Mario Valdivia

Atisbando 149 en Podcaster.cl

  ¿Inicio del fin de una crisis o inicio del fin de una era?

PODCASTER.CL

Biblioteca

Comentarios recientes

Nuevo blidget

Es muy aburrido

Enviado por Mario Valdivia el 01/10/2007 a las 11:26
Mario Valdivia

Decimos esto a menudo. Fue muy aburrido, es una persona muy aburridora. Lo decimos habitualmente de los profesores.

Como si todo tuviera que ser "entretenido", todo tuviera que tener algo de show para mantenernos atentos, como si, para ser valioso, nada deba ser repetido y todo deba parecernos novedoso.

Aburrido no existe como existen las cosas en el mundo. El rio corre, la tarde transcurre, el tren pasa, la oscuridad llega, el rocío cae, el viento mueve las hojas, un individuo cruza la calle, dos personas hablan en el metro. Es imposible encontrar asi en el mundo a aburrido. Para que haya algo aburrido debe haber un ser humano sufriendo de aburimiento. O sea, aburrido es la emoción en la que se encuentra quien dice que algo es aburrido.

No deja de ser curioso que normalmente atribuyamos al mundo las evaluaciones que hacemos de éste. Decir que alguien es aburrido sólo quiere decir que nos aburrimos en su pesencia o escuchando su conversación. Y, al decir que algo o alguien es aburrido, evitamos inquirir por nuestro aburrimiento, nos sentimos víctimas del mundo y eso nos resigna, pero al mismo tiempo nos tranquiliza. "¿Qué le voy a hacer yo ante lo aburrido que fue?". Y esta es, precisamente, la buena pregunta - y aquella que, si nos hacemos, nos sacaría del aburimiento: ¿qué me pasa que me aburro?; ¿qué forma de ser tengo que me aburre esta situación o esta persona?, ¿este tipo de situaciones y este tipo de personas?

Dado lo aburrido que es el aburrimiento, preguntémonos:¿cómo es posible que nos dejemos aburrir?, ¿cómo es que permitimos ser victimizados de esta manera?

Me aburro cuando parecen desaparecer las posibilidades de hacerme cargo de mis preocupaciones, de hacer algo que me interese; cuando la situación es tal que no parece nada más posible que sufrir el lento paso del tiempo - esperar hasta que llege nuevamente la ocasión de poder hacer algo que me interese - y nada parece decirme nada, salvo el paso del tiempo. Pero si yo soy el autor por definición de mis propias preocupaciones, si yo declaro mis intereses, ¿qué puedo aprender de lo que ellos son si ocurre que su cuidado se me hace imposible en determinadas situaciones que vivo?

Ver este post anterior.

Lidiando con dificultades que no tienen solución como problemas

Enviado por Mario Valdivia el 26/09/2007 a las 16:15
Mario Valdivia

escher.jpgTengo a la vista este post anterior en este blog.

Mi amiga Virg me invita a considerar la posibilidad de un problema que me importe mucho y que aparentemente no tiene solución; por ejemplo, un hijo adolescente "difícil". Bien, ¿quien no ha tenido un problema así? Alguien querido y problemático; o sea, una situación que normalmente es dolorosa.

Comienzo buscando solución al problema y cambiar al adolescente para convertirlo en alguien menos difícil. Tras varios ensayos, confieso mi derrota: no le encuentro solución al problema. Comienzo a resignarme y, aunque con dolor, me tranquilizo: he hecho todo lo que se hacer y nada me resultó.

Entonces, quizás empujado por el dolor, me digo: en el mundo los problemas no existen como las cosas, para que haya un problema debe haber un ser humano aproblemado. O sea, más allá que mi hijo sea difícil o no, lo único real aqui es que yo estoy aproblemado. Entonces me pregunto: ¿qué clase de ser soy yo que este otro ser humano que ahi está me aproblema? ¿Qué hábitos de valoración de las personas - y de los hijos - he cultivado que éste me resulta difícil? Y no puedo engañarme: se trata realmente de hábitos porque el estar aproblemado cala hondo y no me abandonará sin más.

Bien, me digo, cuando menos ya no miro el problema como algo "externo" a mi, como algo que está ahi como país independiente. Miro ahora la situación como una que yo configuro y en la cual me estoy haciendo a mi mismo. Ahora ya se que esto no se arregla como un problema, sino que exige mi propia transformación.

También puedo vislumbrar cómo, al partir de la convicción que es un problema difícil, he(mos) ido configurando un mundo de relaciones recurrentes con él que consiste en una sistemática racionalización justificatoria de esa premisa. Tendré que cambiar esta estructura de relaciones también.

