Confianza

Confiamos en alguien cuando creemos conocer sus intenciones. Desconfiamos de alguien cuando creemos desconocer sus intenciones; aun más claramente desconfiamos cuando creemos saber que oculta sus intenciones. En el primer caso, haga lo que haga y diga lo que diga,creemos saber que todo se corresponde con sus intenciones. En el segundo caso, nada que haga o diga nos convence de que no oculta algo.

¿Cómo podemos creer que conocemos las intenciones de otras personas? ¿Cómo podemos justificar esta creencia? A simple vista nos damos cuenta que las intenciones de otros son completamente invisibles a nuestros ojos. Lo más cerca que podemos estar de ellas es saber lo que otros dicen que son sus intenciones. Pero, ¿cómo podemos saber si lo que comunican es cierto? Y quedamos donde mismo, sin saber a qué atenernos.

La creencia de que conocemos las intenciones de otros seres humanos tiene siempre algo infundado. Podemos interpretar las intenciones como conversaciones que tiene alguien consigo mismo sobre su relación con las cosas, los seres vivos y los seres humanos que existen en el mundo. En general, una conversación en la que se dice a si mismo lo que ellos le provocan y lo que se propone hacer con los mismos. Por definición es una conversación siempre potencialmente privada y opaca a los demás. Más nos vale no pretender que la escuchamos o que la conocemos de ninguna manera.

Normalmente basar nuestra confianza en creer que conocemos las intenciones ajenas nos conduce a confiar en lo familiar y a desconfiar de lo no familiar. Simplemente porque suponemos desde el sentido común que conocemos aquello que es familiar. Así terminamos confiando en nuestros amigos, simplemente porque lo son, y desconfiando de los distantes, simplemente porque lo son. Manifestamos infinita paciencia y comprensión con las traiciones y abandonos de nuestros amigos en la misma medida que manifestamos impaciencia e incomprensión con las fallas de los demás. Mal aconsejados estamos los 15 millones de habitantes de este pueblo chico si creemos que podemos confiar así en el mundo.

En realidad no se trata de saber que alguien es confiable porque no podemos saber cuales son sus intenciones. No podemos basar la confianza en el saber. Lo que quiere decir que no podemos suponer que estamos seguros. En realidad, debido a que las intenciones son ocultas, los seres humanos siempre podemos traicionar: podemos engañar  comunicando intenciones que  no son verdaderamente las que enemos.  Nada puede asegurarnos contra esta posibilidad. Pero la contrapartida de esta posibilidad de traicionar es la posibilidad de cumplir y guiarnos por buenas intenciones, y muchas veces de manera gratuita. Si le fuera prohibido a nuestro ser la traición, no le sería posible la nobleza.

Pero no podemos movernos entre las expectativas de traición y las expectativas de nobleza. Necesitamos inventar una manera de confiar que sea adecuada para movernos en el mundo ancho y ajeno actual, y al confiar hacerlo menos ajeno. La mejor manera por lejos de entender la confianza la encuentro en los trabajos de Fernando Flores. En particular recomiendo aquí el  documento sobre promesas y confianza disponible para los inscritos en su blog.  Sobre esto prometo seguir en otro post más adelante.

Comunicación y control

Nos gusta controlar nuestros cursos de acción. Acostumbramos a hacerlo. Nos gusta asegurarnos de lo que va a ocurrir a partir de nuestras acciones. Creemos que esta es la manera racional de actuar: asegurar el futuro en el presente.

Pero hay algo en esta pretensión que se derrota a si misma. Consideremos nuestras acciones más significativas: nuestras acciones comunicativas, nuestrs prácticas de comunicarnos. Casi todo lo que hacemos ocurre  mediante estas acciones, es muy poco o muy trivial y poco importante aquello que podemos hacer por nosotros mismos, individualmente considerados. Lo más relevante lo hacemos comunicándonos con otros seres humanos y consiguiendo de alguna manera su colaboración. Podemos decir que conseguimos hacer aquello que conseguimos comunicar.

Ahora bien, una acción comunicativa no es tanto algo que nosotros hacemos cuanto algo que es escuchado por los demás. Hacemos un chiste, nadie se rie; quizás alguien se ofende. Saludamos y alguien estima que es un acto demasiado familiar; otro que es muy formal, otro piensa que en esta situación un saludo no es necesario. Hacemos un pedido y alguien piensa que es un acto demasiado frontal, que lo correcto hubiera sido hacer una sugerencia. Anunciamos que tenemos la intención de hacer algo y varios escuchan que prometimos hacerlo. Decimos que no y alguien escucha que queremos que insistan. Etc. Un chiste, un saludo, un pedido, un anuncio y un no no son actos que yo hago, son actos que quienes me oyen interpretan que yo hice. Y así como yo hago lo que hago, quienes me  oyen escuchan lo que escuchan. Y que la comunicación me sirva, que con ella consiga que ocurra lo que quiero, dependerá de lo que interpretan quienes me oyen.

