Mario Valdivia

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Agradezco este valioso libro, desprovisto de fervor religioso, sobre religión y ateismo.

Andre Comte-Sponville, "El pequeño libro de spiritualidad atea"

 

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Sigo con momentos de reconfiguración

Enviado por Mario Valdivia el 29/08/2007 a las 12:52
Mario Valdivia

Me refiero al post anterior AQUÍ.

¿Qué cambia entre ambas situaciones? Para empezar, el estado de ánimo. Al comienzo, la reunión se da en un estado de ánimo más bien pragmático, de negocios y de resolución de problemas. Un estado de ánimo que podemos resumir: "dígame sus insatisfaciones para lidiar con nuestros procesos y corregir". Un estado de ánimo que podemos considerar típico de las situaciones de negocio. No es nada negativo; por el contrario, supone que existe confianza; confianza para que nos declaren insatisfacciones con franqueza, confianza que estamos dispuestos a escuchar en serio, con afán de mejorar. Se confía en quienes escuchamos dentro de los límites de nuestro negocio actual, de los productos, ofertas y servicios ya conocidos y utilizados.

El estado de ánimo de la situación reconfigurada deja de ser predominantemente pragmático. No nos mueve la resolución de un problema, mejorar un producto o un servicio. Más bien compartimos las posibilidades que nos abre la vida y las dificultades que ella conlleva. Hay intimidad, gratuidad, com-pasión y solidaridad (sentido de "nosotros"). Este ánimo nos abre a conmovernos con las dificultades y con lo que no anda bien en nuestras vidas y en las de los otros. Sin pretender de ninguna manera que podemos encarar las dificultades que escuchamos como un problema que podemos resolver, seguimos escuchando movidos por la solidaridad, y con la imaginación abierta a lo que puede ser inventado para atenderlas. ¡Quizás podamos inventar un proyecto innovador en conjunto!

Como nos gusta creer - nos da seguridad - que toda nueva acción de nuestra parte debe consistir en una nueva técnica que podemos aplicar, quizás pensemos que configurar esta nueva situación de escucha consiste en un procedimiento explícito que podemos seguir. No es así. Por el contrario, debemos conseguir que se hagan presentes la com-pasión y la solidaridad, y a éstas no podemos traerlas obligadas. Más bien debemos invocarlas con delicadeza como a verdaderas presencias tutelares. Y no siempre aparecen. Cuando eso no ocurre , las relaciones no pasan de los límites de la confianza pragmática inicial, no pierden las limitaciones del involucramiento a través de productos y servicios presentes, y su carácter más bien formal; y la situación se mantiene congelada dentro de los límites que ya tenía.

Pienso que lo más importante para que la invocación traiga a la presencia a la com-pasión y la solidaridad es nuestra apertura a conmovernos. La reconfiguración de la situación no ocurre con la presencia de indiferencia o distancia. Pero cuando la invocación es atendida, la situación se reconfigura y todo adquiere un nuevo foco claro y brillante. Pienso que todo nuevo negocio legítimo tiene en su origen y en su base momentos como éste: de solidaria e imaginativa escucha y búsqueda de nuevas posibilidades para enfrentar viejos malestares humanos.

Momento de reconfiguración

Enviado por Mario Valdivia el 21/08/2007 a las 13:15
Mario Valdivia

Te encuentras reunido con clientes de la empresa de la cual eres un ejecutivo - un banco. La mesa de reuniones está dispuesta y algunas tazas de café humean sobre la superficie de madera enchapada oscuro.

Inquieres sobre las insatisfacciones que tus servicios están produciendo. Recibes abundante respuesta. Después, con la conversación ganando en fluidez y naturalidad, preguntas por productos que los clientes echan de menos o imaginan posibles. El ánimo se pone más suelto, pueden surgir sueños y hasta fantasías. Luego preguntas a los clientes por sus proyectos futuros - personales o laborales - y los invitas a hablar de los recursos que les parecen más escasos para llevarlos a cabo y de las vallas más significativas que deberán sobrepasar.

Entonces la situación experimenta un cambio sutil y total. Los roles oficiales -cliente, proveedor - desaparecen y sólo quedan seres humanos hablando de las preocupaciones y dificultades de vivir en el mundo de hoy. Las preocupaciones pragmáticas de recibir y dar un mejor servicio se transmutan en un compartir gratuito e íntimo de desafíos y aprensiones. La mesa es ahora la reunidora de una pequeña comunidad de seres que miran juntos la vida.

Por un breve momento la com-pasión y la solidaridad iluminan el mundo como diosas que parecían lejanas pero que ya estaban ahi - poco visibles - todo el rato.

La raiz de los estados de ánimo negativos.

Enviado por Mario Valdivia el 19/08/2007 a las 12:08
Mario Valdivia

Todos los estados de ánimo que llamamos negativos tienen algo en común que está en la raiz de todos ellos. Esto consiste en que, vivimos envueltos en nuestros quehaceres cotidianos, simultáneamente:

  • esperando - a la expectativa - que esos haceres nos traigan el futuro que imaginamos poder llegar a ser, y
  • olvidando que el ser que somos - nuestra identidad - ha surgido y surge de un acto declarativo que nos compromete.
Entonces, nuestra actividad actual - del presente - se convierte en este quehacer olvidado de lo esencial que somos - seres que configuran su identidad - y que se hace expectativas de un futuro llegar a ser.
 
