NanoLibros
Agradezco este valioso libro, desprovisto de fervor religioso, sobre religión y ateismo.
Andre Comte-Sponville, "El pequeño libro de spiritualidad atea"
|

Pregunta: me parece que las personas no somos solamente roles en prácticas. También tenemos identidad, tenemos sueños y proyectos de vida. ¿Cómo escuchar esto?
Respuesta: te propongo que lo miremos así: las personas desempeñamos roles en prácticas sociales. Pensemos en nosotros mismos. Tal vez somos madres, suegras, solteros, divorciadas, estudiantes, profesionales de alguna especialidad, jefes de departamento, gerentes, clientes, cristianos practicantes, etc., etc. Esta suerte de constelación de roles en prácticas que cada uno desempeña define nuestra identidad. También nuestros atributos más "subjetivos" - tal vez pensamos que somos amistosos, tímidos, alegres, pacientes etc - podemos mirarlos como definidos por los roles que desempeñamos en ciertas prácticas - tales como la amistad, la sociabilidad, la paternidad etc. Así, podemos considerar que nuestra identidad corresponde a una articulación de todos estos roles. Aquí te pido que ensayes esta mirada: declara quien tú crees que eres y enseguida observa las prácticas que juegas y los roles que desempeñas en ellas que le dan sentido a tu declaración de identidad.
Sin embargo, no sólo vivimos en las prácticas del presente, también tenemos expectativas, sueños, y proyectos de llegar a adquirir una determinada identidad. Queremos dejar atrás ciertos roles en ciertas prácticas y adquirir nuevos roles en nuevas prácticas: queremos llegar a ser una determinada identidad. O sea, tenemos -en el presente -un futuro que nos importa y nos afana. Y este futuro presupone que ya hemos adquirido una familiaridad con un mundo de nuevas prácticas y roles que vemos como posibilidades que podemos desempeñar. Te pido que escuches ahora tu propio futuro: oye tus sueños o tu falta de sueños, tus planes o expectativas más o menos confesados y compartidos de adquirir una identidad futura.
Escuchar a las personas en su dimensión de futuro quiere decir dejar que las acciones y las conversaciones de las personas te digan algo de sus preocupaciones de futuro. Nuestra capacidad de hacer esto, de permitir que algo nos sea dicho, nace de que nosotros también tenemos preocupaciones de futuro, y por eso las preocupaciones de futuro de otros nos pueden resultar familiares. De nuevo, más que de hacer grandes esfuerzos por entender a otras personas, se trata en este caso más bien de tener también un futuro -preocupaciones de llegar a ser- y a partir de éste tener familiaridad con las preocupaciones de futuro de otros. Otra cosa es que nuestro futuro sea más bien pobre o rico en posibilidades. De esta pobreza o riqueza de posibilidades que vemos abiertas hacia adelante para nosotros y de su fundamento, va a depender crucialmente nuestra capacidad de escuchar a otras personas y de traerles valor sobre la base de lo que escuchamos. Por eso debemos valorar y agradecer lo que hace el blog de Fernando Flores al compartir generosamente con todos el futuro de preocupaciones que afanan a una persona reconocidamente visionaria como él.
Pregunta: los jóvenes adolescentes y pre-adolescentes son bien difíciles de entender. Parecen interesarse principalmente por el carrete nocturno, la música -una música horrible que no se puede escuchar-, se visten de una manera antiestética, no se comunican con los adultos, y están "ni ahi" con sus cosas. ¿Cómo hacer que asuman responsabilidades?
Respuesta: Seguramente hay algo que no estamos escuchando de los jóvenes cuando interpretamos su mundo de esta manera. Para escuchar a alguien solamente requerimos tener familiaridad con los mundos de prácticas de las personas a las que nos disponemos a escuchar. Y también es válido lo contrario, a saber: no podemos escuchar desde la no familiaridad, por más que nos esforcemos. ¿Qué sabemos de las prácticas en las que se desenvuleve la vida de los jóvenes? ¿Tenemos familiaridad con sus reuniones sociales y sus fiestas? ¿Oimos de qué conversan entre ellos? ¿Les hemos pedido que nos enseñen a conocer, experimentar y gozar su música? Desde esta falta de familiaridad con su mundo no podemos escuchar las preocupaciones que constituyen a los jóvenes. Solamente interpretaremos sus prácticas apartir de las nuestras: así no permitimos que nada nos sea dicho por ellos.
