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Concluye este fin de mes una exposición (de Catalina Ossa y Enrique Rivera) en el Centro Cultural de La Moneda, basada en el proyecto CYBERSYN (Ver AQUÍ). Al mismo tiempo que se llevó a cabo en Chile, la exposición se realizó inter-conectadamente en el ZKM, el Centro de Arte y Nuevas Tecnologías en Karlsruhe, Alemania, en el contexto de la exhibición "You_ser, The Century of the Consumer". CYBERSYN fue un sistema pionero de dirección de organizaciones construído durante el gobierno de Salvador Allende para gestionar las empresas estatales. Fue diseñado bajo la orientación de Stafford Beer por iniciativa de Fernando Flores, entonces un alto ejectivo público en CORFO y luego ministro de dicho gobierno. Ahí - en Karlsruhe - seguramente detectó la importancia de la presentación el New York Times, en el se publicó la siguiente crónica sobre, no ya la exposición, sino que sobre el CYBERSYN mismo. Lo que llama la atención del diario es lo anticipatorio y pionero del esfuerzo que se hizo por utilizar (¡en los tempranos años de la década del 70!) redes y sistemas comunicativos de avanzada para manejar complejos problemas de dirección de empresas. Destaca la crónica la notable innovación que se intentaba, la que quedó truncada en Chile por el golpe militar del 73. (Leer más)
 Estuve bajo los milenarios alerces de Pumalín; alerces que, seguramente gracias exclusivamente a Mr. Tompkins, siguen en pié. Más que emocionan; sobrecogen. Señores del aire y del agua; adictos a nubes, queridos de vientos; torres de helechos. En edades más líricas quizás habría hablado de ellos así. Hoy me afectan más que eso. Hoy, más inmediadamente que otras arquitecturas más diseñadas, me evocan lo divino, me contactan sin más con el silencio asombroso. Me oigo pensando que estamos afincados sobre algo que no podemos descifrar, que no entendemos. Que caminamos sobre algo incompleto y ladeado. Me abren a algo, estos seres, de lo que nada se nos dice, de lo que no se nos habla. Pienso a cuános más le pasará lo mismo bajo su sombra húmeda, o al menos algo parecido, algo resonante. Seres resistentes, esforzados, tercos, persistentes. Pero estos son atributos imposibles, me digo. Simplemente están ahi, ni siquiera indiferentes, durante dos mil años antes que des-preocupados, ciegos a su no ver. Y, sin embargo, al hacerme escuchar como ninguna otra cosa el silencio y lo que verdaderamente puede ser pavoroso, me hablan como nada ni nadie me habla ya. Porque hemos perdido - muchos de nosotros - los oidos para oir lo que antes oíamos. (Leer más)
Me enseñaron que Chile se divide geográficamente en las siguientes zonas: Norte Grande, Norte Chico (o zo na de los valles transversales), Valle Central (de la Cuesta de Chacabuco hasta el Seno de Reloncaví), Zona de los Canales y Tierra del Fuego. Después de dedicarme este año a recorrer lugares desconocidos, me doy cuenta que no es así. Esa clasificación refleja los medios de transporte y poblamiento geográficos disponibles hace 50 años atrás. La Tierra del Fuego esconde otra zona de la que no se habla: la Cordillera de Darwin - descubierta ya se sabe por quien. Viene a ser un tercer campo de hielos, el más austral de todos, que se extiende de poniente a oriente en esa región donde la Cordillera de Los Andres se tuerce en este sentido en el sur del sur. Tierra de elevados glaciares, despeñaderos y bosques patagónicos completamente despoblada, que limita al norte con el Seno del Almirantazgo y al sur con el Canal de Beagle. Completamente intocada, hoy solamente algunos turistas aficionados a lo extremo comienzan a entrar en ella. Y en la Zona de los Canales, además del agua por la que navegaban antaño algunos pocos - y que se está convirtiendo ya en la gran región de cultivos marinos de Chile - si nos fijamos más bien en la tierra, descubrimos de Reloncaví hasta el Campo de Hielos Sur, mil kilómetros por cien kilómetros - de largo y ancho - de selva patagónica (lengas, coihues, ñirres, tepas, canelos, mañíos, cipreses, ulmos, pocos, muy pocos, alerces, nalcas, fucsias, helechos), de glaciares, de rios blancos torrentosos. Tuve que ir para darme cuenta. Una pequeña parte desbozada y quemada convertida en campos ganaderos. pero en general aun tan prístina como difícilmente se encuentre en estas dimensiones en otra parte del mundo. Circular con calma por la Carretra Austral me abre a esta zona con toda su fuerza y me cambia la interpretación que tengo de Chile como geografía. ¿Qué hacer de esta zona? Una posibilidad es convertirla en la usina hidroeléctrica de Chile. Su ríos pueden duplicar la actual producción de energía eléctrica en Chile. Grandes generadoras del mundo se preparan para esto aparentemente: son dueñas de las aguas no solo del Pascua y del Baker - como ya sabemos todos - sino que del Futaleufú, del Palena, del Murta, del Cisnes, ¡nombra uno tú!. Bien, pero se acabará así lo prístino, lo que tiene todos los veranos recorriendo esta zona a miles de jóvenes , y no tan jóvenes, a dedo, en bicicleta, en automóviles etc., y que aceleradamente la convierten en un paraíso turístico natural. Esta será la alternativa que tendremos que resolver en Chile; los habitantes de la zona parecen divididos al respecto. Hay valores posibles económicos aqui que son enormes. Tanto en cuanto la energía que puede generarse, como en el gran espacio de naturaleza casi intocada que puede preservarse. Al paso que las cosas van parece obvio que va a ganar la opción energética: hay leyes constituidas de propiedad de las aguas que funcionan hace tiempo con toda fuerza; por el otro lado, hay una débil legislación e institucionalidad de proteción ambiental que es insuficiente para declarar una gran zona geográfica como zona de protección y preservación.