Que estas expectativas de futuro sean positivas o negativas no hace mucha diferencia. Si son negativas vivmos embargados por ánimos de resignación y otros parecidos conectados con la resignación. Si son positivas, vivimos embargados de ilusiones de que un buen futuro llegará... y esperando; o sea, ánimos de vacío optimismo, falsa esperanza y otros por el estilo. En ninguno de ambos casos, un estado de ánimo de madura resolución de declarar una identidad ahora y convertir nuestras acciones cotidianas en el compromiso resuelto con ese futuro.
 
O vivimos el futuro desde el presente (y olvidando que somos seres que inventan su identidad por declaración) ; o vivmos el presente desde el futuro (y recordando que configuramos el mundo en que vivmos y nuestra identidad en él). "Malos" estados de ánimo; "buenos" estados de ánimo.
 
Confieso que esta caracterización me ha permitido interpretar mejor los malos estados de ánimo que tenemos en Chile - a pesar que Chile crece y muchos lo ven comparativamente bien.
 
No hemos declarado como Nación, soberanamente, una identidad para Chile. Vivimos en el presente esforzándonos, trabajando mucho, portándonos bien con la macreconomía, pacíficamente con los conflictos políticos etc, a la espera que eso nos contruya una identidad valiosa y poderosa en el mundo. Cuando estas ilusiones, tarde o temprano, se muestran como lo que son, el futuro que vemos venir se ve más y más negativo - cuando menos, poco valioso - para el ser de Chile. Entonces nos embarga la resignación; y de la resignación pasamos a la victimización: "yo -nosotros" - lo hacemos bien, son los "otros" quienes impiden que el futuro bueno llegue de una vez. Y "los otros" son los demás chilenos.
 
Estamos de mal ánimo porque nos estamos culpando unos a otros - apestando, dicen los jóvenes con profunda intuición. Cada uno culpa al otro del futuro prometido que parece frustrarse y no termina de llegar. De aquí también la manifiesta e inocultable envidia con que nos paramos fente a los éxitos de cualquier tipo que tengan otros que consideramos nuestros iguales como país. De aquí también el afán obsesivo por destacarnos con lo que sea, aunque sea algo negativoo incluso vergonzoso. (¿No hemos notado en estos días el absurdo orgullo que nos embarga de haber sufrido el mayor terremoto del siglo XX?- lo que sea, ¡pero ser algo!)
 
Pienso que seguiremos así mientras no hagamos el acto de voluntad política soberana de configurar el Chile que queremos ser. De declarar una identidad valiosa para nosotros y apechugar comprometidamente con las consecuencias
de esa decisión fundamental.
 
¿Quieren oir de un ejemplo exactamente opuesto al nuestro? Aqui en Atisbando # 67 en PODCASTER.

Adriano

Enviado por Mario Valdivia el 11/08/2007 a las 12:39
Mario Valdivia

adriano.jpgEstoy seguro que los que hemos leido Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar consideramos que tenemos una relación muy especial e íntima con Adriano, el emperador romano del siglo II dc. Así de persuasivas nos han parecido las memorias del emperador escritas por Yourcenar 18 siglos más tarde.

Adriano vivió en un momento histórico en el cual los dioses de Roma ya habían perdido su carisma glorioso y las personas ya no estaban abiertas a sentirse invocadas con total seriedad y compromiso por ellos. El Dios Cristiano ejercía su peso de manera explícita y abiertamente sólo en los márgenes de la sociedad romana - entre esclavos, comerciantes y artesanos menores, y mujeres - y aun no adquiría la gravitación en nuestros corazones que tendría un siglo después y que mantendría por mucho tiempo.

¿Parecido a nuestros tiempos? En este mundo moderno, ¿hemos ido perdiendo la capacidad y la apertura necesarias para sentirnos definitivamente interpelados por nuestro Dios? Para los que sean sensibles a esta interrogante, les recomiendo este libro que muestra cómo, a pesar de todo, un ciudadano romano encuentra las razones necesarias para tomar total responsabilidad por el todo, precisamente en el momento en que no logra encontrar respuestas trascendentes definitivas.

Me trae esto a la memoria el des-cubrimiento en Turquía de una estatua colosal del emperador. En la foto: el señor de marras, Adriano.

Solemne banalidad

Enviado por Mario Valdivia el 11/08/2007 a las 9:34
Mario Valdivia

trono.jpgNuestro máximo órgano soberano - el parlamento - hace tiempo que se ve mal en lo que hace. Una enfermedad infecciosa de la cual no parece poder desembarazarse lo mantiene postrado: la banalidad. Pienso en la reciente dedicada discusión sobre el feriado del 17 de septiembre; pienso en los largos debates sobre el tamaño que debe respetar la publicidad en los paquetes de cigarrillos.

