Cuando se inventó la escritura -unas hendidudas que se hacían con un trozo de madera afilado en tabletas de greda húmedas que después se dejaban secar al sol - los días de los hábiles nemotécnicos que recordaban de memoria textos de sabiduría, manuales de conocimientos prácticos, poemas de épicas populares, y simplemente cuántas cosas estaban almacenadas en las bodegas reales, estaban contados. Seguramente habían nemotécnicos de mejor y peor calidad, pero todos estaban de salida, históricamente hablando. Seguramente muchos de ellos reclamaron que el verdadero saber en el mundo se estaba acabando y era sustituido por una operaciones manuales con tabletas de barro. Efectivamente ya nadie sabía de memoria nada, todo se había grabado en tabletas que se guardaban como cosas en bodegas. Al poco tiempo, sin embargo, el carácter operacional de estas operaciones pareció desaparecer y escribir quedó como sinónimo de saber guardar discursos y conocimientos. Hasta hoy. Cuando se inventó el sistema de registro numérico digital, incluído un signo para el cero, los expertos aritméticos del momento, que sabían el sistema de notación romano basado en letras, tenían sus días contados. En este sistema, una gran cantidad de reglas debían ser recordadas de memoria y los matemáticos eran habilidosos memoriones. Y seguramente había todo tipo de estándares de calidad para medir y comparar estas habilidades. En el nuevo sistema, se operaba con registros en un papel o papiro y la aritmética era cuestión de operar nítidamente con ellos: el nuevo sistema de registros parecia funcionar por si mismo. Muchos de los expertos seguramente pensaron que el verdadero conocimiento matemático se estaba acabando en el mundo; ahora era solamente cuestión de operar con unos pocos registros. Sin embargo, al poco tiempo el carácter operacional de estas operaciones pareció desaparecer y saber aritmética se consideró equivalente a usar adecuadamente estos registros, hasta el día de hoy.
Cuando se inventó la imprenta, los expertos que sabían leer tenían sus días contados. Tomó un tiempo pero así fue. Seguramente habían distintos estándares de calidad en esto de leer y de aprender a leer, pero el tiempo histórico se había acabado para todo eso. Es seguro que muchos de los expertos deben haber pensado que el verdadero conocimiento se evaporaba del mundo, ahora que cualquiera sin preparación alguna podía creer que tenía acceso a las fuentes de conocimiento simplemente operando adecuadamente con estas cajas de cartón y papel llamadas libros. El saber real, que proviene de compartir conversaciones y dejarse enseñar por los maestros depositarios del saber real se cambiaba por esta operación trivial. Pero a poco andar, el carácter operacional de esta operación pareció desaparecer y leer quedó como sinónimo de saber acceder al conocimiento y la información. Hasta el día de hoy.
Se ha abierto en el mundo una nueva era de procesadores y herramientas de telecomunicación cada vez más baratos que se ponen aceleradamente al alcance de todos. Operar estos procesadores permite hacer aritmética, algebra y cálculo -que hoy toman decenas de años de aprender, con fuertes componentes de memorización de algoritmos y reglas. Ciertamente estamos llenos de estándares de calidad para medir y comparar estos saberes. Todo esto va de salida, aunque muchos expertos del presente reclamen que así el saber matemático se evaporará del mundo ya que el verdadero saber matemático no tiene nada que ver con efectuar operaciones con máquinas. Y si observamos lo que se hace operando procesadores, buscadores y links en la red global, vemos que está cambiando históricamente la manera en que se guardan discursos y conocimientos, y la manera de acceder a los discursos y los conocimientos. Hasta el momento estamos llenos de expertos en lectura y escritura que saben de ortografía y gramática, y demoran en enseñar estos saberes decenas de años llenos de memorización de reglas, al mismo tiempo que operamos procesadores que vigilan las reglas de la gramática y la ortografía. Ya hay traductores bastante funcionales. Ya hay procesadores que traducen aceptablemente nuestra voz a texto. Se escucha ya el reclamo que operar en la red está terminando con el verdaero saber que consiste en leer y escribir correctamente, y hay gran vocerío y queja porque los estándares de calidad de estos conocimientos están muy bajos.



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