Mario Valdivia

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  ¿Inicio del fin de una crisis o inicio del fin de una era?

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¿Por qué nos cuesta aprender?

Enviado por Mario Valdivia el 28/11/2005 a las 9:41
Mario Valdivia
El viernes pasado estuve todo el día trabajando para el Centro de Emprendimiento de la Universidad de Tarapacá. Entrenamos un equipo de egresados recientes en rediseño de procesos de negocio. Conversamos sobre las dificultades para aprender y sobre qué nos hace ser malos o buenos aprendedores. ¿Por qué algunas personas aprender con rapidez y otras no? ¿Qué pasa con aprender que para muchos jóvenes - y adultos - ir al colegio y participar en programas de aprendizaje es tan poco motivante? Quienes tenemos hijos en el colegio, sabemos lo traumática que puede ser la experiencia de aprendizaje para ellos.

Pusimos el foco en las emociones que nos acompañan en el aprendizaje y destacamos una de ellas: el temor. Dos temores: temor a exhibir nuestras incompetencias y nuestra ignorancia ante otros; temor a no poder aprender, a no poder comprender bien, temor a ser lerdos. Con este tipo de predisposición emocional, el apendizaje se constituye en una experiencia pesada, negativa, atemorizante. Con esta interpretación es muy difícil ser un aprendedor hábil: más que dedicarnos a aprender estaremos dedicados a ocultar lo que no sabemos y a "lucir bien" con nuestras compañeros y profesores. Así, ¿quién aprende? Invito a los que se interesen en el fenómeno del aprendizaje a comentar este post comunicando sus interpretaciones y experiencias de por qué tenemos estos miedos y de dónde vienen, y también de qué otras emociones reconocen como negativas para aprender.

Comprometerse con un sueño.

Enviado por Mario Valdivia el 19/11/2005 a las 10:38
Mario Valdivia
Pregunta: tienes un sueño. Todos tenemos sueños. Imaginamos posibilidades desafiantes, hermosas, que valoramos mucho, pero que debemos hacer algo, tal vez mucho, para convertirlas en realidad. Quizás imaginamos grandes posibilidades políticas que engloban a muchas personas, o soñamos con nuevos negocios, o imaginamos abrir posibilidades nuevas de índole más personal que quizás involucran a pocos más. Si mantienes tu sueño como una fantasía que solamente existe en tus conversaciones privadas silenciosas, nunca pasará nada que te acerque a éste y, tarde o temprano, la fantasía repetida se irá convirtiendo en frustración. ¿Cómo te comprometes con tu sueño para no  condenarlo a ser una pura fantasía?

Respuesta: ¿recuerdas a Martin Luther King? El dijo una vez en un gran discurso ante miles de activistas por los derechos civiles de los afroamericanos en Estados Unidos: tengo un sueño. Y habló de su sueño de un País donde no existiera discriminación por razones raciales. Un sueño de un País donde se cumpliera por fin la visión de una Patria igualitaria y de seres libres que tuvieron sus fundadores, y la promesa cristiana de que todos los hombres son igualmente hijos de Dios. Ahora el sueño de Luther King se hizo público y tuvo  la posibilidad de inspirar y movilizar a muchos otros. Se aglutinaron en torno a él como el visionario de un futuro mejor. Un gran movimiento social se desplegó después de a este discurso, produciendo un cambio en las fuerzas políticas en Estados Unidos en favor de reformas legales que reconocieron plenos derechos civiles a los negros en ese país.

¿Cómo me comprometo con un sueño? Lo declaro. Hago una declaración delante de todos los posibles interesados e implicados, que tengo un sueño que considero valioso. Mi declaración pública inventa - abre - una posibilidad ante y para otros. Al declararlo, otros tendrán la posibilidad de interesarse por el mismo sueño y todos quienes me escuchan podrán preguntarme por el estado de mi sueño cada vez que nos encontremos en adelante. La declaración me compromete con mi sueño de la única manera que se pueden tomar compromisos: tomarlos con otros.

