Mario Valdivia

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Agradezco este valioso libro, desprovisto de fervor religioso, sobre religión y ateismo.

Andre Comte-Sponville, "El pequeño libro de spiritualidad atea"

 

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Fauna quirihuana: el zombi.

Enviado por Mario Valdivia el 14/10/2005 a las 19:15
Mario Valdivia
En Quirihue había personas especiales, descubrió el habitado, y que además podían ser buenos amigos. En medio de su soledad de semi-exiliado, y a pesar que a veces se comportaba de manera más extraña aún que lo que cabía esperar de un chillanejo, varios se acercaron a él sin buscar nada en especial, por simple generosidad pueblerina de prestar atención a un tipo que parecía estar solo en demasía. Quizás también por curiosidad, aunque no se ha sabido de quirihuano alguno que se haya caracterizado en exceso por tener esta virtud (o defecto, que sobre esto nada se sabe). Uno fue el zombi. El zombi, como lo nombró el endemoniado, se le acercó por primera vez para informarle que había una pensión más conveniente que la que él estaba ocupando. Y le dio estudiados antecedentes de precio y calidad de servicio que demostraban más allá de toda duda la validez de su aserto. Pensó el habitado que el zombi tenía intereses en la pensión que defendía, pero pronto descubrió que no era así: simplemente le parecía intolerable verlo tomar una decisión irracional y consideraba su deber darle la información necesitada. Apreció su generosidad, aunque estaba hallado en el lugar donde alojaba y le parecía inatendible la idea de cambiarse de lugar. La segunda vez, el zombi no pudo sportar más verlo dirigirse desde la plaza a su restaurante habitual por el mismo camino todos los días, y se le acercó para comunicarle que su ruta no era la más corta posible y que, por lo tanto, se estaba comportando con poca racionalidad. Vaya, pensó el habitado, la verdad es que me gusta dar estos paseos largos por estas calles sombreadas. Posteriormente el endemoniado se acostumbró a compañar al zombi, cuaderno en mano, a comparar las ofertas de los dos almacenes importantes del pueblo. Y todos los lunes, después que llegaban los camiones de abastecimiento, se paraban frente a los escaparates de las farmacias para comparar los precios de los remedios. Hay que ser racional, le dijo el zombi. El endemoniado pensó que al zombi lo manejaba el afán de optimizar todas sus acciones. Pensó que estaba poseído por algún espíritu de racionalidad optimizadora que lo había convertido en algo predecible. Se lo dijo directamente, pero se sorprendió de la gran sorpresa del zombi. Le respondió con plena certidumbre de sus propias motivaciones: yo tomo mis decisiones racionales con plena libertad porque me convienen; agregó: hacer otra cosa sería irracional. El endemoniado lo miró pensando que quizás lo peor de ciertas posesiones es que el poseso no las ve. Entonces lo bautizó para sus adentros como el zombi.

Enviado por Mauricio Solari el 15/10/2005 a las 18:47
Mauricio Solari
Habitado: me parece que lo del ZOMBI tiene formato de enfermedad, ya que por acá donde el sol te avisa que es hora de almorzar, abundan especimenes de similares caracteristicas. aparentemente el interes por el mundo se les ha hecho tan pesado, que aparece mejro encapsularse en mundos de obviedades mas amigables.

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