Bueno, a estas alturas me doy cuenta que es mejor no seguir usando la palabra problema para referirme a la situación que vivo. Hablemos mejor de anomalía, siguiendo a F Flores en su libro sobre emprendimiento. Anomalía: un malestar que me afecta y que no tiene solución como un problema ya que supone un cambio innovador del mundo que hemos construído y de los seres que lo habitamos.

Al menos ya se que lidiar con esta dificultad que no tiene solución como problema - con esta anomalía - va a requerir todo mi compromiso con ella.

Eres racional

Enviado por Mario Valdivia el 20/09/2007 a las 10:25
Mario Valdivia
adanydios.jpgConduzco mi automóvil; me acompañas y, como siempre, aprovechas a hablarme. Yo me concentro en conducir.

Me dices: no creo para nada eso que tú dices que todos estamos habitados por un ser histórico que nos embarga antes que nada, antes que empecemos a hablar y a pensar. Yo, por ejemplo, soy una persona objetiva y racional; con eso me basta para no dejarme llevar por nada. Intercalas: gira a la izquierda, el camino es más corto por aquí. Giro.

Continúas: para una persona así, racional y que ve las cosas tal cual son, es posible, inclusive es fácil, ser siempre dueña de sus propias decisiones. Desvías tu conversación nuevamente para decir: toma por esta calle, a esta hora, aunque es más largo, debido al tráfico llegarás más rápido. Pregunto: ¿estás apurado? No, respondes, pero siempre es mejor llegar antes que después, es lo razonable. Introduzco una variación: no te hago caso y continúo por el camino que llevaba. Noto tu ansiedad. Pregunto: ¿Qué tanto te importa si no vas apurado?. Respondes: no es razonable perder el tiempo, y te pones tenso.

En medio del silencio mutuo, me preparo para la próxima tensión, la que llega exactamente en la alternativa que se abre en el camino poco más allá. Toma a la izquierda me dices, me consta que es más corto que la otra posibilidad y como está el precio de la bencina hoy día... Tomo a la derecha y ahora abiertamente te molestas: ¿Por qué hiciste eso?, vas a gastar más bencina que lo necesario. Yo pagué por la bencina, te recuerdo. Sigues molesto todo el viaje. Te mantienes en silencio, hasta que, kilómetros más allá, retrucas: no eres racional, podrías haber gastado menos, perdido menos el tiempo y llegado antes. Te noto poseído por un ánimo de superioridad no apreciada, no sabes si ofenderte o despreciarme. Finalmente, como por encima de todo somos amigos, interpretas que te estoy haciendo una broma y te ries: ¡siempre con tus locuras!.

¿Por qué locura?, interrogo. Porque lo sano e inteligente es vivir la vida con racionalidad, lo demás es locura. Hoy no me quedo callado y, a pesar que la conducción del automóvil me da una oportnudad inmejorable para concentrarme en otra cosa y dejarte contento con la última palabra, te pregunto: y esta vida  nuestra es este regalo finito, ¿qué tiene de racional vivir la vida racionalmente? ¿En qué sentido ser racional es algo superior, racional? ¿Qué tiene de racional ser racional?

Locuras no respondo me dices enojado de nuevo, y te callas. Por lo menos conseguí hacerte callar, pienso. Está claro para mi que no logras salir del ser racional que te habita, y sin el cual te confundes y te pierdes.

Te poseen los problemas

Enviado por Mario Valdivia el 10/09/2007 a las 10:10
Mario Valdivia

problem solving.jpgMe dices: en la vida hay que ser pro-activo; todo lo que no anda bien, todo lo que molesta, es un problema que hay que enfrentar y resolver a la brevedad. Te pregunto: ¿y cómo resuelves los problemas? Dices, como si fuera algo obvio: en cada caso hay que formular bien el problema - la pregunta a responder y las restricciones que se enfrentan - ya que la solución de todo problema está implícita en las premisas de éste, o sea, hay que ser cuidadoso en su formulación.

Te pregunto por el mal tiempo, el molesto mal tiempo que hace que mis planes habitualmente no anden tan bien como esperábamos. No tiene solución, me contestas rápidamente, el mal tiempo no tiene solución, asi que lo acepto y me adapto a él sin prestarle más atención. Y un hijo adolescente difícil, pregunto de nuevo; o si quieres saber si vale o no la pena invertir en diseñar un producto radicalmente innovador, agrego. Te quedas algo pensativo.