Es bueno no olvidar la fundamenal promesa que hacen los jóvenes a Chile: movilizarse militarmente y dar la vida si fuese necesario en su defensa. Podemos jugar a olvidar esta promesa, pero está ahi, vigente. (Y si no, recordemos los años finales de los setenta.) Y, además de esa, hay otras que pueden resumirse en la promesa de obedecer la ley. ¿Qué promete Chile a sus jóvenes? Supongo que promete que podrán vivir en una sociedad en la cual se respeta la ley y también que ésta se establece democráticamente. Promesas bastante estándares en la parte del mundo que es menos bárbara en el mundo actual. Además, promete cuidado de la salud y educación. Hay efectivamente derechos a la salud para toda la población independientemente de su nivel de recursos y hay también educación gratuita diponible para todos. Miremos la promesa de educación. ¿En qué consiste esta promesa? En este mundo global podríamos considerar como algo obvio que se promete a los jóvenes que ellos se convertirán en personas valiosas en el mundo. Y valioso tiene que incluir como algo constitutivo, productivamente valioso. Que las jóvenes educadas en Chile se convertirán en personas productivas en el mundo global es la promesa que esperaríamos encontrar vigente. ¿Es ésta la promesa?. No, no lo es. Las promesa es que tendrán derecho a recibir 12 años de educación gratuitamente, con una currículo de "materias" y de "conocimientos" fijados por el estado. Y luego, que los mejores egresados de esos alumnos tendrán derecho a préstamos del gobierno para financiar estudios superiores - técnicos o universitarios. ¿Quizás esta educación superior si que promete convertir a los jóvenes en personas productivas en el mundo global? Tampoco. Lo que se promete es hacer clases, entregar conocimientos, evaluar y graduar; lo que haga - pueda o no pueda hacer - la joven graduada así en el mundo es una simple expectativa que dependerá - presumiblemente - de cada cual. (Leer más)
Antes AQUÍ. Puedo aburrirme cuando me quedo en algún lugar sin nada que hacer salvo hacer pasar el tiempo, y también puedo aburrirme cuando me doy un lapso de tiempo a mi mismo y, a pesar de eso, no logro ocultame que no encuentro nada en serio que hacer. Me pasa muchas veces en reuniones sociales. Lo mismo me pasa cuando me abrumo: puede ocurrir cuando me enfrento a una tarea inesperada y urgente y ella se me impone desde "fuera"; pero también puedo abrumarme por falta de tiempo cuando - paradojalmente - me doy tiempo para mi mismo, por ejemplo, en unas vacaciones de turismo que, súbitamente, me abruman, se me aparecen como tareas que debo cumplir y me hacen sentir que no tengo tiempo. Al parecer entonces me puedo dar tiempo a mi mismo para hacer lo que yo quiero y, sin embargo, agualmente me aburro o igualmente me abrumo. Es como si lo que decido hacer no es lo que me interesa en serio hacer a mi, y me aburro. O como si lo que decido hacer termina enfrentándome como tareas impuestas desde afuera - osea, no como algo que me interesa en serio a mi - y me abrumo. O sea, no es tan fácil decidir qué es lo que realmente me interesa a mi. Como si definir un tiempo y acciones propias que resulten significativas para mi mismo no sea algo simple de hacer. Puedo encontrarme, al cabo de tomar mi decisión de asignarme tiempo y decidir mis actos, aburrido por un tiempo que se alarga y por acciones que no parecen tener valor especial. Y también puedo encontrarme abrumado por acciones que decidí y que ahora me enfrentan como tareas impuestas que reducen y me quitan mi tiempo. Aparentemente nos movemos en realidad en un mundo de posibilidades fundamentalmente indiferentes. No podemos establecer prioridades significativas: o nos aburren o se multiplican todas parejamente como tareas igualmente importantes o indiferentes. Quizás esto caracterice al mundo moderno que habitamos