¿Me asusta pensar que, al declarar mi sueño, tal vez estoy asumiendo promesas de tomar acciones concretas para hacerlo realidad? ¿Tal vez creo que al declarar mi sueño me comprometo a hacerle pedidos a otros que tomen alguna acción para hacerlo realidad? Te invito a interpretar la declaración pública no como un compromiso de realizar acciones   todavía. Pensemos que, al declarar un sueño me comprometo a - y exclusivamente a - mantener abierta una posibilidad que valoro altamente. Si no la declaro públicamente, para todos los efectos prácticos esa posibilidad no existiría, o sea, no se encontaría abierta para nadie.

Donde se relata una conversación que tuvo el endemoniado sobre metafísica.

Enviado por Mario Valdivia el 17/11/2005 a las 12:34
Mario Valdivia
Se acercaron al endemoniado el hambriento, el zombi y un desconocido. Le dijeron: don endemoniado, explíquenos mejor esto de que la metafísica nos tiene jodidos. (Que lo trataran de don era lo que más lo mantenía contento en Quirihue, a pesar que comenzaban a surgir vecinos a quienes estaba moviendo a sospecha la rareza de algunas de sus conversaciones). El desconocido era claramente un censor, cuando no un inquisidor: tenía la mirada indirecta y oculta, y la postura rígida y lateral del que escucha desde un lugar que no quiere poner de manifiesto. No logró descifrar de qué cofradía o círculo procedía. Suspiró el habitado: tendré que tener paciencia con estos que se creen inhabitados, pensó.

Tomados en sus garras nos tiene la metafísica, dijo. Les pongo este ejemplo: una persona que no aprendió a bailar ni desarrolló habilidades básicas de sociabilidad a la edad juvenil en que todos hacemos eso, ahora a la edad adulta no gusta de frecuentar fiestas y reuniones sociales; se siente incómodo en ellas. ¿Cómo caracterizamos a una persona así?  El zombi, habitado por el impulso de la inteligencia veloz, dijo en el acto: tímida, corta de genio. O sea, tiene algo que se llama timidez, respondió el endemoniado, ¿y dónde tendría esta timidez?. Todos callaron, y el censor dio un pequeño respingo; continuaba con su postura levemente lateral como si escuchara una lluvia lejana. Asi pasamos de habilidades para realizar acciones que están perfectamente presentes en el mundo a un fantasma - timidez -  que nadie sabe donde encontrar en el mundo. Ahora, si vemos que esta persona no acepta la próxima invitación social,  ¿por qué decimos que lo hace? Por su timidez, dijo de inmediato el zombi. O sea, que la timidez, que nadie sabe donde ubicar, se ha constutuido ni más ni menos que en la causa de la acción o la inacción. Dijo el habitado: ¿y dónde vamos a buscar remedio contra la timidez? Esta es la metafísica: reemplazamos simples habilidades adquiridas o no adquiridas por atributos invisibles y fantasmales que nos dominan produciendo o impidiendo nuestras acciones. Si lo único que tiene que hacer el "tímido" es adquirir ahora las habilidades de sociabilidad que no adquirió cuando joven.

El hambriento intervino, movido por la búsqueda en todo de valores : quizás a esa persona le falta coraje. ¿Y qué vendría siendo el coraje?, retrucó el endemoniado, sino otro ente fantasmal y metafísico opuesto a la timidez.  De nuevo sustituimos la ausencia de habilidades por un atributo de la persona que nadie sabe donde adquirir.  Y lo más probable es que "el tímido" o "el poco corajudo" se resigne con respecto a estos atributos que tiene o carece, que lo van a atenazar como si fueran la verdad más verdadera sobre si mismo. Y el hecho es que solamente le faltan ciertas habilidades.

Piensen en un joven que no adquiere a tiempo las habilidades hechas hábito de hacer sus tareas escolares y estudiar diariamente. Bueno, dijo el zombi, vamos todos a decir que es flojo -que tiene flojera- o que es indisciplinado -que le falta disciplina. Así, de nuevo hemos substituido las habilidades perfectamente observables que este joven no adquirió por atributos metafísicos que nadie sabe donde ubicar y que lo definen como flojo o indisciplinado. ¿Por qué  podemos esperar que obtendrá  malos resultados en la esuela?.Porque es flojo. ¿Dónde puede encuentrar el joven el antídoto contra la flojera o adquirir dosis de disciplina?. En  ninguna parte. La verdad es que simplemente el joven debe aprender habiliidades y desarrollar hábitos que no arendió con anterioridad.