En un mundo que cambia tan rápidamente, los grupos etáreos constituyen mundos de prácticas que se distancian aceleradamente entre si. Pocos años de diferencia pueden crear grandes diferencias de prácticas y preocupaciones. Los cambios en los estilos musicales son un reflejo de esta acelerada transformación. ¿Nos parece difícil que, a estas alturas, los jóvenes nos permitan entrar en su mundo para adquirir familiaridad con él? Quizás llevamos mucho tiempo escuchándolos desde nuestras práticas y preocupaciones, o sea, desde un ánimo negativo. Entonces debemos primero re-crear confianza. La confianza es una precondición de la escucha.
El endemoniado percibió que con el zombi siempre terminaba conversando de las intenciones de las acciones de éste más que de las acciones mismas que realizaba. Era un extraño efecto que producía al desplazar la atención del mundo de las cosas y los actos en el que todos existimos a un mundo de narrativas propias perteneciente solamente a si mismo. Por lo menos en el cual él era testigo privilegiado, sino único.
También se dio cuenta que el zombi tenía una solución universal perfecta para todos los problemas posibles: hay que poner los incentivos correctos, decía plenamente convencido. La gente es racional, si hace tonteras o se comporta poco adecuadamente es porque los incentivos están mal puestos, sostenía. ( Le parece evidente en si misma una descartada teoría de la acción humana llamada conductismo, pensó el endemoniado que algo había leído al respecto. Le gustaba percibir que, por vivir en Chillán y no haberse encerrado en un lugar como Quirihue, estaba más al día. En eso consiste ser zombi,confirmó nuevamente: en no saber qué cuentos te manejan) Aparentemente sin darse cuenta, hacía el mismo juego: desplazar la atención del mundo de las personas y sus actos a un mundo interno en el cual evaluaba los incentivos disponibles.
Y en este mundo propio, el zombi siempre tenía la razón. ¡Discutir con él era perder el tiempo!
Abro una nueva sección de posts.
Con más ganas y preocupación que competencias, me propongo participar en la apertura de un espacio de conversaciones donde podamos des-ocultar una anomalía fundamental del mundo de hoy: mientras nuestros problemas más acuciantes y peligrosos son de índole global, nuestra política es de carácter nacional. Mientras las corporaciones despliegan su poder en todos los rincones del mundo, nuestra acción política - como ciudadanos y como estado - transcurre al interior de fronteras nacionales.
Por otra parte, si el mundo sigue convirtiéndose en el campo de iniciativa sin regulación política de los inversionistas globales, ¿no es claro ya para todos que nos dirigimos a encrucijadas de alto riesgo? ¿Encrucijadas en las cuales la supervivencia misma de la humanidad se verá en peligro manifiesto?
- El desarrollo de la ciencia y la tecnología dejadas sin control político podrán producir desastres de alto riesgo para todos. Si solamente consideramos la bioingeniería: ella nos llevará a enfrentaremos con la posibilidad cierta de interferencia con la estructura genética básica del ser humano; también con la posibilidad de producir a costos bajos gérmenes transgénicos para los cuales se carece de vacunas o anitióticos. En este caso, la producción barata en algún lugar nada especial de la tierra de algo tremendamente más devastador que una bomba atómica. No pongo más ejemplos, dejando afuera los peligros de la alimentación trangénica, de la sanidad orgánica de los alimentos que ya hoy día consumimos, la producción y guarda de químicos peligrosos, en suma, los infinitos peligros asociados a tecnologías permanentemente nuevas y cada vez más potentes en sus respectivos campos.
- La situación del medio ambiente global representa otra riesgosa encrucijada como resultado del crecimiento ecónomico global que no se ha sujetado a reglas que pemitan cuidarlo. El calentamiento global, de cuya realidad ya nadie prácticamente duda, y que seguramente producirá cambios en el clima global de efectos que pueden ser desastrozos, es un claro ejemplo. También lo es el adelgazamiento de la capa de ozono que está haciendo que ¡estar al aire libre pueda resultar peligroso!, y que tan especialmente nos afecta a nosotros en Chile debido al agujero de ozono de la Antártica. Los océanos del mundo se encuentran sobreexplotados y sus aguas, usadas como basureros durante demasiado teimpo, se encuentran cada vez más contaminadas. El agua dulce del planeta se hace cada vez más escasa en determinadas regiones, lo que está desatando desastres humanitarios que anuncian la certeza de focos de aguda violencia. La biodiversidad de especies y sus variedades parece reducirse a gran velocidad en todo el mundo, haciendo peligrar la integridad de complejas cadenas alimentarias, amenazando con quitarle el piso a la vida misma.
