Mario Valdivia

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Agradezco este valioso libro, desprovisto de fervor religioso, sobre religión y ateismo.

Andre Comte-Sponville, "El pequeño libro de spiritualidad atea"

 

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¿Hablan las cosas?

Enviado por Mario Valdivia el 26/04/2006 a las 18:19
Mario Valdivia


Se supone que las cosas son mudas, que sólo los seres humanos hablamos. ¿No habrá algo de soberbia y ceguera en esto? ¿No habrá algo de sentirnos más especiales que lo que somos, fatalmente distintos y superiores?

En un post anterior de este blog se ve cómo es que una cosa como un semáforo es escuchado; o sea, habla. Ciertamente no es una máquina de hacer  juego de luces, sino que da órdenes y prohibiciones, y faculta.  De que habla con claridad lo demostramos nosotros al escucharlo con precisión, como demuestra nuestra obediencia.

Tomemos un libro. Un libro es una extraña cosa, una especie de caja que, al abrirla comienza a hablar. Podemos creer que quien habla es el lector, pero por algo no se llama hablante sino que lector. Cambiemos este lector por otro lector y veremos que ambos leen lo mismo. (Podemos grabar sus lecturas y comparar.). Es lo que dice el libro.

Pesemos un paquete de naranjas. La romana indica un número de kilógramos. No es un capricho de la romana ni del pesador. Es el paquete que responde a una pregunta. Cambiemos de pesador y romana: nada cambia, quien responde siempre lo mismo es el paquete. Responde siempre lo mismo a la misma pregunta. Y, al igual que alguien con los ojos vendados no puede escuchar un semáforo, si carecemos del instrumento adecuado  no podremos oir al paquete hacer afirmaciones sobre su peso en kilógramos.

Tomemos una pequeño trozo de cualquier mineral. Con un espectrógrafo de masa conseguiremos oirlo hablar  muy detalladamente de su composición química. Tomemos una muestra de sangre y un biólogo la hace hablar de los compuestos que navegan en ella. Tomemos un cerro y un geólogo lo hace hablar de su historia. Tomemos una población de cisnes de cuello negro y un ecólogo la hace hablar de sus posibilidades de sobrevivencia. En todos los casos, ante las mismas preguntas y con los mismos instrumentos, las cosas dicen lo mismo; son ellas las que hablan. El analista químico, el geólogo, el biólogo y el ecólogo sólo son sus voceros.

Los seres humanos hemos aprendido a hacer hablar a las cosas. Digamos mejor, a lo no humano. Con toda seguridad, desde que nosotros hablamos. Podemos decir que las cosas se (nos) hacen presente hablando, y en la medida en que hablan. Esta cordillera se me hace presente ya hablándome, dándome sus respuestas a lo que interrogo (y se como interrogar) -quizás me habla de su altura aproximada si soy un escalador con experiencia, quizás me habla de su luminosidad si soy un fotógrafo experto, quizás se queja de la reducción de sus glaciares si soy un medioambientalista preocupado del calentamiento global. Quizás me pide ayuda, quizás me ofrece una buena imágen fotográfica, quizás me advierte de un peligro. Y yo quizás me convierto en su vocero. Y así, haciendo de voceros de lo humano y lo no humano, los humanos existimos.

Más en este libro de Latour.

Instituto Médico Legal

Enviado por Mario Valdivia el 24/04/2006 a las 9:55
Mario Valdivia
Nunca he sentido tanto dolor y tanta vergüenza de ser chileno.
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C E acusada de tener estándares laxos sobre cultivos transgénicos.

Enviado por Mario Valdivia el 23/04/2006 a las 10:27
Mario Valdivia
Noticia en la BBC: Greenpeace y Friends of the Earth acusaron a la Comisión Europea de laxitud en la manera como ha evaluado los impactos potencialmente negativos del cultivo y consumo de alimentos genéticamente modificados.

Las organizaciones ambientalistas critican específicamente un informe de la Comisión que declara seguros a los organismos genéticamente modificados (OGMs). Este informe fue entregado oficialmente a la Organización Mundial de Comercio en respuesta a la exigencia de este organismo de señalar razones específicas para mantener la prohibición de ingreso a Europa de OGMs desde Estados Unidos por parte de los países europeos. Se estima que este informe será muy importante para forzar a los países de Europa a levantar las restricciones de importación en nombre de las reglas de la libertad de comercio.

