El viernes pasado estuve todo el día trabajando para el Centro de Emprendimiento de la Universidad de Tarapacá. Entrenamos un equipo de egresados recientes en rediseño de procesos de negocio. Conversamos sobre las dificultades para aprender y sobre qué nos hace ser malos o buenos aprendedores. ¿Por qué algunas personas aprender con rapidez y otras no? ¿Qué pasa con aprender que para muchos jóvenes - y adultos - ir al colegio y participar en programas de aprendizaje es tan poco motivante? Quienes tenemos hijos en el colegio, sabemos lo traumática que puede ser la experiencia de aprendizaje para ellos.
Pusimos el foco en las emociones que nos acompañan en el aprendizaje y destacamos una de ellas: el temor. Dos temores: temor a exhibir nuestras incompetencias y nuestra ignorancia ante otros; temor a no poder aprender, a no poder comprender bien, temor a ser lerdos. Con este tipo de predisposición emocional, el apendizaje se constituye en una experiencia pesada, negativa, atemorizante. Con esta interpretación es muy difícil ser un aprendedor hábil: más que dedicarnos a aprender estaremos dedicados a ocultar lo que no sabemos y a "lucir bien" con nuestras compañeros y profesores. Así, ¿quién aprende? Invito a los que se interesen en el fenómeno del aprendizaje a comentar este post comunicando sus interpretaciones y experiencias de por qué tenemos estos miedos y de dónde vienen, y también de qué otras emociones reconocen como negativas para aprender.



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