El provincianismo nos hace ciegos, dificultando nuestra capacidad de escuchar, decía en un blog anterior. El provincianismo es algo al acecho de todos nosotros, puesto que proviene simplemente de habituarnos a nuestro propio mundo de prácticas cotidianas de manera rígida; y lo cotidiano y recurrente es una parte muy importante de lo que hacemos, para la mayor parte de las personas.
El provincianismo nos lleva a no notar las diferencias con el mundo de otras personas, las diferencias con las que otras personas perciben y tratan a las cosas en su mundo. Y no nos damos cuenta que no nos damos cuenta de esas diferencias: en cierto sentido no vemos nada desconocido, todo lo vemos igual desde nuestro mundo local. En vez de sorprendernos con lo que no logramos entender de otros mundos, nada tiene la capacidad de sorprendernos porque hemos borrado, sin darnos cuenta, toda diferencia. El sushi nos parece un tipo particular de cebiche, un blog es una página web más, una caricatura es siempre una broma, aunque sea de alguien reverenciado por otros, etc. Nos parece que toda diferencia es solamente cuestión de grado, y le damos la razón a nuestro provincianismo comparándonos numéricamente con nuestros vecinos.
Este mismo provincianismo, sin embargo, no puede finalmente interpretarlo todo como algo ya conocido y familiar. Tarde o temprano encuentra cosas en el mundo que no le resultan familiares ni comprensibles. Entonces tiende a sorprenderse de manera negativa. Sólo puede mantener el sentido de familiaridad convirtiendo de una vez por todas lo desconocido en algo malo, demoniza lo que no logra hacer caber en su mundo local. Conductas sexuales no habituales localmente son consideradas perversas, formas colectivas de intervención en lo económico son consideradas desviaciones perversas del pensamiento local neoliberal, hábitos culinarios no convertibles en lago familiar son considerados repulsivos, comportamientos sociales sorprendentes en falta de distinción y mala educación, prácticas religiosas distintas en manifestaciones de nuestro demonio, etc.
Cuando mundos enteros distintos se enfrentan, este provincianismo se hace manifiesto en toda su trágica incapacidad de escuchar. Pensemos en el poblamiento europeo de América y hoy en los choques de Estados Unidos con el mundo musulmán.
En curiosos personajes nos convierte el provincianismo: caminamos por el mundo con una falsa y aburrida seguridad en nosotros mismos derivada de nuestra insensibilidad para notar lo nuevo y lo distinto, al mismo tiempo que moralizamos sin sufrir bochorno como si todo el mundo fuera nuestro. ¿Quién va a pescar a alguien así? Ese es el peligro que representa el provincianismo. Pero si es el provincianismo quien tiene poder, entonces este es muy peligroso.



Este sitio funciona sobre la
Comentarios recientes
hace una semana
hace 3 semanas
hace 1 mes
hace 1 mes
hace 1 mes
hace 1 mes
hace 2 meses
hace 2 meses
hace 2 meses
hace 2 meses