Entonces, te pregunto cómo sabes separar lo que tiene solución de lo que no tiene solución, aquello que merece la pena que intentemos solucionar de aquello que no merece la pena porque no se puede. Bueno, eso es un problema, respondes. Entonces nunca hay un problema solo, concluyo; cada problema va acompañado de un problema que hay que solucionar con anterioridad, este es, resolver si el problema original tiene o o solución.

Me miras sin poder negar lo que hemos concluido, pero con algo de desconfianza. Te oigo decir: pero entonces este segundo problema (resolver si el primero tiene o no solución) tiene que estar acompañado de un problema adicional anterior: resolver cómo se sabe si un problema podrá ser solucionado antes de haberlo resuelto. Parece que siempre habrían infinitos problemas en un problema. No, no hay infinitos problemas, te respondes, lo que pasa es que hay clases de problemas que yo ya se de antemano que tienen solución: p.ej, problemas con ecuaciones cuadráticas, problemas de contabilidad de activos y pasivos, problemas de cocinar, problemas de mecánica del automóvil, resolver un puzzle, etc. Cuando me encuentro con un problema perteneciente a estas clases, ya no sigo pensando si se pueden resolver o no, simplmente lo enfrento y lo soluciono.

Te pregunto: pero entonces, ¿cómo enfrentas un problema que no has visto antes, uno que no reconoces? Bueno, me dices, eso si que es un problema. Me miras y te veo ya desconfiado de la palabra "problema"; te das cuenta que si sigues usándola cada vez que hay una dificultad o algo que no anda bien volveremos a lo mismo. Me parece, te digo, que si la solución de todo problema está implícita en sus premisas, entonces lo difícil en este caso es formular el problema; pasar de la sensación de lo que no anda bien, del desasosiego que produce lo que no marcha como espero, a la formalización de esto como un problema. Bueno, concluyes, formular por primera vez un problema de una clase que no he visto formulado antes, ¡esto si que es un problema!

Ahora te descubres tomando el mismo camino y te ries solo. Bueno, pareces concluir finalmente, tanto me han enseñado a resolver problemas que no veo más que problemas en la vida. Y aquello que no camina bien pero no sabes formular como un problema te parece imposible de solucionar, retruco. Amén, y me gustaría saber cómo se apea uno en esa situación que no se arregla resolviendo un problema, es tu palabra final.

Un yo obsesionado consigo mismo

Enviado por Mario Valdivia el 09/09/2007 a las 14:21
Mario Valdivia

Te oigo hablar durante un buen rato. Te digo: eres un yo obsesionado con ti mismo; solamente hablas de ti y de lo que sientes y piensas tú.

No estoy de acuerdo, me contestas. Si estuviera obsesionado conmigo mismo estaría lleno de mi mismo; yo, por el contrario, me siento completamente inseguro de mi mismo. No se bien quien soy ni cuales son mis habilidades. Hay mucha gente que me encuentra competente y considera valiosas mis acciones, pero no les creo por completo. Me cuesta mucho confiar en ellas y aceptar que tengo habilidades específicas, que son mías propias. Más bien me lleno de inseguridad y no puedo parar de preguntarme si no me quieren engañar o , tal vez, si no los habré engañado yo sin querer; seguramente me consideran mejor que lo que realmente soy. No logro superar estas dudas y no se me ocurre manera alguna de salir de ellas.

Te pregunto: ¿qué estás haciendo ahora? No sabes qué responder; lo hago por ti: te obsesionas contigo mismo. Me das una mirada en la que veo destellos de ira. Dices: ¿y qué quieres que haga frente a lo que me estás diciendo?. Debo defenderme, ¿o no? Yo antes no sabía que hacer frente a las cosas que me dice la gente, ahora me defiendo cada vez que me siento atacado. He descubierto que me hace mal quedarme callado porque me lleno de malas evaluaciones de mi mismo. Ahora, claro que no me resulta fácil saber como ponerle límites a los que digo, no quisiera ser muy duro pero tampoco sentir que me pasan a llevar.

Te pregunto: ¿qué sigues haciendo ahora? Reflexionas, te ruborizas, y me dices: me obsesiono conmigo mismo. Piensas un rato y me añades: la verdad es que no es algo que yo haga, sino que de hecho, sin que me de bien cuanta, me embarga, la obsesión conmigo mismo.

Te miro; pareces avergonzarte. Dices: ¡que malo ser así! Es el colmo del egotismo, ¿no te parece? Cómo puede ser que yo ande todo el día preocupado de mi mismo. Debo ser una persona muy monotemática, y estar conmigo no debe ser nada de agradable. ¿Qué clase de ser humano puede ser así? ¿Qué me pasó de pequeño que me acostumbré a esto? Recuerdo cuando era adolescente que...