Reclaman los acusadores que no hay para nada un consenso científico sobre la inocuidad de los OGMs y que todavía existen muchas fuentes de riesgo de los OGMs que no se han evaluado científicamente con rigor. Al parecer se acaban los días en que los problemas sobre los que tenían que pronunciarse los científicos tenían la simplicidad suficiente como para permitir la existencia de una sola opinión - llamada " la verdad científca". Ahora nos enfrentamos a situaciones holísticas que involucran redes complejas de factores que impiden el surgimiento consensuado de una verdad que concite consenso entre los científicos. Ahora las decisiones se hacen irreductiblemente políticas, inclusive los científicos deberán llegar a acuerdos de este tipo.

Tarde o temprano esta discusión sobre los OGMs y las decisiones que se tomen en Europa afectarán nuestras propias decisiones en Chile.

Estudio sobre efectos de OGMs en países en desarrollo.

Enviado por Mario Valdivia el 23/04/2006 a las 9:51
Mario Valdivia
Se ha dado a conocer un estudio sobre los efectos económicos de cultivar organismos genéticamente modificados (OGMs) en países  en desarrollo. Efectuado por un experto senior de la FAO (Organización para la Alimentación y la Agricultura de la Naciones Unidas), entrega variados resultados.

En Argentina el rendimiento de algodón transgénico resutó un 33% mayor que el algodón convencional, en China 19%, en India 34%, en México 11%, en Sudáfrica 65%. También se observó una reducción generalizada en el uso de pesticidas de entre 41 y 77%. La rentabilidad para los cultivadores aumentó asimismo entre un 12 y casi un 300%, dependiendo de cada caso. Las razones para esta variabilidad son investigadas en el estudio aludido.

Al menos como negocio, los OGMs probablemente ejercerán una fuerte presión para ser utilizados, a pesar de los riesgos biológicos y para la salud humana que muchos piensan que ellos conllevan.

Coco sano.

Enviado por Mario Valdivia el 17/04/2006 a las 12:15
Mario Valdivia

Pedimos porque tenemos deseos. Ofrecemos y prometemos porque tenemos la intención  de hacer algo y sabemos que podemos hacerlo. Comunicamos una evaluación porque sentimos que algo que ocurre nos afecta, positiva o negativamente, y queremos que algo pase al respecto. Declaramos una posibilidad querida porque tenemos algo que nos hace soñar.

¿Qué es primero: el deseo o el pedido, la promesa o la intención y la capacidad de realizar una acción, el sueño o la  declaración de una posibilidad, la evaluación comunicada o el sentimiento que  nos afecta? A primera vista, primero parecen existir los deseos, los sueños, las intenciones de actuar y la  convicción de poder hacerlo, los afectos y des-afectos. Y parece que, desde este mundo íntimo, nacen los actos de comunicación que ejecutamos con los demás.

Miremos con más detención. ¿Cómo es que desarrollé - desde pequeño - los deseos que fui teniendo y que he descubierto en mi más tarde a lo largo de mi vida, como algo que me caracteriza? Lo más convincente para mi es  aceptar que mis deseos se desarrollaron a partir de lo que aprendí a pedir. Desarrollé mis deseos haciendo pedidos y observando los pedidos de otros. Deseo lo que aprendí a pedir. Por eso, por no haber nacido en Japón, no deseé por mucho tiempo el sushi. Hasta que lo aprendí a pedir, y ahora el sushi es parte de mis deseos. Me cuesta ver a ninguno de mis deseos como proviniendo de otro lugar que no sean mis pedidos. Y me parece casi obvio que mis pedidos fueron aprendidos.

¿Cómo es que se que puedo hacer algo y tener intenciones de hacerlo?  Seguramente aprendí que puedo hacer aquello que repetidamente ofrecí o prometí hacer y que  cumplí bien según los que recibieron mi promesa. Se que puedo hacer esto o lo otro porque lo he prometido y cumplido recurrentemente. Entonces puedo tener y comunicar intenciones de hacerlo. Así, las competencias que estimo que tengo, y mis intenciones de actuar, provienen de la promesas que hago y cumplo. Y las habilidades que puedo imaginar tener provienen de promesas cumplidas que observo hacer a otros.

