Por qué en Quirihue.
Enviado por Mario Valdivia
el 04/11/2005 a las 11:09
¿Por qué viniste a Quirihue?, le preguntó el quirihuano sin saber decidir si la presencia del endemoniado prestigiaba a su ciudad o hablaba mal de ésta. Por las papayas, le dijo; que me perdonen los serenenses pero las papayas de Buchupureo son mejores que las de Elqui. Además, por el pipeño y el aguardiente clandestina de estos cerros. También por el arrollado, aunque los hay buenos en Chillán y en otras partes. Le hablaba el hambriento, un personaje de Quirihue amigo del zombi. Dudó un buen tiempo el zombi en presentárselo, pero finalmente lo hizo. El hambriento y el zombi eran amigos como los perros y los gatos: peleaban con gusto, interminablemente. El hambriento tenía un diagnóstico negativo sobre el mundo y una sola razón para expliar esta desgracia: se han acabado los valores, decía. Acompañaba este dictum con la desperación del que no sabe dónde conseguir los valores ausentes y padece hambre verdadera de no poder alimentarse con ellos. "El hambriento", lo nombró el habitado.
Observando a los muchachos que, en vez de ir a la escuela, se entretenían en la sala de juegos electrónicos cercana a la plaza a vista y presencia de sus padres, el hambriento suspiraba: los jóvenes han perdido los valores; y cómo no si los han perdido sus padres. El zombi le replicaba en el acto: nada que ver con valores, lo que pasa simplemente es que los incentivos están mal puestos, pensando con horror en algún probable subsidio implícito en el precio de la escuela. (Los subsidios mal puestos constituían el mal mismo para el zombi- incentivos perversos, los llamaba). Esto provocaba una discusión que se eternizaba entre ambos, sin que ninguno lograra convencer al otro. El zombi pensaba íntimamente que lo que incentivaba al hambriento a echar de menos los valores era la simple flojera de pensar más allá de eso. Al hambriento le parecía el colmo de la falta de valores del zombi no creer en los valores. Así que cada uno consideraba que el otro, mientras más se esforzaba por argumentar, más evidente hacía la demostración de su propio punto de vista. Pero se tenían cariño. Con quien peleo si no en este pueblo, pensaban ambos. En su incesante discutir habían descubierto sendos argumentos mortíferos que blandían solamente cuando ya la pelea se hacía demasiado cansadora. El del zombi era: ¿por qué son valiosos los valores? ( a lo que el hambriento respondía que sin valores la vida carece de valor, sabiendo que la respuesta no era buena en un mundo en el cual la gente declara sus propios valores). El del hambriento era: ¿por qué incentivan los incentivos? (a lo que respondía el zombi diciendo que sin incentivos ¿para qué viviría la vida la gente?, sabiendo que la respuesta no era buena para gente que sabe que morirá y a quien nadie ha pedido permiso para hacerlas nacer). Cuando intercambiaban estos argumentos de última instancia ambos decían con irritación: con ese argumento cualquiera demuestra cualquier cosa, detenían la discusión y se iba cada uno por su cuenta en direcciones contrarias. El endemoniado siempre que los oia en estas conversaciones se preguntaba por quiénes eran los verdaderamente endemoniados: él, que algo se sabía poseso, o estos otros que no sospechaban para nada su propia posesión. En todo caso, estaba contento de estar en Quirihue porque había encontrado allí una buena dosis de matafísica. Y, como es de común conocimiento, más allá de arrollados, pipeños, papayas y aguardiente, la metafísica es el alimento verdadero de los endemoniados. Etiquetas: Endemoniado de Chillán.
La encrucijada del ozono.
Enviado por Mario Valdivia
el 03/11/2005 a las 11:18
El ozono es un gas compuesto por tres moléculas de oxígeno. Se extiende en una delgada capa en la estratósfera entre los 15 y los 50 kilómetros de altura. Allí juega un rol fundamental para la vida en la tierra: bloquea una banda específica de radiación ultravioleta (llamada UV-B) que proviene del sol. Esta radiación causa serios daños en las células vivas. Se estima que la vida en la tierra no sería posible sin la existencia de esta capa protectora de ozono.
En los años 70 se dio la primera voz de alarma. Mediciones hechas en la Antártica mostraron que la capa de ozono se estaba adelgazando en magnitudes inquietantes, configurndo un verdadero agujero de ozono en este continente. El mexicano Mario Molina y otros investigadores descubrieron una razón para esta reducción, obteniendo con ello el Nobel de química el año 1995. El culpable: un tipo de gas producido industrialmente como refrigerante y como aerosol, los clorofluorocarbonos. Más adelante se han desubierto otros gases por el estilo que tienen el mismo efecto, aunque los más importantes son los clorofluorocarbonos. Estos gases, muy estables químicamente, se elevan a la estratósfera donde la radiación ultravioleta los descompone, liberando un átomo de cloro que tiene a a su vez la capacidad de descomponer una molécula de ozono. Se estima que basta con un átomo de cloro libre para descomponer más de 1000 moléculas de ozono. El descubrimiento produjo temor y preocupación universales. Los estudios fueron checados obteniéndose los mismos resultados indudables. La humanidad tomó conciencia bruscamente que al aire libre podía estar a merced de rayos ultra peligrosos. El temor al cáncer a la piel se hizo presente en todas partes, especialmente en el mundo desarrollado, en el que el cáncer se ha constituido en la más temida causa de muerte. Se iniciaron negociaciones internacionales entre los principales países productores de estos productos - en más de un 90% EEUU y Europa -y se alcanzó un acuerdo de reducir aceleradamente la producción de clorofluorocarbonos hasta eliminar por completo su producción y uso. Esto los obligó a encontrar substitutos para todos sus aplicaciones. Así se llegó al año 1987 cuando se firmó el Protocolo de Montreal que formalizó estos compromisos con estas metas. Los acuerdos de Montreal han sido firmados por todos los países de la tierra. Se encuentran en buen estado y vigentes. La cantidad de clorofluorocarbonos que se libera a la atmósfera se ha reducido en más de 80%. Este año, las mediciones satelitales muestran que, por primera vez desde que se llevan estos registros, dejó de reducirse la cantidad de ozono en la estratósfera. Aunque la cantidad del gas está aun en niveles muy bajos y demorará todavía años en recuperar sus niveles normales, el hecho que esté deteniendo su adelgazamiento es una muy buena noticia y se estima un resultado positivo directo de Protocolo de Montreal. Nadie puede asegurar que el problema esté resuelto, pero claramente es un gran paso adelante. O sea, se pueden enfrentar las encrucijadas globales de alto riesgo aunque no haya una clara institucionalidad global. La clave es que los seres humanos perciban claramente el peligro de no hacer nada. (Sobre esto recomiendo libro de Ulrich Beck). La clave para movilizar fuerzas globales consiste en esto: en la paciente y permanente explicación de los peligros que todos corremos al acortarse los plazos de las encrucijadas de alto riesgo sin hacer nada. Asi insiste Beck. Etiquetas: Encrucijadas globales de alto riesgo.
