Odio, sufrimiento y solidaridad. A propósito del 7/7/05 en Londres.
Enviado por Mario Valdivia
el 08/07/2005 a las 20:54
Esto es el odio, se dijo: odio es sufrimiento que ha encontrado su causa. Odiamos lo que causa nuestro sufrimiento.
Sufrir no es lo mismo que sentir dolor, pensó. Ni el dolor de una sensación física dolorosa, ni el dolor emocional de una pérdida de algo querido. El sufrimiento nos embarga cuando no aceptamos un dolor, cuando nos posee la incapacidad de aceptar su presencia como algo fáctico, ya ocurrido. Generalmente esto va aparejado de la convicción, o la duda, de que pudimos hacer algo para evitar una pérdida, o cuando nos embarga la convicción de que hay alguien que causó ese dolor y es responsable por su presencia. Entonces odiamos.
El endemoniado de Chillán recordó el mundo que conocía tan bien, y vio a gente adolorida por las expectativas positivas que no llegan y las posibilidades negativas que dan por seguras. Vio que el sufrimiento puede ser una emoción, fuerte pero pasajera y localizada, cuando resulta del dolor por una persona ida, o por una situación en el mundo que no llegará. Pero también vio otra gente que se duele por la manera completa en la que se encuentran en el mundo, -el mundo entero y su identidad en éste no son lo que esperan ni pueden esperar- entonces el sufrimiento se constituye en un estado de ánimo. La vida se hace intolerable y odian al mundo. Esto es lo aterrorizante, se dijo el endemoniado.
No le cabe duda que en este mundo moderno, global, productivo, racional y tecnológico, hay grandes posibilidades de sufrimiento. Ha visto las expectativas infinitas que se hace la gente, y que mantienen siempre cerca la posibilidad de la frustración y el dolor. Ha observado cómo a los ganadores de los juegos competitivos del mundo se les abren posibilidades inéditas de acumulación de poder, y cómo para los perdedores la suerte es implacable. Frente a las diferencias de poder que se han acrecentado enormemente en todo el mundo, ni yo estoy libre hoy de sentirme objeto, si no víctima, de las acciones de unos pocos, reconoció con un suspiro.
También ha observado desde su atalaya en Chillán, cómo la acelerada transformación del mundo afecta profundamente a mundos locales, transformación que éstos reciben como algo que aparece muy poderoso y que sólo observan impotentemente. Estos mundos y estas vidas son arrastradas por el cambio. Viejos valores, tradiciones y creencias que creaban identidades y daban sentido a la vida, son barridos, y parece haberse agotado su capacidad para darle continuidad al pasado y sobrevivir.
El endemoniado está seguro que el liberalismo está mal dotado para arreglar esto y mitigar el sufrimiento y evitar el odio en el mundo. Ha estudiado con atención a los liberales: todo lo descomponen en individuos actuando libremente y que deben preocuparse exclusivament por respetar un set definido de derechos. Todo lo que consigan de esta manera está bien obtenido, independientemente de las consecuencias de sus acciones para otros; todo lo que pierdan quienes pierden en este juego, está bien perdido, y no debe ser preocupación de los que ganan. Siempre le ha parecido que en su argumentación el liberalismo carece de la noción de un común nosotros detrás de todo lo que ocurre en el mundo, por eso no puede cultivar una real solidaridad. El mercado y la iniciativa individual no bastan para cultivar una solicitud real con los que sufren, con los perdedores, con los que quedan fuera. Una solicitud que se haga cargo de las consecuencias potencialmente odiosas para otros de nuestras acciones, aunque sean acciones dotadas de plenos derechos.
Los otros, que el endemoniado no sabe si hace bien en llamar socialdemócratas, tampoco arregalarán esto. Es una responsabilidad del Estado hacerse cargo de esto, los oye decir. E inventaron la igualdad de oportunidades, que es el mismo juego, todo de nuevo. Ahora nadie puede quejarse si tuvo iguales oportunidades que otros: es el nuevo derecho que todos debemos respetar. Tampoco ven el esfuerzo y el talento, sólo ven oportunidades. Constató: edifican burocracias para emparejar las oportunidades y ejercer el paternalismo. Parecen creer que han inventado la felicidad para todos!
Fueron diferentes en la historia, se convenció en endemoniado, pero en el mundo de hoy son muy parecidos; a ambos los posee el mismo espìritu: el espìritu del exceso de racionalismo, el espíritu que se obnubila con las cosas y la convicción de poseer la verdad al corresponderse con las cosas, el espíritu que consiste en la razón del poderoso del pasado.