Porque no podemos controlar a otros seres humanos y las interpretaciones que ellos hacen, no podemos controlar nuestras acciones comunicativas. Por eso, tener habilidades comunicativas consiste principalmente en interpretar como somos interpretados, en escuchar como nos escuchan. Y, aunque no podemos controlar nuestras acciones comunicativas, si somos responsables de ellas, porque debemos considerarnos responsables de cómo somos escuchados.











Distinguir dos tipos de verdad y falsedad

Manipulo mi i-pod y se acerca un amigo. Me dice: qué especial tu palm pilot.

Esta es una falsedad. Presencia algo que le resulta parecido a un asistente personal digital y simplemente se equivoca haciendo una afirmación falsa.

Otro amigo, más enterado, quiere sacarlo de su error. Le dice: no es un palm pilot, es un i-pod, o sea, un disco duro minúsculo que almacena música en grandes cantidades. ¿Es esto verdad?  En cierto sentido si lo es; efectivamente el i-pod es un disco duro pequeño que guarda musica. Y así podemos pensar que el i-pod viene a reemplazar al cd. Sin embargo, en otro sentido, quizás mucho más relevante, no lo es. En este sentido esta sería también una falsedad, pero de otro tipo.

Un i-pod implica un dominio de posibilidades mucho más amplio y relevante que la mera posibilidad de almacenar digitalmente música en poco espacio. El i-pod representa la posibilidad de conexión multimedial ubicua individual a la red.  Una pequeño adminículo portátil y simplemente manuable que graba y envía files digitales - texto,sonido,imagen- a la red, a la que se conecta mediante un conector universal a través del cual, además, recarga sus baterías. Al mismo tiempo  se conecta de manera simple y a la mano a  múltiples interfases - computadores, pantallas de televisión, equipos de  sonido -  desde los cuales podemos acceder a sus contenidos. Es esta posibilidad de acceso multimedial individual, ubicuo y universal a las redes lo que constituye lo que de verdad es el i-pod. Desde este futuro que el i-pod abre y des-oculta, decir que éste es un pequeño disco duro que almacena música es también algo falso.

El i-pod, como cualquier innovación, trae a la luz, des-oculta, posibilidades que estaban, antes que éste apareciera, ocultas. Interpretar el i-pod desde el pasado lo des-oculta como disco duro pequeño que almacena música. Quien hace esto tiene la razón, dice la verdad, pero se equivoca garrafalmente desde el punto de vista del mundo futuro que viene. Desde este futuro, dice algo falso cuando interpreta al -pod como un disquito duro que almacena música. Con respecto a esta equivocación, confundir el i-pod con un palm pilot es menos grave: es mucho más fácil sacar a alguien de un error así. Pero sacar a alguien del error de  creer que el i-pod es un disquito duro que almacena musica es más difícil - porque es una verdad que, aunque carece de horizonte y relevancia futuros, se impone con la fuerza de una evidente no falsedad- , y por lo tanto la equivocación es más grave.

O sea, podermos tener la razón y, sin embargo, estar equivocados. Y también puede ocurrir al revés. Recuerdo el caso de las primeras bombillas eléctricas de Edison que no duraban encendidas lo suficiente como para demostrar que era verdad la luz eléctrica. En el presente, Bell decía algo falso -p.ej. comparado con las lámparas de gas perfectamente confiables. Pero las primeras bombillas que lograron apenas encenderse un momento des-ocultaron el futuro de una humanidad sin noche. Edison se equivocó, sin embargo tenía la razón.

Creer que porque tenemos la razón no nos equivocamos nos hace arrogantes - normalmente ciegos y tercos. Creer que quien no tiene la razón necesariamente se equivoca nos hace rígidos y sectarios.