Así nos toma la metafísica en sus garras y nos resigna ante fantasmas, concluyó  el endemoniado. El censor continuaba con su cuerpo desviado 15 grados cuando se marcharon los tres; algo lo molestaba  pero no encontró nada que  pudiera censurar. El zombi se fue contento con una nueva ventana que se le había abierto. El hambriento no sabía bien qué pensar: si le gustaba o no que le hubieran complicado la noción de valores.

Comprometerse con una intención.

Enviado por Mario Valdivia el 16/11/2005 a las 17:39
Mario Valdivia
Pregunta: tienes la intención de realizar una acción, de producir algún resultado, de hacer que algo ocurra.  Tú sabes que estas acciones o resultados le interesan a alguien que los valora; talvez los necesita y le gustaría que tú los hagas pasar. Quizás hasta se hace expectativas que tú hagas algo al respecto. ¿Cómo te comprometes con tu intención? Lo que sabes es que, sin comprometerte con ella seguramente no harás nada, permitiendo quizás  que se creen expectativas que se verán frustradas.

Respuesta: ciertamente una manera de comprometerte con tu intención es hacerle una promesa a dicha persona. Le prometes hacerte cargo de que ocurra eso que le interesa, en el momento que le interesa. Haces esto libremente porque decides comprometerte con tu intención. Ahora te ordenas a ti mismo cumplir lo prometido y le has dado autoridad a la otra persona para que reclame si no cumples. Así no te puedes engañar a ti mismo. ¿Cuántas veces no nos engañamos a nosotros mismos declarándonos intenciones que no nos importa no cumplir porque no le hemos prometido nada a nadie? Pero si hacemos una promesa a otra persona, normalmente nos afanaremos por cumplirla porque  no queremos producirle un daño creandole expectativas que no se cumplirán. Tampoco querremos quedar como personas poco cumplidoras.

Además, ¿cómo podemos estar seguros que lo que intentamos hacer le interesa efectivamente a la otra persona? ¿No nos ocurre también que hacemos algo con la (quizás secreta) expectativa que alguien lo valore y al final nos frustramos porque eso no pasa? También para esto sirve prometer. Comenzamos haciendo una oferta a alguien de producir una determinada acción; si esta oferta es aceptada por esa persona, hacemos la promesa. Así creamos una intención comprometida. Y si esta oferta no es aceptada, no prometemos, comprometiéndonos -por el contrario- a no declarar  intensiones y hacernos expectativas.

Compromisos - aprender a pedir.

Enviado por Mario Valdivia el 14/11/2005 a las 16:26
Mario Valdivia
Pregunta: si pedir es tan importante para comprometernos con nuestras necesidades y deseos, ¿por qué nos cuesta tanto pedir?

Respuesta: entiendo que la pregunta es de la primera persona del singular: ¿por qué me cuesta pedir?. No a todos nos cuesta pedir, eso es seguro.

Las preguntas ¿por qué? son muy engañosas. Habitualmente, como en este caso, ellas piden una explicación de algo que no podemos hacer y que nos interesa hacer. Pero, ¿de qué nos sirve una explicación - por pesuasiva que ella sea - si no nos ayuda a hacer lo que no podemos? Normalmente no queremos saber por qué no podemos hacer algo sino que queremos aprender a hacerlo. En este sentido, ocurre que mientras más persuasiva sea  la explicación, peor puede ser el resultado en términos de aprender a hacer lo que hasta ahora no podemos. Una explicación persuasiva nos tranquiliza ya que ahora creemos saber por qué pedir es tan difícil.  Examinemos algunas explicaciones obvias a la pegunta ¿por qué me cuesta pedir?  Podemos decir que pedir cuesta porque tenemos miedo a que nos digan que no y a sentirnos rechazados; o sea, por temor. O podemos decir que pedir cuesta porque no queremos sentirnos en deuda si nos dicen que si; o sea, por no querer sentirnos débiles debiéndole algo a alguien. O podemos decir que pedir cuesta porque no sabemos qué nos pueden pedir de vuelta; o sea, por desconfianza. Todas estas explicaciones tienen el defecto que nos dejan más tranquilos con nuestra incapacidad de pedir porque ahora sabemos que hay muchas razones que hacen de pedir algo que cuesta.