Suspiró el endemoniado: solidaridad es una palabra grande, difícil de manejar, ciertamente imposible de simplificar mediante el uso astuto de la razón y la convicción de saber distinguir la verdad- es simplemente solicitud por los otros, se dijo -. Sin embargo, mayor es el poder destructivo del odio. Y odio será la consecuencia ineludible de nuestos actos en un mundo global en radical transformación si nos olvidamos de ella, apegándonos exclusivamente al formalismo de nuestros derechos o delegándola en burocracias que todo lo descomponen en fórmulas.
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Etiquetas: Endemoniado de Chillán.
¿Sabe usted que Chile se está convirtiendo en un significativo aporte a la alimentación en el mundo?
Enviado por Mario Valdivia
el 06/07/2005 a las 11:57
Algunas cifras. Cada dìa: 6.000.000 de personas consumen salmón de Chile en algún lugar del mundo,
6.500.000 consumen un vaso de jugo de Chile,
7.000.000 toman una copa de vino chileno,
1.600.000 consumen conservas de fruta hechas en Chile.
Chile se ha convertido, después de Nueva Zelanda y Bélgica, en el país cuya producción de alimentos representa una proporción más alta del PGB: casi 20%. A pesar de su tamaño geográfico relativo pequeño, Chile ocupa el lugar 17 en términos del volumen de sus exportaciones de alimentos:USAD 7000 millones.
Etiquetas: Chile, potencia alimentaria.
El mal espíritu de la liviandad develado de nuevo.
Enviado por Mario Valdivia
el 03/07/2005 a las 12:23
Ya se ha convertido en un hábito secretamente gozoso para el endemoniado escuchar las conversaciones de la gente que circula por la plaza, sale y entra de las tiendas y los bancos, y come en las cocinerías del mercado. Pasa largo tiempo en la alta torre admirado de cómo viven quienes se sienten libres de toda posesión.
"Yo opino", "me parece que", "¿qué piensas tú?", es la tónica de las conversaciones y, a renglón seguido, hablan de política, de medicina, de ciencia, de filosofía, de nutrición, de lo que sea. De todo opinan y contraopinan, se afanan y agitan, y hasta hacen como que pelean seriamente. Y gastan mucho tiempo escuchando estas conversaciones en la televisión. Se admira el endemoniado de la inteligencia de esta gente: han inventado que todos hablen de todo, se dice a si mismo. ¡Han inventado la igualdad! Pero luego de un rato de reflexión ya no sabe bien qué pensar de este invento: han inventado el derecho de todos a hablar de todo pero a costa de hacer que lo que dicen no valga nada. Después de intercambiar sus opiniones, se van para sus casas a atender sus particulares quehaceres. No han descubierto el compromiso, se dice el endemoniado, ¡no saben de promesas!.
Estaba a punto de retirarse de su atalaya cuando dio un brinco. "¿Cómo se cuenta con esta gente?", se preguntó. "¿Cómo cuentan unos con otros?" Pensó que vivían de mutuas expectativas, de hacerse esperanzas unos de otros, pero vio que eso no podía ser así en todo orden de cosas. Reflexionó y reflexionó hasta que concluyó: si no prometen, entonces se cuenta con ellos mediante actos de autoridad: obedecen comandos! Y entonces el endemoniado vio tras la pretendida igualdad, la orden, la obediencia y el temor.
Etiquetas: Endemoniado de Chillán.
¿Qué significa pensar? según Heidegger. II.
Enviado por Mario Valdivia
el 03/07/2005 a las 11:34
Basado en mi participación en el Curso del Magister de Filosofía "Heidegger de los 50"dirigido por el Prof. Dr. Cristóbal Holzapfel de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile.
Conferencia V.
Investiguemos en qué consiste esencialmente pensar haciendo ideas. El camino que haremos será el de dialogar con Nietzsche. Nietzsche es el pensador con el que culmina la historia del pensamiento occidental, la metafísica. Uno de los últimos dichos de Nietzsche es el siguiente: "la devastación crece", y éste constituye una manera de resumir el curso que ha tomado la historia. Nuestro interés en este dicho no proviene de considerarlo una simple apreciación evaluativa que hace Nietzsche, sino que, siendo Nietzsche quien es, de considerarlo una declaración del pensador acerca de lo que es.