¿Cómo es que las diversas posibilidades que se abren me mueven y me afectan de una manera u otra?¿Cómo es que algunas me entusiasman, me gustan, me enorgullecen y otras me disgustan, me aburren, me averguenzan? Seguramente desarrollé mis afectos  - desde que fui capaz de aprender - escuchando y compartiendo las evaluaciones de otros, siendo afectado por los demás. Seguramente aprendí a tener temor en situaciones ante las cuales escuché evaluaciones de peligro de otros. Igualmente aprendí a sentir tristeza al escuchar las evaluaciones de pérdida de otros. Seguramente forjé  los valores que tengo escuchando evaluaciones de los demás y luego haciendo evaluaciones yo mismo. Tengo afectos y valoro porque aprendí a hacer y comunicar evaluaciones. Por eso, por haber nacido en una sociedad que valora la paternidad, no soy indiferente a mis hijos y me hace sentido sacrificarme por ellos. Sabemos que los seres humanos no siempre hemos sido así. O sea, hay otros valores que los mios que son compatibles con nuestra humanidad.

Esto me lleva a pensar que lo que llamamos nuestras intenciones privadas, nuestro mundo "interior",  - nuestros deseos, nuestra auto-evaluación de competencias, nuestras intenciones, nuestros sueños, nuestros gustos y disgustos etc. - provienen de estas acciones comunicativas públicas -como pedir, prometer, hacer evaluaciones, declarar posibilidades etc.  Y podemos pensar que de las competencias que adquiramos en ejecutar estos actos comunicativos dependerá la "sanidad" de nuestras conversaciones íntimas y el bienestar que experimentemos con nostros mismos. Saber pedir nos ayuda a no tener deseos resigndamente insatisfechos. Saber ofrecer y prometer competentemente nos ayuda a desarrollar competencias que valoramos y a superar las incompetencias que valoramos negativamente. Saber evaluar con fundamento competentemente nos ayuda a  abrirnos posibilidades valiosas y a evitar posibilidades negativas. Declarar posibilidades valiosas nos ayuda a compartirlas, hacerlas realidad y evitar convertirlas en sueños secretos frustrados.

Desarrollar competencias comunicativas es así la manera de constituir un ser íntimo con bienestar. Lo que no debe ser  novedad para quien sepa desde el comienzo que los seres humanos somos esencialmente seres comunicativos.


Escuchando estilos

Enviado por Mario Valdivia el 11/04/2006 a las 12:24
Mario Valdivia
Hacemos evaluaciones permanentemente.

Evaluamos porque necesitamos movernos hacia el futuro y las evaluaciones abren y cierran posibilidades. Decimos "el día está feo" y abrimos la posibilidad de pasar frio y de abrigarnos. Decimos que una película es "buena" y quizás abrimos la posibilidad que quienes nos escuchan vayan al cine. Decimos que un trabajador es "incompetente" y posiblemente cerramos la posibilidad de un próximo ascenso. Decimos que una comida "me gusta" y abrimos la posibilidad de pedir más. Decimos que algo está "bien hecho" y abrimos la posibilidad de hacer un acto de reconocimiento.

Cada vez que evaluamos algo o a alguien lo clasificamos entre dos polos opuestos: bonito-feo, buena-mala, competente-incompetente, inteligente-lerdo, gusta-disgusta, bien hecho-mal hecho, etc. Escuchando con atención los términos para estos polos opuestos que usan las personas al hacer sus evaluaciones, podemos abrir una ventana para sintonizarnos con su estilo.

Alguien con un estilo que podemos caracterizar quizás como "formal", evaluará utilizando como algo general el polo de opuestos "correcto-incorrecto", o algo semejante como "como es debido- como no se debe".  Así, las habilidades que una persona muestre aparecerán quizás como actos hechos como es debido, como actos que cumplen con requisitos y formas debidos. Las faltas de competencias aparecerán como incorrecciones, como algo que no respeta requisitos debidos. Las personas así tienden a valorar mucho las formas y los procesos que otros siguen en su comportamiento. Ven la vida como deberes, más que como competencias, hábitos y gustos, y la acción siempre tiene la posibilidad de tener errores o de ser correcta.

