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Agradezco este valioso libro, desprovisto de fervor religioso, sobre religión y ateismo.
Andre Comte-Sponville, "El pequeño libro de spiritualidad atea"
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Creer que las ideas son cosas que tenemos en la mente con las que podemos simular el funcionamiento del mundo exterior es una creencia peligrosa: puede convertirnos en malos aprendices que terminan auto- absortos en sus propias resignaciones. Pueden ir al artículo (1) anterior.
Pero hay un peligro más sutil y más solapado, cree haber averiguado El Endemoniado. Me espera agazapado en el lugar en el cual las ideas son producidas, y consiste en creer que las ideas aparecen simplemente en la mente como burbujas que surjen en la superficie de un líquido. Debido a que creo que las ideas son inmateriales, que no tienen corporalidad, es fácil creer que ellas puedes surgir espontáneamente desde ninguna parte, desde la nada. Contrasto con lo que, por el contrario, se que ocurre en el mundo de las cosas materiales, en el cual cualquier cosa que existe proviene de otra; si algo surge es causado por otra cosa, y nada se produce desde ninguna parte. Pero en el mundo de lo no material, en el mundo del pensamiento, ¿por qué voy a estar sujeto a esta fatalidad? Éste parece ser un mundo sin inercia, en el cual se que se puede ser creativo y que puedo inventar nuevas ideas literalmente desde la nada. Ideas verdaderamente innovadoras, inéditas, nunca antes vistas, originales en todo el sentido de la palabra. Obvio. (Leer más)

(EL Endemoniado pide que, antes de entrar en esta nota, lean este artículo anterior)
Si creer en la existencia de la mente puede ser peligroso, lo mismo vale para la creencia en las ideas. A fin de cuentas, se cree que éstas no son mas que las cosas - inmateriales - que están adentro de la mente, aquello de lo que la mente está llena.
Me parece obvio creer que las ideas consisten en representaciones del mundo que guardo en mi mente, algo así como figuras hechas en un pizarrón incorpóreo. Habitualmente digo: me hice una idea sobre tal cosa, o me hice una idea sobre tal persona. Es algo obvio. Pero El Endemoniado sabe que es en lo obvio donde está el peligro. Lo obvio es lo menos examinado, lo más oculto; lo que atrae nuestro interés examinador es aquello que llama la atención - lo no obvio. Y seguramente lo peligroso de verdad acecha desde lo oculto. (Leer más)
El Endemoniado de Chillán, después de un prolongado silencio, cree haber descubierto ciertas verdades valiosas que quiere comunicar. Ve sus manos llenas y quiere descargarse. Cree que hablar de estas cosas bien puede valer la pena en Chillán.
En realidad, más que verdades, cree haber descubierto ciertas creencias que, vista la confusión imperante entre verdad y falsedad, no cree que deban ser consideradas falsas, sino que más bien peligrosas - lo cual muestra que tienen, de una manera torcida, algo de verdad (aunque, pensándolo bien, eso mismo permitiría decir también que tienen algo de falsas). (Leer más)

Mi mujer hizo este artefacto - me niego a llamarlo florero. Con sus manos de maga lo moldeó, lo coció y me lo regaló.
Este artículo está inspirado en, o gatillado/provocado por, el libro de Bruno Latour "Reassembling the Social". Desafiante lectura, exasperante escritura, original, vale la pena y el trabajo.
Nuestras acciones, las acciones que cualquier ser humano efectúa habitualmente, ocurren en una red de interacciones con otros. Pedimos a nuestro ejecutivo bancario un crédito, lo que hace que éste efectúe otras acciones al interior del banco; entregamos un informe a un compañero de trabajo quien lo corrije y lo envía a otra unidad; inyecto un coctel de antibióticos a alguien agripado para permitirle asistir a una reunión mañana; etc. Por eso, se puede decir que tomar acción signfica hacer que otros hagan algo (en que hacer se usa muy ampliamente, incluyendo obligar, permitir, autorizar, solicitar etc). Me parece evidente que este "modelo" de la acción es más atinado, por lo menos en el mundo de hoy, que el "modelo" de un ser humano aislado trabajando con una herramienta - no estamos en época de robinsones. (Leer más)
De acuerdo con mi experiencia, una de las inquietudes importantes que tienen los ejecutivos comerciales sobre el comportamiento del consumidor se grafica con la pregunta de cuánto del consumo es racional y cuánto no lo es. Esta no es una pregunta trivial, y su respuesta puede tener claras consecuencias prácticas para el marketing y el diseño de ofertas. A continuación presento algunas distinciones básicas que considero necesarias para tener este tipo de conversaciones de manera conducente.
Por una parte, es bueno hacer esta distinción tajantemente: racional no es lo mismo que desprovisto de emoción. Que una acción sea racional no quiere decir que es hecha sin emociones. Evitemos oponer racional a emocional, razón a emoción. Esta no sería otra cosa que la vieja oposición entre mente y cuerpo, antinomia que, ya se sabe de sobra, no lleva a ninguna parte muy valiosa. La verdad es que no hay acción humana, por racional que sea, en la que no intervenga la emoción; precisamente lo que mueve a la acción al ser humano, inlusive a la acción de pensar racionalmente, es la e-moción. Así, que no hay racionalidad humana desprovista de emocionalidad humana. (Leer más)
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