Por experiencia propia, el miedo a no (poder) aprender se nos aparece a todos como una fuerza destructiva de la posibilidad de aprender. Para mirar el miedo desde otros ángulos, tal vez más amplios, recomiendo algunos posts anteriores en este blog.
¿Qué otras emociones fuera del miedo nos cierran las posibilidades de aprender? Quiero destacar la emoción de aburrimiento. Nos aburre el mundo, los seres humanos con los que interactuamos, las situaciones que compartimos con otros, nos aburrimos de nosotros mismos si no tenemos algo interesante o entretenido que hacer. Normalmente diremos que nos aburren las situaciones que se repiten, en las que no hay nada nuevo, o en las que no veo qué tienen que ver con mi vida y con las preocupaciones que realmente me conciernen. No les veo más sentido que esperar a que pasen.
Los jóvenes se aburren en las clases del colegio y de la universidad: dicen que no ven qué relevancia puede tener lo que tienen que aprender para su vida concreta. Enfrentan problemas con la autoridad paterna y nadie habla de eso, enfrentan el reto de ser personas originales y cool en sus grupos sociales y nadie enseña eso, mucho de lo que reciben como enseñanza lo encuentran mejor en la internet, no ven para qué deben aprender fórmulas y procedimientos matemáticos cuando las económicas caluladoras de bolsillo hacen todo eso automáticamente sin errores, etc.
Nos aburrimos cuando enfrentamos situaciones en las que no encontramos nada que hacer. La vida parece interrumpir su curso de actividades en las que nos encontramos ocupados cuidando de nuestras preocupaciones y llevando adelante nuestros proyectos y nos enfrenta a situaciones donde no hay nada que hacer, salvo esperar a que pase el tiempo y podamos recuperar el curso de nuestras ocupaciones habituales. Si nos aburre una situación de aprendizaje con seguridad no aprenderemos porque no engancharemos con las prácticas que el aprendizaje requiere. Así, no hacemos las tareas porque nos aburren; buscamos la manera de evitar las situaciones de aprendizaje porque nos aburren; etc.
Posiblemente el aburrimiento es una forma de no apropiación de nuestra vida. En las situaciones en que nos aburrimos, no hacemos propias las posibilidades de aprender, enfrentamos las situaciones de aprendizaje porque se supone que debemos hacerlo, porque es lo que corresponde hacer, pero no logramos hacer de esas situaciones algo auténticamente propio. Esta emoción consiste en una suerte de desapego que obviamente nos impide aprender.



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