección de individuos compitiendo unos con otros. Cuando se señala que este tipo de organización no puede ser justa puesto que no todos parten compitiendo en condiciones igualitarias, el liberalismo que quiere ser justo, que quiere ser progresista, inventa la igualdad de oportunidades. Pero entonces, cuando se garantiza la igualdad de oprtunidades, obtiene un gan premio, el premio mayor: ahora si que puede decir que los ganadores son aquellos que merecen ganar, ahora si que puede justificar moralmente el ganar, revestir al ganador con virtudes morales y al perdedor como carente de las virtudes requeridas.
No creo nada de esto. Igualar oprtunidades es una quimera venenosa. Ganar es muchas veces solamente cuestión de suerte y no necesariamente expresa virtudes admirables.
Prefiero la palabra solidaridad. Nada promete, simplemente nos carga con una tarea, con una obligación de construir una comunidad, un nosotros que cuida de si mismo. Declaremos nuestro deber cuidar el ser colectivo y declaremos también especialmente que vamos a evitar que los perdedores de los juegos económicos de la vida , los poco afortunados, no sufrirán costos demasiado grandes ni demasiado irreparables de sus derrotas. O sea, declaremos que nos interesan también los resultados de los juegos - no solamente la quimera de igualar las "condiciones de entrada" a ellos y así poderles atribuirles justicia trascendente. Declaremos que mantendremos la común pertenencia por igual en la comunidad a ganadores y perdedores y evitaremos que una posible escisión de virtudes ganadoras y perdedoras destruya la comunidad.
Sobretodo no tengamos temor de dar más a quienes más han perdido, a quienes más dificultades parecen tener. En este sentido, la solidaridad no teme a discriminar. Así lo hacemos de hecho en nuestras familias. Sabemos que algunos necesitan más que otros y no nos tranquilizamos con la quimera de darle a todos las mismas oportunidades. ¿Es tan difícil imaginar que podemos construir una sociedad asi?
(El Endemoniado sabe que es más cómodo pregonar la igualdad de oportunidades que la solidaridad - aunque sabe también que es una pura quimera -, así que en este punto se aparta de mi borrador y, sin decir pio, hace mutis silenciosamente. Se me ocurre que no quiere comprometerse y crearse lios. Pienso que tienden a ser políticamente correctos los endemoniados)
Descarga o escucha Atisbando # 56 AQUI .



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Felicitaciones
Hola mario, quiero felicitarte por tu podscast. Muy interesante los temas que tratas. Estoy esperando el próximo atisbando. Desde el podcast llegue a tu pagina, asi que ahora vamos a ver de que trata.