"La devastación crece". La historia nos ha conducido a una situación caracterizada por la expansión de la "devastación" en todos los campos. Y lo que más da que pensar es que esto no nos incline a pensar. Parados frente al mundo crecientemente devastado -como lo declara Nietzsche - ¿cómo puede ser que no nos interroguemos sobre nuestro ser histórico esencial que nos ha conducido hasta aquí? Quzás esto demuestra que hemos perdido nuestra capacidad de sentir dolor y de echar algo de menos. ¿O es talvez que Nietzsche, al caracterizar la devastación, no ha pensado sobre nuestro ser histórico originario de manera suficientemente esencial?
Conferencia VI.
Al ser humano que somos, al que la devastación no lo inclina a pensar, Nietzsche lo llama el "ultimo hombre". Lo caracteriza por tener una naturaleza no establecida y por haber rigidizado una peculiar manera de hacer ideas representacionales.
El "último hombre" se entiende a si mismo como animal racional; esto es, como una extraña combinación de espíritu y corporalidad material animal. Ni el espíritu ni la corporalidad han sido bien establecidos como constituyentes de la naturaleza humana, menos aún la conexión entre ambos. Por eso, Nietzsche considera que el animal racional, el ser que somos, no está establecido.
Originariamente, el ser humano era considerado el "ser vivo con habla"; esto es el ser que mediante el habla es capaz de traer a la presencia seres del mundo y, al hacerlo, traer a su propio ser. El olvido de este ser originario nos llevó, siguiendo el curso de nuestra historia, a entender ser vivo como animal, y ser con habla como ser con razón. De allí en adelante nos hemos entendido como animales racionales olvidando nuestra relación constitutiva originaria con el lenguage.
Ahora bien, tener razón consiste en percibir lo que es - que incluye también lo posible y lo necesario- y esto quiere decir aceptar el encuentro con lo que es, confrontarlo cara a cara, dando cuenta de ello en el lenguage. Así, la razón es siempre una formación de ideas representacionales. Todo lo que existe aparece solamente en la medida en que es proveido de esta manera - como ideas representacionales al gusto y general comprensión de los seres humanos - y solamente así admitido como un objeto o un estado de las cosas. El "último hombre" de Nietzsche, el animal no establecido que somos, se ha rigidizado a si mismo y generalmente todo lo que es por una determinada manera de percibir, por una determinada manera de hacer representaciones.
Conferencia VII.
"Parpadear" llama Nietzsche la manera de percibir haciendo representaciones que el "último hombre" ha rigidizado. El parpadeo percibe exclusivamente las facetas superficiales y brillantes de las cosas. Considera que esto es lo único válido: lo observable y brillante que se presta a ser medido, manipulado, reconstruido. Así por ejemplo, las ciencias declaran que lo que ellas perciben es lo único existente y válido, prohibiendo todo otro acceso a los seres que no sea el propio: lo empírico y que se destaca como lo aparente y llamativo de las cosas. Dice Nietzsce que el "último hombre" se pregunta con escepticismo: ¿qué es el amor?, ¿qué es la nostalgia?, ¿qué es la creación?, y parpadea.
El parpadeo consiste en una suerte de engaño, un considerar serio algo que sabemos que no lo es pero que hacemos como si fuera lo único serio. Cotidianamente, parpadeamos cuando cerramos un ojo para comunicar que no estamos hablando en serio pero queremos que sigan con el juego. El parpadeo es una suerte de guiño de complicidad, una puesta en escena de un engaño pero con el acuerdo tácito de los participantes de no cuestionar el set up.
Conferencia VIII.
El "ultimo hombre" - nosotros - constituye una peculiar forma de ser animal racional, una peculiar forma de pensar haciendo ideas. Nietzsche la llama "parpadeo", pero no inquiere sobre la naturaleza de la representación de ideas y su relación con el parpadeo. A Nietzsche aparentemente se le escapa que el parpadear es una peculiar manera de pensar representacionalmente y que lo que nos impide pensar, lo que nos ha llevado al olvido del ser histórico esencial que somos, es el representar mismo. Nietzsche participa de este olvido -o sea, no se cuestiona que pensar es hacer ideas representacionales; por eso, podemos considerarlo como la culminación del pensamiento representacional. Dialogar detenidamente con Nietzsche nos ayudará a entender mejor la esencia de la representación y como ésta expulsa activamente la memoria de nuestro ser histórico originario.
