Mario Valdivia

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Agradezco este valioso libro, desprovisto de fervor religioso, sobre religión y ateismo.

Andre Comte-Sponville, "El pequeño libro de spiritualidad atea"

 

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Valores, valores, valores.

Enviado por Mario Valdivia el 11/01/2006 a las 15:28
Mario Valdivia

El endemoniado de Chillán viene observando hace algún tiempo que se habla mucho de los valores que cada uno de nosotros tiene, como una manera de definir quienes somos y distinguirnos de otros que, aparentemente, tienen otros valores. Y cada uno trata de mostrar su valores en una luz más virtuosa que los valores que, dice, tienen otros.

También observa que nadie declara valores negativos. Aún los tipos más delincuentes y socialmente peligrosos, declaran guiarse por valores dignos de santos o de ciudadanos virtuosos. Algo no huele bien, piensa el de Chillán.

Partamos por lo simple, propone. Si alguien dice que tiene un título universitario, es fácil demostrar si es verdadero o falso lo que dice de si mismo. Si alguien dice que tiene una cierta edad, es fácil saber qué debemos hacer para saber si es verdadero o falso lo que dice de si mismo. Pero, si alguien dice que tiene valores humanistas, o progresistas, o cristianos, o laicos, ¿qué debemos hacer para verificar si lo que dice es verdadero? ¿Podemos verificar esto de alguna manera? El endemoniado cree que no hay manera posible de hacerlo. Tampoco se puede demostrar lo contrario, piensa. ¿Cómo se puede demostrar que mis valores NO son humanistas, o cristianos, o progresistas etc? Parece que atribuirme valores que parezcan hermosos no tiene ningún costo: nadie puede demostrar lo contrario.

Recordó entonces lo que ya había descubierto sobre el chamullo. Chamullar es hablar cualquier cosa sin ninguna preocupación por decir la verdad o no decirla, por decir algo verdadero o algo falso. Hablar de los hermosos valores que tenemos es chamullar. Pensó el endemoniado: sólo gente tan educadamente hipócrita como nosotros los chilenos podemos hablar tanto de nuestros valores. La próxima vez que escuche a alguien hablando bellamente de sus valores tendré cuidado, concluyó.

( El hambriento, que de cerca lo escuchaba, quedó sumido en una profunda perplejidad)

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