Disparo una pistola. Observo dónde dió la bala. Pongo ahí un blanco y declaro que apunté a ese lugar.
Así no puedo equivocarme. Así yo no fallo nunca. Siempre estoy yo en lo correcto. Así, yo tengo razón.
Este truco -parece tonto pero el Endemoniado de Chillán sabe que, de hecho, constituye una costumbre muy extendida y habitual, cuando menos entre los habitantes de este lugar- recibe como nombre racionalización. Yo racionalizo lo que hago y nunca me sale nada mal ni me equivoco.
Al racionalizar invierto el sentido del tiempo. Si la acción puede ser descrita como un fluir en el tiempo -apuntar, disparar, impactar en el blanco-, la racionalizo llevando al futuro el apuntar, que debería estar en el pasado. Y remito al pasado el impactar en el blanco, que debería estar en el futuro. Con esta inversión del tiempo siempre me las arreglo para tener la razón porque me asiste la facticidad del pasado: una vez que es un hecho inamovible que la bala dió en tal lugar, pongo ahí el blanco.
De esta manera, mediante esta práctica, ha visto el Endemoniado que muchas personas inventan un yo lleno de certidumbre, un yo que no conoce el error ni la equivocación. Un yo que se estima altamente a si mismo. Anímicamente satisfecho y tranquilizado.
Los problemas comienzan cuando deben hacer promesas. (Dice con acidez el Endemoniado: y tarde o temprano la mayor parte de nosotros tenemos que hacer alguna promesa). Al prometer le pasamos el blanco a la otra parte, a la parte que recibe nuestra promesa. Ella no estará dispuesta a poner el blanco en el lugar donde nuestro proyectil finalmente impacte; sabe muy bien lo que espera y le fue prometido. Quien recibió la promesa -en el pasado- y está interesada en su cumplimiento -en el futuro- no aceptará invertir el sentido de este tiempo cuando el futuro prometido llegue.
Así que lo normal será que me vea enfrentado a situaciones en las cuales no logro cumplir bien lo que prometo, las cosas no me salen bien, cometo errores y me equivoco, no produzco resultados satisfactorios. Y así adquiere la relevancia de lo normal el post anterior en este blog, al cual remite El Endemoniado.
(El poseso chillanejo quiere sacar una conclusión que considera necesaria. En un mundo en el que no existen las promesas o bien éstas se mantienen en un segundo plano, es habitual encontrarse con estos yo arrogantes, incapaces de equivocarse, siempre correctos, con autoestima alta y refractaria, básicamente satisfechos y tranquilizados. ¿Lugares? Burocracias públicas y privadas en las cuales el pago de fin de mes está asegurado, mundos donde el poder del cliente no existe o resulta minimizado, entre los que saben cuando lidian con los que no saben, cualquier lugar poblado mayoritariamente por necesitados de poder. O sea, cuando el juego de dar explicaciones ex-post facto pueda ser jugado con impunidad).



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Mario
!Que bueno!
por qué??
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