Escuchar 8.
Enviado por Mario Valdivia
el 01/11/2005 a las 11:55
Pregunta: me parece que al escuchar a otros lo hacemos a partir de nuestros prejuicios y nuestras presuposiciones, a partir de lo que nos gusta y no nos gusta, de lo que consideramos correcto o incorrecto, etc. ¿Cómo es posible escuchar a otras personas con un mínimo de objetividad sin meternos de por medio y terminar escuchándonos siempre a nostros mismos? Respuesta: recordemos que escuchamos debido a que tenemos familiaridad con el mundo de prácticas y preocupaciones de los demás. Esto quiere decir que escuchamos gracias a nuestros prejuicios y presuposiciones. Por ejemplo, consideremos la lengua. Por experiencia propia sabemos que las posibilidades de escuchar a personas que tienen una lengua extraña para nosotros, es muy superficial. Por eso escuchamos mucho más de un latinoamericano o un español que de un alemán o un sueco. Consideremos otro ejemplo: la roja. Nuestra selección de fúlbol si que sabe llenarnos de preocupaciones cambiantes. De la ilusión, pasamos a la frustración y a la vergüenza. Podemos escuchar esto de la mayor parte de nuestros compatriotas, y es difícil que personas de otras nacionalidades escuchen esto de nosotros. Salvo, quizás, si vienen de otras sociedades que comparten con nosotros el prejuicio sobre la importancia que tiene el fútbol. Escuchamos a otras gracias a nuestros compartidos prejuicios con ellas. Por eso, podemos aprovechar la escucha a otros para escucharnos a nosotros mismos. (Sócrates - no el futbolista brasilero de los setenta, Sócrates el griego - sostenía que la mayor sabiduría estriba en "conocerse a si mismo".) Para empezar, podemos notar los estados de ánimo en que nos pone escuchar a determinadas personas. Quizás con algunas es impaciencia, en otros casos irritación, talvez en otros es aburrimiento, en otros miedo, en otros quizás admiración. (¿Te haz dado la oportunidad de hacer el ejercicio de pasar revista a personas que conoces y sintonizar con los estados de ánimo que te provoca escucharlas?). Estos estados de ánimo no son nada. Constituyen un fenómeno fundamental que habla de ti y de tu manera de moverte con otros en el mundo. Encarnan interpretaciones sobre el tipo de personas con las cuales te mueves con comodidad y el tipo de personas con las cuales eso no pasa. Escuchándolos puedes descubrir las habilidades que has desarrollado y aquellas que no has desarrollado para moverte competentemente con quienes te rodean en el mundo. También podemos escuchar las evaluaciones que vamos teniendo automáticamente sobre las personas a medida que las escuchamos. Quizás pensamos que esta es "inteligente", que esta otra es "pesada", que tal es "fría", que tal otra es "oportunista", que la de allá es "cariñosa", etc. ¿ De dónde provienen estos juicios evaluativos con los cuales caracterizamos a las personas, juicios que nos aparecen casi sin que nos demos cuenta y que, además, nos importan tanto que nos predisponen emocionalmente con ellas? De donde sino de nuestros prejuicios, los que hemos adquirido en la forma de hábitos de caracterizar a las personas a partir de su comportamiento en el mundo de prácticas en el que nos hemos movido hasta ahora. Y de haber adquirido en nuestro pasado presuposiciones sobre lo que constituye un comportamiento "correcto", "normal" o "adecuado". Ahora bien, también podemos interpretar estas caracterizaciones que nos ocurren como signos de habilidades que hemos adquirido y habilidades que no hemos adquirido para lidiar con ciertas personas con las que convivimos. Y esta interpretación es más interesante para nosotros, porque nos deja con más posibilidades de cambiar nuestro juego y aprender a movernos creando otro tipo de familiaridad con ellas y su mundo, que nos permita cambiar las caracterizaciones que hacemos de ellas. Depende ahora de nosotros comprometernos con estas evaluaciones o compormeternos con cambiarlas - aprendiendo a familiarizarnos mejor con el mundo de los demás - si nos parece que el mundo futuro pondrá más personas distintas que las acostumbradas en nuestro camino.
Etiquetas: Habilidades fundamentales.
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