- Asimismo es de alto riesgo la situación de alta desigualdad global que vive el mundo. Esta desigualdad incuba violencia que nos involucrará a todos. No es posible sentirse seguro en ninguna sociedad nacional por el sólo expediente de cuidar estas desigualdades responsablemente al interior de sus fronteras. No creo que sea muy defendible éticamente un comportamiento que en estos terrenos sea solo de crácter nacional. Por su parte, la violencia global misma, sea en la forma de terrorismo transnacional o de atropellos a los derechos humanos,no permite un tratamiento que se base exclusivamente en la soberanía nacional. En este terreno ya estamos enfrentando guerras y situaciones de seguridad globales de alto riesgo.
Ninguno de estos problemas puede ser resuelto desde nuestras institucione políticas y estatales nacionales. Tal vez por eso la política nacional se encuentra en tal estado de crisis en todas partes. La percepción vital de los ciudadanos es que los estados y las instituciones nacionales carecen de poder efectivo para lidiar con estos graves problemas y proteger a sus ciudadanos. Y si el estado no protege, ¿qué legitimidad le queda? Esta percepción de impotencia permite quizás entender el estado de ánimo resignado y cínico en que se encuentran los ciudadanos en muchas partes de mundo.
Necesitamos inventar una política global para nosotros como ciudadanos y también para nuestros estados nacionales. Todos estas encrucijadas de alto riesgo afectan a personas de todas las nacionalidades. Y no tienen salidas puramente nacionales. Puede parecer difícil y tal vez lo es. Pero tiene como contrapartida un premio precioso. La politica puede volver a tener horizontes visionarios (¿hay acaso política sin ellos?). La tarea histórica será la de construir un mundo global para todos, desde lugares nacionales que serán transnacionalizados en el proceso.

El zombi de Quirihue era un personaje del cual el endemoniado de Chillán aprendió cosas que valoró como importantes. Debido a que se consideraba un actor racional, el zombi se obligaba a dar razones de su comportamiento ante cualquier pregunta al respecto. A menudo elaboraba narrativas sobre su comportamiento del siguiente tipo: "lo hice porque", "es que pensé que", "por lo tanto dije", y agregaba suficientes buenas razones. Lo hacía con una total seguridad de estar en conocimiento de las motivaciones de su comportamiento, con lo cual, después de contar sus cuentos, quedaba en un beatífico estado de conciencia completamente tranquila.
El endemoniado lo observaba actuar cuidando de no poner en evidencia su invasiva curiosidad. Le preguntaba para probarlo, "¿por qué te sentaste?", lo que era siempre seguido de "porque necesitaba descansar"; "¿por que trataste con tanta irritación al mozo?", sería seguramente respondida por "porque no me estaba sirviendo con atención"; "¿para que te rascas tanto la nariz?" -un tic manifiesto del zombi - iba ciertamente seguida de "porque me pica". Tenía el zombi otro vistoso tic. Agitaba, con un ritmo que algún músico competente podría nombrar y describir, su mano derecha delante de su nariz como si el aire estuviera cargado de pulchenes que amenazaran con ahogarlo o de quiris empeñados en picarlo. Y ciertamente no tenía nunca nada en frente suyo más que el espacioso aire. Requerido a explicar tales acciones, lo increíble era que el zombi simplemante no reconocía haberlas hecho...inmediatamente después de haberlas hecho. Pensó el endemoniado en grabarlo con un video, pero le pareció demasiado, quizás hasta peligroso. Pero se convenció que el zombi siempre tenía claras explicaciones sobre su comportamiento, hasta el punto de desconocer acciones para las cuales carecía de razones. Con lo cual, poder dar razones venía siendo un verdadero criterio de realidad.
Pensó el habitado: si es cierto lo que dice Pascal, que somos en gran parte autómatas de nuestros hábitos aprendidos, el zombi es enteramente ciego a sus automatismos. (Creyó recordar que Nietzsche dice por ahi que primero actuamos y luego (nos) damos explicaciones) Se cree dueño y original creador de toda sus acciones. Entonces se dio cuenta que en eso precisamente consiste ser zombi, en ser ciegos a lo que nos hace autómatas. Le pareció que el nombre de zombi estaba bien puesto.
¿Pasa esto exclusivamente en Chile?