Ensayemos una respuesta de distinto tipo, que escuche la pregunta ¿como aprendo a pedir? detrás  de la pregunta ¿por qué nos cuesta pedir?  Pedir es una acción humana y, al igual que todas todas las acciones humanas, debemos aprender a ejecutarla. ¿Y cómo aprendemos a ejecutar las acciones?: practicándolas, o sea, haciéndolas. Tal como lo hemos hecho con prácticas como bailar, andar en bicicleta, hablar castellano o inglés, comprar en una tienda etc., debemos aprender a pedir practicando pedidos y desarrollar así la habilidad de pedir. Pedir nos cuesta como cualquier acción humana nos cuesta si no hemos desarrollado las habilidades necesarias para ejecutarla. Y no las hemos desarrollado porque, en el pasado hasta ahora, hemos practicado poco el pedir, o sea, hemos pedido poco. ¿Queremos aprender a pedir?: no continuemos evitando hacer pedidos, comencemos a pedir, practiquemos pedir.  Al igual que con cualquier de esas prácticas, comencemos desde lo simple -haciendo pedidos que nos parezcan menos difíciles- y a medida que crezcan nuestra habilidad para pedir y la seguridad en nosotros mismos, arriesguémonos con pedidos que nos parezcan más difíciles. Si tenemos un entrenador que nos guie, mucho mejor.

Metafísica.

Enviado por Mario Valdivia el 13/11/2005 a las 10:06
Mario Valdivia

El endemoniado y un pequeño grupo de conocidos fueron a un lugar cercano a Quirihue, famoso por  sus innovadores  pasteles de choclo, a darse con ellos. El lugar estaba repleto de gente dedicada a los pasteles de marras. Pidieron para todos. El endemoniado pensó que nunca dejaría de sorprenderse de las reacciones de estos inhabitados.

Apenas probado el pastel, uno dijo con enojo: esto es un verdadero atentado a la idea misma de pastel de choclo, no es un pastel de choclo y no corresponde al modelo del verdadero pastel. Estaba indignado. Otro retrucó en el acto: me parece que es un pastel casi perfecto, obedece exactamente al modelo de lo que constituye un verdadero pastel de choclo. El primero dijo: hay que abandonar este modelo que es un fracaso y volver al modelo histórico original del verdadero pastel; no se cómo se acepta que esto se llame pastel de choclo, aquí falta fiscalización. Contestó el segundo: a lo más acepto que este modelo puede perfeccionarse un poco ya que todo es perfectible. Otro, cercano, dijo que no se trataba de perfeccionarlo sino que más bien de ampliarlo, ya que si algún defecto tenía el modelo aplicado era que no se había llevado hasta el final y faltaban todavía algunos detalles para que la innovación fuera perfecta. Dijo con enojo: este modelo de pastel le cambió el pelo a este pueblo y a este restaurante ¡y ustedes quieren cambiarlo!  Una cocinera que trabajaba desde las 6 de la mañana lo alcanzó a escuchar desde la cocina y no supo si enojarse con él o compadecerlo. Surgió un tercero, que opinó con aires de madurez suficiente que obviamente el modelo de pastel utilizado tenía cosas buenas y cosas malas y que ciertamente debía ser corregido. Los ya opinantes lo miraron con desprecio. El justo medio de Aristóteles, dijo, insultando de vuelta con superioridad cultural y filosófica.

En el intertanto, entraba y salía gente pidiendo pasteles de choclo, comiendo pasteles de choclo y pagando por ellos. En la cocina varias cocineras elaboraban pasteles respondiendo a los pedidos de lo mozos. Pidieron una segunda ronda y continuaron con la discusión, que se fué encrespando. Dos clientes que entraron a reclamar por la mala calidad de unos pasteles que habían llevado el día anterior, le dieron renovada energía a los  ánimos de enfrentamiento y al afán dialéctico.  Viste, dijo ya sabemos quién, esto demuestra el fracaso de este modelo, nada se va a arreglar si no lo cambian. Le respondió también sabemos quien: al contrario, la causa es la falta de consecuencia en aplicar el modelo por completo...yo a lo sumo podría aceptar que hay, como siempre en las cosas humanas, algo que perfeccionar. Por lo demás si miramos esto estadísticamente, dos clientes que reclaman entre los miles de miles que parecen satisfechos constituye solamente un segmento no significativo. Terció el otro que ya sabemos diciendo que este reclamo demostraba que había algo negativo con el modelo y que debía ser corregido.

