Actuamos.

Creemos ser agentes, productores de acción.

Pensamos y decimos que actuamos; sin embargo, más bien, las cosas (nos) ocurren.

Muchas.

Decimos que nacemos y morimos, pero la verdad es que el nacimiento y la muerte nos llegan.

Decimos que dormimos y despertamos, pero la verdad es que el sueño y la vigilia nos llegan. 

Distinguimos nítidamente entre lanzarnos, algo que hacemos, y caernos, algo que nos ocurre. Así, decimos que caemos en cuenta (nos cae una chaucha); que caemos pesados o simpáticos, y otros, por su parte, nos caen bien o mal; que nos enamoramos, como una caída forzosa o inevitable, (en Inglés, we fall in love).

Sabemos bien que todas nuestras emociones nos ocurren; nos emocionamos sin poder evitarlo. Decimos que nos alegramos y nos entristecemos, pero la verdad es que nos embargan, no solamente la alegría y la tristeza, sino también el miedo, el aburrimiento, la confusión, al abrumamiento, la vergüenza, la ira, los celos, la envidia, la admiración... Y con ellas (nos) ocurre la risa, el llanto, el rubor, la palidez, el sueño, la caída de los párpados, la taquicardia, el dolor en las tripas, el temblor de las rodillas. Sería tonto insistir en que todo eso lo hacemos; como tampoco producimos los flujos hormonales, el pulso sanguíneo, las microdescargas eléctricas en las nueronas, ni duplicamos las moléculas de ADN en nuestras células.

(No está de más percatarnos, que si bien somos dueños de nuestro cuerpo y de la multitud de órganos que lo componen, en su mayoría ellos no siguen nuestras órdenes, ni nos prestan atención. Hay mucho de maquinaria biológica, autómata, en nosotros)

Distinguimos claramente entre visitar, algo que hacemos, de un encuentro, algo que (nos) ocurre. Así, decimos que nos encontramos en una situación, en un brete, en un problema; nos encontramos ante una sorpresa, ante algo inesperado, ante un hecho irreparable; nos encontramos enfermos o de buena salud; y normalmente nos encontramos en situaciones gratas, provechosas, desagradables, peligrosas, enseñadoras, etc., ...pero encuentros al fin; que nos ocurren.     

Más acontecidos que agentes; parece

 

Cambiando la historia estableciendo el pasado

Del blog del Endemoniado.

Asombrado, pensé todavía más después del post anterior sobre cambiar la historia. Lo que sigue:

La innovación ocurre contigentemente (sin causas necesarias). Por lo  mismo, decimos que cambia la historia transformando el pasado, como quien diría retroactivamente. Post innovación etablecemos por declaración un nuevo pasado, uno transformado, que nos permite encontrar antecedentes, filiaciones, fundamentos, causas y razones suficientes para la ocurrencia de dicha innovación. 

(Vemos esto claramente cuando conquistadores cambian la historia de una localidad mediante invasión y conquista, y glorifican su pasado declarando no pocas veces filiación divina, al mismo tiempo que desvalorizan la historia de los pueblos conquistados. Sin embargo, la transformación "retroactiva" del pasado es característic de cualquier innovación cradora de historia.)

Es decir hay dos futuros. Uno, que confirma el pasado al entenderse como causado por éste, como resultado de él.  Es nuestro futuro cotidiano, esperado, repetido, rutinario, igual una vez más. El martes después de lunes, la semana que viene, el año próximo. Pero hay otro futuro, el innovado, que emerge contingentemente, de manera inesperada, impredecible, cambiando el pasado al establecer fundamentos o razones para dicha innovación que no existían en el pasado "viejo".

Podemos pensar que el futuro emerge contingentemente, que el mundo es contingente, pero me parece evicdente que no puede existir solamente contingencia. Hay seres humanos haciendo historia, declarando y sosteniendo mundo históricos dotados de estabilidad, continuidad, necesidad. Y lo hacemos transformando el pasado para darle continuidad al emerger del futuro (tipo 2) en el presente.

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innovar - hacer historia

Del blog del endemoniado.

 

Leyendo y releyendo el documento de CNIC, “Surfeando hacia el Futuro”, he terminado por descubrir algo que me parece asombroso. Aquí va.

 

Consultando a muchas personas deduzco que el tiempo tiene para nosotros un sentido bien claro: fluye desde el pasado al futuro; el pasado queda atrás, el futuro por delante; el pasado es lo que ya fue, el futuro lo posible que aun no llega. Hablamos de las causas o antecedentes o precedentes de las situaciones que enfrentamos en el presente y de las posibilidades que tenemos por delante.

Por ejemplo, al tomar acción entendemos que ella se despliega en el tiempo: los actos ocurren en el pasado y los resultados o consecuencias de ellos en el futuro. Si podemos actuar  planificadamente – utilizando certidumbres causales o instrumentales que nos aseguran que las consecuencias o resultados de nuestras actos son predecibles –, quiere decir que el pasado determina el futuro. Pero, si, como insiste el documento comentado, el futuro es contingente, es decir, emerge desde innovaciones que no podemos anticipar, entonces quiere decir que la única manera de salvar el sentido temporal de nuestras acciones consiste en cambiar el pasado, haciendo emerger causas, antecedentes y filiaciones de las acciones que no eran parte de ese pasado. O sea, en este caso el pasado viene del futuro.