Pregunta: seguramente escuchar requiere que sintamos empatía o algo así por las personas. ¿Cómo voy a poder escuchar a alguien que me cae mal, a alguien que considero pesado, o quizás mal educado?
Respuesta: bueno, escuchamos las preocupaciones de las personas gracias a la familiaridad que tenemos con los mundos de prácticas en los cuales ellas viven. También nosotros participamos o hemos participado en esos mundo y por eso podemos entender las preocupaciones que los partícipes en los diversos roles de esas prácticas pueden tener. Esto quiere decir que en encuentros con personas que pertencen a mundo muy distintos a los nuestros - y con esto de la globalización ¿qué podemos esperar, que esto ocurra poco o mucho? - esa familiaridad va a existir menos, posiblemente muy poco. ¿Podemos utilizar nuestras categorías de simpático, pesado, educado bien o mal, para catalogar a esas personas? Tal vez lo único que consigamos con eso es mantenernos moviéndonos en el reducido círculo de las personas en el que hemos desarrollado familiaridad en el pasado.
Pero, ¿queremos escuchar preocupados por nuestro futuro o por nuestro pasado? ¿Cómo debemos escuchar si queremos un futuro distinto, tal vez más amplio que nuestro pasado? En este caso, podemos decirlo todo al revés: si alguien te somete a tensión, si su manera de comportarse te resulta difícil de tragar, esto debe despertar tu interés y tu atención: seguramente quiere decir que viene de un mundo muy distinto al que te has acostumbrado a habitar. O sea, puedes utilizar lo que te tensiona como punto de atención para acercarte a mundos más amplios que los tuyos. Si el tipo de personas cuyas acciones te provocan tensión deberían interesarte para tu futuro, qué es mejor: calificar su comportamiento como inaceptable y "sacarles la vuelta" o utilizar esa tensión como brújula para despertar tu interés por acercarte y entrar a un mundo muy distito al tuyo hasta hora? ¿Se te ocurre una mejor manera de descubrir estilos y mundos distintos a los tuyos y de abrirte a adquirir familiaridad con ellos que moverte a favor de lo que te tensiona?
¡La tensión puede ser un buen signo y el sentimiento automático de simpatía un signo poco relevante!
Pregunta: ¿Cómo se puede saber lo que le preocupa a alguien voluble que cambia lo que dice que necesita y sus preocupaciones a cada rato?
Respuesta: Tomemos la volubilidad como signo de un estado de ánimo. ¿Cómo crees que se le aparece el futuro al voluble? ¿Sólido o fluido?, ¿asible o inasible?, ¿realizable o irrealizable? A medida que suma una volubilidad más, ¿se siente con poder frente al futuro o más bien impotente?
Las personas estamos en el mundo siempre en algún estado de ánimo. Estamos siempre en una predisposición afectiva, que nos embarga, respecto del futuro que tenemos por delante. Por ejmplo, ¿qué ánimo nos posee si nos embarga la expectativa de un futuro pletórico de oportunidades?, ¿o si el futuro se presenta parecido al presente que, estando bien, podría estar mucho mejor?, ¿o si el futuro se ve cerrado a toda posibilidad querida?. En el primer caso podríamos decir que estamos en un ánimo de ambición, en el segundo que estamos resignadamente tranquilizados, en el tercer caso podemos decir que estamos en un ánimo de resignación pesimista. Los estados de ánimo vienen de nuestro pasado. Nuestro pasado se manifiesta en ellos como una tonalidad afectiva general que nos embarga en todos los horizontes de nuestra vida. Corresponden a una suerte de resumen afectivo de lo que podemos esperar del futuro a partir de nuestras experiencias pasadas. En cierto sentido, todo lo que las personas pueden imaginar -incluyendo p.ej. nuestras ofertas - está encerrado en los estados de ánimo que las embargan. Por eso, si queremos que las personas escuchen nuestras propuestas y ofertas, debemos primero escuchar los estados de ánimo que las poseen.
Escuchar, dejar que algo nos sea dicho sobre las preocupaciones de las personas, implica desarrollar sensibilidad a los estados de ánimo que poseen a las personas. Como siempre, podemos escuchar los estados de ánimo ajenos escuchando nuestras propias predisposiciones anímicas y también imaginando cuáles serían nuestras predisposiciones si vivieramos la vida que han vivido otros. Como siempre, escuchamos sólo lo que nos resulta conocido y familiar.