actualmente. No hay donde ir para encontrar algo que sea realmente más importante que otras cosas; todas las diferencias parecen ser cuestión de grados. Esto es especialmente asi ya que lo valioso proviene de nuestra propia evaluación individual. Podríamos pensar que es cuestión que cada uno de nosotros defina una tarea o una misión propia en su vida y comprometa con ella sus actos y su tiempo y ¡ya! ahuyentado serán el aburrmiento y la falta de tiempo. Y, sin embargo, si este mundo nos enfrenta con una general indiferencia, quizás eso no se puede hacer del todo sin tomar responsabilidad por cambiar este mundo como un todo. ¿Cuánto espacio existe para enfrentar la opresión del aburrimiento o la presión de la falta de tiempo mediante una decisión exclusivamente individual?
Me impresiona esta foto de NASA de una avalancha en Marte en el borde de los hielos del polo marciano.
Me encuentro con el estado de ánimo de "estar abrumado" - "tengo mucho que hacer y poco tiempo" - muy extendidamente en personas que trabajan como ejecutivos o profesionales altos en grandes empresas. Y no exclusivamente en el mundo del trabajo: también encuentro este estado de ánimo muy habitualmente en el mundo de la familia, modulando las responsabilidades y tareas que ésta supone. Encontrarnos abrumados es un estar presionados por no tener tiempo y tener muchas cosas que hacer. O sea, modula nuestra relación con el mundo de cosas y personas como "cosas que hacer, compromisos que cumplir", y con el tiempo como algo que "no hay". (El mundo se nos presenta como una agenda de tiempo limitado). Cuando estoy abrumado, por donde mire sólo encuentro cosas que hacer y la omnipresencia de un reloj que tica sin parar; soy arrastrado por un tiempo que pasa demasiado rápido y no alcanza, un tiempo que se acorta; me siento presionado. Hay otro estado de ánimo que parece a primera vista como opuesto al abrumarse: el aburrimiento. Recuerdo una espera en un aeropuerto. No hay nada que hacer y el tiempo se arrastra, se alarga, parece no avanzar. Miro a mi alrededor y - más allá del sillón en que me encuentro - las cosas parecen rehusarme toda posibilidad de ser útiles, de poder hacer algo con ellas, de interesarme; en el trasfondo, omnipresente, el reloj que, no por ser consultado obsesivamente, parece avanzar. Esta es una opresión que nos desasosiega buscando algo que nos haga pasar el tiempo, una opresión de no contar con un pasa-tiempo. Creo que ambos estados de ánimo están conectados en el fondo y son más similares de lo que su oposición a primera vista indica. Quizás al final constituyen lo mismo. Porque, ¿no es habitual encontrarnos con que hemos pasado de la presión de estar abrumados a la opresión del aburrimiento...y de vuelta? ¿No transcurre en verdad nuestra vida a menudo - ¿por lo general? - entre estos dos ánimos extremosos: el abrumarnos en la vida activa, el aburrirnos en los descansos?
Recuerdo ejemplos cotidianos. Me doy cuenta que estoy abrumado, sueño con terminar las cosas que tengo que hacer y darme tiempo. Lo hago: llega el fin de semana o tomo algunos días de vacaciones. Ahora si tengo tiempo: me lo estoy dando a mi mismo. Cuando estaba abrumado parece como si las cosas que hacer vinieran de la situación que enfrentaba, de "afuera", me obligaran, y el tiempo mio se acabara por completo dedicado a hacer estas cosas que parecen provenir de algo externo. Ahora, debo dedicarme a usar este tiempo mio que me he dedicado a mi mismo para hacer las cosas que realmente yo quiero hacer. Y sin embargo ahora puedo encontrarme de nuevo en los mismos - al parecer - dos estados de ánimos. (Sólo digo "puedo", porque no es completamente necesario que esto pase, pero si lo miramos con honestidad, como un fenómeno que nos ocurre, ¿no es habitual?) (Leer más)
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