Observar histórico

> Miraba hace pocos días atrás un paisaje natural y me pregunté si observadores pertenecientes a distintos mundos históricos observarían lo mismo que yo o algo diferente. Así que observé con detención. Vi árboles, seres que han acompañados a los seres humanos desde hace miles de años. Vi hojas en los árboles. Vi altos cerros y al fondo una cordillera nevada. Vi al sol dejando caer su calor vertical sobre la tierra. Pensé en un primer momento: esto ha estado aquí para todos quienes han podido verlo desde siempre. Nada especial, nada distinto, esos son simplemente árboles que han visto los seres humanos siempre en su historia. ¿Qué es un árbol? Un ser vivo, un vegetal, un primo de los animales, un primo nuestro. Un ser hecho de células con ADN muy parecido al ADN de las células nuestras. Un ser que ha evolucionado por selección natural durante quizás millones de años y del que provenimos nosotros también por evolución por selección natural, según nos enseñó Darwin a mediados de 1800. Entonces, de pronto, observé mi observar desde la historia que me contiene.

Y también observé que no pude dejar de ver los árboles como recursos, materias primas para fabricar celulosa y tableros de madera aglomerada. Allá van a ir a parar estos árboles que veo; y tal vez por eso me siento emocionado -algo nostálgico y triste - ante un bosque, imaginando la fauna que protege y los días que le restan sin ser tocado. Casi como algo sagrado en vías de extinción. ¿Quiénes en la historia han observado a los árboles así? Y miré laderas para potenciales cultivos de viñas y paltos que pueden contar con riego elevado con bombas eléctricas, y masas de rocas que levantan las placas tectónicas que forcejean aquí al ladito bajo el mar y que algún día desaparecerán por la simple persistencia de la erosión, y hielo blanco en las alturas - H2O congelada. La cordillera, el majestuoso baluarte hacia el este que nos dio el Señor, tan grande y plena que se ve desde los aviones y que una vez que se ve desde ahí ya no puedo dejar de imaginarse sino que desde esa perspectiva.  Dicen que para los incas las grandes cumbres eran dioses. Le decimos cordilleras, pero eran dioses.  Y las hojas de los árboles, esas fábricas energizadas por la luz del sol, verdes de clorofila, hojas que en realidad rara vez vemos, la mayor parte de las veces simplemente las imaginamos detrás de la verde mancha que compone la parte superior de los árboles. Y todo, todo lo que veo hecho de compuestos químicos, al final de unos pocos átomos, básicamente de unos cinco o seis. Y veo los glaciares cordilleranos bajo amenaza de muerte por el calentamiento global y la falta de ozono que ha hecho de los rayos solares una amenaza de cáncer y muerte.

¿Quién antes de nosotros observó todo esto? ¿Y qué veían ellos y ellas, los de antes?  Tal vez no es necesario ir tan lejos para descubrir otras miradas que revelan otros mundos. Puedo, haciendo un leve esfuerzo con la mirada, fundir todos los límites de las cosas que ordinariamente distingo en campos del mismo color. Manchas verdes que funden hojas y hierba y laderas frescas de algunos cerros; manchas marrón que funden troncos y laderas secas y alturas de granito; una gran mancha azul que funde el cielo y sus rincones; el blanco de las nubes y la nieve en una gran mancha alba. Así nos han enseñado a observar el mundo algunos artistas abstractos. Es la historia que somos la que nos lleva a distinguir, dividir, categorizar y configurar el mundo que habitamos.

Pero, ¿no habrá  que distinguir entre observar e interpretar?, me pregunté  a mi mismo. Interpretamos lo que son los árboles y las hojas y las cordilleras y el sol, pero ¿los colores? A lo mejor pasa que simplemente vemos los colores y también los sonidos y los olores sin hacer ninguna interpretación, percibiéndolos como cualquier otro ser humano los percibiría independiente del mundo histórico que habiten. Los olores parecen demostrar que eso no es así.  Por lo general los olores nos parecen agradables o desagradables, nos atraen o nos repugnan. Antes de saber cuáles son los olores que percibo ya me siento atraido o repelido por ellos.¿De dónde provienen estas emociones si no es de los hábitos del ser histórico que somos? En este mundo global conozco seres humanos que perciben emocionalmente los olores de manera muy distinta a nosotros.
 
¿Y los colores?, ¿qué son los colores? ¿No son los colores algo que percibimos con más desapego? Los colores parecen afectarnos muy levemente: no son más que las longitudes de las ondas de luz que nos llegan; casi nada.  Asi vemos los colores nosotros desde fines del siglo XIX. Nadie los veía asi con anterioridad. Sin embargo, esa es una interpretación de lo que son los colores. ¿Qué pasa con la sensación íntima que los seres humanos tenemos cuando percibimos algo verde? Es seguro que esta sensación intima de percibir un color -el rojo, el verde, el azul- es la misma para todos los seres humanos en todas la épocas. ¿Pero quien puede hablar de estas sensaciones íntimas sin ponerles palabras que las interpreten?
 