Tarde, luego de varios pasteles y repetidas cañas de un vinito pipeño espeso de la zona, la discusión se había convertido en algo de fantasía, habiéndose creado una verdaera muchedumbre de clientes que aprovechaban de matar el día participando de este espontáneo espacio democrático. A media tarde, del modelo de pastel se había pasado al modelo de comida chilena en general, luego al modelo de la verdadera cultura chilena original, y  ya poniéndose el sol, se había llegado finalmente al modelo económico chileno. Ninguno de los tres opinantes había cambiado un ápice de sus discursos. Alrededor de ellos se habían formado tres correspondientes coros que perdían sobriedad aceleradamente. Pero como la cosa amenazó con ponerse política, el dueño del restaurant llamó a los carabineros, quienes le ayudaron a cerrar las puertas del local, dando por terminada la tarde.  

El retorno a Quirihue fue más dormido que discutido. El endemoniado no sabía bien que pensar: o había sido una tarde excéntrica y demasiado bebida, o había sido una demostración de lo jodidos que están los seres humanos con la metafísica.  

Escuchar 10

Enviado por Mario Valdivia el 10/11/2005 a las 12:28
Mario Valdivia
Pregunta: hemos visto que escuchar depende de la familiaridad que tengamos con el mundo en que se mueven quienes queremos escuchar. Pero, ¿no hay que tener también un cierto estado de ánimo? ¿No hay ánimos buenos para escuchar y ánimos malos?

Respuesta: regresemos al inicio: escuchar consiste en permitir que algo nos sea dicho. O sea, tenemos que ponernos en un estado de ánimo de "permitir", de "dejar" , de "apertura a"...que algo nos sea dicho. Pero, ¿por qué hay que permitir que algo nos sea dicho y no basta con oir lo que oimos? ¿Qué clase de sordera tenemos que debemos dejar que algo se nos diga y no nos basta con oir lo que nos dicen? ¿Tenemos algún tipo de porfía que nos lleva a no permitir?

Imaginemos que estamos comenzando a caminar por las calles de una ciudad desconocida en un país desconocido. Normalmente vamos a estar llenos de conversaciones en las que reconocemos y evaluamos lo que vemos - las calzadas y las veredas, las edificaciones de habitación y las de negocio, los mercados y los edificios públicos, quizás nos decimos que la ciudad es sucia o limpia, ordenada o desordenada, serena o acelerada, pacífica o agresiva, ruidosa o silenciosa, su comida es apetitosa o repulsiva etc. Si no observo estas conversaciones en las que oigo lo que yo me digo, no podré permitir que la ciudad me diga mucho del mundo que habita su gente y de las preocupaciones que la afanan. ¿Cómo usan calzads y veredas?, ¿diferencian - y cómo - negocios de habitaciones?, ¿qué estándares de higiene y agresividad tienen?, ¿cuáles son las preocupaciones que realmente la acucian, más allá de la higiene o el orden -que al parecer si me importan a mi? 

Así que la porfía no es tal, consiste simplemente en nuestros hábitos de oir, hábitos que provienen de nuestro habitar familiarmente en el mundo que vivimos. ¿Cómo se manifiestan estos hábitos de oir?: en oir nuestras propias conversaciones, en oirnos a nosotros mismos. Ponernos  en una disposicón de apertura, significa silenciar las conversaciones en las nos oimos a nosotros mismos repitiendo nuestra manera de reconocer (y desconocer) y evaluar (positiva y negativamente) el mundo. Esto quiere decir que, antes que nada, debemos escuchar nuestras propias conversaciones  como única posibilidad de dejarlas pasar y permitir que otras conversaciones nos digan algo. (Importante el conócete a ti mismo socrático)

O sea, por una parte, escuchar es posible gracias a  la familiaridad que compartimos.  La ciudad desconocida tiene que tener algo familiar para nosotros, so pena de no poder reconocer nada en ella. Pero,por otra parte, escuchar no es posible si rigidizamos nuestra familiaridad. En tal caso, lo que ya nos estamos oyendo a nosotros mismos no permite que algo distinto nos sea dicho.   Y ambos momentos son igualmente primordiales porque normalmente no nos encontramos con clones ni con extraterrestres.