Alguien con un estilo quizás "moralista" evaluará utilizando generalmente el polo "bueno-malo" o parecidos, tal como "virtud-defecto". Las competencias que una persona exhiba aparecerán como cualidades virtuosas, las incompetencias como falencias o defectos.  Las personas así tienden a sentirse culpables o a declararse inocentes frente a lo que han hecho o dejado de hacer y tienden a calificar así a los demás. Les cuesta ver hábitos y aprendizaje detrás de las acciones de las personas y más bien ven temple moral y ético en cada situación.

Alguien con un estilo más "pragmático" evaluará utilizando normalmente el polo "competente-incompetente" o parecidos, tales como "hábil no hábil" o "sabe-ignora". Los defectos aparecen como falta de competencias, o muestras de ignorancia, y las virtudes como habilidades o manifestaciones de conocimiento.  Estas personas entienden a los seres humanos como  acumulaciones de  "know how"  y habilidades adquiridas, y normalmente buscan descubrir las "competencias ausentes" que se necesita adquirir para superar situaciones y acciones evaluadas negativamente. Confían en el aprendizaje.

Alguien con un estilo que quizás se pueda caracterizar de hedonista evaluará utilizando generalmente el polo "me gusta-no me gusta", o "agradable-desagradable".  Las incompetencias y los defectos aparecerán como algo que me disgusta, las competencias y las habilidades como algo que me gusta. Estas personas hacen aparecer al mundo y a los seres humanos desde su placer y displacer.  Esta es una manera altamente subjetiva e indidual de abrir y cerrar posibilidades y de evaluar a los demás. Habilidades y competencias, virtudes y defectos, no se hacen presentes; las personas aparecen más bien como atributos innatos que las hacen gustables o no.   

Confianza y competencias

Enviado por Mario Valdivia el 11/04/2006 a las 11:53
Mario Valdivia
En un post anterior decía cómo las acciones de comunicación siempre involucran la confianza o la desconfianza en lo que comunicamos. Siempre es posible preguntarse por las intenciones de quien se comunica. Y una primera evaluación de confianza la hacemos simpre evaluando las intenciones de quien habla. Sabemos que podemos engañar y ser engañados prometiendo, dando información, pidiendo, haciendo evaluaciones etc.

También necesitamos establecer confianza porque podemos equivocarnos al comunicarnos. No se trata ya de engañar comunicando lo que no creo o lo que no considero válido, sino que se trata  ahora de comunicar algo que es falso o inválido pero sin que nos demos cuenta que estamos en un error. Toda acción de comunicación presupone ciertas habilidades para poder ejecutarla competentemente. A prometer partimos de la base que sabemos qué se necesita hacer para cumplir lo prometido - podemos equivocarnos y no cumplir con lo prometido. Al dar una información suponemos que sabemos apreciar la evidencia que hace de esta información algo verdadero- podemos equivocarnos e inducir a error. Al hacer una evaluación suponemos que sabemos darle fundamento - podemos equivocarnos y quedamos como personas arbitrarias. Al hacer un pedido suponemos que sabemos que ese pedido servirá para satisfacer algo que nos hace falta -podemos equivocarnos y hacer trabajar de más a quienes se afanaron por cumplirlo. En todos estos casos, se crea incertidumbre en la próxima ocasión comunicativa.

Hay muchas razones para inducir a error al comunicarnos sin saber que estamos  haciendo eso. Ocurre cuando no tenemos las habilidades necesarias para ejecutar las acciones comunicativas competentemente y no nos dmos cuenta que no las tenemos. Siempre es posible que esto ocurra, lo que abre una segunda preocupación sobre si confiar o no confiar al interactuar con otras personas.

Ambas posibilidades - engañar e inducir a error por equivocación - dañan la confianza entre dos parte que se comunican. Al final, algo que se comunicó no es como se dijo o no resulta como se comprometió. Y la otra persona no puede establecer a ciencia cierta si esto ocurre por falta de sinceridad o por falta de habilidades en quien se comunicó. Por eso es tan importante para construir una identidad de persona confiable desarrollar una buena capacidad de observar y conocer nuestras competencias e incompetencias.


Verdades y correcciones: la loica en el acacio.

