New York Times photo.
Un fenómeno cada vez más extendido es tratado con lucidez en una columna en el New York Times. Este es la asimetría entre el conocimiento científico cada vez más completo que disponen los médicos para diagnosticar problemas de salud y establecer tratamientos, y el escepticismo que no se deja impresionar de los pacientes. Hay un problema de comunicación aquí que es el resultado de la falta de sintonía de los médicos, seguros de si mismos y de la validez de su creciente conocimiento sobre los seres humanos y su salud, y los pacientes que sienten en cada caso que son individualidades con situaciones intransferibles y se muestran descreidos de soluciones que los tratan como expresiones de casos generales. El viejo y sabio adagio que dice que no existen las enfermedades sino que solamente existen pacientes, mantiene su vigencia a pesar de las verdades universales que parece acumular la ciencia. .
Esto obviamente produce una deconfianza con el médico que desvaloriza enormemente lo que esta profesión significa para los pacientes y angustia irreparablemente a éstos últimos- o sea, a todos nosotros en su debido momento. Atribuye la columna aludida este serio hiato comunicacional entre el médico y los pacientes a la tendencia del profesional experto a olvidar que todo su conocimiento es probabilístico, basado en "verdades" que son válidas para agregados estadísticos masivos - los pacientes que pertenecen a la clase carcaterizada por tal y cual conjunto de atributos - mientras que el paciente siempre es un caso particular, que se siente individual que, además, siempre conoce casos particulares que demienten las generalizaciones del médico. El experto tiende a confiar demasiado en una mirada "desde lo alto" que observa a los individuos como instancias definidas por su pertenencia a grupos sociales o categorías masivas. De allí el escepticismo y la desconfianza.
Asi, el peligro de tanto avance científico es que el médico se pone ciego a los casos individuales y cree que "sabe mejor" lo que el paciente individual necesita, tratando las dudas de éste como caprichos provenientes de la ingnorancia. Solamente a través de una escucha individual a los pacientes puede asegurarse que las ciencias de la salud produzcan valor médico a éstos. En esto la medicina no es un caso excepcional: todas las disciplinas expertas que confían ciegamente en sus propias soluciones moviéndose con sus "clientes" desde la superioridad de su conocimiento científico corren el mismo riesgo: perder confiabilidad.



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