Mario Valdivia

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  ¿Inicio del fin de una crisis o inicio del fin de una era?

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estados de ánimo

Enviado por Mario Valdivia el 29/12/2008 a las 16:17
Mario Valdivia

rothko.jpgPartí viendo en el post anterior que puedo encontrarme en dos situaciones bien diferentes entre si. En una de ellas, me encuentro activamente cuidando todos mis espacios de preocupaciones, involucrado en diseñar mi identidad y mis capacidades de acción futuras. Y puedo ver que al menos me preocupan tres futuros: el de mi situación presente, el constituido por nuevas posibilidades que puedo visionar a partir del presente, y el futuro de posibilidades a las cuales actualmente soy ciego pero sobre las que puedo adquirir visibilidad si cambio el mundo en el cual me he movido en el pasado. En la otra situación, me encuentro arrastrado por mis actividades presentes y por mi identidad actual sin un mayor cuidado activo de mi futuro.

Observo que la diferencia estriba en una diferencia entre estados de ánimo. Percibo - como todos, supongo - que existen en mi muchas posibilidades de ser embargado por talantes diferentes: miedo, resignación, optimismo, pesimismo, ambición, resentimiento, alegría, exaltación, aburrimiento, pesadumbre,  resolución,  liviandad juguetona, etc. Y si bien cada uno de ellos define de manera propia y específica las situaciones en que me encuentro, puedo observar que los puedo clasificar en dos tipos. Para hacerlo, considero precisamente la manera como ellos me predisponen al futuro, con respecto a la cual puedo descubrir semejanzas y diferencias.

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regalo de fin de año

Enviado por Mario Valdivia el 25/12/2008 a las 15:04
Mario Valdivia

A veces me observo a mi mismo iluminado de mis actos y abierto a mi ser. Otras veces simplemente me encuentro ocupado, como arrastrado  reaccionando de manera automática a los acontecimientos cotidianos habituales. En este momento, me encuentro en el primera situación.

(1) Al observarme en el presente - o sea, sin preocuparme por mi futuro ni mi pasado -  puedo ver que me mueven dos afanes distintos, aunque articulados entre si:  me preocupa producir acciones que sean valoradas por otras personas,  y me preocupa proyectar una identidad valiosa entre las personas que me importan. Pensar estas cosas en términos comerciales ayuda porque tenemos un vocabulario especializado que nos hace sentido a todos (cuando menos a muchos),  aunque obviamente nada de esto es comercial en si mismo. Entonces, dicho en términos comerciales: me doy cuenta que me preocupa mantener a mis clientes y proveedores satisfechos y me preocupa mantener mi negocio con una buena identidad - puede ser rentable, o grande, o líder en el mercado, o la que sea el caso.

(Lo puedo decir más en general: me preocupa mantener a la red de personas con las que interactúo cotidianamente con la interpretación que mis acciones constituyen un aporte valioso para ellas, y también me preocupa tener una cierta identidad apreciada por los demás, sea en mi rol profesional, en mi rol familiar, o cualquier otra.)

En el primer caso, me preocupa cuidar una relación con mis clientes y proveedores caracterizada por la confianza, esto es, producir la evaluación en ellos de que mis ofertas y pedidos son hechos con sinceridad y competentemente: entrego satisfactoriamente la acción o el producto valioso prometido. Puedo decir que me preocupa gatillar en ellos confianza transaccional. Lo contrario: gatillar el juicio de mentiroso o incompetente.

En el segundo caso, me preocupa cuidar una relación con mis asociados estratégicos - aquellos con quienes constituyo  mi identidad - caracterizada por la confianza; pero ésta no es una confianza basada  exclusivamente en la transacción mutua de pedidos u ofertas de acciones específicas, sino que debo gatillar en ellos el jucio de que me involucro con su identidad. Lo contrario: gatillar el juicio de desapego.

Bien, así que si soy sincero y competente en lo que ofrezco y pido, y soy involucrado con la identidad de mis socios estratégicos, eso es suficiente para cuidar las relaciones que necesito tener en la vida. No tan rápido, no tan rápido,... aunque por aquí vamos bien...

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Isomorfismos 3

Enviado por Mario Valdivia el 05/12/2008 a las 9:29
Mario Valdivia

Durante la mayor parte del siglo XX, con la llegada de las grandes instalaciones fabriles desde Henry Ford en adelante, al menos en el primer mundo, los seres humanos se interpretaron básicamente como recursos humanos. Esto es, como máquinas productivas semejantes a los grandes equipamientos a los que estaban atados en la cadena de montaje. Mirados como corporalidad los seres humanos debían tener un cuerpo sano para poder producir adecuadamente, lo que creó una gran preocupación por su salud de los recursos humanos. Esto era consistente con el rol que jugaban las personas en el consumo, que era interpretado simplemente como satisfacción de necesidades.

A medida que avanzó el siglo y las grandes instalaciones fabriles perdieron su papel dominante en el paisaje económico del primer mundo, y el trabajo se fue desplazando hacia actividades más intensivas en prácticas interpretativas más que trabajo masivo fabril - trabajo de expertos, científicos, managers, inclusive trabajadores por cuenta propia -, el aumento explosivo de la productividad llevó a poner cada vez más atención en el rol de consumo de los ser humanos con el objeto de asegurar salida a todo lo que se producía. La publicidad se encargó de cambiar la interpretación del consumo desde satisfacer necesidades a satisfacer deseos, a producir placer. Ahora bien, como plataforma de producción de placer el cuerpo humano tiene ciertamente serias limitaciones, véase la obesidad que comienza a convertirse desde entonces en una verdadera epidemia. Entre cada momento de saciedad de placer el cuerpo humano debe esperar y prepararse para recuperar su capacidad de sentir placer nuevamente. Como máquina de placer el cuerpo humano es en realidad más bien limitada.

A medida que el siglo llega a su fin, el consumo, más que la producción, se convierte en el rol por excelencia que juegan los seres humanos en el primer mundo, los que se intepretan fundamentalmente como consumidores, como recursos de consumo. La publicidad expande la interpretación del consumo más allá de la satisfación de deseos - la producción de placer - al consumo por el consumo. El consumo se interpreta simplemente como una activiad ilimitada movida por la voluntad. Consumir es satisfacer la voluntad de adquirir bienes y servicios, satisfacer el querer tener más y más experiencias. ¿Para qué? Sencillamente consumir más para poder seguir consumiendo más - aumentar las experiencias para poder experienciar cada vez más. (Ya lo decía Nietzsche, voluntad de poder tener más voluntad de poder). Ahora el cuerpo, más que estar saludable para poder producir bien, necesita estar en forma para limitarse al mínimo como máquina de tener experiencias. No se puede cansar, debe moverse de aquí a allá colecionando experincias ojalá sin verse obligado a detenerse, o deteniéndose lo mínimo necesario para descanasar y dormir. De aquí surge la procupación, verdaderamente ya obsesiva, por el fitness of the body. El cuerpo, como máquina de consumo ilimitado de experiencias, debe estar fit.

Recomiendo "Modernidad Líquida"  de Zygmunt Bauman

En tal caso, que diría Bauman de la obesidad actual que sigue creciendo como fenómeo social. ¿Viejos resabios o manifestación del algo nuevo?

 

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