Y ya nos dijo el filósofo: de lo que nada puede decirse, no queda más que guardar silencio.

Entender lo escrito

De los llamados conquistadores españoles, Pedro de Valdivia es el literato; por lo menos escribió cartas al rey de España que aun se conservan. Voy a leerlas a ver si entiendo lo que leo, decidió el Endemoniado de Chillán. Lo bueno de las cartas, pensó, es que el escritor obviamente está tratando que lo entiendan de una determinada manera. Se afanó por encontrar las cartas en la web, las leyó y concluyó que el párrafo que más lo interesó fue el siguiente: " esta tierra es tal, que para poder vivir en ella y perpetuarse no la hay mejor en el mundo; dígolo porque es muy llana, sanísima, de mucho contento; tiene cuatro meses de invierno, no más, que en ellos, si no es cuando hace cuarto la luna, que llueve un día o dos, todos los demás hacen tan lindos soles, que no hay para qué llegarse al fuego. El verano es tan templado y corren tan deleitosos aires, que todo el día se puede el hombre andar al sol, que no le es importuno. Es la más abundante de pastos y sementeras, y para darse todo género de ganado y plantas que se puede pintar; mucha y muy linda madera para hacer casas, infinidad otra de leña para el servicio dellas, y las minas riquísimas de oro, y toda la tierra está llena dello, y donde quiera que quisieren sacarlo allí hallarán en qué sembrar y con qué edeficar y agua, leña y yerba para sus ganados, que parece la crió Dios a posta para poderlo tener todo a la mano".

¿Qué entiendo de esto? El endemoniado de Chillán, como casi cualquier otro, tiene la habilidad para encarnarse en diversos personajes de diversas épocas históricas y escuchar "desde adentro" sus más secretas conversaciones; así que decidió ensayar algunas posesiones.  Encarnado como un ambientalista,  sacó como conclusión del texto leido que Valdivia era un tipo muy sensible. Lo que más le impresiona de esta región es su clima y la calidad de su medio. Notable para ser un conquistador cargado con la mala fama de una ilimitada y violenta ambición de  oro. Se emocionó el ambientalista endemoniado, y pensó que la breve mención al oro era simplemente un recurso de Valdivia para no ser tomado por un iluso excesivo en la Corte de Madrid.

Se encarnó después en un conocido agrónomo convencido de la potencialidad de Chile como productor de alimentos. De la carta leida sacó la conclusión que  Valdivia fue un lúcido anticipador en el Siglo XVI del futuro de Chile, aun invisible para todos, excepto para él. Tanta admiración por nuestro clima obviamente supone una capacidad notable de anticipar una de las pricipales riquezas que Chile descubrirá en el siglo XXI. Se admiraba el agrónomo.

Si le ocurrió después tomar posesión de un contador, burócrata de la Corona en España, y lo escuchó pensar.  Valdivia nos quiere engañar, está tratando de disimular, con alusiones a la tierra y al clima, la abundancia de oro que hay en Chile, que no quiere poner de manifiesto -y del cual nada ha enviado a Madrid hasta ahora. Cómo se le puede siquiera ocurrir que le vamos acreer tanta admiración y maravillamiento con unas brisas y unos soles bajo los que se puede andar sin sombrero. Seré un burócrata pero no soy tonto. Se enojaba el contador con el intento de engaño de soles y brisas.

Tomó después posesión de un conquistador y escuchó su privado pensar.  Después de leer este párrafo me parece evidente que Chile es una lugar de pobrezas -no hay nada de oro allí.  Y Valdivia, quebrado y en la miseria por haberse endeudado y haber gastado todo lo suyo en la conquista de una región miserable, intenta, a pesar de todo, mostrar a Chile como algo valioso para la Corona porque busca que el Rey lo ayude a financiar sus gastos. Yo haría lo mismo en su caso. En pedir no hay engaño y hay que mostrar lo hecho desde el mejor ángulo posible. Seguro que en el resto de la carta Valdivia exagera las penurias que ha debido enfrentar y la batallas que le han dado los indígenas. Todo con tal de impresionar la Rey.  Se sentía inteligente el conquistador para el que no habían maderas ni leñas que valieran.

Regresó a la quietud chillaneja el endemoniado. Creía saber mucho mejor que se entiende lo que se lee según el ser histórico que lee. ¿Quién se reviste de la autoridad para decirle  a uno u otro que está equivocado ya que hay una manera correcta de entender una carta?

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