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Entre el neoliberalismo y la socialdemocracia

Enviado por Mario Valdivia el 20/12/2007 a las 12:38
Mario Valdivia

La política chilena - si es algo más que una pura práctica de espadachines sinTsunami.jpg más norte que su propia sed de poder - está definida por las tensiones subterráneas del neoliberalismo (que campea en la Alianza y en estratos horizontales de la Concertaión) y la socialdemocracia (en la Concertación).Ver AQUÍ en est blog.

Ambas corrientes tienen mucho en común; quizás lo principal, es el hecho que viven en el horizonte de tiempo del presente. El neoliberalismo persigue exclusivamente crear condiciones para que se desarrollen mercados aquí y allá, en todas partes, y que esos mercados se hagan cargo de producir el futuro que sea - en cualquier caso estará bien si lo hace el mercado y debemos esperar lo mejor. La socialdemocracia persigue exclusivamente crear leyes y regulaciones que repartan mejor la torta presente, corrijan discriminaciones presentes aquí y allá, en todas partes aumentar la inclusividad de los juegos y de sus resultados - asi las cosas serán más justas.

En ambos casos, nos quedamos frente al futuro a la expectativa. A la espera que los mercados mejoren las cosas, hagan crecer la economía, hagan operar su magia y florezca la perfección eficiente; a la espera que las regulaciones y las correcciones traigan una mejor distribución del ingreso y una mayor cohesión o estabilidad social. Ojalá rápidamente. Ojalá

Tal vez esta inmersión en el horizonte del tiempo presente provenga de que ambos discursos hunden sus raices en el siglo XIX. Y en ese siglo - y en el XX - el mundo era más estable en todo sentido que hoy, y entonces el futuro era más predecible y más controlable desde el presente. La socialdemocracia y el liberalismo podían saber y asegurar qué mundo futuro estaban inventando en el presente. No hoy. Hoy, el mundo es menos estable y está sometido a olas avasalladoras de cambios históricos inéditos y disruptivos. Y muy rápido. No hay manera hoy de inventar un futuro sin apostar por un futuro.

Quizás por esta razón la política chilena nos produce a tantos tanta desazón. Percibimos sin mucha claridad - pero indudablemente - que ésta no atiende a los problemas reales de Chile y su futuro. Y estos problemas corresponden al reto de fondo de inventar y cuidar una identidad de País que sea valiosa en el mundo global; una identidad para los chilenos y chilenas. El cuidado de Chile, del ser de Chile, los chilenos y chilenas y su futuro, es lo que no pueden sino perder de vista - por igual - la socialdemocracia y el neoliberalismo. Por estar inmersa en el presente, nuestra politica no puede hacerse cargo de inventar en el presente la identidad de Chile y de su gente.

Este estar a la expectativa del futuro, más que construyéndolo en el presente, tiñe toda nuestra política de un estado de ánimo de resignación. Estamos a la espera del chorreo, estamos a la espera del desarrollo, a la espera del mejoramiento de la distribución del ingreso, a la espera de que acabe la pobreza, a la espera que este proyecto y el otro y el otro produzcan - luego - el futuro esperado. Paciencia y madurez: lo que pidió exigente el Papa - "los pobres no pueden esperar" - tendrá que quedar a la expectativa. Tal como esperamos que resulte la posibilidad de hacer de cada chileno y chilena una identidad altamente productiva en el mundo global; como esperamos que resulte contar con una educación para el futuro; como esperarmos que ocurra que se le agregue más valor a nuestras exportaciones de recursos naturales; como esperamos que se de que Chile desarrolle un liderazgo tecnológico respetado en el mundo.

(Y - ojo, pestaña y ceja - la resignación es la madre de todos los malos estados de ánimo que enferman hoy nuestra convivencia)

Poner a Chile Primero y comprometernos con su identidad futura es posible y es necesario para no seguir atrapados entre el neoliberalismo y la socialdemocracia, y el mal ánimo de impotencia con el cual ambos nos hacen pesada de vida.

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