Un hermoso libro, A People's History of Science de C. D. Conner, nos muestra claros ejemplos históricos de revoluciones tecnológicas que han conducido a transformaciones disruptivas en los estilos educacionales. Uno de los que más me llamó la atención se refiere a las tradiciones de navegación de los primeros habitantes de las islas del Pacífico.
Nos hemos acostumbrado a considerar a Hernando de Magallanes como uno de los exploradores más notables de todos las épocas, y su primera circunnavegación del globo como uno de los viajes más valerosos que se tenga memoria. ¿Qué decir entonces de los navegantes que poblaron las islas de Pacífico - desde Nueva Zelanda por el sur hasta Hawaii por le norte, y desde las Hébrides por el oeste hasta Pascua por el este? Redescubrir este universo tomó a los occidentales más de un siglo de continuas exploraciones. Sin embargo, miles de años antes estas islas habían sido pobladas, y entre la mayor parte de ellas existía un nutrido tráfico marítimo de larga data.
¿Cómo se orientaban los navegantes en estas enormes extensiones de aguas vacías de toda seña terrestre? Habían desarrollado precisas y exigentes prácticas de navegación basadas en una verdadera "brújula sideral". Esta consistía en un detallado conocimiento de las posiciones relativas de centenares de estrellas y de los lugares donde se ocultaban tras el horizonte al atardecer en distintas épocas del año. Este era un verdadero y preciso mapa sideral que era complementado por distinciones de corrientes oceánicas a las cuales el navegante podía recurrir durante el día cuando las estrellas se encuentran ocultas. Los navegantes se sometían a un riguroso proceso de educación para adquirir estas habilidades, proceso que duraba una vida entera. En ausencia de escritura, esto requería el desarrollo de habilidades mnemotécnicas sobre posiciones estelares y tipos de corrientes marinas que sobrepasa nuestra imaginación.
Cuando llegaron los europeos a estos mares ellos traían la brújula magnética - mientras no fue inventada, estos navegantes no osaron alejarse demasiado de las costas europeas y asiáticas. Este instrumento era una simplísima plataforma para sostener prácticas de direccionamiento en el océano. Al indicar establemente el norte magnético, permitía establecer direcciones de viaje a cualquiera que supiera leer una simple aguja en un cuadrante de direcciones cardinales. Las viejas y elaboradas habilidades de navegación basadas esencialmente en entrenadas capacidades de memoria y observación cayeron rápidamente en desuso y fueron sustituidas por estas habilidades elementales al alcance de todos. Navegar ahora requería solamente manejar la brújula magnética.
Este relato histórico me lleva a no poder evitar pensar en la manera como seguimos enseñando matemáticas a nuestros niños y jóvenes, basándonos principalmente en la memorización de procedimientos y algoritmos de cálculo (sumar, restar, multiplicar, dividir, derivar e integrar funciones etc). ¿Sigue siendo esto algo necesario y razonable? ¿Cuanto tiempo - años -invertimos aprendiendo esto?¿No habrá llegado el momento de enseñar el lado operacional de las matemáticas simplemente enseñando a operar máquinas de calcular? Esta historia de la brújula y la educación para navegar le da más fuerza a lo que ya señalaba en un post anterior sobre las nuevas tecnologías y la educación de hoy.



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