Pregunta: hemos visto que escuchar depende de la familiaridad que tengamos con el mundo en que se mueven quienes queremos escuchar. Pero, ¿no hay que tener también un cierto estado de ánimo? ¿No hay ánimos buenos para escuchar y ánimos malos?
Respuesta: regresemos al inicio: escuchar consiste en permitir que algo nos sea dicho. O sea, tenemos que ponernos en un estado de ánimo de "permitir", de "dejar" , de "apertura a"...que algo nos sea dicho. Pero, ¿por qué hay que permitir que algo nos sea dicho y no basta con oir lo que oimos? ¿Qué clase de sordera tenemos que debemos dejar que algo se nos diga y no nos basta con oir lo que nos dicen? ¿Tenemos algún tipo de porfía que nos lleva a no permitir?
Imaginemos que estamos comenzando a caminar por las calles de una ciudad desconocida en un país desconocido. Normalmente vamos a estar llenos de conversaciones en las que reconocemos y evaluamos lo que vemos - las calzadas y las veredas, las edificaciones de habitación y las de negocio, los mercados y los edificios públicos, quizás nos decimos que la ciudad es sucia o limpia, ordenada o desordenada, serena o acelerada, pacífica o agresiva, ruidosa o silenciosa, su comida es apetitosa o repulsiva etc. Si no observo estas conversaciones en las que oigo lo que yo me digo, no podré permitir que la ciudad me diga mucho del mundo que habita su gente y de las preocupaciones que la afanan. ¿Cómo usan calzads y veredas?, ¿diferencian - y cómo - negocios de habitaciones?, ¿qué estándares de higiene y agresividad tienen?, ¿cuáles son las preocupaciones que realmente la acucian, más allá de la higiene o el orden -que al parecer si me importan a mi?
Así que la porfía no es tal, consiste simplemente en nuestros hábitos de oir, hábitos que provienen de nuestro habitar familiarmente en el mundo que vivimos. ¿Cómo se manifiestan estos hábitos de oir?: en oir nuestras propias conversaciones, en oirnos a nosotros mismos. Ponernos en una disposicón de apertura, significa silenciar las conversaciones en las nos oimos a nosotros mismos repitiendo nuestra manera de reconocer (y desconocer) y evaluar (positiva y negativamente) el mundo. Esto quiere decir que, antes que nada, debemos escuchar nuestras propias conversaciones como única posibilidad de dejarlas pasar y permitir que otras conversaciones nos digan algo. (Importante el conócete a ti mismo socrático)
O sea, por una parte, escuchar es posible gracias a la familiaridad que compartimos. La ciudad desconocida tiene que tener algo familiar para nosotros, so pena de no poder reconocer nada en ella. Pero,por otra parte, escuchar no es posible si rigidizamos nuestra familiaridad. En tal caso, lo que ya nos estamos oyendo a nosotros mismos no permite que algo distinto nos sea dicho. Y ambos momentos son igualmente primordiales porque normalmente no nos encontramos con clones ni con extraterrestres.



Este sitio funciona sobre la
Comentarios recientes
hace 4 días
hace 5 días
hace 6 días
hace una semana
hace una semana
hace una semana
hace una semana
hace una semana
hace una semana
hace una semana