Aburrirse parece consistir en encontrarnos en situaciones en las que nada nos interesa, situaciones marcadas por el des-interés. P. ej., nos encontramos en una estación de ferrocarril a la espera de un tren atrasado. No hay nada que nos interese, nada que nos lleve a actuar, ¡no encontramos nada que hacer! Solamente nos queda esperar que el tiempo pase y puedan llegar las situaciones agendadas en el futuro que si non interesan. Tal vez nuestras tareas habituales, o alguna situación particular que nos preocupa y que no vemos cómo hacer -en la sala de espera del ferrocarril - para que llegue. O quizás vamos a un compromiso social por obligación, nadie nos interesa, las conversaciones en las que intentamos participar nos aburren: nada de estas personas nos interesa. No encontramos nada que hacer con ellas, solo nos queda esperar que todo termine pronto para regresar a situaciones que si nos interesan. En el intertanto, nos invade el desasosiego, ansiosamente buscamos - sin encontrar - salida alguna al aburrimiento, el tiempo se alarga y nos llenamos de impaciencia.
Aburrirse en una situación de aprendizaje impide aprender. El des-interés cierra todas las posibilidades de aprender. Lo primero para permitir el aprendizaje es hacer relevante las posibilidades de aprender al aprendiz. Éste necesita percibir por qué aprender puede ser algo que le interese, que le ayude con sus preocupaciones. Mientras más claramente se conecte lo que se aprende con las preocupaciones del estudiante, mejor. Quizás si lo más adecuado es interpretar la enseñanza como una promesa hecha al estudiante, promesa en la que nos comprometemos a que el estudiante aprenderá a lidiar de nuevas maneras con algunas de sus preocupaciones, cuando menos que se le abrirán nuevas posibilidades de interpretarlas, y por ende, puede cuando menos imaginar nuevas maneras de hacerse cargo de ellas. Nuestras prácticas pedagógicas son bien malas en esto, basándose más bien en la pura autoridad de los profesores: ¡hay que aprender esto porque el profesor o los programas lo exigen!
Lo mismo vale si somos nosotros quienes queremos aprender. Debemos despertar nuestro interés por lo que aprendemos, declarando las preocupaciones que nos comprometemos a aprender a cuidar mejor como propósito central del aprendizaje.



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