El miedo, el aburrimiento y el desaliento son tres disposiciones emocionales - las que hemos identificado más claramente - que nos impiden aprender. ¿Qué tienen en común?
Las tres nos llevan a enfrentar el presente como una situación sin esperanzas. Al introducirnos en una situación de aprendizaje, entramos en el callejón sin salida de un fracaso seguro, del des-interés irreparable, de la imposibilidad de cambiar quienes somos.
Desde la impotencia presente, cada una de las tres nos enfrenta al futuro como una expectativa que se aproxima, como una espera. El miedo a (no poder) aprender abre el futuro de la situación de aprendizaje como la espera de un fracaso. El aburrimiento abre el futuro de la situación de aprendizaje como la expectativa del peso de un tiempo que transcurre lentamente, sin interés. El desaliento resignado con quienes somos abre el futuro de la situación de aprendizaje como la espera de que, a pesar de aprender, se mantenga fijo el ser que somos y la imposibilidad de cambiarlo.
Al mismo tiempo que el presente es impotencia y el futuro expectativa negativa, las tres nos hacen olvidar el pasado. El miedo a (no poder) aprender olvida las situaciones de aprendizajes pasadas en las cuales inhabilidades o descuidos pedagógicos se convirtieron en una explicación fatalista del tipo "yo no puedo aprender". El aburrimiento, olvida el momento en que nosotros declaramos los intereses y preocupaciones que nos mueven, y que, cualquiera sea la situación en que participemos, siempre podemos hacerlo de nuevo. La resignación desolada con quienes somos olvida el momento en que nos creimos nuestros juicios de valor negativos sobre nosotros mismos como si fueran afirmaciones verdaderas, hechos ciertos.
Lidiar con estas disposiciones negativas para aprender exige lidiar simultáneamente con esta estructura de temporalidad, llevando al alumno a apropiarse de una nueva:
(1) Permitirle articular una buena interpretación del pasado en el cual esas disposiciones fueron poseyéndolo y atrapándolo en una interpretación "causal" . Así tendrá a su disposición un permanente recordatorio del pasado.
(2) Permitirle adquirir una capacidad para observar con rigor su aprendizaje futuro, en un caso. En el otro, para observar cambios que se producirán en quienes interpretamos que somos. En el caso del aburrimiento, para observar la creación de nuevos intereses a partir de sus intereses actuales, cualquiera ellos sean. Así tendrá a su disposición un permanente observatorio de las nuevas posibilidades que abrirá en su futuro.
(3) Someter al alumno a prácticas simples de aprendizaje, en las cuales paso a paso, desde lo más elemental, pueda observar éxitos en ellas y pueda ir construyendo la posibilidad fundada de salir de su impotencia. Aprender y observar su aprendizaje, y transformar su temporalidad pasada observando esta transformación, serían momentos esenciales de una pedagogía productiva y transformadora.



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