Se detiene; me mira y dice: ¡lo estoy haciendo de nuevo! Parece pensar un momento y dice: o sea, ¡observo que me embargó de nuevo! Le digo que, cuando menos, ya se está escuchando en el momento de hacerlo. Ahora, si sigues escuchándote y quieres evitar este embargo, sólo te queda la práctica de cambiar esas conversaciones.

Docta presentación del endemoniado

Enviado por Mario Valdivia el 08/09/2007 a las 12:21
Mario Valdivia

perplexed pig.jpgEncontré esta publicación en el blog del endemoniado de Chillán. Aparentemente corresponde a una síntesis de una docta presentación hecha por el susodicho en el círculo de hermeneutas y metafísicos de Quiriquina. Lo publico por pintoresco y dieciochero. Copio textualmente.

Estoy aburrido que se me considere endemoniado; ¡como si fuera yo el único!. No sería malo que reflexionen sobre este fenómeno antes de considerarme un caso raro. En primer lugar, consideren que la condición necesaria para endemoniarse consiste en ser humano. No es algo posible para los animales, por ejemplo, o las plantas, o las cordilleras. Nadie ha visto nunca un no humano que ande endemoniado.

Debe hacer un aparte aquí. Anda a veces por estas tierras un cura que viene a decir misa cada dos meses, aunque más a menudo en la época de las perdices al escabeche, los camarones de vega y el chacolí del año, que me discute esto con el ejemplo del endemoniado de Gerasa. Para los descreídos y poco letrados debo decir que el endemoniado de Gerasa figura en el Evangelio de Marcos (y en otros), siendo liberado por Jesús de una legión de demonios los que, al abandonarlo, se posesionan de una manada de cerdos lanzándolos todos al mar, donde perecieron. Así que, al menos en el caso de los cerdos, al parecer estos si pueden endemoniarse. Discrepo del santo varón. Los cerdos no fueron poseídos, simplemente fueron guiados por los demonios a su muerte inmediata, lo que precisamente demuestra que no puede haber cerdo vivo endemoniado, lo que obviamente vale también para los demás irracionales. Efectivamente, para ser endemoniado hay que ser humano.

Debo añadir - es sabido que en materia de argumentos, mejor es que sobren a que falten - que demonio no quiere decir nada malo; demonio quiere decir simplemente espíritu - que sea bueno o malo el espíritu viene siendo materia de opinión. Así es en la lengua abuela de todas nuestras lenguas - la griega -, lengua en la cual están escritos los primeros evangelios que tenemos, para que se sepa. Ahora bien, como dijo algún filósofo en alguna parte, yo todavía no me he encontrado con ningún ser humano como tal; si me encuentro a cada rato con chilenos, franceses, gringos, chillanejos, quirihuanos, católicos, metodistas, (inclusive anda uno por ahí que dice ser budista), padres, madres, profesores, curas, y los demás. Y el chillanejo de puro criarse en estas tierras se fue poniendo chillanejo casi sin darse cuenta. Y los chilenos nos ponemos chilenos desde chicos, ¿no es así? Y ¿cómo hacemos de un gringo un chileno?. Esto toma mucho tiempo, hay que traer al gringo a vivir por aquí para que se deshabite del gringo y se deje habitar por el chileno...casi como que no se puede por completo, salvo que se trate de un gringo-niño.

Podemos notar - cosa que no hacemos habitualmente - que los perros en cualquier parte y en cualquier época andan de perros por la vida; lo mismo vale para los cerdos, los pollos y los erizos; cada uno anda trabajando de lo que ya es. Nosotros no, nosotros antes que nos demos cuenta, ya andamos en la vida habitados por un chileno o un alemán o un ciudadano del imperio romano o un toqui mapuche o un ingeniero de sistemas o un coach ontológico. (Opinen ustedes a piacere sobre los espíritus buenos y malos)

O sea, los seres humanos por necesidad somos habitados por espíritus. Es suficiente ser humano para ser endemoniado. No somos humanos si andamos deshabitados, vacíos. En eso consiste ser humano, en ser poseido por algún espíritu de alguna lugar, en estar situado. Es decir, la condición necesaria y suficiente para ser endemoniado es ser humano. Una cosa y la otra vienen a ser sinónimos. ¡Para los que me miran raro! Por lo menos yo me doy cuenta de lo que somos todos.

¡Qué extraño!

Enviado por Mario Valdivia el 01/09/2007 a las 9:52
Mario Valdivia

Viven afanados con tener éxito;

mueren, despedidos como solidarios, generosos, humildes.