Estaba en Europa cuando ocurriò la "masacre" del Tecnològico de Virginia. Me ha sorprendido la reacciòn de la prensa y la TV europeas. Manifiestan mayoritariamente dos ùnicas preocupaciones: poner coto a la facilidad con que se pueden comprar armas en Estados Unidos y mejorar la capacidad de los sicòlogos para detectar a tiempo estos casos anòmalos.
Notable tranquilizaciòn. Especialmente tomando en cuenta que el Virginia TEC es una de las instituciones académicas màs prestigiosas de Estados Unidos, donde campea una estricta meritocracia, instituciòn a la cual sòlo tienen acceso los mejores para testearlos adicionalmente y prepararlos como los mejores, asiento de la verdadera aristocracia del mundo moderno. Y que, ademàs, este tipo de incidentes criminales ha ocurrido con frecuencia en otros campus acadèmicos semejantes. Parece que ya no somos capaces de tener màs que autocomplacencia con la sociedad que hemos construido. Ella està muy bien - gracias -, obviamente tiene problemas - como todo el mundo - y lo que hay que hacer es enfrentar los problemas y arreglarlos: en este caso cambiando la ley de adquisiciòn de armas y dando màs autoridad a mejores sicòlogos. A nadie se le pasa por la mente que - quizàs - esta sociedad que hemos construido tiene algo bàsico que harà que este tipo de acciones ocurran repetidamente, en una forma u otra.
Me parece que lo ocurrido es un acto de resentimiento; e interpreto el resentimiento como impotencia que ha declarado su causa en un ànimo de culpabilizaciòn. Recuerdo que Nietzsche sostuvo que buscar en el pasado las causas del presente en un ànimo de asignar responsabilidades y controlar es un comportamiento tipico del ser humano moderno - en eso precisamente consiste ser moderno. Nietzsche lo llamò espiritu de venganza. O sea, no constituye un comportamiento extrano buscar las causas de lo que nos ocurre para castigar y corregir.
Me pregunto, por otra parte, con cuàntas oportunidades de experimentar impotencia nos podemos encontrar en el mundo de hoy? Me parece a mi que, mientras el juego social con sentido que debemos jugar sea esencialmente uno solo - conseguir el èxito compitiendo con otros - el mundo estarà permanentemente lleno de perdedores; por definiciòn. Si la ausencia de éxito se hace repetitiva y habitual, y se experimenta la impotencia como algo permanente, nada màs disponible a la mano que declarar como causa de ésta la injusticia intrinseca del juego y la manera en que lo juegan los demàs competidores.
Podemos inventar un "yo" o un "nosotros" tratados injustamente, pero en cualquier caso el reloj del posible castigo ya comienza a caminar.



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