En Quirihue había personas especiales, descubrió el habitado, y que además podían ser buenos amigos. En medio de su soledad de semi-exiliado, y a pesar que a veces se comportaba de manera más extraña aún que lo que cabía esperar de un chillanejo, varios se acercaron a él sin buscar nada en especial, por simple generosidad pueblerina de prestar atención a un tipo que parecía estar solo en demasía. Quizás también por curiosidad, aunque no se ha sabido de quirihuano alguno que se haya caracterizado en exceso por tener esta virtud (o defecto, que sobre esto nada se sabe). Uno fue el zombi.
El zombi, como lo nombró el endemoniado, se le acercó por primera vez para informarle que había una pensión más conveniente que la que él estaba ocupando. Y le dio estudiados antecedentes de precio y calidad de servicio que demostraban más allá de toda duda la validez de su aserto. Pensó el habitado que el zombi tenía intereses en la pensión que defendía, pero pronto descubrió que no era así: simplemente le parecía intolerable verlo tomar una decisión irracional y consideraba su deber darle la información necesitada. Apreció su generosidad, aunque estaba hallado en el lugar donde alojaba y le parecía inatendible la idea de cambiarse de lugar. La segunda vez, el zombi no pudo sportar más verlo dirigirse desde la plaza a su restaurante habitual por el mismo camino todos los días, y se le acercó para comunicarle que su ruta no era la más corta posible y que, por lo tanto, se estaba comportando con poca racionalidad. Vaya, pensó el habitado, la verdad es que me gusta dar estos paseos largos por estas calles sombreadas. Posteriormente el endemoniado se acostumbró a compañar al zombi, cuaderno en mano, a comparar las ofertas de los dos almacenes importantes del pueblo. Y todos los lunes, después que llegaban los camiones de abastecimiento, se paraban frente a los escaparates de las farmacias para comparar los precios de los remedios. Hay que ser racional, le dijo el zombi.
El endemoniado pensó que al zombi lo manejaba el afán de optimizar todas sus acciones. Pensó que estaba poseído por algún espíritu de racionalidad optimizadora que lo había convertido en algo predecible. Se lo dijo directamente, pero se sorprendió de la gran sorpresa del zombi. Le respondió con plena certidumbre de sus propias motivaciones: yo tomo mis decisiones racionales con plena libertad porque me convienen; agregó: hacer otra cosa sería irracional. El endemoniado lo miró pensando que quizás lo peor de ciertas posesiones es que el poseso no las ve. Entonces lo bautizó para sus adentros como el zombi.
Pregunta: muchos "clientes" que nos importan -jefes o relaciones personales cercanas p.ej. - a menudo viven irritados, tienen enojos y mal genio. ¿Cómo se puede esperar que algo nos sea dicho así? ¿Cómo escuchar en estos casos en medio de estas malas vibras que a veces ponen intratables a las personas? ¡Lo único que nos interesa en estos casos es sacarle la vuelta a estos cliente!
Respuesta: Escuchar nunca se trata de oir lo que nos dicen. Más bien se trata de dejar que nos sea dicho lo que no nos están diciendo abiertamente. ¿Cómo hacemos esto?: interpretando las acciones de las personas preguntádonos por las preocupaciones que guian esas acciones. Muchas veces las personas simplemente se encuentran actuando sin darse bien cuenta de cuáles son las preocupaciones que los mueven. ¿No les pasa a ustedes esto a menudo, que no saben de dónde salen ciertos comportamientos en los que de repente se descubren o que a veces recuerdan haber tenido?
Así p. ej. por experiencia propia podemos darnos cuenta que una irritación generalmente ocurre como resultado de que algo recurrentemente no nos sale bien; una y otra vez nos tropezamos con la misma piedra. Entonces nos irritamos, nos agarra el mal genio etc. Frente a una persona así tenemos dos opciones. Una, clasificarla como "mal genio" o neurótica, no preguntándonos nada más, tranquilizándonos (y si es nuestro jefe o cualquier cliente que nos importa, encontrando que la vida es injusta). La otra opción en cambio es preguntarnos: ¿que le está fallano recurrentemente a esta persona, que habilidades le faltan una y otra vez para cuidar bien sus preocupaciones y cuáles son estas preocupaciones? Entonces interpretamos la irritación como preocupaciones pendientes y habilidades ausentes, y entramos al camino de comenzar a escuchar.
|
Comentarios recientes
hace 4 días
hace 5 días
hace 6 días
hace una semana
hace una semana
hace una semana
hace una semana
hace una semana
hace una semana
hace una semana