Luego de interpretar como parpadear esta manera de percibir del "ultimo hombre", Nietzsche declara que el parpadeo está determinado por la venganza, proclamando que su rol como pensador es la liberación del ser humano del espíritu de venganza. Al hombre liberado de la venganza Nietzsche lo llama el "superhombre", y entiende su papel como filósofo es asegurar la transición del "último hombre" -nosotros- hacia el "superhombre". La venganza nos dará luces sobre la representación en general y sobre la posición del pensamiento de Nietzche en la historia del pensamisnto ocidental.
Conferencia IX.
Para entender la venganza, debemos partir de la comprensión de Nietzsche de que nuestro ser, y el ser general de los seres, es esencialmente voluntad de poder. Al sostener esto, Nietzsche no dice algo extraño y muy original sino que, por el contrario, sigue llevando adelante a toda la tradición de la metafísica occidental, al menos desde Leibniz en adelante.
El animal racional, el ser que somos y que forma ideas, las forma por afán de poder. Eso es lo que la declaración precedente implica. Las ideas sitúan frente a nosotros aquello que es, lo que está presente. Y podemos hacer esto desde la voluntad de poder, pero ¿cómo hacerlo con lo que ya pasó? Confrontada con lo
ya sido, la voluntad de poder no puede hacer nada. La voluntad de poder sólo puede revelarse frente a la temporalidad como transitoriedad. Esta es la venganza: la revulsión de la voluntad frente al tiempo y su pasar.
El parpadeo ejerce la venganza fijando ideas representacionales que destruyen todo lo dinámico, lo que va y viene y existe creciendo y perdurando -todo llegar a ser - reduciéndolo de estatura y finalmente descomponiéndolo. Edifica un eterno presente, ejerciendo la voluntad contra lo irremediable pasado en la forma de castigo.
Nietzsche no está declarando que la venganza es la revulsión de la voluntad contra una dimensión determinada del tiempo, el pasado, de un tiempo que tiene otras dimensiones como futuro y presente. No, la venganza se revuelve contra el pasar del tiempo. Con esto Nietzsche participa de todo el pensamiento occidental que ha considerado desde Aristóteles que el tiempo es esencialmente un fluir, un pasar. La venganza es la revulsión de la voluntad de poder contra el tiempo en tanto que es un pasar.
Conferencia X.
El tiempo pasa. En esto consiste el ser del tiempo desde el principio de nuestro ser histórico. El tiempo consiste en "ahora" que fluye desde un "ahora no todavía" hacia un "ahora ya no". Si el ser de las cosas es estar presente, el tiempo no tiene ser, fluye. Y es el fluir del tiempo lo que trae las cosas a su ser presente y las saca de su ser presente. Por eso, a la interpretación de que el ser general de las cosas es la presencia -interpretación que nos posee desde el inicio- le corresponde la interpretación del tiempo como un fluir sin ser. Por otra parte, si el tiempo tiene ser entonces el ser no puede ser la presencia.
Nietzsche pertenece plenamente a esta tradición histórica. Él no vio estas conexiones entre pensar re-presentacional y ser y tiempo, por eso no abandona la metafísica y se mantiene como un pensador que no interroga esencialmente nuestro ser histórico originario. Sin embargo, al abrir estos horizontes en los que la representación se devela como venganza contra el tiempo y su pasar, Nietzsche deja abierta de manera inmediata la posibilidad de cerrar el pensamiento metafísico. Se constituye en el último pensador metafísico, en quien la cierra.
¿Cómo se propone Nietzsche liberar al hombre de la venganza, llevándolo a constituirse en superhombre? De la única manera posible: liberándolo del pasar del tiempo, de lo transitorio, de lo que se va y no vuelve. Se propone enseñar al hombre el eterno retorno de lo mismo, enseñarle que lo más general de las cosas consiste en su eterno recurrir; enseñarle por lo tanto a moldear su voluntad como voluntad de la recurrencia, que lo que se va no desaparece sino que retorna y retorna. El superhombre diseñará recurrencia y se entenderá a si mismo como recurrencia eterna.
Heidegger cierra la Conferencia X apuntando a la eterna circularidad recurrente de las usinas y máquinas en general como expresión cada vez más omnipresente del eterno retorno Nietzscheano, y como demostración también de que ello no nos salva de la devastación, sino que posiblemente es la devastación misma.
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Etiquetas: Filosofía.
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