Continúo leyendo A Secular Age, una vertiente al parecer inagotable de hallazgos para escuchar nuestra historia y recuperar libertad.
Nos cuenta Taylor cómo, a medio camino entre el mundo antiguo y la era secular, se construyó un tiempo verdaderamente a horcajadas entre ambos; con un pie apoyado en cada uno. Tiempo que podemos asociar con el barroco como estilo. Una era de síntesis cultural, en la cual, por un lado, existe ya plenamente individuado el agente humano - la persona - que actúa plenamente seguro de su capacidad, como individuo, de darle forma y estructura al mundo, y, por otro lado, al mismo tiempo, existe un mundo superior religioso al cual este agente se mantiene vinculado y desde el cual obtiene su poder para actuar. Hay asi dos centros coordinados de capacidad de acción moldeadora: el divino y el humano. Parcialmente distinto al medioevo en que existe un solo centro autónomo de acción - el divino - y distinto a la modernidad en la cual el ser humano ha adquirido exclusividad como agente.
Me pare a mi que los conquistadores ibéricos encarnan perfectamente a este ser humano barroco. Y, asi como España se encerró en este mundo intermedio - semi secular semi antiguo - mucho más tiempo que el resto de Europa y Norteamérica, sus colonias en América fueron un acabado ejemplo donde este tiempo cultural sobrevivió y dio frutos. Aquí los individuos actuaban por el poder de Dios y para hacer la voluntad divina. ¿Cuánto tiempo duró esta síntesis cultural en Chile? Ciertamente no se terminó con la Independencia; duró mucho más.
Quizás aun estamos enredados en jirones de esta síntesis cultural que mezcla lo humano y lo divino tan estrechamente. Quizás por eso fue tan fácil para muchos aceptar una versión bastante dogmática de marxismo militante en su momento: nos veíamos como agentes revolucionarios individuales al mismo tiempo que nos veíamos empoderados para actuar por leyes históricas que imperaban "arriba", más allá de nosotros y que nos conferían todo el poder que era posible. Empujábamos para hacer lo que iba a ocurrir históricamente de todas maneras. Y lo importante era entender bien qué era lo que se abría como posible...y necesario; de ahi salía todo nuestro poder.
Y hay algo todavía muy barroco en la manera como muchos en Chile se paran frente al "modelo económico", como si fuera un poder superior que nos empodera para actuar pero que nos ordena a movernos de cierta manera más allá de nuestra voluntad. Como si el modelo fuera el poder superior a obedecer. Hay ciertamente un ideologismo que sigue siempre disponible para que caigamos en él una vez y otra.
Así como el estilo del arte barroco - que alcanzó en latinoamérica un florecimiento de trópico - se equilibra tensamente entre lo divino y lo humano, podemos recordar nuestra reciente iconografía de héroes históricos revolucionarios - hechos casi dioses - , nuestra lírica cuasi de canto religioso; y también podemos oir los ecos de esta tensión de síntesis en la retórica que hoy nos hace hablar como hablamos del Mercado...y del desarrollo que ya viene.
Larga vida a Latinoamérica en nosotros



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