Los dirigentes de Chile Primero decidieron no hacer un pacto electoral municipal con La Alianza, a pesar del apoyo que, a cambio de éste, ésta había ofrecido dar a Jorge Schaulsohn a la alcaldía de Santiago. En cambio, se reservaron el derecho de apoyar individualmente a candidatos pertenecientes a ambos pactos.
Me parece bien y me alegro.
¿Qué me pasa con La Alianza?
Para empezar, debo decir que me costaría apoyar a algunos de sus candidatos, simplemente por cuestiones de historia. Me costaría pero puedo; no estoy comprometido ciegamente con el pasado. Puedo interpretar el apoyo que dieron al golpe, o pronunciamiento, de Pinochet y a su gobierno como actos de otros tiempos -¡hace más de 30 años de algunos de ellos! - que no pueden entenderse sino que como hechos pertenecientes a contextos ya pretéritos. Me gustaría, por supuesto, que algunos aliancistas hicieran un reconocimiento más honesto de los crímenes que fueron cometidos por ese gobierno, ya de todos conocidos, y que pidieran derechamente perdón a Chile por ellos. Pero entiendo que no lo hagan y se refugien en una pretendida ignorancia personal en la que me cuesta creer. Me parece que no debo pedirle más a ellos que lo que me pido a mi mismo, si no ¿cómo me perdono mis propias creencias y acciones históricamente pasadas? Que otro lance la primera piedra.
Lo que me complica realmente de La Alianza es otra cosa, es su ideologismo. Encuentro que La Alianza está presa de neoliberalismo - o sea, liberalismo centrado en las llamadas libertades económicas - y que una parte significativa de ella está presa de un integrismo católico que parece calzar bien con esa variedad de pensamiento liberal. Y si buenas y necesarias considero que son las ideas, peligrosamente negativas por enceguecedoras considero que son las ideologías.
Si bien considero que los mercados constituyen una gran institución para organizar la producción, logística y comercialización de productos y recursos, y articular la libertad empresarial y la libertad de elegir, estoy seguro que no se les puede pedir que, por si mismos, hagan sugir un proyecto productivo nacional que nos proyecte a los chilenos como gente valiosa en el mundo. No me parece que los mercados sirvan mucho para producir por si mismos emprendimiento e innovación. Tampoco veo posible crear una infraestructura tecnológica o educacional en Chile que sea de calidad global apostando a que ella va a surgir como resultado de la pura libertad económica. En cuanto al integrismo católico, debo decir que no lo puedo concebir como base de una ética compartida por todos en Chile y, menos aún en el mundo global; lo cual considero lamentable y doloroso, ya que aprecio el valor fundamental del cristianismo hoy como guía para orientarnos en los acuciantes desafíos que el nuevo mundo abre para la acción humana, y lo solos que podemos quedarnos en esto los individuos.
En mi opinón, el neoliberalismo posee una mirada empobrecedora de todos los comportamientos humanos que no sean simples actos de intercambio o de elección de alternativas más o menos establecidas. El integrismo, por su parte, esquematiza las posibilidades de angustia y los dilema éticos que afectan a los seres humanos en el mundo presente, lleno de nuevas opciones.
En general, las ideologías substituyen el mundo por dibujos esquemáticos del mundo. Constituyen sistemas más o menos cerrados y autocontenidos que encierran en si mismos todo aquello de lo que pueden preocuparse. Una ideología no puede preocuparse de nada externo a ella, porque precisamente se tiene por completa, o sea, piensa que no deja nada afuera. Esta es la típica ilusión ideológica que constituye el centro causal de su conversión en máquinas de producir ceguera. Por eso, Chile no puede ser puesto en el foco de las preocupaciones de los ideólogos de la alianza, ni de otros cualquiera. El Chile concreto, multidimensional, lleno de personas diversas y dueño de variopintas identidades en el mundo, siempre va a superar las interpretaciones esquemáticas que tiene obligadamente en el discurso de cualquier ideología.
Quizás es este ideologismo, neoliberal y en parte integrista de la Alianza, y en parte neoliberal y en parte socialdemócrata de La Concertación, lo que mantiene a medio Chile -por lo menos - alérgico a los políticos y sus discursos.



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Mario,
Me siento representado por tu artículo. Adhiero totalmente!
saludos, Vlado.
Salud! y bueno escucharte Vlado!!
Un abrazo