Compromisos.

Enviado por Mario Valdivia el 09/11/2005 a las 14:16
Mario Valdivia
Pregunta: tienes un deseo -necesitas algo, quieres que ocurra algo, etc.- y si no te comprometes con éste no podrás satisfacerlo: no tendrás lo que necesitas, no ocurrirá lo que deseas. ¿Cómo te comprometes con tu deseo?

Respuesta: si tienes un deseo y éste se mantiene y persiste, ¿puedes satisfacerlo solo, por tu cuenta? Seguramente que no, puesto que, ¿no lo habrías ya satisfecho de poder hacerlo por tu cuenta? Y si no puedes conseguir lo que deseas, ¿qué estado de ánimo te poseerá si mantienes persistiendo un deso sin satisfacción? A lo mejor te resignas, quizás esto trae frustración, y hasta es posible que la vida vaya pareciendo ingrata. También puede ser que te hagas secretas esperanzas de que algo inesperado ocurrirá y podrás conseguir lo que quieres: así podemos quedar a la expectativa de nuestros sueños.

Hay una manera segura de comprometernos con un deseo: hacer un pedido.  Pedir nos lleva a encontar a alguien que pueda hacer que ocurra lo que necesitamos.  Además, al pedirle que se comprometa a satisfacer nuestro deseo, nos comprometemos con esa persona con lo que le hemos pedido: le estamos prometiendo que efectivamente deseamos lo que le hemos pedido.  Y, si confiamos en dicha persona, ¿en qué estado de ánimo nos quedamos? Posiblemente en la tranquilidad derivada de estar seguros que nuestro deseo será satisfecho; quizás en un ánimo de seguridad en nosotros mismos.     

La encrucijada de las emisiones de carbono.

Enviado por Mario Valdivia el 07/11/2005 a las 9:44
Mario Valdivia
El calentamiento global preocupa seriamente a cada vez más dirigentes políticos. Los cambios climáticos que se están apreciando, algunos dramáticos como la multiplicación de huracanes violentos en el caribe, la sequía sin precedentes históricos del amazonas, la reducción de los hielos en ambos polos, etc., han puesto esta situación global en el tapete de todos. T Blair ha dicho que el calentamiento global es una amenaza para el mundo peor que el terrorismo. Hoy el reciente premio nobel de economía, T Schelling, hace declaraciones (Wall Street Journal Americas) equivalentes, diciendo que el calentamiento global es el problema económico más serio que afecta al mundo actualmente.

Hay dos enfoques que se confrontan para enfrentar esta encrucijada. Uno, limitar la producción de dióxido de carbono poniendo cuotas por países a estas emisiones. Este es el camino del protocolo de Kioto que si bien muchos países han suscrito -Europa y Japón especialmente- otros no lo han hecho, como Estados Unidos, China e India, tres grandes productores de estos gases de carbono. Los países temen que estas cuotas limitarían de hecho la velocidad con la cual sus economías están creciendo. Creen que,dadas las tecnologías actualmente disponibles, reducir la emisión de dióxido de carbono, obligaría a reducir la producción de energía basada en la combustión de carbón, lo que hace temer a muchos países verse forzados a reducir la velocidad con la que demandan energía, o sea, crecen económicamente. P. ej., si se considera exclusivamente a China, este país está construyendo una gran entral términa a carbón semanalmente para disponer de la energía que necesita. Se supone que, a este ritmo, antes de 2025 China superará en la emisión de gases de carbono al propio Estados Unidos, y aumentará enormemente la producción mundial de estos gases..  En este momento cunde un cierto desánimo con respecto a la viablidad del camino de la imposición de cuotas nacionales. Ni siquiera las cuotas del protocolo de Kioto se están cumpliendo entre las naciones que han sido entusiastas de este camino. Inglaterra es un buen ejemplo.