Enviado por Mario Valdivia el 11/04/2006 a las 11:53
Mario Valdivia
Una loica se posa vistosa en el poste de acacio que separa el pasto verde de la tierra seca de los faldeos del cerro. Una mancha roja contra el cielo azul.

Me digo a mi msimo: "una loica está en el poste". Pienso: he aquí una afirmación verdadera. Lo que hay ahí -una loica en el poste - se corresponde correctamente con lo que digo: "una loica está en el poste". En esto consiste la verdad, en la correcta correspondencia entre lo dicho y lo que ahí está. Así por lo menos me lo enseñaron a mi: lo verdadero es lo correcto, la verdad es la corrección.

Aquí tengo lo dicho: "una loica está en el poste". Acá quiero poner lo que hay ahí -una loica en el poste.  Pero, ¿cómo se, antes de hablar y decir que ahí hay una loica en el poste, que ahí hay una loica en el poste?  Sin decirme a mi mismo que "una loica está en el poste" ahi, ¿cómo es que se que ahi hay una loica en el poste? Parece que lo que se corresponden son dos decires: digo dos veces "una loica está en el poste" y evalúo que ambos decires se corresponden correctamente. Obviamente hay un círculo aquí. ¿Cómo podemos entender la verdad como correspondencia correcta entre lo dicho y lo que ahí está si lo que ahi está sólo puedo reconocerlo como algo dicho? Parece que digo: una loica está en el poste, una loica está en el poste, una loica está en el poste.

Conozco dos maneras de entender la existencia de un mundo ahi - en este caso mi loica - que puedo conocer antes de hablar. Una es suponer que fue hecho por Dios, que lo puso ante nosotros, nos dio la capacidad de reconocerlo directamente y nos dio el lenguage para darle nombres a lo que ya está ahi. O sea, por autoridad divina. La verdad como corrección en este caso es lo correcto según la autoridad divina. La segunda es suponer que mis sentidos - vista, olfato, oido etc. - me permiten percibir lo que ya está ahi en el mundo. O sea, le doy autoridad a mis sentidos. A veces la ciencia adopta este punto de vista diciendo que la verdad es la correcta correspondencia   entre lo que digo y lo que me muestran mis sentidos.

De la autoridad divina, ¿quien puede hablar y decir  lo que es verdadero y lo que es falso? Yo, al menos, no. Así que sigo con la otra posibilidad. ¿Cuáles de mis sentidos me informan que lo que ahi hay es una loica? ¿Tal vez  todos actuando al unísono? ¿Basta solamente con la vista? En cualquier caso, ¿cómo pueden informarme mis sentidos que éste es un ejemplar del orden icteridae y del orden passeriformes? ¿O mas bien corresponde esto a nuestro sistema de clasificación y no a la loica?   ¿Cuál de mis sentidos me informa que este es un pájaro, o sea una suerte de reptil con plumas que vuela (aunque hay excepciones)? ¿Y cuál me informa que eso es un poste de acacio, utilizado para hacer cercos que separan paños de tierra? Me parece seguro que no está en los sentidos informarme de nada de esto: loica, pájaro, poste, acacio, son interpretaciones que hacemos de lo que percibimos quienes habitamos en Chillán, poblado de acacios, sembrado de postes, surcado de loicas y miles de otros pájaros.

Antes de establecer qué es correcto en lo que decimos, el mundo ya se ha des-ocultado con postes y loicas. Desde que recibimos un mundo quienes aquí nacimos - chicos, muy chicos - éste contiene pájaros de diversas especies, reptiles desde los cuales evolucionaron los pájaros, postes que cercan trozos de tierra que se llaman potreros y que se usan para  plantaciones y usos diversos que más vale no mezclar. El mundo se nos abre así, como parte de la historia que nos contiene. Entonces toda corrección está sujeta en primer lugar a este desocultar histórico. Toda verdad como correspondencia depende antes que nada de que exista esta apertura histórica de un mundo. Y otras historias desocultan otros mundos.

¿Cuánto hemos sufrido los seres humanos por estar sujetos a la interpretación de la verdad como corrección?




Crear confianza en nuestra sinceridad.