Cuatro ejemplos. (1) Con la impredecible implosión de la Unión Soviética en 1990, el mes de Octubre de 1917 pasó de ser el inicio de la revolución socialista mundial, a convertirse en el inicio de un experimento social y político fallido que duró casi un siglo. (2) Los romanos crucificaron a  Jesús de Nazaret como lo hacían a menudo con criminales y revolucionarios. Sin embargo, con su inesperada resurrección tres días más tarde,  ese pasado cambió radicalmente: habían crucificado a Dios. Por eso el crucificado dijo en la cruz: "no saben lo que hacen". (3) Cuando Pasteur demostró inesperadamente que las bacterias podían ser “máquinas” químicas, transformó el pasado del microscopio y de los “animálculos” que se veían en las aguas descompuestas, convirtiéndolos en precedentes, o antecedentes de la nueva medicina.  (4) Cuando Boulton inventó la primera máquina de vapor en el siglo XVIII, convirtió los juguetes de vapor de Hierón  del siglo IV AC en los primeros antecedentes o precursores mecánicos de aquella.

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Ejemplos de planear y pensar.

Ejemplos, por favor, manda a pedir el Endemoniado de Chillán a propósito del post precedente. El calor está insoportable en sus lares, dice, pensar se hace sofocante y, sobre todo, las alas de la imaginación que son necesarias para alcanzar el aire leve de lo abstracto se le han tarado con una pesadez de muerte, agrega. Además, en Chillán solo se da bien lo concreto - las avellanas tostadas, cierton embutidos, los digüeñes, volcanes inocultables, la siesta bajo un sauce -; que deje las abstracciones para habitantes de mundos más desamparados, suma finalmente a modo de reproche insultante, creo.  

Ejemplos. Aquí va uno: nuestra educación. Tenemos, sentimos, desasosegantes preocupaciones con respecto a la educación de hijos y nietos. Oscuras y vagas, como son siempre las preocupaciones cogedoras; angustiantes. El mundo es otro casi con cada año que transcurre, saber fórmulas y datos ya no sirve, vemos llorar en la plaza pública a los mejores graduados por no encontrar "trabajo" para ellos. Sobre todo, prima la sospecha de no poder, ni saber cómo, regalar a quienes más amamos - quizás los únicos de toda la vida - una herencia cultural gozosa, tradiciones y empeños por los que merezca la pena vivir, más allá de deseitos recurrentemente renovados e hiper satisfechos en el mall, la mala tele, las vacaciones. (Cómo envidiamos, a veces, a nuestros padres y a quienes no educaron). Sufrimos con la "mala calidad" de nuestra educación. 

Como corresponde al espítritu planificador, sabemos bien de lo que hablamos; tenemos mediciones objetivas de "calidad" - el SIMCE, esa prueba académica que mide el desempeño del saber hacer académico con lápiz y papel (!!). Podemos ponernos metas, tenemos un problema bien definido; estamos tranquilos, solo requerimos un buen plan. No es necesario pensar más. Pero por la ansiedad por el futuro de los que vienen, que no nos abandona, sabemos que hay algo que está mal en todos nuestros planes imaginados y ejecutados. Y si nos corroe la sensación vergonzosa de injusticia y desigualdad en aquello que consideramos menos aceptable - cómo se educan unos y otros -, nos tranquilizamos con un plan para asegurar educación gratuita para todos; olvidando, con más de una pizca de mala conciencia, que posiblemente regalamos basura.

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Planear y pensar

La actividad que llamamos planear está acompañada de un talante anímico caraterístico. Es similar al de resolver problemas ( a fin de cuentas un plan no es más que una serie articulada de problemas). Reconocemos ese talante cuando sentimos que tenemos- un- problema; en ocasiones al sentirnos a- problemados. Combina certidumbre ( nos sentimos seguros) sobre los resultados que se deben conseguir y sobre los medios disponibles, con ansiedad por la peligrosa posibilidad siempre presente de que algo falle debido a la intervención de " otros" factores ( no considerados) que pueden hacer fallar el plan ( factores políticos, quizás, o de dificultades de persuasión, de intereses creados, o de enemigos ocultos)

Es muy diferente la predisposición anímica que constituye el pensar. Cuando pensamos, el mundo se abre sin ninguna certidumbre, no tenemos metas ni objetivos claros, a veces ni siquiera preguntas bien definidas. Nos impulsan a avanzar preocupaciones, sensaciones de insatisfacción y posibilidades, muchas veces vagas y sin articular - pero que pueden ser muy poderosas. Ante tal incertidumbre no sentimos ansiedad sino goce; un talante a- venturoso por lo que puede ocurrir en el horizonte abierto, ilimitado, las sorpresas posibles, lo nuevo sorprendente.

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