El segundo enfoque consiste en apostar a que el propio crecimiento económico producirá las tecnologías necesarias para aprovechar los recursos energéticos de manera más limpia. Blair, en la reciente reunión de ministros de medioambiente europeos pareció moverse desde el apoyo a la primera opción a la segunda. Ve muy difícil que los países individuales acepte reducir su crecimeinto económico al mismo tiempo que todos perciben el serio problema  de la ausencia de sustentabiliad global del actual sistema enrgético. ¡Una clara encrucijada global! Los proponentes de estos dos enfoques obviamente se atacan unos a otros duramente (un ejemplo). Blair está siendo ahora atacado por quienes aplaudían antes al que veían como el dirigente político importanta más claramente comprometido con la estrategia de limitación y cuotas. Dicen los críticos de esta posición pro-tecnología y pro-crecimiento que, si no se  fija cuotas estrictas, los países no tienen incentivos para desarrollar innovaciones tecnológicas que sean relevantes con respecto a la magnitud del problema.

Esta es una grave encrucijada global que exige liderazgos inéditos a nuestras dirigencias políticas nacionales. En nuestro caso, aunque Chile se tenga a si mismo por un país pequeño en este dilema, posiblemente llegó la hora en que tendrá que tomar más seriamente un rol de liderazgo global al respecto. Además de reconocer el caracter global d ela encrucijada, el alentamiento global nos afecta  además directamente por la via del potencial derretimiento de los glaciares andinos, la unica fuente que tenemos de agua dulce.

En el intertanto, la percepción mundial de peligro que se ha agudizado en el último tiempo, ha traído a nuevas vertientes de ciudadanos -que ya no son los típicos ecologistas- a precuparse activa y políticamente por este problema. Es así como agrupaciones evangélicas norteamericanas muy masivas, comunmente asociadas a vertientes conservadores políticamente, se están moviendo por imperativos religiosos a favor de tomar medidas estrictas en esta cuestion, manifestándose a favor de la política de establecer limitaciones cuantitatvas a las emisiones de gases de carbono. Estas pueden ser fuerzas políticamente muy influyentes en Estados Unidos y por ende en el mundo.

Escuchar 9.

Enviado por Mario Valdivia el 06/11/2005 a las 8:34
Mario Valdivia
Pregunta: en Escuchar 8 se mostró que al escuchar a otras personas podemos `escuchar nuestro escuchar´. ¿Podemos también escuchar cómo los otros nos escuchan?

Respuesta: la pregunta ya va encaminada a la respuesta. Las personas se nos acercan para interactuar con nosotros de diversas maneras. Esas maneras están marcadas por el sello de lo que esas personas piensan de nosotros. Una buena escucha nos permite interpretar quienes somos para los demás, cómo somos escuchados.  Interrogarnos por el tipo de conversaciones que tienen los demás con nosotros es una práctica fundamental de escuchar. Podemos darle un foco más claro a esta interrogante y preguntarnos:  ¿qué tipos de pedidos  nos hacen y qué tipo de pedidos  - que a lo mejor nos interesaría más recibir - no nos hacen?  Una respuesta bien fundada a esta pregunta, o sea que provenga de observaciones cuidadosas de lo que que realmente nos ocurre, permite que algo nos sea dicho sobre la identidad que tenemos ante los demás y los roles que otros entienden que nosotros desempeñamos. ¿Qué tipo de ofertas nos hacen y qué tipo de ofertas no nos hacen?; también es una pregunta que nos permite escuchar lo que se nos dice de nosotros mismos. Además podemos preguntarnos: ¿qué identidad tienen estas personas que nos hacen pedidos y ofertas? (Para ver por qué los pedidos y las ofertas son tipos de conversaciones tan decidoras ver paper de Fernando Flores)

También podemos escuchar los juicios evaluativos que las personas hacen de nosotros, pidiéndoles que nos los comuniquen. Sin embargo, tener esta conversación competentemente requiere haber desarrollado habilidades para hacerlo. Y quizás no sea necesario hacerlo, ya que posiblemente podemos escuchar esto mismo si escuchamos con cuidado los pedidos y las ofertas que nos hacen. En todo caso, vale la pena desarrollar estas habilidades, dada nuestra tendencia a engñarnos con respecto a nuestras habilidades. Investigadores de las universidades de Stanford, Cornell e Iowa han investigado este fenómeno empíricamente, demostrando que los seres humanos normalmente tenemos una interpretación muy poco fundada de nuestra identidad, sobrevalorando y subvalorando recurrentemente las habilidades que los demás perciben en nosotros.