Enviado por Mario Valdivia el 03/04/2006 a las 19:45
Mario Valdivia
Nuestras intenciones no son visibles pero nuestras acciones hablan de ellas: permiten que otros hagan evaluaciones fundamentadas de nuestras intenciones.

Normalmente actuamos comunicándonos con otros. El propósito de nuestras acciones no es nuestro propio yo sino que estriba en  otros: producimos acciones con otros, gracias a otros y para otros. Interactuamos comunicándonos con otras personas. Damos información, hacemos evaluaciones, tomamos decisiones, hacemos pedidos y ofertas, prometemos, preguntamos y respondemos etc. El comportamiento que acompaña a nuestras acciones comunicativas habla de nuestras intenciones.


Si  demostramos la veracidad de la información que damos, mostrando las fuentes de nuestros datos, producimos la evaluación que somos sinceros: mostramos que creemos en los datos que entregamos. Si prometemos algo y, llegado el momento, cumplimos con lo prometido, gatillamos la evaluación de que fuimos sinceros al prometer: que prometimos con la intención de cumplir. Si hacemos una evaluación de alguna situación o de alguna persona y comunicamos los fundamentos en los que basamos esa evaluación, creamos una interpretación de que somos sinceros: creemos en la evaluación que comunicamos y nos comportamos de manera consistente con ella. Con los pedidos que hacemos pasa algo similar. Si apreciamos los pedidos que nos cumplen, gatillamos la evaluación que fuimos sinceros al pedir: efectivamente deseamos lo que solicitamos.  Pasa algo semejante con las decisiones que comunicamos. Si nuestras acciones posteriores son consistentes con esa decisión, ella es interpretada como un acto sincero: tenemos la intención de ejecutar y hacer efectiva dicha decisión.

Cada vez que comunicamos algo, los demás interpretan que asumimos un compromiso: que nos guiamos por lo que comunicamos. Creemos en la información que damos, creemos en la validez de la evaluaciones que hacemos, necesitamos lo que pedimos, tenemos la intención de cumplir lo prometido y de ejecutar la desición tomada.  Si cumplimos con estos  compromisos, gatillamos la interpretación que somos sinceros. Que no hay nada oculto en nuestras intenciones.
 
Si nos comportamos generalmente de esta manera, produciremos confianza. No se dudará de nuestras intenciones y los demás con quienes nos comunicamos e interactuamos harán la evaluación que somos confiables.  Que se puede contar con nosotros y con los compromisos que tomamos.

Pero la confianza es siempre una interpretación que proyecta hacia el futuro nuestro comportamiento en el pasado. Nada obliga a nadie a mantener ese comportamiento y podemos destruir confianza en cualquier momento. La confianza es un capital trabajosamente acumulable y fácilmente evaporable.






¿Es importante saber confiar y producir confianza?

Enviado por Mario Valdivia el 03/04/2006 a las 13:29
Mario Valdivia
Nuestras intenciones no son visibles para otros. Podemos mentir, engañar, traicionar. Por eso, saber producir confianza y saber evaluar la confianza ajena es muy importante.

Los celos son producidos por la desconfianza; no creemos en las buenas intenciones de quien amamos.

La ira nace generalmente de la desconfianza; interpretamos las acciones de otras personas como producto de la intención de perjudicarnos y producirnos daño.

Nos frustra que no acepten nuestras propuestas y ofertas. Vemos que nuestras intenciones no resultan claras para ellos o ellas. No sabemos qué hacer para transparentarlas.

No sentimos inseguros frente a la gran cantidad de letra chica de un contrat; no sabemos si podemos creer en sus buenas intenciones.

No suponemos malas intenciones de quien cuida nuestro hijo pequeño; vamos tranquilos y despreocupados al cine en la noche.

Partimos de la base de las buenas intenciones de nuestro contador o de nuestro banco y casi no revisamos los números.

Si nuestras intenciones no resultan claras para los demás, nuestra capacidad de producirles valor con nuestras acciones desparece. Nadie nos "compra", nuestro poder se desvanece. Si las intenciones de los demás son siempre una materia de preocupación e inseguridad  para nosotros, nuestra vida se hace casi imposible. No podemos contar con nadie, nuestro poder se desvanece.

Desarrollar habilidades para producir y evaluar confianza es muy importante para vivir en paz y crear poder.