Al mismo tiempo, lo que futiliza aun más lo banal, un tinte de solemnidad ha ido encubriendo las banalidades en las que nuestro soberano se encuentra a menudo envuelto. Pienso en los destacados legisladores que han salido en los medios a llamar a una seria discusión para decidir cómo han de compensarse las horas de trabajo que no se realizarán el 17; pienso en los serios legisladores que han considerado necesario ofenderse con el episodio minúsculo de un baile en la casa del parlamento, convirtiendo lo inexistente en una seria banalidad.

Al mismo tiempo, bastó la firma de un ministro - alguien no electo - para que Microsft consiguiera un acuerdo con el estado de Chile que no ha podido conseguir tan fácilmente con otros estados nacionales del mundo - especialmente en Europa y también en Latinoamérica - preocupados de proteger con código abierto la soberanía nacional en materias de infraestructura tecnológica. También, recuerdo bien, los tratados de libre comercio han sido aprobados sin que el Parlamento los haya discutido en lo más mínimo - no había tiempo que perder, al parecer - y éste haya dado por aprobado lo que venía resuelto desde el Ejecutivo y acordado ya con los países respectivos. Y al menos en uno de estos tratados, con EEUU, Chile ha declarado válida internamente las leyes norteamericanas de propiedad del recurso más importante del siglo XXI: la propiedad intelectual (¿hablemos de soberanía nacional?)

Nuestro máximo órgano soberano no la ha visto pasar, en ninguno de estos casos ejemplares. Ni termina de ver que no la vio.

¿Qué pasa? No creo que debamos pensar que tenemos representantes malos o especialmente banales de nuestra propia soberanía. Son como nosotros, ni mejores ni peores, representan bien lo que somos y los hemos elegido nosotros mismos. Más bien, pienso que debemos considerar la posibilidad que, en los tiempos que corren, es nuestro estado el que se ha convertido en algo banal; nosotros mismo como soberanos de la nación nos hemos banalizado. Y entonces la solemnidad que procura darle resonancia a la nada misma que para todos es cada vez menos invisible.

Se nos ha dicho repetidamente que los estados nacionales enfrentarán una seria crisis debido a la globalización de las prácticas sociales en las cuales vivimos que han permitido las nuevas tecnologías de la información. ¡Como quien oye llover! Asi, el estado nacional se ha banalizado. El soberano - nosotros mismos- se ha banalizado. Como si casi nada importante para la soberanía y la identidad de Chile en el mundo pudiera estar en sus - nuestras - manos. Como si no hubiera nada que hacer; como si no fuera necesario hacer nada. ¡Como si solamente quedaran en nuestras manos soberanas quehaceres municipales!

¿Que es exclusivamente un problema con nuestros políticos? ¡Bueno, ya sería bastante! Pero no es así, tiene que ver con nosotros mismos. Miremos cómo estamos discutiendo y resolviendo los problemas - apestantes - de nuestra educación. Reputados intelectuales, convocados oficialmente, han elaborado un proyecto que está concitando el apoyo consensual de todas las fuerza políticas. Este proceso lleva ya un año o más. Pues bien, se ha discutido de todo - de organización del ministerio, de incentivos (sobretodo de incentivos), de derechos ciudadanos (que solemne conversación), de calidad garantizada (¡por las cortes de justicia!) de la educación, de la ley de educación, del afán de lucro y otros principios motores de la acción humana - pero no se ha dicho NADA sobre educación: sobre currículo, sobre prácticas y habilidades básicas, sobre el rol de las nuevas tecnologías en la educación, sobre para qué, y para movernos en qué mundo, educarnos. Y de esto si que depende en serio la productividad de los chilenos, nuestra competitividad y por tanto nuestar soberanía futura. Y nuestra identidad en el mundo. Descuidamos solemnemente lo más sustancial. (Camilo Herrera me hizo visible este hecho. Y también darme cuenta que las conversaciones más sustantivas sobre educación de hoy y del futuro se encuentra en los blogs. Ver especialmente EDUCÁNDONOS.)

Me parece evidente que los resortes que cuidan o erosionan nuestra soberanía están en otra parte; las preocupaciones que deben movilizar al estado están en otra parte. No exactamente donde nuestros queridos hábitos históricos nos hacen buscarlos. Crear un futuro para Chile y los chilenos en el mundo de prácticas y relaciones de hoy es lo que debe darle foco sustantivo a las tereas del estado y de nuestro órgano soberano mayor. No es repartirse mejor los escasos grados de poder que hemos conseguido (manipulando las frágiles herramientas e intrumentos con que los hemos producido), sino que expandir aceleradamente nuestra capacidad como Nación de dotar prácticamente a nuestros ciudadanos de la posibilidad de crear nuevos espacios de poder en el mundo y darle a Chile una renovada identidad valiosa global.

¿No nos parece que los ancianos se ponene banales? Con la velocidad del tiempo de hoy envejecemos muy rápidamente si no nos cuidamos de manera dedicada.

Escuchar aqui Atisbando # 66.

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