Mario Valdivia

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Agradezco este valioso libro, desprovisto de fervor religioso, sobre religión y ateismo.

Andre Comte-Sponville, "El pequeño libro de spiritualidad atea"

 

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Restos

Enviado por Mario Valdivia el 30/11/2011 a las 17:41
Mario Valdivia

Mensaje recibido del Endemoniado de Chillán:

Desaparecido el padre sagrado, desaparecen también los hijos sacros; de ahí nuestro desesperado propósito por concedernos mutuamente dignidad mediante  principios y declaraciones.

Otros tres cambios en el cambio

Enviado por Mario Valdivia el 30/11/2011 a las 10:05
Mario Valdivia

Inicio aquí.

Al actuar como padres, médicos, cocineros, ejecutivos, etc., al mismo tiempo que desplegamos habilidades paternales, médicas, de cocina y de gestión, aprendidas junto con estándares de desempeño correspondientes, estamos proyectando nuestra identidad social a partir de una situación inicial a una futura. En cada uno de los comportamientos que desempeñamos en un momento presente, nos movemos con narrativas e interpretaciones de nuestros roles sociales que ya teníamos incialmente, en el pasado, que incluyen estándares sociales correspondientes, procurando proyectar al final, en el futuro, como resultado de nuestras acciones, un determinada identidad social. Podemos interpretar que nuestro comportamiento presente no es más que el afanarnos por nuestra  proyección de un pasado a un futuro sociales.

Ejs. Quizás preparo un plato especial, aprovechando la presencia en nuestro restaurante de un cliente particular que interpreto como una persona líder creadora de gustos sociales, para producir en ella una identidad de cocinero especialmente destacada y distinguible. Si soy un ejecutivo, me propongo dirigir eficientemente una runión estratégica, cuidando proyectar una identidad dirigencial sólida entre los demás gerentes participantes. Como médico puedo dedicar un tiempo más allá de lo que considero habitual en explicar a un paciente el diagnóstico que hago de su situación de salud, debido a que quizás es primera vez que lo atiendo, sé que pertenece a una comunidad o un barrio de posibles pacientes que me interesa atender, y quiero producir una identidad médica de calidad y cuidadosa.

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Restos arqueológicos

Enviado por Mario Valdivia el 19/11/2011 a las 13:24
Mario Valdivia

Es un no lugar. Tres Esquinas o Cuatro Esquinas, se llama; no creo que haya algún letrero con el nombre que no recuerdo bien. Cerca y lejos de Chillán, dependiendo del medio de transporte utilizado, es un simple encuentro de caminos con un expendio de alcoholes en uno de los tres o cuatro ángulos.

Ahí lo encontré de nuevo después de más de dos años. Parado solitario a la orilla de uno de los caminos, el Endemoniado de Chillán apareció inesperadamente como un pájaro cuajado sobre un poste (de alguna especie más allá del peligro de extinción). Conversamos bajo un sol encandilante enfrentando un gélido aire del sur.

- Investigo - me dijo cuando le pregunto qué hace -. Escudriño en busca de los restos de Dios muerto - me explica -, como un arqueólogo. Nietzsche dijo hace un siglo que nosotros, todos nosotros, lo asesinamos. Y anunció los signos más que gigantescos que deberíamos percibir, los terremotos vaciantes que desencadenamos con su muerte: el agua del mar bebida por completo, el horizonte borrado, la tierra des-atada de su sol, todo cayendo en un vacío sin coordenadas, oscuro y frío; el olor del cadáver descompuesto llenando el mundo entero.

- No se ve nada de eso - le digo.

- Es lo que pensé en un comienzo yo también, amigo mío - responde -. Pero me he acostumbrado a no desconfiar de Nietzsche, y menos aun a leerlo con liviandad. Quizás todo lo que él anunció ya ocurre pero no nos percatamos; quizás somos ciegos o zombis; quizás perdimos el olfato. Así que investigo, busco y escudriño en busca de los restos de Dios; y encuentro, ¡oh sí que encuentro!

Y ahora debo irme - dice de pronto - te escribiré  sobre ellos, si tienes paciencia para oirlo.

Al menos dime algo hoy mismo - le suplico, perentorio -; déjame con algo.

Muerto el perdonador de los pecados, no nos queda más remedio que la virtud - dice, tomando un camino distinto al mío -: de ahí lo políticamente correcto.

Y como una sonrisa, el Endemoniado súbitamente desaparece; ya no está. 

 

 

Tres cambios en el cambio.

Enviado por Mario Valdivia el 16/11/2011 a las 18:08
Mario Valdivia

Normalmente interpretamos la acción de dos maneras posibles: como producir (un informe si somos ejecutivos, un artefacto de cerámica si somos ceramistas, un plato de comida si somos chef de cocina), o bien como ejecutar o llevar a cabo (un paso de baile si somos bailarines, una reunión de trabajo si somos ejecutivos, una carrera si somos atletas).

Notar que en cualquiera de los dos casos la acción humana ocurre en el tiempo, toma un tiempo, parece algo obvio. Sin embargo la relación de la acción con el tiempo es más estrecha. Cuando la acción está desarrollándose podemos pensar que ella consiste en actividades, o movimientos, corporales que están visiblemente presentes,  que actualizan habilidades y estándares de efectividad acumuladas en el pasado (que ya estaban ahí antes de empezar a actuar), y que se dirigen hacia el futuro aun no presente de su resultado (el producto o lo ejecutado). 

Ejemplo: cuando decimos que estamos preparando un plato de comida, decimos al mismo tiempo: (1) que estamos realizando algunas actividades presentes y visibles en la cocina, (2) que encarnan habilidades y estándares de cocinar ya aprendidas antes del presente, y (3) mantienen abierta como una promesa la posibilidad del plato anunciado pero que aun no está preparado.

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