Nos gusta controlar nuestros cursos de acción. Acostumbramos a hacerlo. Nos gusta asegurarnos de lo que va a ocurrir a partir de nuestras acciones. Creemos que esta es la manera racional de actuar: asegurar el futuro en el presente.Pero hay algo en esta pretensión que se derrota a si misma. Consideremos nuestras acciones más significativas: nuestras acciones comunicativas, nuestrs prácticas de comunicarnos. Casi todo lo que hacemos ocurre mediante estas acciones, es muy poco o muy trivial y poco importante aquello que podemos hacer por nosotros mismos, individualmente considerados. Lo más relevante lo hacemos comunicándonos con otros seres humanos y consiguiendo de alguna manera su colaboración. Podemos decir que conseguimos hacer aquello que conseguimos comunicar.
Ahora bien, una acción comunicativa no es tanto algo que nosotros hacemos cuanto algo que es escuchado por los demás. Hacemos un chiste, nadie se rie; quizás alguien se ofende. Saludamos y alguien estima que es un acto demasiado familiar; otro que es muy formal, otro piensa que en esta situación un saludo no es necesario. Hacemos un pedido y alguien piensa que es un acto demasiado frontal, que lo correcto hubiera sido hacer una sugerencia. Anunciamos que tenemos la intención de hacer algo y varios escuchan que prometimos hacerlo. Decimos que no y alguien escucha que queremos que insistan. Etc. Un chiste, un saludo, un pedido, un anuncio y un no no son actos que yo hago, son actos que quienes me oyen interpretan que yo hice. Y así como yo hago lo que hago, quienes me oyen escuchan lo que escuchan. Y que la comunicación me sirva, que con ella consiga que ocurra lo que quiero, dependerá de lo que interpretan quienes me oyen.
Porque no podemos controlar a otros seres humanos y las interpretaciones que ellos hacen, no podemos controlar nuestras acciones comunicativas. Por eso, tener habilidades comunicativas consiste principalmente en interpretar como somos interpretados, en escuchar como nos escuchan. Y, aunque no podemos controlar nuestras acciones comunicativas, si somos responsables de ellas, porque debemos considerarnos responsables de cómo somos escuchados.
Ahora bien, una acción comunicativa no es tanto algo que nosotros hacemos cuanto algo que es escuchado por los demás. Hacemos un chiste, nadie se rie; quizás alguien se ofende. Saludamos y alguien estima que es un acto demasiado familiar; otro que es muy formal, otro piensa que en esta situación un saludo no es necesario. Hacemos un pedido y alguien piensa que es un acto demasiado frontal, que lo correcto hubiera sido hacer una sugerencia. Anunciamos que tenemos la intención de hacer algo y varios escuchan que prometimos hacerlo. Decimos que no y alguien escucha que queremos que insistan. Etc. Un chiste, un saludo, un pedido, un anuncio y un no no son actos que yo hago, son actos que quienes me oyen interpretan que yo hice. Y así como yo hago lo que hago, quienes me oyen escuchan lo que escuchan. Y que la comunicación me sirva, que con ella consiga que ocurra lo que quiero, dependerá de lo que interpretan quienes me oyen.
Porque no podemos controlar a otros seres humanos y las interpretaciones que ellos hacen, no podemos controlar nuestras acciones comunicativas. Por eso, tener habilidades comunicativas consiste principalmente en interpretar como somos interpretados, en escuchar como nos escuchan. Y, aunque no podemos controlar nuestras acciones comunicativas, si somos responsables de ellas, porque debemos considerarnos responsables de cómo somos escuchados.



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